Venerable U Silananda
Traducción al español por Jorge Fabra
Estoy muy contento de este retiro. En esta ocasión somos un grupo muy
numeroso y además vuestra práctica me llena de satisfacción. Éste es el mayor
grupo que se ha reunido aquí hasta ahora, habiendo conseguido colmar este
centro de retiro. Aquí podemos albergar hasta un número máximo de cuarenta y
dos personas y ésas son exactamente las que estamos aquí. Estoy realmente
satisfecho de la práctica de los yoguis aquí
presentes, pues está llena de respeto y diligencia. Nos hemos reunido con el
propósito de conseguir tranquilidad de la mente, con el propósito de lograr
algo en relación al desarrollo espiritual. Sabed que al practicar la meditación
vipassana estamos rindiendo homenaje al Buddha de la
mejor forma posible.
Según las palabras del Buddha, existen dos maneras de rendir homenaje. Una
de ellas es la realización de ofrendas al Buddha. Se pueden ofrecer los cuatro
requisitos al Buddha, ante un altar o ante el árbol Bodhi.
Así pues, realizar ofrendas es una de las formas de reverenciar al Buddha.
La otra forma de rendir homenaje al Buddha es practicar sus Enseñanzas. De
estas dos formas, la mejor es rendir honor mediante la práctica. Así pues,
cuando practicamos sus Enseñanzas, especialmente cuando practicamos la
meditación vipassana, estamos rindiendo homenaje al
Buddha de la mejor forma posible.
No es fácil realizar un retiro. El primero y segundo días son especialmente
difíciles para los principiantes. Aquellos que no han realizado ningún retiro
anteriormente tienen que acostumbrarse a la rígida disciplina. Cuesta tiempo.
Pero a partir del tercer día, aproximadamente, los principiantes se acostumbran
a la práctica y ganan confianza y concentración. Los días del medio son
generalmente los mejores para los meditadores. Y ¿qué ocurre con el último o
los dos últimos días? Muchos empiezan a sentirse inquietos y desasosegados,
comenzando a pensar en lo que deben hacer cuando acabe el retiro. Por lo tanto,
este par de días no suelen ser demasiado buenos. Los días del medio son los
mejores. En un retiro de una semana, se aprovechan realmente cuatro o cinco
días aproximadamente. Si el retiro dura catorce o quince días, también es
posible que los días del medio sean los mejores.
Cualquiera que sea vuestra situación en el retiro, abandonaos a la
práctica. Sacad lo mejor de este retiro, sacad lo mejor de esta práctica, pues
no es fácil conseguir una oportunidad como ésta para practicar meditación, ni
siquiera en los países buddhistas. Hay mucha gente en nuestras tierras que no
tiene la oportunidad de practicar meditación vipassana.
Actualmente hay muchos que desean practicar meditación vipassana.
Es muy gratificante saber que muchas personas en los Estados Unidos de
América tienen la oportunidad de practicar meditación vipassana.
¿Cuáles son los prerrequisitos para la práctica de la meditación vipassana? El prerrequisito básico y condición
indispensable para la práctica de meditación, ya sea meditación de tranquilidad
(samatha) o meditación vipassana,
es lo que llamamos "Sīla", que se traduce como virtud o pureza
moral. En el buddhismo se enfatiza en
gran manera la virtud (sīla).[1] El Buddha nos ofreció un completo y
detallado plan para el desarrollo espiritual. Dicho plan consta de tres pasos o
etapas, (1) virtud (sīla), (2) concentración (samādhi)
y (3) sabiduría (paññā).
Estos tres pasos o etapas deben ser practicados uno tras otro. Sin la
práctica del primer paso, no es posible practicar el segundo paso. Y si el
segundo paso no es alcanzado, el tercero tampoco será logrado. Los tres pasos o
etapas del desarrollo personal espiritual deben ser dados uno tras otro.
Cuando practicamos meditación, estamos desarrollando la segunda y tercera
etapa (samādhi y paññā).
El segundo y tercer paso no pueden ser andados si no hemos andado el primer
paso que es virtud (sīla). Cuando la virtud de una persona no es limpia y
está manchada, la persona siente algo parecido a un sentimiento de culpabilidad
o remordimiento. Por lo tanto, debemos mantener la pureza de virtud. Nos
sentiremos culpables si hemos roto las reglas o nuestra virtud no es pura. Este
sentimiento de culpabilidad volverá a nosotros una y otra vez especialmente
cuando nos sentemos a meditar. Debido a que durante la meditación intentamos
mantener nuestras mentes limpias, lejos de las impurezas mentales, es entonces en
ese momento que ese sentimiento de culpabilidad o remordimiento tiende a volver
a nuestra mente una y otra vez. Cuando existe este remordimiento, cuando existe
este sentimiento de culpa, volviendo a nosotros una y otra vez, no podemos
conseguir la necesaria concentración. Y cuando no podemos conseguir la
concentración, no puede surgir la sabiduría que penetra la naturaleza de las
cosas, la sabiduría necesaria para comprender la realidad.
Cuando purificamos nuestra virtud (sīla), abandonamos el sentido de culpabilidad
y en su lugar aparecen sentimientos de gozo y felicidad. Estos sentimientos
libres de remordimiento, llenos de gozo, de tranquilidad y de felicidad, nos
conducirán a la concentración. Para conseguir la concentración necesitamos
felicidad mental y también confort para el cuerpo. Y éstos sólo se pueden
obtener después de haber purificado la conducta moral, después de haber
limpiado nuestra virtud (sīla). Al purificar nuestra conducta moral
podremos conseguir, gracias a la meditación, el conocimiento cabal de la
realidad, que es sabiduría (paññā). Por lo
tanto, la virtud (sīla) es de gran importancia en la práctica buddhista.
¿Cómo puede una persona purificar su virtud? ¿Qué debe hacer para tener su
virtud limpia? Nadie puede tener una virtud completamente limpia hasta que
emprende la práctica de la meditación. Si una persona ha roto algunas reglas en
el pasado, hay dos cosas que puede hacer. La primera de ellas es no recordar
los actos demeritorios; intentar olvidar esas acciones insanas. Lo segundo es
realizar tantos actos meritorios como sea posible para cerrar el paso o
bloquear la acción del kamma negativo.
Respecto a la pureza de la virtud (sīla), cuando vayáis a practicar
meditación, debéis tomar compromiso con los preceptos y evitar romperlos. Si os
comprometéis con los preceptos y los mantenéis intactos, vuestra virtud estará
libre de manchas, libre de impurezas. Éste es el camino para obtener unos
firmes y necesarios fundamentos para la práctica de la meditación, para lograr
la concentración (samādhi) y sabiduría (paññā). La virtud es el cimiento indispensable sobre el que se
edifica la concentración. Este cimiento se obtiene mediante la toma de los preceptos y la
observancia de los mismos. Por este motivo recitamos los preceptos cada día y
los protegemos. Cuando nuestra virtud tenga una base firme, entonces aparecerán
la concentración (samādhi) y la sabiduría (paññā)
Tan importante es la pureza de la virtud que el Venerable Buddhaghosa dedicó un capítulo completo para la virtud en
su libro Visuddhimagga. Esta obra ha sido traducida
al inglés como The Path of Purification (El Camino de la
Purificación). Su primer capítulo trata acerca de la pureza de virtud
(sīla). Aunque desafortunadamente, el autor se refiere a la virtud con
relación a los monjes y no respecto a los laicos. Ello es debido a que estos
libros están escritos por monjes para monjes. Así pues, lo descrito en esta
obra se refiere a los monjes, a la forma en que ellos deben mantener la pureza
de virtud.
Los laicos pueden purificar su virtud simplemente tomando los preceptos y
protegiéndolos, manteniéndolos intactos. Para tener un buen cimiento de virtud,
esto es suficiente para los laicos.
El Comentarista también elogia la pureza de virtud. Y esto puede aplicarse
tanto a la virtud de laicos como de monjes. ”¿Quién se
atreve a poner límite a los beneficios que proporciona la virtud? Sin virtud,
ningún cabeza de familia puede progresar en la Enseñanza (sāsana).”[2]
"Sāsana" aquí significa la Enseñanza del Buddha.
“Ni el Ganges, ni el Yamuna,
ni el Sarabhu, ni el Sarassathi,
ni el Aciravati, ni el noble río Mahi,
pueden limpiar las impurezas de los seres que respiran en este mundo”. Todos
éstos son nombres de ríos de la India. Las aguas de estos grandes ríos no
sirven para eliminar las impurezas de los seres vivientes.
“Sólo el agua de la virtud puede purificar a los seres vivientes”. Las
impurezas de los seres, las acciones insanas (akusala),
sólo pueden ser purificadas con el agua de la virtud, la pureza de virtud
(sīla).
“Ni la brisa que llega trayendo la lluvia, ni bálsamos de sándalo amarillo,
ni collares y piedras preciosas, ni el suave resplandor de los rayos de luna,
sirven aquí para calmar y aliviar los males de los seres de este mundo”
“¿Dónde puede ser encontrada fragancia que pueda compararse con la
fragancia de la virtud? ¿Cuál es el aroma que consigue viajar en contra del
viento con la misma facilidad que teniendo el viento a favor?” No hay aroma, no
hay fragancia que pueda propagarse en contra del viento, pero la esencia de la
virtud sí puede viajar en contra del viento.
“¿Dónde puede ser encontrada una escalera, que al igual que la escalera de
la virtud, pueda llegar hasta los reinos celestiales?” Esto significa que la
virtud es semejante a una escalera para alcanzar las moradas celestiales, los
reinos de los Devas.
“¿Qué otra puerta puede
introducirnos en la Ciudad del Nibbāna?” Para
entrar en la Ciudad del Nibbāna hemos de
ingresar por una puerta, y esa puerta es la virtud. Si no accedemos por la
puerta de la virtud, no podremos llegar a la Ciudad del Nibbāna.
“No hay reyes que, adornados con alhajas y piedras preciosas, puedan
alcanzar tanto esplendor como el hombre moderado, ornamentado con las joyas de
su virtud.” No hay mejor adorno que la pureza de virtud. Puedes engalanarte
cubriéndote con todo tipo de alhajas, joyas y pedrería, pero si no posees
pureza de virtud nadie dirá que estás realmente adornado.
“La virtud suprime por completo el temor de la culpa y otros semejantes.”
Cuando hemos cometido una acción incorrecta, la primera consecuencia negativa
que obtenemos es la auto-culpabilidad. Nuestro sentimiento de culpabilidad es
debido a que somos conscientes de haber cometido una acción incorrecta. Ni
siquiera es necesario que otros conozcan nuestra acción insana, nosotros ya
somos conscientes de ella. Por eso existe el sentimiento de culpabilidad. El
sentimiento de culpabilidad puede ser eliminado por completo actuando de forma
virtuosa.
“La virtud ofrece a los virtuosos felicidad y buena reputación”. Este breve
esbozo explica cómo la virtud brinda recompensa y cómo esa misma virtud, raíz
de toda buena cualidad, roba su poder a toda falta. Tener una virtud sin tacha
es algo muy elogiado. Tener una virtud inferior o una virtud manchada es algo
muy imputable en las escrituras.
Pues bien, comprometiéndonos y protegiendo los preceptos, construimos un
fuerte cimiento para la concentración y para la sabiduría. Esta mañana os
habéis comprometido con los Ocho Preceptos, ya que es mejor tomar el grupo de
ocho preceptos que tomar el grupo de cinco. Aunque no se guarden los Ocho
Preceptos, es posible ser una persona virtuosa si se mantienen intactos los
Cinco Preceptos. Los Cinco Preceptos son el requerimiento mínimo para todos los
buddhistas, para todos aquellos que afirman ser seguidores del Buddha.
Ni los Cinco Preceptos ni los Ocho Preceptos son exclusivos del buddhismo.
De acuerdo con nuestros libros, los preceptos ya existían cuando todavía no
había Buddhas ni enseñanzas de los Buddhas en el mundo. Los Cinco Preceptos son el código
mínimo de conducta ética para cualquier persona.
Los preceptos no son lo mismo que los mandamientos del cristianismo. Una
persona decide abstenerse de algo y se compromete a ello, eso es un precepto.
Es parecido a una promesa. Él o ella mantiene los
preceptos intactos.
¿Cuáles son los Cinco Preceptos? El primero es la abstención de matar. Esta
mañana habéis dicho: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de matar”.
Abstenerse de matar significa abstenerse de quitar la vida a cualquier ser
vivo, no solamente a los seres humanos sino a todos los seres vivientes. La
abstención de matar se extiende también a los animales. Este precepto es algo
completamente natural y lógico. Si os ponéis en la posición del otro ser,
comprenderéis que es equivocado matar, no sólo a seres humanos sino a cualquier
ser vivo. Vosotros no queréis que os quiten la vida, no queréis morir. Todos
los seres son iguales a vosotros, apegados a sus vidas. Por lo tanto, no es
correcto matar a otros seres. El precepto de la abstención de matar es un
precepto natural.
El segundo precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de
robar”. Robar significa apropiarse de algo que el propietario no nos ha dado.
Esto incluye hurtos, robos, engaños y acciones semejantes. Este precepto
también procede de ponerse uno mismo en la situación del otro. No queréis que
os roben vuestras pertenencias. Por lo tanto, es lógico que no robéis las
pertenencias de otros.
El tercer precepto, aquí en el retiro, dice: “Me comprometo con el precepto
de abstenerme de cualquier relación sexual”. Cuando se toman los cinco
preceptos, el tercer precepto únicamente se refiere a la abstención de la
conducta sexual incorrecta o inadecuada, pero no a la abstención de toda
relación sexual. La conducta sexual incorrecta es la relación con personas
menores de edad, el adulterio, etc. En el grupo de ocho preceptos, el tercer precepto consiste en
la completa abstención de sexo y en el grupo de cinco preceptos únicamente se
rompe el precepto cuando se incurre en conducta sexual desviada o incorrecta.
Ésta es la diferencia.
El cuarto precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de
mentir”. La abstención de decir cosas falsas es el cuarto precepto. Para romper
el precepto es necesario que haya existido intención de engañar. A veces
pensamos equivocadamente que algo es cierto o estamos seguros de que algo es
verdadero y por eso lo decimos, pero eso no es romper el cuarto precepto.
Mentir es decir algo con la intención de engañar. Este precepto es realmente
difícil de mantener intacto. En ocasiones decimos algo falso a otra persona
para complacerla. Es lo que se llama una “mentira piadosa”. De todas formas,
una mentira, sea “piadosa” o “no piadosa”, siempre es una mentira y por lo
tanto es perjudicial y debe ser evitada. También la abstención de mentir
significa la abstención de pronunciar palabras que causen perjuicio, daño u
ofensa a otros. Si una mentira no provoca todas estas cosas, esa mentira es
menos negativa. Aunque toda mentira es perjudicial, hay algunas peores que
otras. En lo posible, deberíamos abstenernos de cualquier tipo de falsedad,
pero sobre todo deberíamos evitar las palabras que causan daño, dolor y
perjuicio a otros seres.
Se dice que el Bodhisatta, que después se convirtió en el Buddha Gotama,
nunca dijo una mentira. Quizás rompió otras reglas, quizás en alguna ocasión
rompió el primer precepto y mató algún ser vivo, pero se dice que nunca mintió.
Esto es prácticamente imposible para la gran mayoría de nosotros.
Dicen las escrituras que los parientes del Buddha tampoco mentían en
ninguna ocasión. Había un hombre llamado Vidūdabha, que era el hijo de un Sakya y de una esclava. Él deseaba fervientemente vengarse
de los Sakyas. En cierta ocasión consiguió gran poder
e intentó matar a todos los Sakyas. Cuando se
encontraba con uno de ellos le preguntaba: "¿Quién eres tú?" Si el
otro decía que era un Sakya, le quitaba la vida; pero
si decía que no lo era, lo dejaba vivir. Aun así, los Sakyas
no mintieron. Decían siempre la verdad aun a riesgo de ser asesinados por
Vidūdabha. Los parientes del Buddha también guardaban este precepto en
toda ocasión. Nunca pronunciaban palabras falsas.
El quinto precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de
licores que causan intoxicación y descuido”. En la formulación del precepto
solo se nombra el licor, pero este quinto precepto no se refiere únicamente a
las bebidas alcohólicas, sino que también las drogas se incluyen aquí.
Cualquier cosa que nuble la mente, cualquier sustancia que haga olvidar los
actos meritorios, debe ser incluida en este quinto precepto. Así que, no a los
licores, no a las drogas.
Éstos son los cinco preceptos. Se dice de la persona que no los rompe, que
su conducta moral es pura. Se dice de ella que es una persona virtuosa; que
tiene un buen cimiento de virtud. Si una persona desea pulir su virtud todavía
más, entonces puede comprometerse con los Ocho Preceptos. Los buddhistas se
comprometen con los Ocho Preceptos en días especiales, algo parecido a los
domingos en la tradición cristiana.
En un mes lunar tenemos dos mitades. En luna llena, en luna nueva y el octavo
día entre ambos, sumando un total de cuatro veces al mes, los buddhistas
intentan observar estos Ocho Preceptos. Los buddhistas se comprometen con estos
Ocho Preceptos para tener una virtud aún más pura. A esta forma de mantener
pureza de virtud se le llama también “Uposatha
Sīla”.
El sexto precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme de
comer después del mediodía”. Esto significa no comer a horas inapropiadas.
“Horas inapropiadas” significa que hay que abstenerse de comer por la tarde. En
los tiempos del Buddha, los ascetas no debían comer por la tarde. Para los
ascetas, para los monjes, la tarde es un tiempo inadecuado para comer. Así que
los monjes se abstienen de alimentarse después del mediodía. Cuando los laicos
guardan este precepto también se abstienen de comer después del mediodía.
El séptimo precepto dice: “Me comprometo a abstenerme de bailar, cantar,
música, espectáculos indecorosos, del uso de guirnaldas, perfumes y ungüentos,
y otras cosas que tienden a embellecer y adornar la persona”. Por lo tanto, ni
flores, ni perfumes, ni cantos, ni bailes. Comprometerse con la abstención de
todo eso es el séptimo precepto.
El octavo precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme del
uso de lechos y asientos altos y lujosos”. Algunas personas que han tomado los
preceptos me preguntan si en este país pueden dormir en camas o si pueden
utilizar sofás, sillas y cojines. Según los patrones asiáticos, los colchones,
camas y objetos similares podrían considerarse lujosos, pero en Occidente son
algo totalmente convencional y habitual. Por lo tanto,
el uso de camas, cojines y otros objetos parecidos no conlleva la ruptura del
octavo precepto.
Éstos son los ocho preceptos. Los cinco primeros pueden ser denominados
“preceptos universales”. El grupo de ocho incluye algunos preceptos adicionales
que deben ser observados ocasionalmente o cuando sea posible. Estos Ocho
Preceptos constituyen lo que llamamos "Uposatha
Sīla".
Y si queréis llevar a purificar vuestra virtud todavía más, podéis
comprometeros con un precepto más, el precepto de no tocar oro ni plata, la
abstención de manejar dinero. Cuando te comprometes con este precepto, el
séptimo precepto se desglosa en dos, por lo tanto estás observando un total de
diez preceptos. Para los laicos hay grupos de cinco preceptos, ocho preceptos o
diez preceptos. Se puede escoger cualquiera de los tres conjuntos de preceptos.
El conjunto de cinco preceptos es el requerimiento mínimo de conducta ética que
deben seguir los buddhistas.
¿Qué pensáis de todos estos preceptos? Comprometernos con los preceptos nos
vuelve más restringidos, estrecha nuestras actividades. Pero desde otro punto
de vista, con cada acto de abstinencia estamos ganando auto-control sobre
nosotros mismos. Nos estamos conquistando a nosotros mismos. Si hacemos siempre
aquello que nos apetece, somos esclavos de nuestros deseos. Siempre hemos
estado actuando a merced de nuestras pasiones. Cuando tomamos los preceptos,
estamos controlando nuestros deseos. Intentamos no hacer lo que nuestros deseos
quieren que hagamos. Por lo tanto, ganamos control sobre ellos. Los preceptos
nos parecerían más atractivos si los observamos como una forma de
auto-conquista. Aspiramos a tener cada vez más pureza de virtud. Aspiramos a
abstenernos de matar, de robar, etc. Nuestra sabiduría empezará a incrementar.
Por lo tanto, cuando penséis que los preceptos no son nada atrayentes, pensad
de esta manera: “Al comprometerme con los preceptos y guardarlos, estoy ganando
control de mí mismo. Cada vez que tomo y observo los preceptos me estoy
auto-conquistando”.
Los preceptos han sido designados para limpiar nuestras mentes de las
corrupciones o las impurezas mentales. Existen acciones sanas (kusala-kamma) y acciones insanas
(akusala-kamma). Como
personas ordinarias, realizamos tanto acciones sanas como insanas la mayor
parte del tiempo. Si no estamos realizando acciones sanas, entonces realizamos
acciones insanas. La mayor parte del tiempo realizamos acciones insanas. Para
liberarnos de las accione insanas, para limpiar nuestras mentes de las
impurezas de las acciones perjudiciales, necesitamos auto-control. Necesitamos
algunas normas, necesitamos los preceptos que han sido diseñados para limpiar
las impurezas de nuestras mentes. Cuando te abstienes de matar, estás limpiando
la ira y el odio de tu mente. Cuando te abstienes de robar, estás limpiando la
mancha de la avaricia. Cuando guardas el tercer precepto, estás limpiando la
mancha de la lujuria y la avidez. Estos preceptos morales han sido designados
para hacernos más felices, para incrementar nuestro auto-control y para
purificar nuestra mente.
El siguiente es un verso del Dhammapada que
resume las enseñanzas del Buddha: "No hacer ningún mal. Cultivar el bien.
Purificar la mente. Ésta es la enseñanza de los Buddhas."[3] Para la purificación de la mente nosotros
necesitamos el cimiento de la virtud. Nosotros podemos purificar nuestras mentes
por medio de la virtud.
La virtud atañe a las acciones corporales y verbales. Sin embargo, estas
acciones corporales y verbales no pueden existir sin la mente. Estrictamente
hablando, la virtud es el control de las acciones corporales y verbales. Cuando
uno toma el primer precepto dice: “Me comprometo con el precepto de abstenerme
de matar”, y se abstiene de una determinada acción corporal. Matar es un acto
que se lleva a término mediante la acción corporal. Cuando uno se compromete
con este precepto y lo mantiene intacto, está controlando la acción corporal.
Con el precepto de abstención de mentir, uno controla las acciones
verbales. Así pues, la virtud concierne a la acción corporal y verbal; uno se
abstiene de determinados actos corporales y verbales. Cuanto más os abstengáis
de ciertas acciones corporales y verbales, en mayor medida obtendréis pureza de
virtud.
Aunque tengamos el deseo de matar, el deseo de quitar la vida a un ser
humano o a un animal, mientras no realicemos esta acción corporal, no rompemos
el precepto. La virtud es el control de las acciones corporales y las acciones
verbales. Sin embargo, para conseguir un control total sobre las acciones
corporales y verbales, es necesario controlar la mente.
Hay gente que piensa equivocadamente que para mantener intacto el precepto
de no matar, no hay ni siquiera que tener el pensamiento de matar. Esto no es
correcto. Es imposible para un persona común controlar
sus pensamientos. A veces podéis tener el deseo de quitar la vida a algún
animal, a algún ser vivo. También a veces podéis tener el deseo de coger algo
que no se os ha dado. Pero si no robáis, si no matáis, estáis manteniendo
intactos los preceptos, vuestra virtud es pura. La virtud ha sido diseñada para
el control de las acciones corporales y verbales. Sirve para purificar las
acciones corporales y verbales.
Y en definitiva, ¿qué estamos tratando de hacer? Estamos tratando de
purificar nuestras mentes. Para la purificación de la mente, la virtud no es suficiente
ya que podríamos pensar en quitar la vida de algún ser. Podemos, de repente,
estar pensando en robar. O podemos estar pensando en beber alcohol. Estos
pensamientos son insanos y ciertamente estamos creando un kamma malsano. La
virtud no es suficiente para purificar la mente, por eso hemos de practicar la
meditación. Únicamente con la concentración (samādhi)
y la sabiduría (paññā) podemos purificar
nuestras mentes. Por lo tanto, la virtud (sīla) purifica las acciones
corporales y verbales. La concentración (samādhi)
purifica la mente. La sabiduría (paññā) purifica
totalmente nuestras acciones mentales. El Buddha nos ofreció este completo plan
consistente en la virtud (sīla), concentración (samādhi)
y sabiduría (paññā).
A veces puede ser muy difícil guardar los preceptos. En ocasiones os podéis
tropezar con una situación difícil, con un dilema. Os enfrentaréis a romper una
regla u ofender a alguien.
Voy a contaros una historia. Es un relato sobre mí mismo. No es bueno
hablar demasiado sobre uno mismo, pero dejad que os cuente esto. Hice un viaje
a Japón en 1978. Teníamos planeado permanecer en una casa. Al llegar a la casa,
la dueña de la casa me preguntó: “¿Qué desea beber?” Se estaba refiriendo a
beber licor. Así que le dije: “No bebo, gracias”. Creo que aquello le disgustó.
En nuestros días rechazar una invitación es una falta de cortesía, pero yo no
podía hacer otra cosa. Así que le dije que tomaría algo sin alcohol y ella me
trajo una bebida sin alcohol. Más tarde ella empezó a cocinar. Me dijo: “Le voy
a guisar una cena exquisita”. De nuevo un dilema. Le hice saber que yo no podía
cenar. Ella dijo: “No es posible, es una costumbre japonesa, siempre que llega
un huésped hay que darle de comer”. Yo contesté: “No puedo comer nada. He
llevado los hábitos durante treinta años y nunca he roto este precepto”.
Entonces ella se sintió más alterada. Le dije que miraría la televisión durante
la cena. En todos los programas de televisión se hablaba japonés, así que
tampoco pude ver la televisión. Por último, su marido me trajo un libro sobre
budismo y me puse a leer.
Os cuento esta historia para que comprendáis que a veces os podéis
encontrar en una situación verdaderamente difícil, tanto si rompéis la regla
como si rechazáis lo que os ofrecen. Fui muy descortés al rechazar los
alimentos o bebida por la tarde. Pero luego, cuando pienso en ello, me alegro
por no haber roto los preceptos.
Guardar los preceptos puede brindar mucha felicidad, pero al mismo tiempo
puede ser muy embarazoso. Al principio puede ser muy difícil reprimirse de esto
o aquello. Pero después de un tiempo, cuando miréis hacia atrás, sentiréis
satisfacción. Sentiréis gozo por haber conseguido mantener los preceptos
intactos y por haber tenido la firmeza necesaria para rechazar la tentación.
Cuando tengo que interrogar a alguien, a algún monje que tiene que partir al
exterior, le pregunto si será capaz de resistir esto o aquello cuando se
encuentre en este o aquel tipo de situación. Si dice “sí”, entonces le doy
autorización.
A veces es muy difícil seguir las reglas. Si uno consigue mantener los
preceptos, la compensación será grande. El gozo y satisfacción obtenidos
gracias a la renuncia no puede ser comparado con el gozo y satisfacción que
proporciona el objeto o la acción rechazada. Pueden
ofrecer todo el dinero del mundo, cualquier cosa de este mundo, pero nada hay
que pueda equipararse con el gozo de la renunciación. Los preceptos son
atractivos si los miramos de este modo. Podéis alardear de haberos conquistado
a vosotros mismos y de ser capaces de resistir esta o aquella tentación, pero
tened en cuenta que el orgullo no es cosa buena. Por favor, no temáis en
mantener intactos los preceptos. Cuantos más preceptos guardéis, mayor es el
autocontrol.
Los laicos pueden comprometerse a observar los Cinco Preceptos, Ocho
Preceptos o Diez Preceptos. Los monjes tienen que observar doscientas
veintisiete reglas. Éstas son las reglas básicas. Hay muchas más reglas. Los
preceptos pueden darnos verdadero gozo y satisfacción. La virtud será un
poderoso fundamento sobre el cual construir la concentración (samādhi) y la sabiduría (paññā).
Sólo cuando tengamos pureza de virtud podemos esperar progresar en la
concentración y sabiduría. Por eso insisto a los yoguis
en guardar los preceptos durante los retiros. Sólo así pueden estar seguros de
que su virtud es pura, limpia y de que tienen una buena base para alcanzar la
segunda y tercera etapa, concentración y sabiduría respectivamente.
* * * * *
* La Virtud (Sīla) por Venerable U Silananda. Plática impartida el 31
de agosto 1985. Traducción al español por Jorge Fabra.
La
fuente usada es "Times New Roman"
que contiene algunas de las marcas diacríticas de la Lengua Pali; las demás
marcas diacríticas no disponibles en esta fuente han sido reemplazadas con
letras normales. Este
material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en
forma gratuita. ©CMBT 2003. Última revisión domingo,
13 de julio de 2003. Fondo Dhamma Dana.