Introducción por Bhikkhu Bodhi
CONTENIDO |
La práctica de dar se
reconoce universalmente como una de las virtudes humanas más básicas, una
cualidad que testifica la profundidad de nuestra humanidad y nuestra capacidad
para trascendernos. En las enseñanzas del Buddha, también, la práctica de dar
reclama un lugar de especial eminencia, un lugar que la hace única siendo en un
sentido el fundamento y la semilla del desarrollo espiritual. En los Suttas
Pali leemos una y otra vez que “la plática de dar” (danakatha) era
invariablemente el primer tema que Buddha trata en su exposición gradual del
Dhamma. Siempre que el Buddha daba un discurso a un público que aún no lo
consideraba su maestro, él comenzaba por enfatizar el valor de dar. Sólo
después de que su audiencia llegaba a apreciar esta virtud él introducía otros
aspectos de su enseñanza, como la moralidad, la ley del kamma, y los beneficios
de la renunciación, y sólo después de que todos estos principios habían hecho
su impacto en las mentes de sus oyentes él les exponía el descubrimiento único
de los Iluminados: Las Cuatro Nobles Verdades.
En sentido estricto, el
dar no aparece por su propio derecho entre los factores del Noble Octuple
Sendero, ni se encuentra entre los otros requisitos de la iluminación
(bodhipakkhiya dhamma). Muy probablemente fue excluido de estos grupos por que
la práctica de dar no conduce, por su misma naturaleza, directa e
inmediatamente al surgimiento de la sabiduría y a la realización de las Cuatro
Noble Verdades. El dar funciona en la disciplina buddhista en una capacidad
diferente. No viene en el ápice del camino, como un factor constituyente del
proceso de la iluminación, sino que sirve como base y preparación que sostiene
y calladamente soporta el esfuerzo para liberar la mente de las impurezas.
Sin embargo, aunque el
dar no se encuentra directamente entre los factores del sendero, su
contribución al progreso a lo largo del camino que conduce a la liberación no
se debe pasar por alto o subestimar. La importancia de esta contribución está
subrayada por el lugar que el Buddha le asigna al dar en varios grupos de
prácticas que él puso a sus seguidores. Además de aparecer como el primer tema
en la exposición gradual del Dhamma, la práctica de dar también figura como el
primero de los tres fundamentos de las obras meritorias (puññakiriyavatthu), como
el primero de los cuatro medios para beneficiar a otros (sangahavatthu) y como
la primera de las diez perfecciones (paramis). Estas últimas son las sublimes
virtudes que deben ser cultivadas por todos los aspirantes a la iluminación, y
hasta el grado más excelso por aquellos que siguen el camino del Bodhisatta
apuntando a la suprema iluminación, el perfecto estado de Buddha.
Visto desde otro
ángulo, dar se puede identificar también con la cualidad personal de la
generosidad (caga). Este ángulo destaca la práctica de dar, no como el acto
exteriormente manifiesto por el que un objeto se transfiere de uno a los otros,
sino como la disposición interior de dar, una disposición que se fortalece por
los actos exteriores de dar y que a cambio hace posible actos todavía más
exigentes de auto-sacrificio. La generosidad se incluye entre los atributos
esenciales de la persona buena o superior (sappurisa), junto con las otras
cualidades de la fe, la moralidad, el aprendizaje y la sabiduría. Visto como la
cualidad de la generosidad, dar tiene una conexión particularmente íntima con
el movimiento completo del camino del Buddha. Porque la meta del camino es la
destrucción de la codicia, el odio y el engaño (la ilusión), y el cultivo de la
generosidad directamente debilita la codicia y el odio, mientras que facilita
esa flexibilidad de la mente que permite la erradicación del engaño.
La siguiente
publicación (Wheel) ha sido compilada para explorar de manera profunda esta
virtud cardinal buddhista, la práctica de dar, que en los escritos de budismo
aplicado es tan frecuentemente dada por un hecho por el que usualmente se pasa
por encima sin comentario. En este número, cuatro buddhistas practicantes de la
actualidad, todos los cuales combinan un conocimiento de los textos del Buddha
con un compromiso personal con el camino, ponen por delante su entendimiento de
los varios aspectos del dar y examinan su relación con el ancho cuerpo de la
práctica del Dhamma.
