Traducción de
Alejandro Ponce de León (Upàsaka Pàlita)
La palabra pali mettà
es un término de múltiples significados como amor benevolente, amigabilidad,
buena voluntad, benevolencia, compañerismo, amistad, concordia, inocuidad y
no-violencia. Los comentaristas Pali definen mettà como un fuerte deseo por el bienestar y la felicidad de los
otros (parahita-parasukha-kàmanà).
Esencialmente mettà es una actitud
altruista de amor y amigabilidad a diferencia de la mera amabilidad basada en
el propio interés. A través de mettà
uno deja de ser ofensivo y renuncia a todo tipo de rencor, resentimiento y
animosidad, desarrollando, en cambio, una mente amistosa, servicial y benevolente
que busca el bienestar y la felicidad de los demás. El verdadero mettà carece de interés personal. Evoca
un afectuoso sentimiento de compañerismo, simpatía y amor, que con la práctica
crece sin límites y supera toda barrera social, religiosa, racial, política y
económica. Mettà es, en efecto, amor
universal, desinteresado y todo-abarcador.
Mettà nos convierte en una fuente pura de bienestar y
seguridad para los demás. Igual que una madre da su propia vida para proteger a
su hijo, así mettà sólo da y nunca
desea nada a cambio. Promover el propio interés de uno es una motivación
primordial de la naturaleza humana. Cuando este anhelo es transformado en el
deseo de promover el interés y la felicidad de los otros, no sólo es un anhelo
básico de búsqueda personal de superación, sino que la mente se vuelve
universal por haber identificado su propio interés con el interés de todos. Al
producir este cambio uno también promueve su propio bienestar en la mejor
manera posible.
Mettà es la actitud protectora e inmensamente paciente de
una madre que sortea todas las dificultades por su hijo y siempre lo ampara a
pesar de su mal comportamiento. Mettà
es también la actitud de un amigo que quiere darnos lo mejor para favorecer
nuestro bienestar. Si estas cualidades de mettà
son cultivadas adecuadamente mediante mettà-bhàvanà
—la meditación del amor universal— el resultado es la adquisición de un tremendo
poder interior que preserva, protege y sana tanto a uno mismo como a los demás.
Aparte de sus elevadas connotaciones, hoy mettà es una necesidad pragmática. En un
mundo amenazado por todo tipo de destructividad, mettà en acto, palabra y pensamiento es el único medio
constructivo para traer concordia, paz y mutuo entendimiento. En efecto, mettà es el medio supremo, puesto que
constituye el principio fundamental de toda religión, como así también la base
para toda actividad benevolente destinada a promover el bienestar humano.
El presente trabajo apunta a la exploración de las
diversas facetas de mettà, tanto en
la teoría como en la práctica. El examen de los aspectos doctrinales y éticos
de mettà procederá a través del
estudio del popular Karaäìya Mettà Sutta,
el “Himno del Amor Universal” del Buddha. En conexión con este tema también
veremos algunos otros textos cortos que versan sobre mettà. La explicación de mettà-bhàvanà,
la meditación del amor universal, ofrecerá instrucciones prácticas para
desarrollar este tipo de contemplación tal como consta en los principales
textos de meditación de la tradición Buddhista Theravada, el Visuddhimagga, el Vimuttimagga y el Paåisambhidàmagga.
1
Karaäìyam atthakusalena
Yan taç santaç padaç abhisamecca
Sakko ujù ca sùjù ca
Suvaco c’assa mudu anatimànì
Aquel que busca promover su bienestar,
Habiendo vislumbrado el estado de perfecta paz,
Debe ser hábil, honesto y justo,
Apacible en lenguaje, dócil y sin orgullo.
2
Santussako ca subharo ca
Appakicco ca sallahukavutti
Santindriyo ca nipako ca
Appagabbho kulesu ananugiddho
Contento, ha de ser fácil de sustentar,
Con pocas obligaciones, y de vida simple.
Tranquilos sus sentidos, que sea prudente,
Y respetuoso, sin apego a familias.
3
Na
ca khuddaç samàcare kiñci
Yena viññù pare upavadeyyuç
Sukhino và khemino hontu
Sabbe sattà bhavantu sukhitattà
Además, debe refrenarse de toda acción
Que de al sabio razón para reprobarle.
(Entonces, que cultive el pensamiento:)
Puedan todos estar bien y seguros,
¡Que todos los seres sean felices!
4
Ye keci pàäabhùt’ atthi
Tasà và thàvarà và anavasesà
Dìghà và ye mahantà và
Majjhimà rassakàäukathùlà
Cualquiera de los seres vivientes que existan,
Sin excepción, débiles o fuertes,
Largos, grandes o medianos,
O bajos, diminutos o voluminosos,
5
Diååhà và ye va adiååhà
Ye ca dùre vasanti avidùre
Bhùtà và sambhavesì và
Sabbe sattà bhavantu sukhitattà
Sean visibles o invisibles,
Aquellos que viven lejos o cerca,
Los nacidos y aquellos que buscan nacimiento.
¡Que todos los seres sean felices!
6
Na paro paraç nikubbetha
Nàtimaññetha katthacinaç kañci
Byàrosanà paåighasaññà
Nàññamaññassa dukkham iccheyya
Que nadie engañe o desprecie
A su semejante en ningún lugar;
Que nadie desee el mal al otro
Por resentimiento o por odio.
7
Màtà yathà niyam puttaç
Àyusà ekaputtam anurakkhe
Evampi sabbabhùtesu
Mànasam bhàvaye aparimàäaç
Así como con su propia vida
Una madre protege del mal
A su propio hijo, su único hijo,
Desarrolla un corazón ilimitado
Hacia todos los seres.
8
Mettañ ca sabba-lokasmiç
Mànasam bhàvaye aparimàäaç
Uddhaç adho ca tiriyañca
Asambàdhaç averaç asapattaç
Cultiva una mente de amor ilimitado
A través de todo el universo,
En toda su altura, profundidad y extensión,
Amor que no encuentra obstáculos
Y está más allá del odio o la enemistad.
9
Tiååhañ caraç nisinno và
Sayàno và yàvat’assa vigatamiddho
Etaç satiç adhiååheyya
Brahmam etaç vihàraç idhamàhu
Ya sea parado, caminando, sentado o acostado,
Siempre que estés despierto,
Practica esta vigilancia con todas tus fuerzas:
Éste es considerado el Estado Divino aquí.
10
Diååhiñca anupagamma sìlavà
Dassanena sampanno
Kàmesu vineyya gedhaç
Na hi jàtu gabbhaseyyaç punar etì’ ti
Ya no sosteniendo creencias erróneas,
Con virtud y visión de lo fundamental,
Y habiendo superado todo deseo sensual,
Nunca de un útero uno
vuelve a nacer.
Los antecedentes históricos que llevaron al Buddha a
exponer el Karaäìya Mettà Sutta son
explicados en el comentario escrito por Àcariya Buddhaghosa, quien había
recibido el sutta de una ininterrumpida línea de Ancianos que se remontaba a los
días del mismo Buddha.
Se dice que quinientos monjes recibieron instrucciones
del Buddha sobre técnicas particulares de meditación convenientes para cada
temperamento individual. Entonces, ellos fueron a las estribaciones de los
Himalayas y dedicaron los cuatro meses del retiro de las lluvias a vivir una
vida de abstinencia e intensiva meditación. En aquellos días, uno o dos meses
antes que el retiro de las lluvias comenzara, monjes de todas partes del país
se reunirían donde el Buddha se encontrara para recibir instrucciones directas
del Supremo Maestro. De este modo, regresarían a sus monasterios, viviendas del
bosque o ermitas para realizar una vigorosa tentativa de liberación espiritual.
Así fue cómo estos quinientos monjes fueron hasta donde residía el Buddha, el
monasterio construido por Anàthapiäðika en el Bosque de Jeta en Sàvatthì.
Después de recibir instrucciones fueron en busca de un lugar adecuado y, en el curso de su deambular, pronto hallaron una hermosa colina a los pies de los Himalayas. Ésta, de acuerdo con el comentario, “parecía un brillante cristal de cuarzo azul: embellecida con un fresco, tupido y verde bosque y un trecho del suelo cubierto de arena, como una red de perlas o un manto de plata, y provista de un límpido manantial de agua fresca”. Los bhikkhus fueron cautivados por el panorama. Había algunas aldeas cerca, y también un pequeño mercado comunitario ideal como recurso para limosnas. Los bhikkhus pasaron una noche en ese idílico bosque y a la mañana siguiente fueron al mercado por limosnas.
Los habitantes del lugar estaban llenos de alegría de
ver a los monjes, ya que pocas veces una comunidad de monjes había ido de
retiro a esa parte de los Himalayas. Estos piadosos devotos dieron de comer a
los monjes y les suplicaron que se quedaran como sus invitados, prometiendo
construir a cada uno de ellos una cabaña cerca del bosque sobre el trecho de
arena, de modo que pudieran pasar sus días y sus noches sumergidos en la
meditación bajo las antiguas ramas de los majestuosos árboles. Los bhikkhus estuvieron
de acuerdo y los devotos del área pronto construyeron pequeñas cabañas al borde
del bosque, proporcionando a cada una de ellas una cama de madera, un taburete
y recipientes para el agua para beber y asearse.
Después que los monjes se instalaron
satisfactoriamente en esas cabañas, cada uno seleccionó un árbol para meditar
bajo él día y noche. Ahora, se dice que estos grandes árboles eran habitados
por deidades de los árboles, quienes habían construido una mansión celestial
usando convenientemente los árboles como base. Estas deidades, por reverencia
a los monjes meditantes, se hicieron a un lado con sus familias. La virtud era
reverenciada por todos, particularmente por las deidades, y cuando los monjes
se sentaron bajo los árboles, las deidades, que eran cabeza de familia, no
querían permanecer sobre ellos. Pensaron que los monjes permanecerían sólo por
una noche o dos, y con mucho gusto soportaron la molestia. Pero como los días
pasaban y los monjes aún seguían ocupando las bases de los árboles, las
deidades se preguntaron cuándo se marcharían. Eran como aldeanos desposeídos
cuyos hogares habían sido requisados por los oficiales de un visitante de la
realeza, y se quedaron vigilando desde lejos con preocupación, preguntándose
cuándo los recobrarían.
Estas desposeídas deidades discutieron acerca de la
situación y decidieron ahuyentar a los monjes mostrándoles cosas terribles,
haciendo ruidos horrorosos y creando un hedor asqueroso. Consecuentemente
materializaron todas esas terribles condiciones y afligieron a los monjes.
Pronto los monjes se pusieron pálidos y ya no podían concentrarse en sus temas
de meditación. Como las deidades continuaban hostigándolos, perdieron hasta su
vigilancia básica y sus cerebros parecían sofocarse por las visiones opresivas,
el ruido y el hedor. Cuando los monjes se reunieron con el Anciano más antiguo
del grupo, cada uno contó sus experiencias. El Anciano sugirió: “Vayamos, hermanos,
donde el Bendito y presentémosle nuestro problema. Hay dos tipos de retiro de
las lluvias —el primero y el último. Aunque estaremos rompiendo el primer
retiro al irnos de este sitio, siempre podemos tomar el último retiro después
de reunirnos con el Señor”. Los monjes estuvieron de acuerdo y partieron
inmediatamente, incluso sin informar a los devotos.
Por etapas arribaron a Sàvatthì, fueron ante el
Bendito, se postraron a sus pies y relataron sus espantosas experiencias,
solicitando patéticamente otro lugar. El Buddha, con su poder paranormal,
exploró toda la India, pero sin hallar ningún lugar excepto el mismo sitio
donde ellos podrían alcanzar la liberación espiritual. Les dijo: “Monjes,
¡regresen al mismo lugar! Es solamente esforzándose allí que podrán destruir
las impurezas interiores. ¡No teman! Si quieren liberarse del acoso de las
deidades aprendan este sutta. Será tanto un tema de meditación como una fórmula
para la protección (paritta)”.
Entonces el Maestro recitó el Karaäìya
Mettà Sutta —el Himno del Amor Universal— que los monjes aprendieron de
memoria en presencia del Señor. De este modo, regresaron al mismo lugar.
Mientras los monjes se aproximaban a sus viviendas en
el bosque recitando el Mettà Sutta,
pensando y meditando en la esencia de su significado, los corazones de las deidades
se tornaron tan plenos de cálidos sentimientos de buena voluntad que se materializaron
con forma humana y recibieron a los monjes con gran piedad. Tomaron sus
cuencos, los condujeron a sus habitaciones, les suministraron agua y alimento
y, luego, reasumiendo su forma normal, les invitaron a ocupar las bases de los
árboles y a meditar sin ninguna duda o temor.
Además, durante los tres meses de la residencia de las
lluvias, las deidades no sólo cuidaron de los monjes en todo sentido, sino que
se aseguraron que el lugar estuviera completamente libre de todo ruido. Gozando
de perfecto silencio, al final de la estación de las lluvias todos los monjes
alcanzaron el pináculo de la perfección espiritual. Cada uno de los quinientos
monjes se convirtió en Arahat.
En efecto, tal es el poder intrínseco en el Mettà Sutta. Quien con firme fe recite
el sutta, invocando la protección de las deidades y meditando sobre mettà, no sólo se protegerá a sí mismo
en todo sentido, sino que también protegerá a todos aquellos a su alrededor, y
logrará un progreso espiritual que puede ser verificado verdaderamente. Ningún
mal puede sobrevenir a una persona que sigue el camino de mettà.
El Mettà Sutta
está compuesto de tres partes, cada una de las cuales se enfoca en un aspecto
distinto de mettà. La primera parte
(líneas 3 a 10) cubre aquel aspecto que requiere de una minuciosa y
sistemática aplicación del amor benevolente en la conducta diaria de uno. La
segunda parte (líneas 11 a 20) alude al amor benevolente como una técnica diferente
de meditación o cultura de la mente que conduce al samàdhi —consciencia superior inducida por la absorción. Y la
tercera parte (líneas 21 a 40) subraya un compromiso total con la filosofía del
amor universal y sus extensiones personales, sociales y empíricas —amor
benevolente a través de todas las actividades corporales, verbales y mentales.
Mettà ha sido identificado como aquel factor específico que
“madura” el mérito acumulado (puñña)
adquirido a través de las diez vías para la adquisición de mérito (dasapuñña-kiriyavatthu)[1],
como la práctica de generosidad, virtud, etc. Es mettà quien lleva a la madurez las diez exaltadas cualidades
espirituales conocidas como “perfecciones” (pàramità)[2].
De este modo, la práctica de mettà puede asemejarse a plantar un gran árbol, desde el momento en
que la semilla es sembrada hasta el momento en que el árbol está pesadamente
cargado con deliciosas frutas y expande ampliamente su dulce aroma, atrayendo
miríadas de criaturas hacia él para disfrutar de su sabrosa y nutritiva
generosidad. La germinación de la semilla y el crecimiento de la planta son
ocasionados por la primera parte del sutta. En la segunda parte, el árbol,
robusto y desarrollado, está totalmente cubierto con fragantes y bonitas flores,
captando todas las miradas sobre sí.
Como modelo de conducta, el primer aspecto de mettà hace crecer nuestra vida como un
árbol, provechosa, generosa y noble. Mettà,
como meditación, genera ese florecimiento espiritual con el cual la vida
entera de uno se vuelve una fuente de alegría para todos. La tercera parte
contempla en esta imagen la fructificación de aquel proceso de desarrollo
espiritual por medio del cual uno produce una aplicación ilimitada del amor
espiritual que puede condicionar poderosamente a la sociedad en su conjunto y
conducirnos a la cumbre de la realización trascendental.
La mente humana es como una mina que contiene una
fuente inagotable de poder espiritual e insight[3].
Este inmenso potencial interno de mérito puede ser explotado en su totalidad
solamente a través de la práctica de mettà,
como es evidente en la descripción de mettà
como aquella “fuerza maduradora” que madura los méritos inactivos. El Mangala Sutta dice que sólo después de
que uno haya efectuado una elevada relación interpersonal (por la frecuentación
de buena compañía, etc.), elige el entorno correcto para que los méritos del
pasado fructifiquen. Este hallazgo de fruición es exactamente lo que hace mettà. La mera anulación de la mala
compañía viviendo en un ambiente refinado no es suficiente; la mente tiene que
ser cultivada a través de mettà. De
ahí la alusión a la fructificación del mérito pasado.
Ética, en el
contexto buddhista, es la recta conducta que trae felicidad y paz a la mente y
nunca da surgimiento a remordimiento, preocupación o inquietud. Este es el beneficio
psicológico inmediato. La recta conducta también lleva a un feliz renacimiento,
permitiendo a un aspirante futuros progresos en el camino hacia la liberación
espiritual. Además es la base para progresar en el Dhamma aquí y ahora. En
otras palabras, el recto lenguaje, la recta acción y el recto sustento del
Noble Óctuple Sendero del Buddha constituyen la recta conducta en el mejor de
los sentidos.
La ética
buddhista es doble: la práctica de ciertas virtudes (càritta) y preceptos de abstinencia (vàritta). Càritta es
hallado en el Mettà Sutta de la
siguiente manera:
Debe ser hábil, honesto y justo,
Apacible en
lenguaje, dócil y sin orgullo.
Contento, ha de ser fácil de sustentar,
Con pocas obligaciones, y de vida simple.
Tranquilos sus sentidos, que sea prudente,
Y
respetuoso, sin apego a familias.
Vàritta es cubierto por el próximo gàthà:
Además, debe refrenarse de toda acción
Que de al
sabio razón para reprobarle.
Càritta y vàritta son así practicados a través del mettà expresado en la acción verbal y corporal; la felicidad
interior y el deseo altruista resultantes son reflejados por el mettà de acción mental del aspirante,
tal como lo encontramos en la conclusión de la estrofa:
Puedan todos estar bien y seguros,
¡Que todos
los seres sean felices!
La ética de mettà, de este modo, no sólo proporciona
bienestar subjetivo, o la oportunidad de progresar en el Dhamma aquí y ahora y
de gozar de un feliz renacimiento en el futuro, sino también audacia y
seguridad —abhayadàna y khemadàna.
Un análisis
del patrón de comportamiento y rasgos recomendado por el Mettà Sutta para una interacción significativa, tanto en referencia
a las personas individualmente como a la sociedad en su conjunto, nos provee de
suficiente insight sobre las numerosas implicaciones del sutta para la salud
mental.
Habilidad no es sólo mera eficiencia o
destreza, sino hacer algo bien, considerando no causar inconvenientes a los
demás. Ya que un hombre hábil puede volverse muy presumido, al practicante se
le aconseja que sea “honesto y justo”, mientras es “apacible en lenguaje,
dócil y sin orgullo” —en efecto, una perfecta síntesis y equilibrio de rasgos.
El que tiene
contento es “fácil de sustentar”. La
frugalidad, por consideración a los demás, es un rasgo noble. Uno llega a
mostrar refinamiento a tal punto que reduce sus propias necesidades como
ejemplo para los demás y como forma de no incomodarlos. Más grosera y
materialista se vuelve una persona, más aumentan sus necesidades. El criterio
para juzgar la salud mental de una cierta sociedad es, de este modo, la disminución
de necesidades, es decir, el elemento de la satisfacción.
Una vida
materialista y egocéntrica está caracterizada no sólo por un incremento de las
necesidades sino también por la inquietud,
proyectándose en la existencia con muchas obligaciones e hiperactiva, carente
de moderación y autocontención. Mettà,
que promueve el bienestar de todos, tiene que ser naturalmente construido sobre
tales cualidades de sobrio humanismo como es reflejado en el hecho de tener
unas pocas tareas significativas y selectas que conducen al máximo bienestar
de todos.
Vivir una vida simple, como expresión de mettà, implica una reorientación de nuestra
perspectiva y conducta, incluso en nuestro mundo competitivo, ávido de placer y
de mentalidad posesiva. Un hombre de vida simple es apacible, pero eficiente y
efectivo, y posee contención sobre sus facultades sensoriales, siendo moderado,
frugal y controlado. Para tal persona, la cultura mental a través de la
meditación se torna natural y sin ningún esfuerzo: de ahí el atributo
“tranquilo en sus sentidos”.
Mettà en la conducta incluye el ejercicio
de la prudencia, es decir, sabiduría
práctica. Es solamente la persona sabia y sagaz la que puede realmente
practicar mettà en sus diversas
formas en la vida diaria y en todas las modalidades de relación humana. El fariseísmo,
que surge de la sensación de ser mejor o más devoto que otros, puede ser (y a menudo
lo es) una máscara de práctica espiritual. Ser “respetuoso, sin apego a familias”,
de este modo, es un indicador para que la persona de mettà no se complazca con hipocresías de ninguna manera.
Además, al
practicante de mettà se le aconseja refrenarse de toda acción, incluyendo
convenciones sociales, por la cual un
sabio pueda reprobarle, como la carencia de prudencia y decoro. No es
suficiente conque uno sea bueno, también tiene que parecerlo, tanto en
consideración de su propio bienestar como del de los demás. Una vida ejemplar
debe ser vivida para beneficio de todos, para el bienestar de la sociedad.
Una persona
que vive de esta manera, ahora se sumerge en el cultivo de la ilimitada mente
de mettà mediante determinadas
técnicas de meditación como está previsto en la parte restante del sutta.
Mettà también es llamado paritta —una fórmula espiritual capaz de
salvaguardar nuestro bienestar, protegernos contra todo peligro y rescatarnos
de la desgracia y el infortunio.
Los monjes
no podían permanecer y meditar en aquel hermoso bosque provisto con todas las
facilidades porque las deidades eran hostiles y tuvieron que abandonar el lugar.
Al armarse con la protección del Mettà
Sutta, que recitaron y meditaron durante todo el viaje, en el momento en
que llegaban al lugar, las deidades ya estaban esperándolos plenas de
sentimientos de amistad. La hostilidad se había convertido en hospitalidad.
La
protección del paritta trabaja tanto
subjetiva como objetivamente. Subjetivamente, a medida que mettà limpia y fortalece la mente,
también despierta el potencial inactivo, resultando en la transmutación
espiritual de la personalidad. Transformada por mettà, la mente ya no es obsesionada por codicia, odio, lujuria,
envidia y aquellos otros factores contaminantes de la mente que son nuestro
verdadero enemigo y fuente de infortunio.
Objetivamente,
mettà, como fuerza del pensamiento,
es capaz de influir en cualquier mente en cualquier lugar, desarrollada o
no-desarrollada. La irradiación de mettà
puede no sólo calmar a una persona o remover los dardos del odio de su
interior, sino que, en algunos casos, puede incluso curarla de una severa
enfermedad. Es una experiencia común en los países buddhistas ver cómo la
gente es curada de todo tipo de enfermedades y liberada del infortunio mediante
la recitación del paritta. De modo
que mettà es verdadero poder de sanación.
En este sentido mettà actúa como paritta, una fórmula de sanación que
proporciona protección.
Los comentarios Pali explican que:
Uno ama a todos los seres:
a) al no hostigar a ningún ser, así evita el hostigamiento;
b) al ser inofensivo (hacia todo ser), así evita la
ofensividad;
c) al no torturar (a ningún ser), así evita la tortura;
d) al no destruir (ninguna vida), así evita la
destructividad;
e) al no exasperar (a ningún ser), así evita la
exasperación;
f) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres
sean amistosos y carezcan de hostilidad”;
g) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres
sean felices y carezcan infelicidad”;
h) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres gocen de bienestar y carezcan de aflicción”;
En
estas ocho maneras uno ama a todos los seres; por lo tanto, esto es llamado
amor universal. Y puesto que uno concibe (interiormente) esta cualidad (del
amor), ella es de la mente. Y como esta mente es libre de todo pensamiento de
malevolencia, el agregado del amor, la mente y la liberación son definidos como
amor universal que conduce a la liberación
de la mente.
Del pasaje
anterior vemos que mettà implica la
“disminución” de los rasgos negativos por una enérgica puesta en práctica de
las correlativas virtudes positivas. Es sólo cuando uno practica enérgicamente
el no-hostigamiento hacia todos los seres que puede disminuir la tendencia de hostigar
a los demás. Del mismo modo, es con las otras cualidades de inofensividad,
no-tormento, no-destrucción y no-exasperación en acto, palabra y pensamiento
que uno puede disminuir las características negativas de ser ofensivo, de
atormentar a otros, de destructividad y de exasperación. Además de tal conducta
positiva y principio de vida, uno también cultiva la mente a través de una
técnica específica de meditación denominada mettà-bhàvanà, que genera poderosos pensamientos de amor
espiritual que crece sin límites, volviéndose auto-consciente, infinito y universal.
Pensamientos
que desean que todos los seres sean amistosos y nunca hostiles, felices y
nunca infelices, experimentando bienestar y nunca aflicción, implican no sólo
atenuación o carencia de límites, sino también la completa liberación de la
mente. De ahí lo apropiado de la expresión “amor universal que conduce a la
liberación de la mente”.
En lo que
respecta al significado de los cinco aspectos opuestos de mettà, hostigamiento es
el deseo de oprimir o perjudicar; ofensividad
es la tendencia a lastimar o herir; tortura
es sinónimo de una tendencia sádica de tormento, sometiendo a otros al dolor o
a la miseria; destructividad es
acabar con algo o terminarlo, el rasgo de extremista e iconoclasta; exasperación es agotar, molestar o
causar a otros preocupación y tensión. Cada una de estas tendencias se arraiga
en la antipatía y la malevolencia, y proporciona un contraste a mettà, ya sea como modo de conducta o
como estado psicológico o actitud de la mente.
La
sustitución de un rasgo negativo por el opuesto positivo implica naturalmente
una actitud ante la vida muy desarrollada y madura. La habilidad de no
hostigar, no ofender, no torturar, no destruir y no exasperar significa un
modo de comportamiento muy refinado, bello y amoroso en un mundo donde la
interacción entre los seres humanos crea tanta tensión y miseria.
De acuerdo
con el Visuddhimagga, mettà es un “solvente” que “diluye” no
sólo nuestros propios contaminantes psíquicos de ira, resentimiento y
ofensividad, sino también los de los demás. Después de tomar una actitud de
amistad, incluso el hostil se vuelve un amigo.
Mettà se caracteriza como aquello que
“promueve el bienestar”. Su función es “preferir el bienestar” en lugar del mal.
Se manifiesta como una fuerza que “remueve el fastidio” y su causa próxima es
la tendencia a ver el lado bueno de las cosas y de los seres y nunca los
defectos. Mettà tiene éxito cuando
ama, y fracasa cuando degenera en afecto mundano.
Queda claro
en este análisis que sólo cuando uno tiende a ver lo bueno en las personas, y
prefiere el bienestar de otros y, consecuentemente, es inofensivo (al remover
todo fastidio o herida) y promueve activamente dicho bienestar, mettà funciona como un solvente. Se dice
que el propósito último de mettà es
alcanzar el insight trascendental, y si eso no es posible, al menos llevar al
renacimiento en la sublime esfera del mundo de Brahma, además de traer paz
interior y un saludable estado de la mente aquí y ahora. De ahí la promesa del
Buddha en el Mettà Sutta:
Ya no sosteniendo creencias erróneas,
Con virtud y visión de lo fundamental,
Y habiendo superado todo deseo sensual,
Nunca de un
útero uno vuelve a nacer.
El amor
aparta la malevolencia, que es la más dañina de las emociones. Por eso se ha
dicho: “Porque esto es el abandono de la malevolencia, amigos, a saber, la
liberación de la mente forjada a través del amor universal” (Dìgha Nikàya, III.
234).
En la
práctica de mettà es importante
comprender las emociones que le anulan, tanto por ser parecidas como por ser
distintas. El Visuddhimagga las
denomina “los dos enemigos —el cercano y el remoto—”. Codicia, lujuria, afecto
mundano, sensualidad, se dice que son “enemigos cercanos” porque son similares
en las tendencias. El lujurioso también ve el “lado bueno” o “la belleza”, y
así queda involucrado. El amor debe estar protegido contra esto para que las
máscaras de estas emociones no engañen al meditador.
Malevolencia,
ira y odio, son emociones distintas, por lo tanto constituyen el “enemigo
remoto”. El enemigo remoto puede ser distinguido fácilmente, de modo que no hay
que temerle sino que hay superarlo por la proyección de una fuerza superior,
aquella del amor. Pero uno tiene que ser cauteloso con el enemigo cercano
porque genera auto-engaño, que es lo peor que le puede suceder a un individuo.
Se dice que mettà comienza solamente cuando existe
entusiasmo en la forma de un deseo de actuar. Habiendo comenzado mediante un
fervoroso esfuerzo, sólo puede continuarse cuando los cinco impedimentos
mentales —deseo sensual, malevolencia, pereza y sopor, inquietud y
preocupación, y duda— son dominados. Mettà
alcanza la consumación en el logro de la absorción (jhàna).
Siéntate en
una postura cómoda en un lugar tranquilo —un santuario, una habitación
tranquila, un parque o cualquier otro lugar que proporcione privacidad y
silencio. Mantén los ojos cerrados, repite la palabra “mettà” durante algún tiempo y evoca mentalmente su significado
—amor como opuesto a odio, resentimiento, malevolencia, impaciencia, orgullo y
arrogancia, y como un profundo sentimiento de buena voluntad, simpatía y bondad
que promueve la felicidad y el bienestar de los otros.
Ahora
visualiza tu propio rostro con un feliz y radiante humor. Todo el tiempo ve tu
rostro como en un espejo, contémplate a ti mismo en un estado de ánimo alegre y
ponte en ese mismo estado durante la meditación. Una persona en un estado de
felicidad no puede enojarse o abrigar pensamientos y sentimientos negativos.
Habiéndote visualizado en un estado de ánimo de felicidad, ahora ataca con el
pensamiento: “Que yo esté libre de hostilidad, libre de aflicción, libre de
angustia; que yo viva feliz”. Mientras te inundas con el pensamiento-fuerza
positivo del amor, te vuelves como una vasija llena cuyo contenido está listo
para desbordarse en todas las direcciones.
Luego,
visualiza a tu profesor de meditación, si vive; si no, elige algún otro
profesor o persona venerable viva. Contémplalo en un estado de ánimo feliz y
proyecta el pensamiento: “Que mi profesor esté libre de hostilidad, libre de
aflicción, libre de angustia; que él viva feliz”.
Entonces,
piensa en otras personas que sean venerables y que también estén vivas —monjes,
profesores, padres, ancianos— y, con intensidad, extiende hacia cada uno de
ellos el pensamiento de mettà en la
manera ya mencionada: “Que ellos estén libres de hostilidad, libres de
aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
La visualización
tiene que ser clara y el pensamiento-irradiación tiene que ser bien “deseado”.
Si la visualización es hecha deprisa o el deseo es llevado a cabo en forma superficial
o mecánica, la práctica será de poco provecho, para luego convertirse en el mero
pasatiempo intelectual de pensar acerca
de mettà. Uno debe comprender claramente que pensar acerca de mettà es una cosa, y hacer mettà, proyectar enérgicamente el deseo-fuerza del amor
benevolente, es otra bastante diferente.
Nota que
sólo debe ser visualizada una persona viva, no una persona muerta. La razón de
esto es que la persona muerta, habiendo cambiado de forma, estará fuera de foco
para la proyección de mettà. El
objeto de mettà es siempre un ser
viviente, y el pensamiento-fuerza se volverá inefectivo si el objeto no está
vivo.
Habiendo
irradiado pensamientos de mettà en el
orden ya mencionado —uno mismo, el profesor de meditación y las demás personas
venerables—, debes ahora visualizar, uno por uno, a tus seres queridos,
comenzando con los miembros de tu familia, inundando a cada uno con abundantes
rayos de amor benevolente. La caridad comienza por casa: si no puedes amar a tu
propia gente no podrás amar a otros.
Mientras
esparces mettà hacia los miembros de
tu propia familia, debes tener cuidado al pensar sobre alguien muy querido,
como tu esposa o esposo, al final de este círculo. La razón de ello es que la
intimidad entre marido y mujer introduce el elemento del amor mundano, el cual
mancha a mettà. El amor espiritual
debe ser el mismo hacia todos. Del mismo modo, si uno ha tenido un malentendido
o pleito temporario con algún miembro de su familia o pariente, éste debería
ser visualizado en una etapa posterior para evitar recordar el desagradable incidente.
Luego, debes
visualizar personas neutrales, personas que ni te agraden ni desagraden, como
vecinos, colegas del trabajo, conocidos, etc. Habiendo irradiado pensamientos
de amor hacia cada uno en este círculo neutral, debes ahora visualizar personas
hacia las cuales sientes desagrado, hostilidad o prejuicios, incluso aquellas
con las cuales puedas haber tenido un malentendido temporario. Mientras
visualizas a las personas que te desagradan, para cada una tienes que repetir
mentalmente: “Yo no tengo hostilidad hacia él/ella, que él/ella no tenga
ninguna hostilidad hacia mí. ¡Que él/ella sea feliz!”
De esta
manera, mientras uno visualiza a las personas de los diferentes círculos,
“rompe la barrera” causada por los gustos y las aversiones, el apego y el odio.
Cuando uno es capaz de considerar a un enemigo sin malevolencia y con la misma
dosis de buena voluntad que tiene para con un amigo muy querido, mettà, entonces, adquiere una imparcialidad
suprema, elevando la mente hacia arriba y hacia fuera como en un movimiento en
espiral de círculos expansivos hasta volverse ilimitada.
Por visualización entendemos “llamar a la
mente” o hacer visible ciertos objetos, como una persona, un área, una
dirección o una categoría de seres. En otras palabras significa imaginar a las
personas hacia las cuales los pensamientos de amor tienen que ser proyectados
o extendidos. Por ejemplo, imagina a tu padre, visualiza su rostro muy alegre y
radiante y proyecta el pensamiento hacia la imagen visualizada diciendo mentalmente:
“¡Que él sea feliz! ¡Que él esté libre de enfermedades o problemas! Que él goce
de buena salud”. Puedes usar cualquier pensamiento que promueva su bienestar.
Por irradiación entendemos, como fue
explicado anteriormente, la proyección de ciertos pensamientos que promueven el
bienestar de aquellas personas hacia las cuales dirigimos nuestra mente. Un
pensamiento de mettà es un poderoso
pensamiento-fuerza. Puede realmente realizar lo que ha sido deseado. Se
complace en desear bienestar y, así, es acción creativa. De hecho, todo lo que
el hombre ha creado en diferentes campos es el resultado de lo que él ha
deseado, ya sea una ciudad o un proyecto hidroeléctrico, un cohete que va a la
luna, un arma de destrucción o una obra maestra artística o literaria. La
irradiación de pensamientos de mettà,
también, es el desarrollo de un poder de voluntad que puede realizar lo que se
desea. No es una rara experiencia ver enfermedades curadas o desgracias
disueltas, incluso desde una gran distancia, por la aplicación del
pensamiento-fuerza de mettà. Pero
este pensamiento-fuerza tiene que ser generado de un modo muy específico y
hábil, siguiendo cierta secuencia.
La fórmula
para irradiar mettà que aquí es
utilizada deriva del antiguo Paåisambhidàmagga:
“Que ellos estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia;
que ellos vivan felices” (averà hontu,
abyàpajjhà hontu, anighà hontu, sukhì attànaç pariharantu). El comentario
explicativo de estos términos es muy significativo. “Libre de hostilidad” (averà) significa ausencia de hostilidad
originada a causa de uno mismo o de otros, o a causa de uno mismo debido a
otros o de otros debido a uno mismo u otros. Nuestra propia ira hacia nosotros
mismos puede tomar la forma de auto-compasión, remordimiento o una conmovedora
sensación de culpa. Puede ser condicionada por la interacción con los demás.
La hostilidad combina la ira y la enemistad. “Libre de aflicción” (abyàpajjhà) significa ausencia de dolor
o sufrimiento físico. “Libre de angustia” (anighà)
significa ausencia de sufrimiento mental, congoja o ansiedad, que a menudo
resulta en hostilidad o aflicción corporal. Es sólo cuando uno está libre de
hostilidad, aflicción y angustia que “vive feliz”, es decir, se conduce a sí
mismo con soltura y felicidad. De este modo, todos estos términos están
interconectados.
Por orden entendemos visualizar objetos, uno
después del otro, tomando el camino de menor resistencia, en una secuencia
gradual que expande progresivamente el círculo y, con ello, la mente misma. El Visuddhimagga es enfático acerca de este
orden. Según Àcariya Buddhaghosa uno tiene que comenzar la meditación de mettà visualizándose a sí mismo y,
posteriormente, a una persona por la cual uno tenga veneración, a continuación
a los seres queridos, luego a la gente neutral, después a las personas
hostiles. Mientras uno irradia pensamientos de amor en este orden, la mente
rompe todas las barreras entre uno mismo, alguien a quien respetamos, los seres
queridos, las personas neutrales y las personas hostiles. Todos llegan a ser
vistos como iguales con los ojos del amor benevolente.
En el Visuddhimagga, Àcariya Buddhaghosa da
una analogía muy apropiada sobre romper barreras: “Supone que unos bandidos se
acercan hasta donde un meditador está sentado junto a una persona que respeta,
una persona amada, una neutral y una hostil o malvada y demandan, ‘Amigos,
queremos a uno de ustedes con el propósito de ofrecer un sacrificio humano’. Si
el meditador piensa, ‘Que se lleven a éste o aquel’, no está superando las
barreras. E incluso si piensa, ‘Que no se lleven a ninguno de ellos, que me
lleven a mí’, aún así no está superando las barreras ya que busca su propio
perjuicio, y la meditación de mettà
significa el bienestar de todos. Pero cuando él no ve la necesidad de que alguien
sea entregado a los bandidos y proyecta el pensamiento de amor hacia todos,
incluyendo a los bandidos, entonces estaría rompiendo las barreras.”
MÉTODO 2
El primer
método para la práctica de la meditación de mettà
emplea la proyección de pensamientos de amor hacia individuos específicos en
orden de creciente lejanía con respecto a uno. El segundo método presenta una
modalidad impersonal de irradiar mettà que hace a la mente ilimitada,
como sugiere el término Pali mettà-cetovimutti,
“la liberación de la mente a través del amor universal”. La mente no liberada
está presa entre paredes de egocentrismo, codicia, odio, ilusión, envidia y
miseria. Mientras la mente se encuentra en posesión de estos impuros y
limitantes factores mentales, permanece embotada y aprisionada. Mettà libera la mente cortando dichas
ataduras, y la mente liberada crece naturalmente ilimitada e inmensurable. Así
como la tierra no puede quedarse “sin tierra”, la mente de mettà no puede ser limitada.
Después de
completar la irradiación de mettà
hacia las personas seleccionadas, cuando la mente rompe las barreras existentes
entre uno mismo y alguien a quien respetamos, los seres queridos, amigos,
personas neutras y hostiles, el meditador ahora se embarca en la gran travesía
de la irradiación impersonal, como un valeroso barco navegando a través del
vasto e inconmensurable océano, conservando, no obstante, su ruta y su
objetivo. La técnica es la siguiente.
Imagina a
las personas que residen en tu casa como si formaran un conjunto, entonces
abraza a todos ellos en tu corazón irradiando pensamientos de mettà: “Que todos aquellos que habitan
en esta casa estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia;
que todos vivan felices”. Habiendo visualizado tu propia casa de esta manera,
debes ahora visualizar la casa contigua y todos sus residentes, y luego la
próxima casa, y la siguiente, y así sucesivamente hasta que todas las casas en
esa calle sean cubiertas de la misma forma por un amor benevolente ilimitado.
Luego el meditador tiene que dedicarse a la próxima calle, y a la siguiente,
hasta cubrir todo el vecindario. Después, extensión por extensión, en una
misma dirección, debe ser visualizada claramente e inundada con rayos de mettà en abundante medida. De esta forma
hay que cubrir el pueblo o la ciudad entera; luego hay que cubrir el distrito
y todo el estado con pensamientos de mettà.
Posteriormente
debes visualizar estado tras estado, comenzando por el tuyo propio, luego el
resto de los estados en las diferentes direcciones: este, sur, oeste y norte.
Así, debes cubrir la totalidad de tu país, visualizando geográficamente la
gente de dichas tierras sin distinción de clase, raza, secta o religión.
Piensa: “¡Que todos en estas tierras vivan en paz y bienestar! ¡Que no haya
guerras, ni disputas, ni desgracias, ni enfermedades! Resplandecientes de
amistad y buena fortuna, de compasión y sabiduría, que todos en este gran país
gocen de paz y plenitud”.
Ahora debes
cubrir todo el continente, país por país, en todas las direcciones, este, sur,
oeste y norte. Imaginando geográficamente cada país y su gente de acuerdo con
sus apariencias, debes irradiar en abundante medida pensamientos de mettà: “¡Que ellos sean felices! ¡Que no
haya disputas ni discordia! ¡Que la buena voluntad y la comprensión prevalezcan!
¡Que la paz sea con todos!”
Después
tienes que dedicarte a todos los continentes —África, Asia, Australia, Europa,
América del Norte y del Sur— visualizando país por país y pueblo por pueblo,
abarcando el globo en su totalidad. Imagínate a ti mismo en un punto
particular del globo y, entonces, proyecta poderosos rayos de mettà envolviendo una dirección del
globo, luego la siguiente, luego otra y así sucesivamente hasta que el globo
entero esté inundado y envuelto completamente por cálidos pensamientos de amor
universal.
Debes ahora
proyectar en la inmensidad del espacio poderosos rayos de mettà hacia todos los seres que viven en otras dimensiones, primero
en las cuatro direcciones cardinales —este, sur, oeste y norte—, luego en las
direcciones intermedias —noreste, sureste, suroeste, noroeste— y después
hacia arriba y hacia abajo, cubriendo las diez direcciones con abundantes e
inmensurables pensamientos de amor universal.
MÉTODO 3
De acuerdo
con la cosmología del Buddhismo existen innumerables sistemas planetarios
habitados por categorías infinitamente variadas de seres en diferentes etapas
de evolución. Nuestro mundo es sólo una partícula en nuestro sistema
planetario, que a su vez es un punto diminuto en el universo con sus innumerables
sistemas planetarios. Hacia todos los seres por todas partes debes irradiar
pensamientos de amor ilimitado. Esto es desarrollado en el próximo método de
práctica, la universalización de mettà.
La
universalización de mettà se lleva a
cabo en estas tres modalidades específicas:
1.
Irradiación Generalizada (anodhiso-pharaäà),
2.
Irradiación Específica (odhiso-pharaäà),
3.
Irradiación Direccional (disà-pharaäà).
De acuerdo
con el Paåisambhidàmagga, la
irradiación generalizada de mettà se
practica de cinco maneras, la irradiación específica de siete maneras y la
irradiación direccional de diez maneras. Estas diez formas direccionales se
pueden combinar con las cinco categorías de irradiación general y con las siete
categorías de irradiación específica, como veremos a continuación. En cada una
de estas modalidades de práctica, cualquiera de las cuatro frases de la fórmula
standard de mettà —“Que ellos estén
libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan
felices”— puede ser utilizada como pensamiento de irradiación. Así, cuatro
tipos de pensamiento aplicados a cinco, siete, y 120 objetos de mettà suman 528 modos de irradiación.
Cualquiera de ellos puede ser usado como vehículo para alcanzar la absorción (jhàna) a través de la técnica de mettà-bhàvanà. (Ver Vism. IX, 58).
Irradiación Generalizada
Las cuatro
modalidades de irradiación generalizada son las siguientes: