“Feliz es el nacimiento de
los Buddhas. Feliz es la enseñanza del sublime Dhamma. Feliz es la unidad del
Sangha. Feliz es la disciplina de los unidos.”
Dhammapada v. 194
La Conversión de Yasa y de Sus Amigos
En Benares, vivía el hijo de un rico comerciante,
se llamaba Yasa y llevaba una vida de lujos y placeres. Una mañana, se despertó
antes de lo habitual y, para su disgusto, vio a sus jóvenes servidoras y
músicos dormidos en posiciones y actitudes repulsivas. El espectáculo en su
conjunto le resultó tan desagradable, que el palacio se le presentó con la
penosa apariencia de un cementerio. Dándose cuenta de las vanidades de la vida
mundana, escapó de su casa, diciendo, “¡Que agobiante! ¡Que aflictivo!” Y
marchó en dirección a Isipatana donde el Buddha estaba residiendo temporalmente
después de hacer que los cinco primeros bhikkhus alcanzarán el estado de
Arahant. Esto tuvo lugar en el quinto día después de la exposición del primer
sermón tras el cual los cinco bhikkhus obtuvieron el estado de Arahant.
En ese momento el Buddha, como era habitual,
estaba caminando al aire libre. Viéndolo venir de lejos, el Buddha terminó su
paseo y se sentó en un sitio preparado. No lejos de él se detuvo Yasa, llorando
y lamentándose, “¡Que agobiante! ¡Que aflictivo!”.
Viendo eso, el Buddha lo exhortó diciendo, “¡Yasa,
esto no es agobiante!, ¡Yasa, esto no es aflictivo!, acércate Yasa, toma un
asiento. Te expondré el Dhamma.”
El afligido Yasa se complació con las alentadoras
palabras del Buddha. Quitándose sus sandalias de oro, se acercó al Buddha, le
saludó respetuosamente y se sentó a un lado.
El Buddha le explicó la doctrina y Yasa alcanzó el
sendero de entrada en la corriente (sotāpatti).
Primero el Buddha le habló sobre la generosidad (dāna),
la moralidad (sīla), los estados celestiales (sagga), los peligros de
los placeres sensuales (kāmādinava) y los beneficios de la renunciación
(nekkhammānisamsa). Cuando percibió que la mente de Yasa estaba
flexible, bien dispuesta y preparada para captar la enseñanza sublime, le
enseñó las Cuatro Nobles Verdades.
La madre de Yasa fue la primera en percatarse de la ausencia de su hijo y se lo comunicó a su marido. El rico comerciante envió inmediatamente mensajeros a caballo en las cuatro direcciones y él mismo se dirigió hacia Isipatana, siguiendo el rastro de las huellas de las sandalias de oro. El Buddha lo vio acercándose a lo lejos y, con sus poderes psíquicos, hizo que él no pudiese ver a su hijo.
El rico comerciante se acercó al Buddha y
respetuosamente le preguntó si había visto a su hijo Yasa. “Está bien, siéntate
pues por favor. Tal vez puedas ver a tú hijo si te sientas aquí,” dijo el
Buddha.
Complacido con sus palabras, se sentó. El Buddha le pronunció un discurso, y se deleitó tanto al escuchar la doctrina que exclamó: “¡Maravilloso, Venerable Señor! ¡Maravilloso, Venerable señor! Venerable Señor, es como si una persona tornara boca arriba aquello que está boca abajo, o como si descubriera lo que está cubierto, o como si enseñara el camino a alguien que se encuentra perdido, o como si llevase una lámpara en la oscuridad de tal forma que aquellos que tienen ojos puedan ver. Así ha sido presentado el Dhamma en muchas formas por el Bendito.”
“Venerable, Señor, acudo a tomar refugio en el
Buddha, a tomar refugio en el Dhamma, y a tomar refugio en el Sangha[1].
Venerable Señor, permita el Bendito considerarme como un seguidor laico que ha
tomado refugio a partir de hoy para el resto de vida.”
Fue el primer seguidor laico en ser recibido con
la triple fórmula.
Mientras le enseñaba la doctrina a su padre, Yasa
alcanzó el estado de Arahant. Percatándose, el Buddha retiró su poder de
voluntad de forma que el padre de Yasa pudiese volver a ver a su hijo. El rico
mercader vio a su hijo e invitó al Buddha y a sus discípulos a que tomasen su
comida en su casa al día siguiente. El Buddha aceptó la invitación con su
silencio.