La colección concluye
con una traducción de un documento más antiguo - la descripción de la práctica
de dar por el comentarista medieval Acariya Dhammapala. La cual ha sido
extraída de su Tratado acerca los Paramis, que se encuentra en su comentario al
Cariyapitaka.
La
inspiración y material básico para este ensayo viene de La Perfección de la
Generosidad (Dana Parami), por Saya U Chit Tin, publicado como el No. 3 de la
serie del Dhamma del Sayagi U Ba Khim Memorial Trust, U.K., Splatts House,
Heddington near Calne, Wiltshire, England. Estoy profundamente agradecida a
Saya U Chit Tin y a todos los otros maestros asociados con los Centros de
Meditación en Heddington, U.K. y Rangoon, Burma.
Dar (dana) es uno de
los pasos preliminares esenciales de la práctica buddhista. Cuando se practica
por sí mismo, es una base de kamma meritorio o sano. Cuando se acompaña con la
moralidad, la concentración e introspección, lleva finalmente a la liberación
del samsara, el ciclo de las existencias repetidas. Aún aquellos que están bien
establecidos en el camino de la emancipación continúan practicando el dar
puesto que conduce a la riqueza (abundancia, bienestar), la belleza y el placer
en las vidas restantes. Los Bodhisattas completan la perfección de dar
(danaparami) al grado último donando alegremente sus miembros y sus propias
vidas para ayudar a otros seres.
Como todas las buenas
obras, un acto de dar nos traerá alegría en el futuro, de acuerdo con la ley
del kamma de causa y efecto enseñada por el Buddha. Dar trae beneficios en la
vida presente y en las vidas por venir estemos o no enterados de este hecho,
pero cuando la volición está acompañada por el entendimiento, nosotros podemos
incrementar grandemente los méritos ganados por nuestros obsequios.
El monto del mérito
ganado varía de acuerdo a tres factores: la cualidad del motivo del donador, la
pureza espiritual del que lo recibe, y la clase y tamaño del regalo. Ya que
tenemos que experimentar los resultados de nuestras acciones y las obras buenas
producen buenos resultados y las obras malas producen malos resultados, es
sensato tratar de crear tanto buen kamma como sea posible. En la práctica de
dar, esto debe significar mantener nuestra mente pura en el acto de dar,
seleccionando los destinatarios más dignos posibles, y escogiendo los regalos
más apropiados y generosos que uno pueda ofrecer.
La volición de un
donador antes, durante y después del acto de generosidad es el más importante
de los tres factores involucrados en la práctica de dar: "Si no tenemos
control sobre nuestras mentes no elegiremos el regalo adecuado, el mejor
receptor…, seremos incapaces de prepararlos apropiadamente. Y podemos ser lo
bastante imprudentes como para arrepentirnos de haberlos hecho después."1 La enseñanza budista dedica especial
atención a la base psicológica de dar, distinguiendo entre los diferentes
estados de la mente con los que uno puede dar. Se hace una distinción
fundamental entre los actos que carecen de sabiduría y aquellos que van
acompañados de sabiduría, siendo estos últimos superiores a los anteriores. Un
ejemplo de un tipo muy elemental de dar sería el caso de una muchacha joven que
coloca una flor en el altar de la casa simplemente porque su madre le dice que
lo haga, sin tener ninguna idea del significado este acto.
La generosidad asociada
con la sabiduría antes, durante y después del acto es el más alto tipo de dar. Tres
ejemplos de sabio dar son: dar con el claro entendimiento de que de acuerdo con
la ley del kamma de causa y efecto, el acto generoso traerá resultados
benéficos en el futuro; dar estando consciente de que el regalo, el que lo
recibe y el que lo da son todos impermanentes; y dar con el objetivo de
reforzar esfuerzo por iluminarnos (convertirnos en iluminados). Dado que el dar
un obsequio toma una cierta cantidad de tiempo, un acto único de dar puede ir
acompañado por cada uno de estos tres tipos de entendimiento en una etapa
diferente del proceso.
El motivo mas excelso
para dar es la intención de que fortalece nuestro esfuerzo para alcanzar el
Nibbana. La liberación se logra eliminando todas las impurezas mentales
(kilesa), que están enraizadas en la ilusión de un "yo" que controla
y perdura. Una vez que esta ilusión es erradicada, los pensamientos egoístas no
pueden surgir de nuevo. Si aspiramos a la paz última y pureza practicando la
generosidad, estaremos desarrollando la perfección de la generosidad (dana
parami), la perfección de dar, construyendo un edificio de méritos que dará su
fruto completo con nuestro logro de la iluminación. Al ir progresando hacia la
meta, la volición involucrada en los actos de dar nos ayudará contribuyendo a
hacer la mente maleable, un recurso esencial en el desarrollo de la
concentración y la sabiduría, los principales requisitos de liberación.
Los Nobles (Ariyas),
aquellos que han alcanzado cualquiera de las cuatro etapas de la santidad -
siempre dan con una voluntad (volición) pura por que sus mentes funcionan con
base en la sabiduría. Aquellos que están abajo de este nivel a veces dan sin
cuidado o sin respeto, con estados insanos de la mente. El Buddha enseña
que en la práctica de dar, como en toda conducta corporal y verbal, es la
volición que acompaña el acto la que determina su cualidad moral. Si uno le
ofrece algo a un monje, sin adoptar una manera respetuosa esto no sería
apropiado. Arrojar una moneda a un mendigo para deshacerse de él también se
consideraría una impureza de dar. Uno debe pensar cuidadosamente sobre la
pertinencia y el momento en que se da un regalo para que éste traiga los
mejores resultados. Un regalo dado por un intermediario--por ejemplo, haciendo
que un sirviente le de comida a un monje en lugar de darla por su propia mano
--también disminuye del valor del regalo. Cuando uno da sin darse cuenta de que
uno debe experimentar los resultados de las propias obras, el acto de dar de
nuevo disminuye en potencia.
Si uno solo planea en
dar una donación pero no cumple con su propio plan, el mérito ganado será muy
pequeño. Así siempre debemos responder a nuestras intenciones generosas de
manera expedita, a menos que algo intervenga impidiendo que lo hagamos. Si,
después de haber dado un regalo, nosotros a continuación lamentamos nuestra
acción, se perderá mucho del mérito del hecho.
Una persona moral da
amable y respetuosamente. Ya sea que el regalo sea planeado o espontaneo, él o
ella se asegurarán de que el momento y el contenido del regalo sean apropiados
para quien lo recibe. Muchas esposas en los países buddhistas invitan de manera
regular a algunos monjes a sus casas para que reciban comida temprano en el
día. Antes de alimentar a su familia, estas mujeres siempre ofrecen la comida a
los monjes (bhikkhus) de su propia mano.
Uno puede contribuir a
una cierta causa por miedo a que los amigos desaprueben si uno no da. Dar en
respuesta a tales presiones sociales tendrá débiles, aunque aún benéficos
resultados. Las acciones caritativas realizadas para ganar una buena reputación
son también vanidosas y por lo tanto no son una clase muy valiosa de dar. Ni
puede ser loable cuando uno da únicamente para regresar un favor o en espera de
un recompensa. Lo primero es como pagar una deuda, lo último análogo a ofrecer
un soborno.
La pureza del que
recibe es otro factor que ayuda a determinar la fecundidad de un obsequio. Mientras
más merecedor sea el que recibe, mayor el beneficio que vendrá al donador, por
lo tanto es bueno dar a la persona más santa al alcance. El Buddha enseño que
los receptores de regalos más valiosos son los nobles (ariyas), como el mismo
Buddha y aquellos de sus discípulos que han alcanzado los senderos y fruiciones
supramundanos; porque es su pureza de mente, obtenida por la sabiduría, lo que
hace el acto de dar capaz de lograr beneficios abundantes. Por lo tanto, para
ganar el máximo mérito, debemos dar tanto como podamos, y tan frecuentemente
como sea posible, a los nobles. Regalos a los bhikkhus que se esfuerzan por
lograr el estado de un noble, o al meditador buddhista que vive con los Cinco
Preceptos, también darán resultados copiosos.
Cuando los nobles (ariyas)
aceptan ofrecimientos, lo hacen para proveer al donador de una oportunidad de
ganar méritos. Los que no retornan y los Arahants en particular, que han
logrado los dos más altos estados de la santidad, han eliminado el deseo por
los objetos de los sentidos. Por lo tanto, cuando a ellos se les dan obsequios
sus mentes permanecen desprendidas de los objetos presentados y están llenos de
compasión por el que dador.
La historia de Sivali
en el Comentario del Dhammapada2 es un ejemplo del gran mérito que aún un
pequeño obsequio puede traer cuando se presenta al Sangha dirigido por el
Buddha. En el tiempo del Buddha Vipassi, los ciudadanos de un país estaban
compitiendo con su rey para ver quien podía ofrecer el mejor regalo al Buddha y
el Sangha. Los ciudadanos habían obtenido todo para su ofrenda excepto miel
fresca, y ellos enviaron mensajeros, cada uno con mucho dinero para comprar el
ingrediente faltante.
Uno de estos hombres se
encontró a un aldeano que traía un panal de miel recientemente segado para
vender a la ciudad. El mensajero fue sólo capaz de comprarlo del labriego
cuando le ofreció todo su asignación de mil piezas de dinero, que era mucho más
de lo que valía un solo panal de miel. El aldeano le dijo: "¿Está usted
loco?… Esta miel tiene muy poco valor pero usted me ofrece mil piezas de
dinero. ¿Cuál es la explicación para esto?" El otro hombre le dijo que la
miel valía eso para él porque era el último artículo del menú que los
ciudadanos le ofrecerían al Buddha. El aldeano le respondió espontáneamente,
"Si ése es el caso, yo no se lo voy a vender por un precio, si yo recibo
el mérito de la ofrenda, yo se lo daré a usted." El ciudadano quedó
impresionado con la fe de este hombre que de tan buena gana dejó pasar una
suerte inesperada y estuvo de acuerdo con entusiasmo en que él debía
recibir el mérito de la ofrenda
Debido a este sencillo
regalo, en el tiempo del Buddha Vipassi, el aldeano renació numerosas veces en
los planos celestiales y se convirtió en el príncipe que heredó el trono de
Benares. En su última vida, él se convirtió en el monje Sivali y alcanzó el
estado de Arahant como un discípulo del Buddha actual. Incluso después de eso,
su regalo del panal de miel continuó dando frutos. Para honrar a aquel que
había hecho el dulce obsequio eones antes, los dioses proveyeron alojamiento y
comida para el Buddha y quinientos de sus monjes, incluyendo Sivali, cuando
ellos habían estado caminando por varios días por un camino desierto.
La práctica de dar es
también benéfica cuando se dirige a alguien que no es espiritualmente avanzado.
Si la intensión del donador es buena, entonces aun cuando el receptor sea
inmoral, el donador ganará méritos y aún mas, por el acto de dar, él se
fortalecerá internamente en su propia disposición de renunciar. Un regalo
mentalmente ofrecido al noble Sangha pero físicamente presentado a un monje
moralmente corrupto dará aun grandes frutos. Para estar seguros, no debemos
pretender que una mala persona es buena, pero debemos de ser muy cuidadosos de
nuestra propia actitud mientras damos, ya que nuestra actitud es el factor
sobre el que tenemos más control.
El tercer factor
involucrado en el dar es el regalo en sí mismo, el cual puede ser material o
inmaterial. El regalo de las nobles enseñanzas (Dhamma-dana), dice el Buddha
que supera a cualquier otro regalo (Dhammapada, 354). Aquellos que exponen sus
enseñanzas - monjes que predican sermones o recitan del Tipitaka, maestros de
meditación - frecuentemente comparten la Verdad, practicando de esta manera la
mas alta clase de generosidad. Aquellos de nosotros que no estamos calificados
para enseñar el Dhamma podemos dar el regalo del Dhamma de otras maneras. Podemos
donar libros de Dhamma o pagar por la traducción o publicación de un manuscrito
raro o nuevo propagando la palabra de Buddha. Podemos discutir el Dhamma
informalmente e impulsar a otros para mantener los preceptos o para tomar la
meditación. Podemos escribir una explicación de algunos de los aspectos del
Dhamma para el beneficio de otros. Dar dinero o trabajar en un centro de
meditación o ayudar a sostener a un maestro de meditación puede también ser
considerado el regalo del Dhamma, ya que el propósito del centro y los maestros
es la transmisión de las enseñanzas del Buddha.
El tipo más común de
regalos son las cosas materiales. Un objeto material no necesita tener un alto
valor monetario para que traiga grandes resultados, como lo ilustra la historia
de Sivali y el panal de miel. Si un hombre pobre da a un monje la tasa de arroz
que iba a ser su única comida del día, el hombre está haciendo una gran
donativo que puede brindar abundantes frutos, mientras que si un próspero
mercader, sabiendo con antelación que un monje va a venir por limosnas, le da
la misma pequeña porción de arroz, el recogerá escasos frutos. Debemos tratar
de dar cosas cuya calidad sea por lo menos tan buena como aquella que usamos
nosotros mismos, como la gente en Birmania, que compra las mejores frutas en el
mercado como regalo para los monjes aunque estos frutos sean muy caros para que
ellos mismos los consuman.
Los regalos al Sangha
pueden consistir de comida, túnicas, medicina o monasterios, cada uno de los
cuales tiene un amplio rango. Los límites están establecidos por las reglas del
Vinaya que deben guardar los monjes (bhikkhus) de la comunidad (Sangha) puro y
fuerte. Los laicos que entienden las reglas de los monjes pueden ganar amplios
méritos donando las cosas adecuadas en el momento adecuado a la orden de monjes
y monjas.
Una historia acerca de
Visaka la principal discípula laica de Buddha, ofrece una deliciosa ilustración
de los resultados de la generosidad en gran escala.3 Cuando Visaka se iba a casar
elaborados preparativos y arreglos fueron preparados por su padre. Él le dio a
ella quinientas carretas llenas de dinero, y de implementos de oro, plata y
cobre. También él decidió que ella debía llevar ganado con ella. Le dio
ordenes a sus hombres para que permitieran salir fuera de su corral suficientes
animales como para llenar una senda particular. Cuando las vacas habían salido
y estaban paradas una junto a la otra en esa carretera, hizo que cerraran el
corral, diciendo, "Este ganado es suficiente para mi hija". Sin
embargo, después de que la puerta se había cerrado con seguro, poderosos toros
y vacas lecheras brincaron sobre la barrera para unirse a los animales que iban
con Visaka. Los sirvientes de su padre no pudieron mantenerlos adentro a pesar
de sus grandes esfuerzos.
Todo este ganado se fue
con Visaka porque hacía mucho, en una vida anterior en los tiempos del Buddha
Kassapa, ella había dado un generoso regalo de cinco clases de productos
lácteos a una compañía de 20,000 monjes y novicios. Como la más joven de las
hijas del Rey Kiki de Benares, ella instaba a los monjes a tomar más leche,
requesón, mantequilla clarificada (ghee), etc., aun cuando ellos decían que ya
habían comido suficiente. El regalo le gano el mérito de que esa cantidad tan
grande de ganado fuera con ella en su matrimonio en la vida cuando ella era
Visakha, y nadie pudo prevenir que este mérito diera sus frutos.
Los regalos materiales
de naturaleza religiosa incluyen contribuciones para la erección de un templo o
santuario nuevo, hojas de oro para ayudar a dorar la cúspide de una templo, o
la compra de una estatua de Buddha para el templo. Los destinatarios de tales
regalos son el público en general -- quienquiera que viene al templo o a los
cultos frente a la imagen del Buddha.
Los regalos mundanos a
los ciudadanos de nuestro pueblo pueden incluir donaciones a varias
organizaciones de beneficencia, una contribución a un hospital o una biblioteca
pública, mantener el parque de un barrio arreglado y limpio. Si uno no sólo
contribuye con fondos para tales proyectos, sino también proporciona un trabajo
físico, los resultados kammicos serán aún mayores. Los regalos de esta clase
pueden ser muy meritorios si están precedidos, acompañados y seguidos por
voliciones mentales puras.
Existe un modo de dar
que no tiene en cuenta para nada las cualidades del que recibe y aun de los
frutos mundanos de los méritos adquiridos por el dar. Tal generosidad tiene
como motivo la renunciación, el pensamiento de eliminar el propio apego a
nuestras posesiones, y por lo tanto apunta a dar el más querido y difícil de
los regalos. Los Boddhisattas dan de esta manera siempre que se presenta la
oportunidad, estrictamente para cumplir con la perfección de la generosidad
(danaparami), que es la primera de las diez perfecciones que se deben cultivar
al máximo grado para obtener el estado de Buddha. El trabajo de un Boddhisatta
para completar la perfección de dar demanda mucho más de él de lo que otros
seres pueden emular. Muchos cuentos Jataka relatan como el Bodhisatta que se
convertiría después en el Buddha Gotama daba cosas sin pesar absolutamente en
él o en los beneficios mundanos que pudiera conseguir. Un Boddhisatta sólo está
preocupado en practicar la generosidad para cumplir con los requisitos para
alcanzar el estado de Buddha.
El Cariyapitaka4 (La Canasta de Conductas)
contiene diez historias de vidas anteriores del Bodhisatta. En una de estas
vidas él era un brahmán llamado Sankha quién vio a un Paccekabuddha, o un
iluminado que no enseña, caminando descalzo en un camino desierto. Sankha pensó
para sí mismo, “Deseando mérito, viendo a alguien sumamente digno de un regalo
de fe, si no le doy un obsequio, disminuiré en mérito.” Asi es que el brahmán,
que tenía una constitución muy delicada, le ofreció sus sandalias al Paccekabuddha
aún cuando su propia necesidad de ellas era mayor (División I, Historia 2).
En otra ocasión el
Bodhisatta era un gran emperador llamado Maha-Sudassana. Él tenía voceros que
proclamaban varias veces cada día, en miles de lugares por todo su imperio, que
a cualquiera que quisiera algo se le daría si venía y lo pedía. “Si venía un
mendigo, ya fuera de día o de noche, recibiendo todos los bienes que deseaba,
se iba con las manos llenas." Maha-Suddasana daba con una generosidad
completa "sin ningún apego, sin esperar algo a cambio, para el logro del
propia iluminación."
Un Bodhisatta debe dar
regalos más difíciles que bienes materiales para cumplir la más alta forma de
la perfección de la generosidad. El debe dar libremente las partes de su
cuerpo, sus hijos, su esposa, y aun su propia vida. Como el Rey Kivi, nuestro
Bodhisatta se saco ambos ojos con sus manos desnudas para dárselos a Saka, el
Rey de los dioses. Sakka había venido a Sivi en la apariencia de un anciano
ciego, tan sólo para darle la oportunidad de hacer este extraordinario regalo. Sivi
hizo esto sin dudar antes del acto, sin ninguna aversión durante el acto, y sin
el más mínimo arrepentimiento después. Él dijo que este regalo fue hecho “por
la causa del despertar mismo. Los dos ojos no me eran desagradables. La
omnisciencia me era muy preciada, por consiguiente di mis ojos” (I,8).
Como el Príncipe
Vesantara, el Bodhisatta le dio el próspero, poderoso elefante real a las
gentes de un reino rival sólo porque ellos lo habían pedido. Como resultado de
esta liberalidad, él y su esposa y dos pequeños hijos fueron desterrados a una
remota montaña. Ellos vivieron en el bosque, Vessantara cuidando a su hijo e
hija en su cabaña mientras que su esposa se pasaba el día recolectando los
frutos silvestres de los que vivían. Un día un viajero pasó por ahí y le pidió
al Bodhisatta que le diera a sus hijos. Vessantara se los dió sin la más mínima
duda. Posteriormente él también dio a su virtuosa esposa. “Ninguno de los niños
me era desagradable, la dama Maddi no me era desagradable. La Omnicinecia me
era muy preciada, por lo tanto yo di a aquellos que me eran queridos” (I,9). Se
debe hacer notar, que en esos tiempos los hijos y la esposa se consideraban la
propiedad de un hombre. Mucho tiempo antes la dama Maddi había aspirado a ser
la esposa del Bodhisatta y compartir cualquier prueba que él tuviera que pasar
a lo largo del camino hacia el estado de Buddha. El resultado de su propio
kamma complementó la volición del Principe Vessanatara y llevó a que ella fuera
regalada. Sus hijos debían también de estar experimentando los resultados se
sus propias obras pasadas cuando tuvieron que dejar a sus padres.
En otra ocasión el
Bodhisatta nació como una sabia liebre. Esa existencia llegó a su fin cuando
alegremente saltó al fuego después de invitar a un hambriento brahmán (de
nuevo, Sakka disfrazado) a comérselo asado. Debido a la pureza de la mente del
Bodhisatta mientras hacía el regalo supremo de su vida y cuerpo entero, el fuego
llameante no lo lastimó cuando quemó su carne. Al relatar la historia el dijo
que, de hecho, el fuego lo había calmado y le había traído la paz como si
hubiera sido agua fría, porque él había logrado completar la perfección del
dar.
La meta del camino
buddhista es la emancipación del sufrimiento de las repetidas existencias en el
samsara. El Buddha enseñó que extirpar la ignorancia y las impurezas mentales
que ésta alimenta nos traerá el Nibbana, la completa cesación del sufrimiento. Las
tendencias mentales insanas nos hacen asirnos a lo que equivocadamente tomamos
como nuestro "ego," nos mantienen luchando por satisfacer nuestros
insaciables deseos de los sentidos con objetos que son inherentemente
transitorios y por lo tanto insatisfactorios.
El Buddha dijo que la
práctica de dar nos ayudará en nuestro esfuerzo por purificar la mente. Los
obsequios generosos acompañados de una volición sana ayudarán a erradicar el
sufrimiento de tres maneras. Primero, cuando decidimos dar algo nuestro a otra
persona, nosotros simultáneamente reducimos nuestro apego al objeto; hacer un
hábito de dar puede gradualmente debilitar el factor mental de la avidez, una
de las principales causas de la falta de felicidad. Segundo, dar acompañado por
una volición sana nos llevará a futuros nacimientos felices en circunstancias
favorables para encontrar el Dhamma puro de Buddha. Tercero, y más importante,
cuando el dar se practica con la intención de que la mente se vuelva lo
suficientemente flexible para alcanzar el Nibbana, el acto de generosidad nos
ayudará a desarrollar moralidad, concentración y sabiduría (sila, samadhi,
panna) justo en el presente. Estas tres etapas constityen el Noble Óctuple
Sendero de Buddha, y perfeccionando el sedero se llega a la extinción del
sufrimiento.
Si cedemos en la esperanza de ganar lujo en vidas futuras, podríamos
lograr nuestro objetivo siempre y cuando nos adhiramos a los principios
de conducta virtuosa. De acuerdo al Buddha, sin embargo, la motivación para
trabajar para la liberación es superior a aquella para el logro de alegrías
mundanas en futuros nacimientos. Esto se debe a que un regalo hecho con
el deseo por el placer se acompaña en parte por la raíz psicológica insalubre
de la avidez (tanha). Los méritos ganados por tales regalos se agotan en un
placer pasajero, y esta felicidad mundana nos mantiene girando en la rueda de
renacimientos, que en el sentido más hondo es siempre dukkha, sujeta al
sufrimiento. El dar asociado con la avidez no puede contribuir a una forma de
alegría que no perezca, liberación de la rueda de nacimientos, que viene
sólamente con la completa eliminación de la avidez. Los regalos sin mancha de
avidez o apego sólo se pueden hacer durante el período cuando las enseñanzas de
un Buddha (Buddha Sasana) están al alcance. Así que cuando damos ahora, durante
tal tiempo, debemos de hacerlo con la finalidad de poner un fin a la avidez. Con
la finalidad de que cesen la avidez, el sufrimiento, y eso es la liberación.
¡Que los meritos de este obsequio
del Dhamma
sean compartidos por todos los
seres!
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1 U Chit Tin, The Perfection of
Generosity, Introduction.
2 E.W. Burlingame, trans. Buddhist Legends
(London: Pali Text Society, 1969), 2:212-16.
3 Buddhist Legends, 2:67-68.
4 Cariyapitaka, translated by I.B. Horner, included in
Minor Anthologies of the Pali Canon, Part III (London: Pali Text
Society, 1975).
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* *
SUSAN ELBAUM JOOTLA es una buddhista americana que vive en el Norte de India. Ha
practicado la meditación vipassana por mucho tiempo en la tradición de
Sayagyi U Ba Khin. Su publicaciones previas en la Buddhist Publication Society
incluyen Investigation for Insight (Wheel No. 301/302) e Inspiration
from Enlightened Nuns (Wheel No. 349/350).
BHIKKHU BODHI es un monje buddhista americano, originario
de la Ciudad de Nueva York. Se ordenó en Sri Lanka en 1972. Editor de la
Buddhist Publication Society desde 1984 y su Presidente desde 1988.
* * *
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Código: FDD 025
Título: La Práctica de Dar
Autor: Susan Elbaum Jootla
Fecha de publicación: 1990
Editor: Buddhist Publication Society
Dirección del Editor: PO Box 61, 54, Sangharaja Mawatha, Kandy Sri Lanka
Original: Dana the Practice of Giving (Wheel 367/369)
Traductor: Jesús Valdés Martínez
Fecha: 15 de julio 1998
Fuentes: Times New Roman
Reproducción de la traducción española con permiso de la Buddhist Publication
Society (1997-1998)
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* Susan Elbaum Jootla. Introducción por Bhikkhu
Bodhi. Traducción al español por Jesús Valdés-Martínez. Este material puede ser reproducido para uso
personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©CMBT 1999. Última
revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana.