Dentro del marco del buddhismo actualmente sobrevive aún la escuela más antigua en línea directa con la orden monástica establecida por el Buddha Sakyamuni (el Buddha de nuestra era). Esta escuela se designa como “Theravada”, palabra que significa “La Vía de los Ancianos”. Esta escuela de buddhismo utiliza como fuente doctrinal los textos del Canon Pali, o Tipitaka (la “Triple Canasta”). El Tipitaka contiene el acervo sobreviviente de las enseñanzas originales del Buddha impartidas hace poco más de 2500 años.
El
Buddha llamó a la religión que fundó el “Dhamma-Vinaya”,
la “Doctrina y Disciplina”, creando una orden monástica para proveer una
estructura social de apoyo a la práctica de sus enseñanzas y para que las
mismas pudieran ser legadas a la posteridad. La orden o “Sangha” fue investida
con la función de custodiar y transmitir las enseñanzas de generación en
generación.
En
forma paralela a este acervo de escrituras la orden monástica Theravada ha
sobrevivido hasta nuestros días, originalmente expandiéndose desde la India
hasta el Sudeste Asiático (Tailandia, Birmania, Camboya, Laos) y Sri Lanka. Se
estima que existen unos 100 millones de buddhistas theravadas en todo el mundo, los cuales en su mayoría son
laicos. La orden monástica de monjes y monjas, sin embargo, es substancial en
cuanto a número y alcanza tal vez los cientos de miles. En las últimas décadas
el Buddhismo Theravada ha empezado a tomar raíz en Occidente.
A
pesar de existir durante milenios las órdenes monásticas buddhistas
no se establecieron en Occidente sino hasta hace poco tiempo. En América el
primer monasterio budista de la orden Theravada se estableció en los Estados
Unidos hace aproximadamente 20 años. Actualmente en Norteamérica existen
cientos de monasterios de la orden Theravada representativos de las tradiciones
correspondientes a los diversos países del Sudeste Asiático. Sin embargo, el
número de monjes Occidentales en los monasterios de América es sumamente
pequeño. En Latinoamérica existe solo un monasterio budista Theravada
correspondiente a la tradición Birmana, el cual está localizado en el estado de
Veracruz, México. Se estima que el número de monjes Theravada de habla Hispana
no pasa de 3 ó 4.
Tal
vez la gran lentitud con la que se ha expandido en Occidente el buddhismo se
deba en parte a que, en sí, las ordenes monásticas no tienen como función
principal el hacer proselitismo activo. Las estructuras monásticas siguen un
esquema diseñado para proveer un espacio físico y mental para el desarrollo del
llamado “entrenamiento triple”, el cual consiste en el cultivo de la moral, la
mente y la sabiduría. Tradicionalmente las órdenes se han nutrido de aquellas
personas que llegan al buddhismo monástico tras un periodo de búsqueda. El
establecimiento de monasterios es un proceso que, en los países del Sudeste
Asiático, se inicia cuando algún monje con la capacidad y cualidades necesarias
atrae a un grupo de seguidores (monásticos y laicos) dispuestos a trabajar en
el proyecto de establecer una comunidad monástica. En Occidente el proceso de
importar el Buddhismo Theravada ha requerido de cierta adaptación del esquema
tradicional - pero el principio es el mismo. La dificultad radica en que en
Occidente se pretende importar una práctica que es extraña a la cultura
autóctona, por lo que los recursos necesarios para crear la infraestructura
necesaria son limitados. No obstante este gran obstáculo, la historia nos
confirma que el buddhismo tomó raíz en culturas diferentes a la “cultura madre”
del Norte de la India de hace 2500 años. A menudo este proceso fue iniciado por
solo un puñado de monjes y monjas, tal es el caso de Bodhidharma
(introduciendo el Buddhismo Mahayana en China), y Mahinda y Sanghamita (introduciendo
el Buddhismo Theravada en Sri Lanka).
Uno
de los factores de los cuales es necesario que tomen en cuenta las sociedades a
las cuales se introduce el buddhismo es el gran número de ventajas que conlleva
el establecimiento de monasterios. Por una parte, los monasterios buddhistas son un recurso social que, tal como una
biblioteca pública, están abiertos al público en general, independientemente de
las creencias, sexo, o condición social de los visitantes. Los monasterios buddhistas son el ejemplo idóneo en el cual se demuestra el
éxito de adoptar un estilo de vida regido por la simplicidad y los preceptos
morales, entre los cuales se promueve la abstinencia de matar todo ser
viviente, así como las abstinencias básicas de robar, conducta sexual
incorrecta, mentir, e ingerir substancias intoxicantes (alcohol y drogas) que
causan negligencia.
Los
monasterios buddhistas tradicionalmente funcionan
como centros de apoyo psicológico y emocional para aquellas personas abatidas
por el estrés, las adicciones y la neurosis, tan prevalentes
en esta época moderna. Las antiguas técnicas psicológicas que se aplican en el
entrenamiento monástico se aplican, en cierta medida, con los laicos dispuestos
a esforzarse en dicho entrenamiento. Una y otra vez se hace patente la
efectividad del triple entrenamiento (moral, cultivo de la mente y sabiduría)
al tornar individuos mentalmente disfuncionales, abatidos por la desesperanza y
la depresión en personas bien integradas, satisfechas y con un enfoque positivo
hacia la vida.
Actualmente
los métodos meditativos buddhistas están siendo
empleados con gran éxito en el tratamiento de pacientes con un amplio espectro
de enfermedades que incluye enfermedades del corazón, cáncer, SIDA, dolor crónico,
problemas gastrointestinales relacionados con el estrés, cefaleas, hipertensión
arterial, insomnio, ansiedad, depresión y pánico. En particular se han
implementado en ambientes clínicos técnicas provenientes de la modalidad de
meditación llamada vipassana,
y se ha demostrado que tanto los síntomas físicos como psicológicos presentan
reducción. Por otra parte como resultado de la práctica meditativa se dan toda
una serie de cambios positivos en la actitud de los practicantes, su conducta,
y la percepción que tienen de sí mismos, de otros, y del mundo.
En
el marco del mundo actual en que el deterioro ecológico es alarmante, los
monasterios budistas en la tradición de la foresta han sido – en países como
Tailandia, Sri Lanka y Birmania - el bastión de un programa conservacionista y
protector de toda forma de vida que tiene sus raíces en la actitud compasiva y
considerada moldeada por los principios centrales de la doctrina y disciplina
del Buddha. Así pues, los monasterios tienden a ser reservas ecológicas en
donde todo ser humano, animal o vegetal es parte integral de un santuario en el
que se goza de protección y seguridad. El ambiente que uno encuentra en estos
lugares es un ambiente de paz, bondad, belleza, limpieza y orden. Estos
factores son el marco físico y mental que permite, en forma idónea, el
desarrollo mental superior - tal desarrollo sería limitado o imposible en
ausencia de esas condiciones.
Por
otra parte, los monasterios buddhistas son la
institución que preserva una tradición milenaria, el acerbo cultural que se
protege y transmite es un patrimonio cultural de gran valor para la humanidad.
Las enseñanzas plasmadas en el Canon Pali (la monumental colección de textos buddhistas de mayor antigüedad) conciernen a todo aspecto
de la vida independientemente de cual sea la posición social o actividad de los
individuos. En el Canon Pali uno encuentra lineamientos que establecen las
normas y cualidades que los gobernantes deben seguir para lograr paz y
felicidad en los pueblos. Por otra parte se establecen claramente las pautas y
conductas a seguir para que reine la armonía en las relaciones interpersonales,
familiares y entre naciones. El valor cultural, antropológico, histórico y
psicológico conservado en las escrituras, en el estilo de vida y tradiciones
monásticas es inconmensurable.
Como
se mencionó arriba, los monasterios budistas son el marco idóneo para que
laicos, monjes y monjas se desarrollen espiritualmente. En diversas formas el
esfuerzo invertido por un reducido número de individuos dedicados a la práctica
espiritual ejerce una influencia benéfica en el entorno social. Actualmente el
efecto del buddhismo se está manifestando en los diversos estratos sociales y
culturales de Occidente. Esta influencia no parte de las grandes masas, sino
principalmente de los sectores propios de los intelectuales y artistas los
cuales son, debido a su sensibilidad e inteligencia, la tierra más fértil para
que germinen las profundas enseñanzas del Buddha. Desde luego, el hecho de que
la difusión inicial en Occidente ha tomado este curso, no excluye que
individuos de otros estratos sociales puedan integrarse y practicar las
enseñanzas. De hecho, la capacidad para lograr el objetivo final de la
purificación mental y la liberación respecto a todo sufrimiento no es propia de
sectores particulares de la sociedad, sino de individuos con la disposición y
capacidades espirituales adecuadas para lograr dicho objetivo. Cabe recalcar
aquí que los monasterios buddhistas en la escuela
Theravada no son centros de clausura que harían de oportunidades y alcance
limitado a la generalidad del público, sino que por el contrario, son centros
comunitarios propiamente.
El
hecho de que el buddhismo se está expandiendo en Occidente debe verse como una
ventaja y bendición por los miembros de otras disciplinas y religiones, ya que
el buddhismo es una doctrina que promueve la tolerancia, la armonía y el
entendimiento entre las sociedades e individuos de creencias diversas. En
particular, numerosos grupos Cristianos en Occidente han reconocido y
aprovechado el útil acervo de conocimientos y técnicas meditativas buddhistas. Este interés ha fomentado el acercamiento
cordial y amable principalmente entre diversos grupos monásticos en Norteamérica
y Europa. En cierta forma, la práctica meditativa buddhista ha facilitado la
recuperación de prácticas espirituales que fueron la base del Cristianismo
original y que fueron perdidas u olvidadas a través de los siglos. Estas
prácticas están siendo recuperadas actualmente por adeptos no conformes con las
limitadas formas tradicionales de desarrollo espiritual.
En
el buddhismo se promueve la armonía familiar y los valores que hacen que esta
institución adquiera solidez y permita ser una base sólida para el desarrollo
espiritual del individuo. Se recalcan valores tales como el respeto por los
padres y la obligación inalienable que los hijos tienen para con ellos de
cuidarlos y ver por su bienestar físico y espiritual. Se hace énfasis también
en la armonía familiar basada en el respeto y la consideración, manteniendo un
orden moral basado en los Cinco Preceptos, e indicando claramente cuales son
los límites de comportamiento moral que aseguran fidelidad y confianza en las
relaciones maritales. Por otra parte se indica claramente cuales son las
obligaciones entre los miembros de la familia, estipulando claramente cuales
son las obligaciones de esposo hacia esposa e hijos, esposa hacia esposo e
hijos e hijos hacia sus padres.
En
el buddhismo la moral es a su vez la base que permite el más elevado desarrollo
espiritual - de hecho ésta es su función. La moral en el buddhismo se ve como
una disciplina que no se practica como un fin último, sino como el medio idóneo
para los logros del desarrollo mental y la sabiduría - esta última siendo el summun bonum de las
enseñanzas. El cultivo mental tiene como objetivo establecer serenidad y
claridad en la mente mediante la práctica de ejercicios de concentración (samatha); con esta mente lúcida y
estable es posible entonces penetrar la gruesa capa de ignorancia que cubre la
mente para vislumbrar las características fundamentales de todo fenómeno físico
y mental mediante la aplicación de la visión introspectiva (vipassana). Este conocimiento
profundo es el medio a través del cual se erradican las impurezas mentales en
forma irreversible poniendo fin al sufrimiento (dukkha) y representa la cúspide
en el entrenamiento triple de moral, concentración y sabiduría. Esto es la
iluminación, la culminación del máximo potencial de desarrollo espiritual de
los seres con capacidad sensorial.
Así
pues, un monasterio es el ambiente físico en el cual se desarrolla en forma
óptima el triple entrenamiento antes mencionado. Como institución milenaria en
peligro de extinción, el monasterio ha sido y será el medio óptimo para que
cada individuo se desarrolle de acuerdo con su capacidad y esfuerzo, teniendo
como ideal una visión del ser y el mundo en acuerdo y armonía con la realidad.
En esta forma las comunidades monásticas presentan firme oposición al dañino
ímpetu de la hegemónica visión secular moderna, la cual apunta peligrosamente
hacia la degradación y corrupción interna del individuo.
Los
beneficios que confieren los monasterios a los individuos y a la sociedad son
múltiples y de diverso alcance. En esta época en la que el materialismo y la
decadencia moral imponen su pauta, los monasterios son un oasis en el que
aquellos peregrinos sedientos de verdad y liberación encontrarán la forma de
mitigar su sufrimiento al encontrar profunda paz y felicidad.
***
* "El Nacimiento de Monasterios Theravada en
Occidente" por Bhikkhu Thitapuñño. Este material puede ser reproducido
para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©Bhikkhu
Thitapuñño 2003. Última revisión 28 de March de 2003. Publicaciones Fondo Dhamma Dana.