Tras marcharse el rico comerciante, Yasa pidió al
Buddha que le concediese la ordenación menor[2]
y la mayor.
“¡Ven bhikkhu! Bien expuesta está la doctrina,
practica la vida noble para poner completamente fin al sufrimiento.” El Buddha
le concedió la ordenación mayor[3]
con estas palabras.
Con el venerable Yasa el número de Arahants subió
a seis.
Como había sido invitado, el Buddha visitó la casa
del rico mercader con sus seis discípulos.
La madre del Venerable Yasa y su ex-esposa
escucharon la doctrina expuesta por el Buddha y, alcanzando el sendero de entrada
en la corriente, se convirtieron en las dos primeras seguidoras laicas.[4]
El venerable Yasa tenía cuatro distinguidos amigos llamados Vimala, Sabāhu, Punnaji y Gavampati. Cuando se enteraron de que su noble amigo se había afeitado el pelo y la barba, y vistiendo el manto amarillo había dado el paso para vivir la vida sin hogar, ellos se acercaron al venerable Yasa y le expresaron su deseo de seguir su ejemplo. El venerable Yasa los condujo ante el Buddha y, al escuchar el Dhamma, ellos también alcanzaron el estado de Arahant.
Cincuenta dignos amigos más del venerable Yasa,
que pertenecían a las principales familias de varios distritos, también
recibieron instrucción del Buddha, alcanzaron el estado de Arahant y entraron a
formar parte del Sangha.
Habían pasado apenas dos meses desde la
iluminación del Buddha y el número de Arahants progresivamente subía a sesenta.
Todos ellos provenían de familias distinguidas y eran hijos excelentes de
dignos padres.
Los Primeros Mensajeros de la Verdad
El Buddha, quien en poco tiempo había tenido éxito
en iluminar a sesenta discípulos, decidió enviarlos como mensajeros de la
verdad para enseñar el nuevo Dhamma a todo el mundo sin distinción. Antes de
despacharlos en varias direcciones, los exhortó de este modo:[5]
“Bhikkhus, yo estoy libre de toda atadura,
tanto humana como divina.
Vosotros también, bhikkhus, estáis libres de toda atadura, tanto humana como
divina. Seguid adelante, bhikkhus, por el bien, beneficio y la felicidad de
muchos, por compasión hacia el mundo, por el bien, el beneficio y la felicidad
de dioses[6]
y hombres. No vayáis dos por el mismo camino. Predicad el Dhamma, bhikkhus, que
es bueno al comienzo, bueno a la mitad, bueno al final, tanto en el contenido
como en la letra. Proclamad la vida santa[7],
completamente perfecta y pura. Hay seres con poco polvo en sus ojos, quienes,
al escuchar el Dhamma comprenderán. Esos serán quienes entiendan el Dhamma. Yo,
también, bhikkhus, iré a Uruvela en Senānigāma, para enseñar el Dhamma. Izad la
bandera de la Sabiduría. Predicad el sublime Dhamma. Trabajad por el bien de
los otros, vosotros que habéis hecho lo que había por hacer.”
El Buddha fue de este modo el primer maestro
religioso en enviar a sus iluminados discípulos a propagar la doctrina, por compasión
hacia otros. Sin residencia fija, solos y mendigando, esos primeros misioneros
fueron enviados a recorrer de lugar en lugar enseñando el sublime Dhamma. No
tenían posesiones materiales salvo el manto para cubrirse y un cuenco para
mendigar comida. Así como el campo es extenso y los agricultores que lo
trabajan son en comparación pocos, del mismo modo ellos fueron aconsejados a
emprender su viaje de misión solos. Como eran Arahants que estaban libres de
toda atadura sensual su principal y único objetivo fue enseñar el Dhamma y
proclamar la noble vida. El papel original de los Arahants, que habían logrado
lo que se debe alcanzar, era trabajar por la elevación moral de las personas
mediante el ejemplo y los preceptos morales. El desarrollo material, aunque
necesario, no era de su interés.
Fundación de la Orden (Sangha)
En ese momento había sesenta Arahants en el mundo.
Tomando a esos puros seres como núcleo, el Buddha fundó una orden de célibes
que “era democrática en su constitución y comunitaria en su distribución”. Los
miembros originales provenían de las más elevadas clases sociales y todos eran
hombres cultos y adinerados, pero el Sangha estaba abierta a toda persona
noble, independientemente de su casta, clase o rango. Tanto jóvenes como viejos,
procedentes de todas las castas de la época, eran libremente admitidos dentro
del Sangha y vivían como hermanos
de una misma familia sin hacer distinciones. Esta noble orden de bhikkhus, que
se ha mantenido hasta hoy día, es históricamente el conjunto de célibes más
antiguo del mundo.[8]
No se pretendía que todos abandonasen su familia y pasasen a vivir la vida sin hogar. Podían, como los seguidores laicos, llevar una buena vida en concordancia con el Dhamma y alcanzar algún grado de santidad. Los padres del venerable Yasa y su ex-esposa, por ejemplo, fueron los más destacados seguidores laicos del Buddha y los tres estaban lo suficientemente avanzados espiritualmente como para alcanzar el sendero de entrada en la corriente.
Con los sesenta Arahants como perfectos mensajeros
de la verdad, el Buddha decidió propagar el sublime Dhamma, exponiendo
completamente la doctrina a aquellos dispuestos a escuchar.
Conversión de treinta jóvenes
El Buddha residió en Isipatana, en Benares tanto
tiempo como quiso y tras esto marchó hacia Uruvela. Por el camino se detuvo y
se sentó a los pies de un árbol en el bosque.
Al mismo tiempo, treinta felices jóvenes parejas
iban por ese mismo bosquecillo con la intención de divertirse. Como uno de
ellos no tenía esposa, llevó consigo a una cortesana. Mientras se divertían
esta mujer huyó apropiándose de todos sus bienes. El joven soltero y el resto
de las parejas la buscaron por todo el bosque y, viendo al Buddha, le
preguntaron si había visto pasar por allí a una mujer.
–”¿Que pensáis que es mejor?
¿Buscar a una mujer o buscar vuestro propio yo?”[9]
Preguntó el Buddha.
–”Señor, es mejor buscarnos a
nosotros mismos.” Respondieron los jóvenes.
–”Bien, entonces tomad asiento. Os predicaré la doctrina.” Dijo el Buddha.
–”De acuerdo señor”, respondieron los jóvenes y saludando respetuosamente al
Bendito, tomaron asiento y permanecieron atentos.
Le escucharon atentamente y obtuvieron el ojo de
la verdad (dhammacakkhu).Tras esto, entraron a formar parte del Sangha y
recibieron la ordenación mayor.
Conversión de los tres hermanos Kassapa
El Buddha, yendo de lugar en lugar, arribó a Uruvela llegando así a su destino. Aquí vivían tres ascetas (Jatila) de pelo recogido a la manera brahmánica, conocidos como Uruvela Kassapa, Nadī Kassapa y Gayā Kassapa. Eran tres hermanos que vivían separados cada uno con 500, 300 y 200 discípulos respectivamente. El mayor estaba orgulloso de sus propios logros espirituales y mantenía la errónea opinión de que era un Arahant. Fue a quien el Buddha visitó primero y pidió su permiso para pasar la noche en la Sala del Fuego, donde moraba una peligrosa Reina Serpiente. El Buddha sometió con sus poderes psíquicos a la serpiente. Esto impresionó a Uruvela Kassapa e invitó al Buddha a que se quedase como su invitado. El Buddha se vio obligado a hacer uso de sus poderes psíquicos en algunas otras ocasiones para impresionar al asceta, pero él seguía aferrado a la creencia de que el Buddha no era un Arahant y él sí. Finalmente el Buddha pudo convencerle de que era un Arahant. De ese modo, él y sus seguidores entraron a formar parte de la Sangha y recibieron la ordenación mayor.
Asimismo sus dos hermanos y sus respectivos
discípulos también siguieron su ejemplo. Acompañado por los tres hermanos
Kassapa y sus respectivos mil discípulos, el Buddha fue a Gayā Sīsa, no lejos
de Uruvela. Aquí proclamó el Ādittapariyāya Sutta, tras el cual todos ellos
obtuvieron el estado de Arahant.
“Bhikkhus, todo está ardiendo. ¿Qué es
‘todo’ lo que está ardiendo?
Bhikkhus, el ojo está ardiendo, las formas visuales están ardiendo, la
conciencia visual está ardiendo, la sensación visual está ardiendo. También
está ardiendo toda sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera
que surja por motivo de la impresión visual. ¿Ardiendo con qué? Ardiendo con el
fuego de la pasión, ardiendo con el fuego del odio, ardiendo con el fuego de la
ignorancia. Yo digo que arde con el nacimiento, la vejez y la muerte; con el
pesar, la lamentación, el dolor, la aflicción y la desesperación.
Bhikkhus, el sabio y noble
discípulo que comprende tales cosas se vuelve ecuánime con respecto al ojo, se
vuelve ecuánime con respecto a la forma visual, se vuelve ecuánime con respecto
a la conciencia visual y se vuelve ecuánime con respecto a la impresión visual.
También se vuelve ecuánime con respecto a cualquier sensación placentera o
dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresión
visual. Se vuelve ecuánime con respecto al oído, sonidos; nariz, olores;
lengua, sabores; cuerpo, cosas tangibles; mente, objetos mentales, se vuelve
ecuánime con respecto a la conciencia mental y se vuelve ecuánime con respecto
a la impresión mental. También se vuelve ecuánime con respecto a cualquier
sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por
motivo de la impresión mental. Al ser ecuánime se desapega. Se libera a través
del desapego. Con la liberación está el conocimiento de que se ha liberado.
Comprende que se ha aniquilado el renacer, cumplido la vida de santidad, hecho
lo que había por hacer y que ya no hay más devenir.”
Cuando el Buddha finalizó su discurso todos los
bhikkhus presentes alcanzaron el estado de Arahant, erradicando todas las
impurezas.
Conversión de Sāriputta y Moggallāna, los
dos Principales Discípulos.
No muy lejos de Rājagaha, en la aldea de Upatissa,
también conocida como Nālaka, vivía un joven muy inteligente llamado Sāriputta.
Debido a que pertenecía a la familia principal de
la aldea, él también era conocido como Upatissa.
A pesar de haber sido criado dentro del
brahmanismo, su amplia visión de la vida y su juicio maduro le llevaron a
renunciar de su religión ancestral a favor de las enseñanzas más tolerantes y
analíticas del Buddha Gotama. Sus hermanos y hermanas siguieron su noble
ejemplo. Su padre, Vanganta, aparentemente seguía aferrado a la fe brahmánica.
Su madre, que estaba descontenta con su hijo por haber abrazado la fe
buddhista, fue convertida al buddhismo poco antes que él muriera.
Upatissa fue criado en medio del lujo. Encontró un
muy íntimo amigo en la persona de Kolita, también conocido como Moggallāna, con
quien estaba estrechamente unido desde su más tierna infancia. Un día, estando ambos
divirtiéndose en una fiesta en la cima de una colina, se dieron cuenta de cuan
vanos, cuan transitorios eran todos los placeres sensuales. En ese momento
decidieron abandonar el mundo y buscar el camino hacia la liberación.
Deambularon de lugar en lugar en búsqueda de la paz.
Los dos jóvenes acudieron primero a Sañjaya, que
tenía muchos seguidores, y siguieron sus enseñanzas. No tardaron mucho en
adquirir el escaso conocimiento que su maestro les impartía, pero insatisfechos
con sus enseñanzas –ya que no podían encontrar remedio para esa enfermedad
universal con la que la humanidad es azotada– le dejaron y erraron por lugares,
aldeas y parajes buscando la paz. Se acercaron a muchos famosos brahmanes y
ascetas, pero sólo conseguían decepciones por todas partes. Finalmente
regresaron a su aldea y se prometieron entre ellos que cualquiera de los dos
que encontrase primero esa verdad que iban buscando debería hacérsela conocer
al otro.
Era por aquel entonces cuando el Buddha envió a
sus primeros sesenta discípulos a proclamar el sublime Dhamma al mundo. El
Buddha en persona partió hacia Uruvela, y el venerable Assaji, uno de los
primeros cinco discípulos, viajó en dirección a Rājagaha.
El buen kamma de los buscadores hizo su efecto
entonces, como si estuviese vigilando con ojos compasivos su progreso
espiritual. Porque Upatissa, mientras deambulaba por la ciudad de Rājagaha, se
encontró por casualidad con un asceta de venerable apariencia y noble conducta
que enseguida llamó su atención. Los ojos del asceta estaban suavemente fijados
en un punto distante, y su faz serena mostraba una profunda calma en su
interior. Con el cuerpo erguido, la túnica correctamente ordenada, paseaba su
noble porte con pasos medidos de puerta en puerta, aceptando los pedazos de comida
que depositaban caritativamente en su cuenco. “Nunca antes había visto un
asceta como éste” se dijo a sí mismo Upatissa. “Sin duda debe ser alguien que
ha alcanzado el estado de Arahant o alguien que está practicando el camino que
lo llevará al estado de Arahant. Tal vez podría acercarme a él y preguntarle
“Señor, ¿Por qué motivo ha renunciado al mundo? ¿Quién es su maestro? ¿Qué
doctrina profesa?”.
No obstante, Upatissa se abstuvo de interrogarle
en ese momento para no interrumpir su silencio mientras mendigaba.
El Arahant Assaji, habiendo conseguido lo poco que
necesitaba, buscó un lugar adecuado donde comer su comida. Upatissa dándose
cuenta de ello, aprovechó gustosamente la oportunidad de ofrecerle su taburete
y agua de su propia vasija. Realizando así los deberes preliminares de un
alumno, intercambió saludos con él y respetuosamente preguntó: “Venerable
Señor, sus sentidos están calmos y serenos, limpio y claro es el semblante de
su rostro. ¿Por qué motivo ha renunciado al mundo? ¿Quién es su maestro? ¿Qué
doctrina profesa?”
El modesto Arahant Assaji respondió humildemente,
como es característico de todos los grandes hombres: “He ingresado
recientemente en el Sangha, hermano, y no soy capaz de dar una exposición
adecuada del Dhamma.”
“Yo soy Upatissa, Venerable Señor. Di lo que
puedas, mucho o poco según tu capacidad, y quedará para mí el comprenderlo de
cien o mil maneras.”
“Di lo que puedas, mucho o poco”, continuó
Upatissa, “háblame sólo de la esencia de la doctrina. Sólo te pido la esencia.
Un mero revoltijo de palabras no sirve de nada.”
El venerable Assaji pronunció un verso de cuatro
líneas, resumiendo hábilmente de ese modo la profunda filosofía del Maestro, o
la verdad de la ley de causa y efecto.
Ye dhammā hetuppabhavā
Tesam hetum tathāgato āha
Tesam ca yo nirodho
evam vādī mahāsamano
De todas las cosas procedentes
de una causa,
ésta ha sido mostrada por el
Tathāgata,
y también su cesación
Así enseña el gran asceta.
Upatissa era suficientemente lúcido como para comprender
tan elevada enseñanza aun con una expresión tan escueta. Sólo necesitó una
insignificante indicación para descubrir la verdad. Tan buen guía hizo el
venerable Assaji en el camino hacia la liberación de Upatissa, que enseguida
que escuchó las dos primeras líneas alcanzó el sendero de entrada en la
corriente (Sotāpatti).
Al nuevo converso Upatissa debieron faltarle, sin
duda, palabras de agradecimiento para su venerable maestro por haberlo
introducido en las sublimes enseñanzas del Buddha. Le expresó su profundo
agradecimiento por su brillante exposición de la verdad, y tras obtener las
características por las que reconocería al Maestro cuando lo viese, partió con
su permiso.
Después, la devoción que mostró hacia su maestro
fue tal, desde que escuchó el Dhamma de boca del venerable Assaji, que en
cualquier sitio donde oía que su maestro estaba residiendo, en tal o cual
lugar, hacia la dirección donde estaba residiendo su maestro extendía sus manos
entrelazadas en actitud de respetuosa obediencia y también hacia esa dirección
situaba su cabeza cuando se acostaba a dormir.
Entonces, siguiendo la promesa que realizó,
regresó con su compañero Kolita a traerle la buena nueva. Kolita, que era tan
lúcido como su amigo, también alcanzó el sendero de entrada en la corriente al
escuchar el verso entero. Abrumados por el gozo de haber concluido con éxito su
búsqueda de la paz, consideraron como un paso necesario ir a reunirse con su
maestro Sañjaya con el propósito de convertirlo a la nueva doctrina. Upatissa y
Kolita, frustrados en su propósito y acompañados por muchos seguidores de
Sañjaya que gustosamente se unieron a ellos, se dirigieron al monasterio de
Veluvana a visitar a su ilustre maestro, el Buddha.
Complaciendo sus peticiones, el Buddha los admitió
a ambos en el Sangha pronunciando sencillamente las palabras: “Etha bhikkhave!”
(¡Venid, bhikkhus!)
Dos semanas más tarde, el venerable Sāriputta
alcanzó el estado de Arahant al escuchar al Buddha exponer el Vedanā Pariggaha
Sutta al asceta errante Dīghanakha. Ese mismo día por la tarde el Buddha
congregó a su alrededor a sus discípulos y las elevadas posiciones de primero y
segundo discípulo en el Sangha fueron otorgados respectivamente a los theras
Upatissa (Sāriputta) y Kolita (Moggallāna), quien también había alcanzado el
estado de Arahant una semana antes.
* * * * *
* Capítulo 7 (The Teaching of the Dhamma) del libro The
Buddha and His Teachings por Narada Mahathera. Traducción española por Marco Antonio Montava con permiso de la Buddhist
Publication Society (BPS). Versión original ©Buddhist Publication Society 1997. La fuente usada en este documento es Times New Roman
que contiene algunas de las marcas diacríticas de la Lengua Pali. Las demás
marcas diacríticas han sido representadas usando las letras normales. Este material puede ser reproducido para uso personal,
puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Traducción española ©CMBT 2000.
Última revisión 9 de noviembre de 2001. Fondo Dhamma Dana.
[1] Sangha,
literalmente "colección" o "multitud", es el término usado
para referirse a la comunidad de monjes buddhistas.
[2] Pabbajjā, literalmente, "avanzando o renunciando", representa la mera
admisión en el Sangha buscando refugio en el Buddha, el Dhamma y la Sangha.
[3] Así era en los primeros días de vida de
la orden la ordenación mayor (upasampadā) literalmente, "colmado
con una mayor moralidad, fue admitido con estas palabras".
[4] Upāsaka
(mas.), upāsikā (fem.) literalmente, "alguien estrechamente asociado
con la Triple Joya". Estos dos términos son los usados para designar a los
seguidores laicos del Buddha, hombres y mujeres respectivamente. Alguien se
considera un upāsaka o una upāsikā inmediatamente después de
tomar los tres refugios del siguiente modo:
Buddham
saranam gacchāmi
Voy por refugio al Buddha.
Dhammam saranam gacchāmi
Voy por refugio a la Enseñanza.
Sangham saranam gacchāmi
Voy por refugio a la Comunidad de Monjes.
Esta es la
triple fórmula (Tevācika)
[5] Mahāvagga, pp. 19, 20.
[6] Observar la referencia a los dioses
(Devas).
[7] El término pali brahmacariya no
tiene ninguna relación con un dios o Brahmā. Se usa en el sentido de noble o
santo. (El equivalente sánscrito brahmācārya normalmente significa la vida
célibe de un estudiante.)
[8]
Los jainistas reclaman la misma antigüedad para su orden, pero un cisma
producido al final de la época Mauryan produjo las dos sectas existentes hoy
día en la India. Puesto que sus escrituras sobrevivieron al hecho, adelantaron
la fecha de este evento.
[9] Buscaros a vosotros mismos. Esta frase es
muy significativa. Attānam es el acusativo de attā que significa,
sí mismo, uno mismo, propio ser, propio yo. Aquí el Buddha no se refiere a
ninguna alma o espíritu inmortal existente en el hombre como pretenden mostrar
algunos eruditos. ¿Cómo podía afirmar el Buddha la existencia de un ser o alma
cuando negó claramente su existencia en su segundo discurso? El Buddha utilizó
esta frase exactamente en el sentido de "búsqueda interna" u
"observar hacia adentro".
[10] Mahāvagga, p. 34. La metáfora es adecuada para hacer comprender a sus oyentes,
los cuales practicaban el culto al fuego.