VENERABLE MAHASI SAYADAW
Traducción española por Bhikkhu Nandisena
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Hoy
día la meditación vipassanà no
requiere una introducción especial. Todo el mundo dice que es buena. Veinte
años atrás la situación era muy diferente. La gente pensaba que vipassanà era para monjes y ascetas, no
para ellos. No fue fácil cuando comenzamos a enseñar vipassanà. La situación ha cambiado hoy en día. En las actualidad
la gente insiste que demos conferencias sobre vipassanà. Sin embargo, cuando comenzamos con los elementos
básicos, parecen incapaces de apreciarlos. Aun, algunos se levantan y se
marchan. Uno no debería culparlos, pues no han tenido la preparación en
meditación para poder comprender.
Algunas
personas piensan que tranquilidad (samatha)
es penetración (vipassanà)[1].
Otros dicen que penetración no tiene diferencias con tranquilidad. La
meditación vipassanà enseñada por
algunos, a pesar de su lenguaje atractivo, es simplemente imposible de
practicar; los oyentes son dejados en confusión. Para el beneficio de estas
personas voy a exponer los fundamentos de la meditación vipassanà.
¿En qué meditamos nosotros? ¿Cómo
desarrollamos la penetración? Estas preguntas son muy importantes. Hay dos
tipos de meditación: meditación para desarrollar tranquilidad y meditación para
desarrollar penetración. La meditación en los diez discos (kasiäa) conduce a la tranquilidad y no a la penetración. La
meditación en los diez desagradables (asubha)—un
cuerpo hinchado, por ejemplo— conduce también a la tranquilidad y no a la
penetración. Las diez reflexiones (anussati),
como la recolección de los atributos de Buddha, Dhamma, etc., permiten también
desarrollar la tranquilidad y no la penetración. La meditación en las treinta y
dos partes del cuerpo (koååhàsa),
como cabellos, uñas, dientes, piel, tampoco conduce a la penetración. Todos
estos tipos de meditación sólo ayudan a desarrollar la concentración. La
meditación en la respiración (ànàpàna-sati)
también permite desarrollar la concentración, pero además puede lograr la
penetración. El Visuddhimagga (El
Camino de la Purificación)[2]
incluye este tipo de meditación entre aquellas que permiten alcanzar la
concentración y por lo tanto seguiremos el mismo criterio.
Después
tenemos los cuatro estados sublimes (brahma-vihàra):
benevolencia (mettà), compasión (karuäà), alegría ante el éxito de los
demás (mudità) y ecuanimidad (upekkhà); las cuatro absorciones
inmateriales (arùpa-jhàna); la
meditación del aspecto repugnante del alimento (àhàre paåikkùlasaññà). Todas éstas son meditaciones para la concentración.
La
meditación en los cuatro elementos (mahà-bhùta)
del cuerpo se denomina análisis de los cuatro elementos (catudhàtuvavatthàna). Esta meditación permite alcanzar la
concentración y también ayuda a desarrollar la penetración.
Todos
estos cuarenta tipos de meditación son para desarrollar la concentración. Solamente la respiración y el
análisis de los cuatro elementos tienen que ver con la penetración. Los otros
tipos de meditación no conducen a la penetración. Si desea alcanzar la
penetración, deberá trabajar un poco más.
Regresando
a nuestra pregunta original: ¿Cómo desarrollamos la penetración? La repuesta
es: La desarrollamos meditando en los cinco agregados de la adherencia (pañcupàdànakkhandha). Los agregados de
la adherencia son los componentes materiales y mentales del ser. Estos
componentes se pueden tomar con deleite, este caso se denomina “adherencia a
los objetos sensuales,” o se pueden tomar con falsas concepciones, este caso se
llama “adherencia por medio de concepciones erróneas.” Usted debe meditar en
estos componentes o agregados y comprender como son realmente. Si no medita en
ellos, se asociará a ellos con apego y concepciones erróneas. Una vez que los
comprende como realmente son, ya no se apegará a ellos. Es de esta manera como
se desarrolla la penetración. Ahora discutiremos los cinco agregados de la
adherencia en detalle.
Los
cinco agregados de la adherencia son la materialidad o forma (rùpupàdànakkhandha), las sensaciones (vedanupàdànakkhandha), la percepción (saññupàdànakkhandha), las formaciones
mentales (saækhàrupàdànakkhandha) y
la conciencia (viññàäupàdànakkhandha).
¿Qué son ellos? Son las cosas que experimentamos todo el tiempo. No debe ir a
otra parte para encontrarlos. Ellos están en usted. Cuando ve algo, ellos están
allí en lo que ve. Cuando escucha algo, ellos están en lo que escucha. Cuando
huele, gusta, toca o piensa, ellos están allí en lo que huele, gusta, toca o
piensa.
Cuando
se inclina o mueve sus miembros, los agregados están allí en la inclinación, la
extensión o el movimiento. Pero usted no sabe que ellos son los agregados. Esto
es porque no ha meditado en ellos y por lo tanto no conoce como realmente son.
No conociéndolos, usted se adhiere a ellos con apego y falsas concepciones.
¿Qué
ocurre cuando se dobla? Todo comienza con la intención de doblarse. Después
vienen las propiedades materiales de la acción de doblarse una después de la
otra. En la intención de doblar hay cuatro agregados mentales. La mente que
tiene la intención de doblar es la conciencia. Cuando piensa o desea doblarse y
luego realiza la acción, podría sentir placer o desplacer o indiferencia. Si
cuando se dobla, siente placer, la sensación es placentera. Si cuando se dobla,
siente desplacer, insatisfacción o enojo, la sensación es desagradable. Si se
dobla con indiferencia, la sensación es neutral. De este modo, cuando desea
doblarse, el agregado de las sensaciones está presente. También existe la
percepción, el agregado que distingue tanto la intención como la acción de
doblar. También está presente el estado mental que lo incita a doblarse; es
como si estuviera diciendo “doblarse, doblarse”. Éste es el agregado de las
formaciones mentales. De tal modo que en la intención de doblar tiene las
sensaciones, la percepción, las formaciones mentales y la conciencia; todos los
cuatro agregados mentales. El movimiento de doblarse es materia o forma; es el
agregado material. De esta manera la intención de doblar y la acción de doblar,
ambas, conforman los cinco agregados.
Así,
en el acto de doblar un brazo hay cinco agregados. Se mueve una vez y los cinco
agregados están presentes. Se mueve nuevamente y los cinco agregados otra vez
están presentes. Cada movimiento requiere de los cinco agregados. Si no ha
meditado correctamente en los cinco agregados y no los conoce correctamente, no
necesitamos decirle que es lo que ocurre. Averigüe por sí mismo.
Bien,
usted piensa: “deseo moverme” y “me muevo.” ¿No es así? Todo el mundo piensa
igual. Pregúntele a los niños, ellos le darán la misma respuesta. Pregúntele a
los adultos que no pueden ni leer ni escribir, obtendrá la misma respuesta.
Pregúntele a alguien que puede leer, la misma respuesta; incluso él le dará una
explicación. Pero, por el hecho de que es una persona culta, que ha leído,
podría inventar respuestas que se adecuan con las Escrituras y responder: “mente y materia.” Esto no es lo que sabe
por su propia experiencia; sólo invenciones que están de acuerdo con las
Escrituras. En el fondo piensa: “Soy yo el que tiene la intención de moverse.
Soy yo el que se mueve.” Él también piensa: “Esto ha sido así en el pasado,
ahora en el presente y será en el futuro. Yo siempre he existido.” Este modo de
pensar es llamado noción de permanencia. Nadie piensa: “Esta intención de
moverse existe solamente ahora.” La gente en general siempre piensa: “Esta
mente existió antes. El mismo yo que ha existido antes ahora piensa moverse.”
Ellos también piensan: “El yo que piensa existe ahora y continuará existiendo.”
Cuando
mueve sus miembros piensa: “Los mismos miembros que han existido antes son los
que se mueven ahora. El mismo yo que ha existido antes es el que se mueve
ahora.” Después de moverse piensa nuevamente: “Estos miembros, este yo, siempre
han existido.” Nunca se le ocurre pensar que ellos cesan de existir. Esto, también,
es la noción de permanencia. Es adherirse a aquello que es impermanente como
permanente, adherirse a aquello que es impersonal, sin ego, como personal, como
ego.
Después,
cuando se dobla o extiende de acuerdo a su voluntad, piensa que esto es muy
agradable. Por ejemplo, si su brazo está rígido, lo mueve o lo acomoda y la rigidez desaparece. Se siente a
gusto; piensa que es agradable; piensa que es la felicidad. Los bailarines
profesionales y aficionados se doblan y extienden mientras bailan y piensan que
hacer esto es muy agradable. Ellos se deleitan en esta actividad y están a
gusto consigo mismos. Cuando usted conversa con otras personas, a menudo mueve
la cabeza y las manos y se siente a gusto. Usted cree que es la felicidad.
Cuando algo de lo que hace es exitoso, nuevamente cree que está muy bien; cree
que es la felicidad. Es de esta manera como se apega a aquello que es
placentero. Toma aquello que es impermanente como permanente y se deleita u
obtiene placer. Lo que no es felicidad, lo que no es personal, sino solamente
los agregados de materialidad y mentalidad, lo considera como felicidad, como
algo personal y se deleita. Se deleita en ellos y se apega a ellos. Usted los
confunde con una entidad permanente o ego y se apega a ellos.
De
este modo, cuando dobla, extiende o mueve sus miembros, el pensamiento: “me
doblaré” es un agregado de la adherencia. La acción de doblar es un agregado de
la adherencia. Pensar: “me extenderé” es un agregado de la adherencia. La
acción de extender es un agregado de la adherencia. Pensar: “me moveré” es un
agregado de la adherencia. El moverse es un agregado de la adherencia. Cuando
nos referimos a meditar en los agregados de la adherencia, nos estamos
refiriendo precisamente a esto.
Lo
mismo ocurre cuando vemos, oímos, etc. Cuando ve, la base del sentido de la
vista, la sensibilidad visual, está presente. Lo mismo ocurre con el objeto
visual. Ambos (la sensibilidad visual y el objeto visual) son propiedades
materiales. Ellos no tienen la capacidad de conocer. Si no medita cuando está
viendo, se apegará a los objetos visuales. Piensa que todo el mundo material
incluyendo el objeto visual es permanente, hermoso, bueno y substancial, y se
apega a el. De esta forma, la sensibilidad visual y el objeto visual son agregados
de la adherencia. Y cuando ve, la conciencia visual también está presente. Son
los cuatro agregados mentales. La mera conciencia visual es el agregado de la
conciencia. El placer o desplacer asociado con la conciencia visual es el
agregado de las sensaciones. Aquello que percibe el objeto visto es el agregado
de la percepción. Aquello que dirige la atención al objeto visual es el
agregado de las formaciones mentales. Ellos constituyen los cuatro agregados
mentales.
Si
no medita cuando ve, tiende a creer que la conciencia visual: “ha existido
antes y existe ahora.” O cuando ve cosas agradables, piensa: “ver es
agradable.” Y pensando de esta manera, va tras las cosas visuales agradables
para disfrutarlas. Uno va al teatro y al cine a costa del sueño, salud y dinero
porque cree que hacer esto es bueno. Si no creyera que es bueno, no iría a
malgastar su dinero o arruinarse la salud. Creer que aquello que ve o disfruta
es “yo” o “yo estoy disfrutando,” es tomar el objeto con apego y concepciones
erróneas. Porque ellos se apegan, la materialidad y la mentalidad que se
manifiestan en la conciencia visual se denominan agregados de la adherencia.
Usted
se apega de la misma forma cuando oye, huele, gusta, toca y piensa. Y se apega
más todavía a la mente que piensa, imagina y reflexiona, se apega como el yo,
como el ego. De este modo, los cinco agregados de la adherencia no son otra
cosa que la materialidad y la mentalidad que se manifiestan a través de las
seis puertas[3] cada vez que
uno ve, oye, siente o percibe. Usted debe tratar de comprender estos agregados
como ellos son. Meditar en ellos y comprender cómo son ellos; éste es el
conocimiento de la penetración.
“Vipassanà consiste en meditar en los
cinco agregados de la adherencia.” Esto está de acuerdo con las enseñanzas de
Buddha. Las enseñanzas de Buddha son llamadas suttas[4] cuyo
significado es “hilo.” Cuando el carpintero está por cortar o cepillar madera,
primero traza una línea recta con un hilo. De la misma manera, cuando decidimos
seguir la vida de la pureza, nosotros usamos el “hilo” o sutta para trazar líneas rectas a nuestras acciones. Buddha nos ha
dado lineamentos o instrucciones sobre el modo de adiestrarnos en moralidad,
cómo desarrollar la concentración y
cómo hacer surgir la sabiduría. No podemos desviarnos de la línea y actuar a
nuestro gusto. Con respecto a la meditación en los cinco agregados citamos
aquí algunos extractos de las
discursos:
La forma material, monjes, es impermanente. Aquello que es
impermanente es sufrimiento. Aquello que es sufrimiento es impersonal. Aquello
que es impersonal no nos pertenece, no es uno mismo, no es mi persona. Uno
debería discernir esto, como realmente es, con recto entendimiento.[5] (S. ii,19.)
Debemos
meditar para poder comprender que el agregado material es realmente
impermanente, sufrimiento e impersonal. Debemos meditar igualmente en las
sensaciones, la percepción, las formaciones mentales y la conciencia. ¿Cuál es
la utilidad de contemplar estos agregados como impermanentes, como sufrimiento
y como impersonales? Buddha nos dice:
Contemplando todas estas cosas de esta manera, el discípulo de los Ariyas[6] desecha el agregado material, desecha las sensaciones y el resto. (S.
iii,68)
Aquél
que ha comprendido la impermanencia, el sufrimiento y la naturaleza impersonal
de los cinco agregados está hastiado de la materialidad, de las sensaciones, de
la percepción, de las formaciones mentales y de la conciencia.
Desechándolos él se torna desapasionado.
Esto
significa que él alcanza el sendero de los Ariyas.
Y cuando es desapasionado, él se ha liberado.
Una
vez alcanzado el sendero de los Ariyas
en donde las pasiones han sido eliminadas, él también alcanza las cuatro
fruiciones de emancipación de las impurezas.
Y cuando él se ha liberado, el conocimiento “Soy libre” despierta en
su conciencia.
Cuando
se ha liberado, conoce por sí mismo que eso ha ocurrido. En otras palabras,
cuando se ha convertido en un Arahant[7],
con las impurezas mentales extinguidas, tiene el conocimiento de que las
impurezas han sido erradicadas.
Todos
estos extractos provienen del Yad anicca Sutta y hay numerosos discursos de este tipo. La totalidad de la Khandhavagga Saçyutta es una colección de este tipo de discursos. Dos de estos
discursos merecen destacarse: Sìlavanta
Sutta y Sutavanta Sutta. En ambos
discursos el venerable Mahà Koååhika hace preguntas al Venerable Sàriputta[8],
quien responde breve pero muy claramente. Mahà Koååhika pregunta: “¿Qué es,
amigo Sàriputta, lo que debe ser atendido correctamente por un monje de hábito
moral?”
Considere
el atributo “hábito moral” en esta pregunta. Si desea practicar vipassanà con el objetivo de alcanzar el
sendero, la fruición y el Nibbàna, el
mínimo requisito es tener hábito moral puro. Si no posee hábito moral puro, no
puede esperar alcanzar la concentración y la penetración. El venerable
Sàriputta responde:
Los cinco agregados de la adherencia, amigo Koååhika, son las cosas
que deben ser correctamente atendidas por un monje de hábito moral puro. Éstos
deben ser contemplados como impermanentes, como sufrimiento, como enfermedad,
como una llaga, como una espina, como malsanos, como un mal, como ajenos, como
vacíos de substancia, como corrompidos.
¿Cuál
es el beneficio de meditar de esta forma? Sàriputta continúa:
Realmente, amigo, existe la posibilidad de que un monje de hábito
moral puro contemplando correctamente en estos cinco agregados como
impermanentes, etc., alcance el estado de ganador de la corriente (Sotàpanna)[9].
Si
desea alcanzar el estado de ganador de la corriente y nunca más renacer en los
cuatro niveles del sufrimiento[10],
debe meditar en los cinco agregados de la adherencia para poder comprender su
impermanencia, el sufrimiento y la impersonalidad.
Pero
esto no es todo. También puede realizar el estado de Arahant. El venerable Mahà
Koååhika continúa preguntando:
¿Qué cosas, amigo Sàriputta, deberían ser atendidas correctamente por
un monje que se ha convertido en un ganador de la corriente?
El
venerable Sàriputta responde que son los mismos cinco agregados de la
adherencia los que deben ser contemplados correctamente por un ganador de la
corriente. Éstos deben ser contemplados como impermanentes, como sufrimiento y
como impersonales. ¿El resultado? Él alcanza el estado del que regresa una vez
más (Sakadàgàmì)[11].
¿En qué medita la persona que regresa una vez? Nuevamente en los cinco
agregados de la adherencia. Él luego alcanza el estado del que nunca más
regresa (Anàgàmì)[12].
¿En qué medita la persona que no regresa nunca más? En los cinco agregados
nuevamente. Ahora, él alcanza el estado de Arahant.
¿En qué medita un Arahant? Nuevamente
en los cinco agregados. Entonces, está claro que las cosas en que uno debe
meditar son los cinco agregados; aun cuando se ha alcanzado el estado de Arahant.
¿Cuál
es el beneficio para el Arahant de
meditar de esta forma? ¿Alcanzará el estado de Buddha silencioso[13]
o de Buddha supremo? No, ninguno de los dos. El Arahant no renacerá y alcanzará el Nibbàna. El Arahant no
tiene impurezas mentales que eliminar o calmar. Todas las impurezas han sido
eliminadas y calmadas. De tal modo que él no tiene nada más que desarrollar
para eliminar las impurezas no erradicadas o para calmar aquellas que
permanecen sin calmar. Tampoco él posee hábito moral, concentración o sabiduría
que aún necesitan perfeccionamiento. Todos los hábito moral, concentración y
sabiduría que necesitaban perfeccionamiento ya han sido perfeccionados.
Entonces, él no tiene necesidad de trabajar para perfeccionar aquello aún no
perfeccionado, ni tiene necesidad de
aumentar aquello ya perfeccionado. La práctica de vipassanà no trae estos beneficios al Arahant.
Uno
de los beneficios que el Arahant
alcanza meditando en los agregados es vivir feliz en este mundo. A pesar de ser
un Arahant, si él no medita,
desasosiego e inquietud se originarán eventualmente en las seis puertas de los
sentidos. Desasosiego, en este contexto, no significa aflicción mental. Cuando
los objetos se presentan continuamente a las seis puertas, no obstante ser un Arahant, él no encuentra la paz mental.
Esto es todo. Esto también ocurre a aquellos que meditan y no son Arahant, especialmente cuando están
inmersos en la práctica de meditación y estos objetos sensuales se presentan.
Cuando regresan a sus hogares desde el centro de meditación, ellos ven esto,
oyen aquello, participan en conversaciones de negocios, y luego pierden
totalmente la paz mental. Entonces, algunos regresan al centro de meditación.
Para otros, sin embargo, el desasosiego no dura mucho tiempo, solamente cuatro,
cinco o diez días. Pronto, muy pronto, el espíritu del hogar los recupera y
ellos están felices con su vida y ocupados de nuevo en las actividades
hogareñas. El Arahant nunca regresa a
estos viejos hábitos. Si se encuentra con diversos objetos sensorios sin
meditación, sólo experimenta desasosiego. Únicamente cuando está absorbido en
la práctica de meditación, él encuentra la paz mental. De esta forma, la
meditación en los cinco agregados de la adherencia le permite al Arahant vivir feliz en este mundo.
Mientras
practica meditación intensamente, la atención completa y la comprensión de la
impermanencia, el sufrimiento y la impersonalidad están presentes. Éste es otro
beneficio. El Arahant en quién la
atención completa y la comprensión están presentes gracias a la práctica de
meditación es llamado satata-vihàrì
(aquél que vive meditando constantemente). Tal persona puede disfrutar del
estado de fruición[14]
en cualquier momento y por la duración que desee. Para disfrutar de estos dos
beneficios, vivir feliz en esta vida y atención completa y comprensión, el Arahant vive constantemente en
meditación.
Las
respuestas mencionadas anteriormente son las dadas por Venerable Sàriputta en
la Sìlavanta Sutta. Estas respuestas se encuentran también en la Sutavanta Sutta. La única diferencia está en los términos Sìlavanta, “de hábito moral” o
“virtuoso,” y Sutavanta, “instruido”
o “bien informado.” El resto de las palabras son similares. En base a estos dos
discursos y otros discursos sobre los agregados, se ha formulado el aforismo:
El conocimiento de penetración se alcanza meditando en los cinco
agregados de la adherencia.
Regresamos
ahora al apego que surge a través de las seis puertas de los sentidos. Cuando
la gente tiene conciencia visual, creen de ellos mismos o de los demás, que es
permanente, que ha existido antes, que existe ahora, que existirá en el futuro,
que existirá siempre. Se creen felices, buenos o hermosos. Se conciben como
entidades permanentes. Creen de la misma manera cuando oyen, huelen, gustan o
tocan. El sentido del tacto está extendido en todo el cuerpo, en donde hay
carne y sangre. Y cuando el sentido del tacto surge, se puede originar el
apego. El doblar, el extender o el movimiento en general de los miembros
mencionados anteriormente son todos ejemplos del sentido del tacto. También lo
son los movimientos tensos de dilatación y contracción del abdomen.
Regresaremos a este punto en detalle más adelante.
Cuando
piensa o imagina, lo hace así: “El yo que ha existido antes está pensando
ahora. Después de pensar, yo continúo existiendo.” De esta manera uno mismo se
concibe como permanente, como poseedor de un ego. También creen que el pensar o
el imaginar es agradable, muy placentero. Cree que es la felicidad. Si alguien
le dice que el pensar desaparecerá, no puede aceptarlo. No se siente
complacido. Esto es porque se apega al pensar.
De
esta forma, uno se apega a cualquier objeto que surge a través de las seis
puertas de los sentidos como permanente, como agradable, como ego o entidad
permanente. Uno disfruta del objeto, se apega al mismo y toma el objeto con
concepciones erróneas. Usted debe meditar en estos cinco agregados de la
adherencia.
Cuando
practica meditación, debe hacerlo con método. Únicamente el método correcto
puede conducir a la penetración. Si considera los fenómenos como permanentes,
¿cómo es posible de que haya penetración? Si considera los fenómenos como
hermosos, buenos, con ego, como entidad permanente, ¿cómo es posible de que
haya penetración?
La
mente y la materia son impermanentes. Debemos meditar en estos fenómenos
impermanentes, debemos meditar para poder comprender cómo son realmente, para
comprender que son impermanentes. Ellos surgen y cesan y continuamente nos
están oprimiendo. Por este motivo ellos son terribles, son sufrimiento. Debe
meditar para poder comprender cómo realmente son, para comprender que son
sufrimiento. Ellos son procesos carentes de una personalidad, de una sustancia,
de un ego. Debe meditar para comprender que no existe una personalidad o una
entidad permanente o un ego. Debe intentar comprender estos fenómenos como
realmente son.
De
esta manera, cada vez que ve, oye, toca o percibe, debe tratar de comprender
los procesos mentales y materiales originados a través de las seis puertas de
los sentidos como realmente son. Debe notar “viendo, viendo.” Del mismo modo, cuando escucha, debe notar
“escuchando.” Cuando huele, debe notar “oliendo.” Cuando gusta, debe notar
“gustando.” Cuando toca, debe notar “tocando.” Las sensaciones de cansancio, de
calor, de dolor y otras sensaciones insoportables tienen también su origen en
el sentido del tacto. Obsérvelas como
“cansancio, calor, dolor,” etc. También pueden surgir pensamientos,
ideas. Obsérvelos como “pensando,
imaginando, deseo, placer,” cuando éstos surgen. Pero, para el principiante es
difícil observar todo aquello que surge en las seis puertas de los sentidos. Él
debe comenzar con unas pocas cosas.
Usted
medita de esta manera. Cuando inspira y espira, es especialmente conspicua la
forma en que el abdomen se dilata y se contrae. Comienza observando este
movimiento. El movimiento de dilatación lo observamos como “ascenso.” El
movimiento de contracción lo observamos como “descenso.” La observación de los
movimientos del abdomen está ausente en la jerga de las Escrituras. Aquellos
que no tienen conocimiento de la práctica de meditación se refieren con desdén
a este método: “El método del ascenso y descenso no tiene nada que ver con las
Escrituras. No es nada.” Posiblemente piensan esto porque no ha sido tratado en
las Escrituras.
En
esencia, sin embargo, este método es algo real. El ascenso es real, el
descenso es real, el movimiento del aire es real. Hemos usado palabras
familiares como ascenso y descenso por una cuestión de conveniencia. En la
terminología de las Escrituras, el ascenso y el descenso son el elemento aire[15].
Si observa atentamente el abdomen mientras se eleva y desciende, la distensión
está allí, el movimiento está allí, la conducción está allí. Aquí la
“distensión” es la característica del elemento aire, el movimiento es su
función y la conducción es su manifestación. Conocer el elemento aire como
realmente es significa conocer su característica, su función y su
manifestación. Meditamos para conocerlas. Vipassanà
comienza con la definición de la materialidad y la mentalidad[16].
Para lograr este conocimiento el meditador comienza con la materialidad. ¿Cómo?
(El meditador) debería comprender por medio de la característica,
función y el resto. (Visuddhimagga, ii,227.)
Cuando
comienza meditando en la materia o la mente, debería hacerlo ya sea por medio
de la característica o de la propiedad (función). “Y el resto” se refiere a la
manifestación (modo de ocurrencia). En este contexto el libro Compendium of Philosophy[17]
es muy preciso.
La purificación de la concepción (diååhi-visuddhi)
es el discernimiento de la mente y la materia con respecto a sus
características, funciones, manifestaciones y causas próximas.
El
significado es este: vipassanà
comienza con el conocimiento analítico de la mente y la materia. En las siete
etapas de la purificación, primero uno debe purificar la moral (sìla-visuddhi) y la mente (citta-visuddhi); y, después, uno
comienza con la purificación de la concepción. Para alcanzar el conocimiento
analítico de la mente y la materia y la purificación de la concepción, debe
meditar en la mente y la materia y conocer a ambas de acuerdo a sus
características, sus propiedades (funciones), sus manifestaciones y sus causas próximas. Una vez que se ha comprendido de
esta forma, ha alcanzado el conocimiento analítico de la mente y la materia.
Una vez que este conocimiento ha
madurado, ha desarrollado la purificación de la concepción.
Aquí,
“conocer por medio de sus características” significa conocer la naturaleza
intrínseca de la mente y la materia. Conocer “por medio de propiedad” significa
conocer sus funciones. La manifestación es el modo de ocurrencia. En la etapa
inicial de meditación no es necesario, todavía, conocer la causa próxima[18].
Ahora vamos a explicar la característica, la función y la manifestación.
En
el Visuddhimagga y el Compendium of Philosophy
recientemente citados, se indica que no se debe meditar en la mente y la
materia de acuerdo a su nombre, número, como partículas o como un proceso
incesante de ocurrencias. Se indica solamente que se debe meditar en ellas de
acuerdo a la característica, función y modo de manifestación. Uno debería
cuidadosamente tomar nota de esto. De lo contrario, uno podría se conducido a
conceptos de nombres, números, partículas o procesos. Ambos Comentarios dicen
que debería meditar en la mente y la materia de acuerdo a sus características,
sus funciones y sus manifestaciones. De esta manera, cuando medita en el
elemento aire, debe hacerlo por medio de su característica, su función y su
manifestación. ¿Cuál es la característica del elemento aire? La característica
es el apoyo. Ésta es su naturaleza intrínseca. El elemento aire es precisamente
esto. ¿Cuál es la función del elemento aire? La función es el movimiento. ¿Cuál
es su manifestación? La manifestación es la conducción. La manifestación es
aquello que se presenta al intelecto del meditador. Cuando medita en el
elemento aire, éste aparece en el intelecto del meditador como algo que
conduce, empuja, tira. Ésta es la manifestación del elemento aire. Cuando
medita en el ascenso y el descenso del abdomen, la distensión, el movimiento,
la conducción aparecen claramente. Éstas son la característica, la función y la
manifestación del elemento aire. Este elemento aire es importante. En las
secciones sobre posturas y clara comprensión del Satipaååhàna Sutta, el comentarista ha puesto énfasis
en el elemento aire. Aquí está el dictamen de Buddha:
Gacchanto và ‘Gacchàmì’ ti
pajànàti.
(Cuando camina, él conoce “estoy
caminando.”)
Buddha
nos instruye en estar atentos de la forma de caminar observando “caminando,
caminando,” cada vez que caminamos. El comentarista nos explica cómo se
desarrolla este conocimiento:
La intención de caminar surge. Ésta produce el elemento aire. El
elemento aire produce el movimiento. El movimiento del cuerpo como resultado de
la expansión del elemento aire, es lo que se denomina caminar.
El
significado es el siguiente: El meditador que está habituado a meditar
“caminando, caminando” cada vez que camina, comprende de esta manera. Primero
surge la idea “caminaré.” Esta intención da origen a un movimiento tenso en
todo el cuerpo; el cual a su vez hace que el cuerpo se mueva hacia adelante un
movimiento a la vez. Esto es lo que llamamos: “yo camino” o “él camina.” En
realidad no existe yo o él que camina. Únicamente la intención de caminar y la
materia caminando. Esto es lo que el meditador comprende. Aquí, en esta
explicación del Comentario, el énfasis es en la comprensión del movimiento del
elemento aire. De esta forma, si comprende el elemento aire por medio de la
característica, la función y la manifestación, puede decidir por sí mismo si su
meditación es correcta o no.
El
elemento aire tiene la característica de apoyo. En una pelota de fútbol, el
aire la llena y la mantiene inflada de tal manera que la pelota se mantiene
expandida y firme. En lenguaje corriente decimos que la pelota está inflada y
firme. En lenguaje filosófico el elemento aire es el apoyo o sostén. Cuando
extiende un brazo, siente rigidez. Es el sostén del elemento aire. De la misma
manera, cuando presiona con el cuerpo o la cabeza en una almohada o colchón
inflable, su cuerpo o cabeza no descenderán, sino que permanecerán arriba. Esto
es debido a que el elemento aire en la almohada o colchón lo está sosteniendo.
Los ladrillos en una pared son sostenidos por los de más abajo. Si los
ladrillos de abajo no sostienen, los de arriba se derrumbarán. De la misma
manera el cuerpo humano está lleno del elemento aire que le da sostén; es por
esta razón que el cuerpo puede permanecer erguido y firme. El término ‘firme’
es relativo. Si no es tan firme usamos el término ‘laxo.’ Si no es muy laxo
usamos nuevamente ‘firme.’
La
función del elemento aire es el movimiento. Éste, cuando es fuerte se mueve de
un lugar a otro. El elemento aire es el que permite que el cuerpo se doble, se extienda, se siente, se levante, que
vaya y venga. Aquellos sin experiencia en vipassanà
a menudo dicen: “si usted nota ‘doblando, extendiendo’, únicamente serán
conspicuos los conceptos tales como los brazos. Si nota ‘izquierda, derecha’, sólo serán manifiestos conceptos
tales como las piernas. Si nota ‘ascenso, descenso,’ sólo serán manifiestos
conceptos como el abdomen.” Esto podría ser verdad para algunos principiantes.
Pero no es verdad pensar que los conceptos se continuarán manifestando (en las
etapas más avanzadas de la práctica). Tanto los conceptos como las realidades[19]
se manifestarán al principiante. Algunos instruyen a los principiantes para que
mediten únicamente en las realidades. Esto es imposible. Al comienzo no es
práctico descartar los conceptos. Lo que es viable es observar conceptos
juntamente con realidades. El mismo Buddha usó conceptos y nos instruyó de
estar atentos “estoy caminando,” etc.,
cuando caminamos, cuando nos doblamos o cuando nos extendemos. Buddha no usó el
lenguaje de las realidades y no nos instruyó de estar atentos del movimiento o
de la función de apoyo, etc. A pesar de que medita usando conceptos tales como
“caminando, doblando, extendiendo,” cuando la plena atención y la concentración se han desarrollado, estos
conceptos desaparecen y únicamente son manifiestas las realidades como el apoyo
y el movimiento. Cuando alcanza el conocimiento de disolución (bhaæga-ñàna)[20],
a pesar de que medita repitiendo “caminando, caminando,” ni las piernas ni el
cuerpo son manifiestos; solamente son manifiestos los sucesivos movimientos. A
pesar de que medita “doblando, doblando,” las piernas o los brazos no son
manifiestos; sólo el movimiento es aparente. A pesar de que medita “elevando,
bajando,” no habrá concepción del abdomen o del cuerpo, sólo aparecerá el
movimiento de ascenso y descenso. Tanto el movimiento como la oscilación son
funciones del elemento aire.
Aquello
que aparece en la mente del meditador como conducción es la manifestación del
elemento aire. Cuando dobla o extiende la mano, parece que algo la está tirando
o empujando. Cuando camina es aún mas claro. Al meditador cuya concentración se
ha desarrollado notando “caminando, derecho, izquierdo, levantando, empujando,
poniendo,” este movimiento hacia delante se torna evidente como si estuviera
dirigido o impulsado desde atrás. Las piernas parecen ser empujadas hacia adelante, como si fueran
impulsadas por sí mismas. Es muy claro como éstas parecen moverse sin el
esfuerzo del meditador. Meditar caminando es tan benéfico que algunos
meditadores dedican mucho tiempo a esta práctica.
Resumiendo,
cuando meditamos en el elemento aire, debemos conocer su característica de apoyo
o sostén, su función de moción y su manifestación de conducción. Sólo después
de haber comprendido de esta manera nuestro conocimiento es correcto.
Usted
se podría preguntar: ¿Debemos meditar sólo después de haber aprendido las
características, las funciones y las manifestaciones? No, no necesita
aprenderlas. Si medita en la mente y la materia cuando surgen, también conoce
las características, las funciones y las manifestaciones. No hay otra forma de
conocer cuando medita en la mente y la materia aparte de las características,
las funciones y las manifestaciones. Cuando mira al cielo en un día lluvioso y
ve un relámpago. La luz brillante es la característica del relámpago. Cuando el
relámpago aparece en el cielo, la oscuridad desaparece. Hacer desaparecer la
oscuridad es la función del relámpago, su trabajo. También ve como es
(manifestación); largo o corto, circular o recto. Ve su característica, su
función y su manifestación al mismo tiempo. Pero tal vez no estará en
condiciones de decir que la luz brillante es su característica; hacer
desaparecer la oscuridad es su función; la forma es su manifestación. Pero ve
todo esto.
De
la misma manera, cuando medita en la mente y la materia, usted conoce su
característica, su función, su manifestación, todo. No necesita aprenderlas.
Algunas personas educadas piensan que se debería conocer la característica, la
función y la manifestación antes de meditar. Pero esto no es correcto. Lo que
uno aprende son sólo conceptos y no realidades. El meditador que está contemplando
la mente y la materia las conoce como si las estuviera tocando con sus propias
manos. No necesita aprenderlas. Si hay un elefante frente a usted, no necesita
mirar la fotografía del elefante.
El
meditador que está meditando en el ascenso y el descenso del abdomen conoce la
firmeza o la laxitud; en otras palabras su característica.
Él
conoce su función o el movimiento de ascenso o descenso. También conoce su
manifestación o la acción de traer y llevar. Si conoce estas cosas como
realmente son, ¿necesita aprender sobre ellas? No, si desea esta experiencia
para sí mismo. Pero si desea enseñar a otros, deberá aprender sobre ellas.
Cuando
medita “derecho, izquierdo,” conoce que la tensión en cada paso es la
característica. Conoce que el movimiento es la función. Y conoce que la
conducción es la manifestación. Éste es el conocimiento apropiado, el
conocimiento correcto.
Ahora,
para conocer por usted mismo cómo se puede discernir la característica y el
resto por medio de la meditación, trate de meditar. Seguramente en este momento
tiene en alguna parte del cuerpo sensaciones de calor, dolor, cansancio. Éstas
son sensaciones desagradables, difíciles de soportar. Concéntrese en estas
sensaciones y mentalmente diga “calor, calor” o “dolor, dolor.” Encontrará que
está experimentando algo desagradable y sufriendo. Ésta es la característica
del sufrimiento; experimentar una sensación desagradable.
Cuando
esta sensación desagradable surge, usted se siente deprimido. Si la sensación
de desplacer es leve hay poca depresión. Si la sensación de desplacer es
grande, la depresión también es grande. Aun aquellos que tienen gran poder de
voluntad se sienten deprimidos si las sensaciones son intensamente
desagradables. Hacer que uno se sienta deprimido es la función de las
sensaciones desagradables. Cuando la mente está desanimada, los concomitantes
mentales también se encuentran desanimados.
Las
sensaciones desagradables se manifiestan como opresión física. Se manifiestan a
la mente del meditador como aflicción física, como algo insoportable. Cuando él medita “calor, calor, dolor,
dolor,” estas sensaciones se
manifiestan como algo que oprime el cuerpo, como algo muy difícil de soportar.
La intensidad de estas sensaciones es
tal que hacen que usted se lamente.
Si
medita en las sensaciones desagradables en el cuerpo cuando estas surgen,
conoce la característica como la experiencia de algo desagradable, conoce la
función como el deterioro de los
estados mentales asociados[21]
y conoce la manifestación como la aflicción física. Ésta es la forma en que los
meditadores adquieren conocimiento.
Usted
también puede meditar en la mente. La mente conoce y piensa. Es ella la que
imagina y piensa. Medite en la mente como “pensando, imaginando, ponderando,”
cada vez que esto ocurra. Descubrirá que la naturaleza intrínseca de la mente
es ir hacia el objeto, conocer el objeto. Ésta es la característica de la
mente, como se dice: “La mente tiene la característica de conocer.” Cada una de
las diferentes clases de conciencia conoce el objeto. La conciencia visual
conoce el objeto, igualmente la conciencia auditiva, la conciencia olfativa, la
conciencia gustativa, la conciencia táctil y la conciencia mental[23].
Cuando
trabaja en grupo, usted tiene un líder. La conciencia es el líder que conoce el
objeto que surge en cualquiera de las puertas de los sentidos. Cuando el objeto
visual se encuentra con la sensibilidad visual, la conciencia es la primera que
conoce el objeto. Luego ésta es seguida por la sensación, la percepción, el
deseo, el placer, el desplacer, la admiración, etc. De la misma manera, cuando
el objeto auditivo se encuentra con la sensibilidad auditiva, la conciencia es
la primera que conoce el objeto. Esto es más evidente cuando piensa o imagina.
Si una idea se presenta cuando está meditando, debe notar la idea como
“surgiendo, desapareciendo”, etc. Si puede notarla precisamente al momento en
que surge, ésta desaparecerá inmediatamente. Si es incapaz de esto, algunos de
sus seguidores como el placer, el deseo, vendrán a continuación. De esta
manera, el meditador comprende como la conciencia es el líder o sea comprende
su función.
La mente es la precursora de los estados mentales. (Dhammapada, 1)
Si
observa la conciencia cada vez que ésta surge, comprenderá claramente como ésta
actúa como líder, ahora yendo hacia ese objeto ahora yendo hacia aquel.
El
Comentario dice lo siguiente: “La conciencia se manifiesta como continuidad.”
Cuando medita “ascenso, descenso”, etc., la mente a veces se distrae. Cuando
observa la distracción, ésta desaparece. Luego otra conciencia surge. Cuando la
observa, ésta desaparece. Nuevamente otra conciencia surge, nuevamente la
observa y nuevamente ésta desaparece. Nuevamente otra conciencia surge. Debe
observar un gran número de estos surgimientos y desapariciones de conciencia.
El meditador llega a la conclusión: “La conciencia es una sucesión de eventos
que surgen y desaparecen uno después de otro. Cuando uno desaparece, otro
surge.” Así usted comprende la continua manifestación de la conciencia. El
meditador que comprende esto, también comprende la muerte y el nacimiento. “La
muerte, después de todo, no es algo extraño. Es simplemente como el desaparecer
de cada momento de conciencia que he estado observando. Nacer nuevamente es como
el surgir de la conciencia que estoy ahora observando, que ha surgido a
continuación de la anterior.”
Para
demostrar que puede entender la característica, la función y la manifestación
aun cuando no ha aprendido sobre ellas, hemos tomado como ejemplo el elemento
aire entre las propiedades materiales y la sensación desagradable y la
conciencia entre las propiedades mentales. Usted sólo debe meditar en ellas
cuando éstas surgen. Lo mismo es válido para el resto de las propiedades
mentales y materiales. Si medita en ellas cada vez que éstas aparecen,
comprenderá sus características, sus funciones y sus manifestaciones. El
principiante puede meditar y comprender los agregados mentales y el agregado
material sólo por medio de estas características, funciones y manifestaciones.
En la etapa inicial, durante el conocimiento analítico de la mente y la materia
(nàmarùpavavatthàna-ñàäa) y el
conocimiento del discernimiento de las condiciones (paccaya-pariggaha-ñàna), ambos elementales en la práctica de vipassanà, es suficiente comprender de
esta manera (vía característica, etc.). Cuando alcanza el conocimiento real de
penetración[24] como el
conocimiento de comprensión (sammasana-ñàäa),
comprende también la naturaleza impermanente, de sufrimiento y de
impersonalidad.
¿PARA QUÉ MEDITAMOS? y ¿EN QUÉ MOMENTO MEDITAMOS?
Surge
ahora la pregunta: ¿Para qué meditamos en los agregados de la adherencia? Y,
con respecto al momento: ¿En qué momento meditamos? ¿Cuándo los agregados han
cesado, antes de que surjan o cuándo surgen?
¿Para
qué meditamos? ¿Meditamos en los agregados de la adherencia para obtener
riqueza material? ¿Para obtener alivio de las enfermedades? ¿Para obtener
clarividencia? ¿Para lograr la levitación y poderes sobrenaturales? Vipassanà no persigue ninguno de estos
objetivos. Se han dado casos de personas que como resultado de la práctica de
meditación se han curado de graves enfermedades. En el tiempo de Buddha hubo
personas que luego de alcanzar la purificación por medio de la práctica de vipassanà obtuvieron poderes
sobrenaturales. Hoy día las personas que alcanzan el estado de perfección[25]
podrían obtener estos poderes. Pero obtener estos poderes no es el
objetivo básico de vipassanà.
¿Debemos
meditar en los fenómenos pasados y desaparecidos? ¿Debemos meditar en los
fenómenos aún no acaecidos? ¿Debemos meditar en los fenómenos presentes?
¿Debemos meditar en fenómenos que no son ni pasados ni futuros ni presentes,
pero que podemos imaginar luego de haber leído sobre ellos en libros? La
repuesta a estas preguntas es: meditamos para no apegarnos y meditamos en
aquello que está sucediendo.
Sin
lugar a dudas, aquellas personas inexpertas en meditación se apegan a la
materialidad y a la mentalidad que surge cada vez que ven, oyen, tocan, o
piensan. Se apegan con placer. Se apegan con falsas concepciones, considerando
estos fenómenos como permanentes, como felices, como personales. Nosotros meditamos para evitar que surjan estos
apegos, para librarnos de ellos. Éste es el objetivo básico de vipassanà.
Y
meditamos en lo que esta ocurriendo. No meditamos en cosas pasadas ni futuras o
indefinidas en el tiempo. Aquí estamos tratando los aspectos prácticos de vipassanà. Pero en meditación
inferencial meditamos en cosas pasadas, futuras e indefinidas en tiempo. Permítanme
explicar este punto. Hay dos tipos de vipassanà,
práctica e inferencial. El conocimiento que usted alcanza meditando en lo que
ocurre en el momento presente por medio de las características intrínsecas y
las características individuales[26]
tales como la impermanencia es vipassanà
práctica. De este conocimiento práctico se infiere la impermanencia, el
sufrimiento y la impersonalidad de los fenómenos pasados y futuros, cosas que
usted no ha experimentado. Esto es lo que se denomina vipassanà inferencial.
La determinación de ambos (visto y no visto) como similares siguiendo
el objeto... (Paåisambhidàmagga.)
El
Visuddhimagga explica esta sentencia
como sigue:
...siguiendo, yendo hacia el objeto visto, determinando visualmente
ambos (lo visto y lo no visto) como uno de acuerdo a la naturaleza intrínseca:
como éste (objeto visto), aquello que es compuesto cesó en el pasado y cesará
en el futuro. (The
Path of Purity, p. 786)
“El objeto visto,” esto es vipassanà práctica. Y “yendo hacia el objeto visto...determinando
ambos...en el pasado...en el futuro,” esto es vipassanà inferencial. Pero aquí debemos tener en cuenta lo
siguiente: vipassanà inferencial es
posible sólo después de la vipassanà
práctica. No se puede realizar ninguna inferencia sin conocer primero el
presente. La misma explicación es dada en el Comentario del Kathàvatthu[27]:
Observando la impermanencia de por lo menos un fenómeno, uno llega a
la conclusión con respecto a los otros: “impermanentes son todos los
fenómenos.”
¿Por
qué no medita en cosas pasadas o futuras? Porque ellas no le harán comprender
la naturaleza real (de los fenómenos) ni lo purificarán de las impurezas
mentales. Usted no recuerda las vidas pasadas. Incluso en esta existencia, no
recuerda la mayoría de la niñez. Por lo tanto, si medita en cosas pasadas,
¿cómo puede conocer los fenómenos como realmente son con sus características y
sus funciones? Las cosas del pasado reciente pueden ser recordadas. Pero cuando
las recuerda, piensa: “vi, oí, pensé. Fui yo el que vi en el pasado y soy yo el
que está viendo ahora.” Usted tiene la noción del yo. Aun puede haber
nociones de permanencia y de felicidad. Entonces, meditar en fenómenos pasados
no sirve a nuestro propósito. Usted ya se ha apegado a ellos y este apego no
puede ser eliminado. A pesar de que considera estos fenómenos como mente y
materia gracias a lo que ha leído y pensado, la noción del yo persiste
porque ya se ha apegado a ellos. Dice “impermanente” por una parte y obtiene la
noción de permanencia por otra. Observa “sufrimiento,” pero la noción de
felicidad continúa existiendo. Medita en la impersonalidad, pero la noción de
la personalidad permanece arraigada y firme. Arguye consigo mismo. Finalmente
la meditación dará lugar a las ideas preconcebidas.
El
futuro aún no ha llegado y no puede estar seguro de cómo será exactamente
cuando llegue. Podría haber meditado en las cosas futuras con anticipación,
pero podría fallar en meditar cuando ellas surjan. Entonces, el apego, las
falsas concepciones y las impurezas mentales surgirán nuevamente. Por lo tanto,
meditar en el futuro con la ayuda de lo que ha aprendido y pensado no es la
forma de conocer las cosas como realmente son; ni es la forma de calmar las
impurezas.
Las
cosas de tiempo indefinido[28]
nunca han existido, no existirán y no existen en uno o en los demás. Éstas son
creadas en la imaginación por el aprendizaje y el pensamiento. Los conceptos
pueden ser llamativos e intelectuales, pero luego de reflexionar sobre ellos se
descubre que no son otra cosa que conceptos de cosas, signos y formas. Suponga
que alguien está pensando de la siguiente manera: “La materia es impermanente.
La materia surge y cesa a cada momento.” Pregúntele a esta persona: ¿Qué es la
materia? ¿La materia pertenece al pasado, al presente o al futuro? ¿Está la
materia en uno o en los demás? Si está
en uno, ¿Es la materia de la cabeza, del cuerpo, de los miembros, del ojo, del
oído? Descubrirá que (la materia) no es nada de esto sino un mero concepto; la
imaginación de un nombre. Por lo tanto, nosotros no meditamos en cosas de
tiempo indefinido (conceptos).
El
fenómeno presente es aquel que surge en las seis puertas en este momento.
Todavía no ha sido contaminado. Es como un pedazo de papel o tela limpio. Si es
capaz de meditar cada vez que éste surge, éste no será contaminado. Si no logra
observarlo, éste será contaminado. Y una vez contaminado no puede ser
descontaminado. Si no logra observar la mente y la materia cuando surgen, la
adherencia intervendrá. Hay dos tipos de adherencia: adherencia a los objetos
de los sentidos y adherencia con concepciones erróneas. La adherencia con
concepciones erróneas es de tres tipos: las concepciones erróneas propiamente
dichas, los ritos y rituales y la creencia en la existencia de un ser permanente.
¿Qué ocurre si hay adherencia?
Condicionada por la adherencia surge la existencia;
Condicionado por la existencia
surge el nacimiento;
Condicionado por el nacimiento surgen la vejez y la
muerte; la pena, el lamento, el dolor,
el pesar y
la desesperanza.
De esta forma surge esta
totalidad de sufrimiento. (M. i,333; S. ii,1-2)[29]
La adherencia no es un asunto de poca importancia.
Es la causa fundamental de las acciones buenas y de las acciones malas. El que
tiene adherencia se esfuerza para lograr aquellas cosas que cree buenas. Cada
uno de nosotros está haciendo lo que cree que es bueno. ¿Qué es lo que nos hace
pensar que es bueno? Es la adherencia. Otras personas podrían pensar que es
malo, pero el hacedor piensa que es bueno. Si pensara que no es bueno; por
supuesto, él no realizaría la acción. En una de las inscripciones del rey Asoka[30]
merece destacarse el siguiente pasaje: “Uno piensa bien de sus propias obras.
Uno nunca piensa mal de sus propias obras.” Un ladrón roba porque piensa que
está bien robar. Un homicida piensa que está bien matar. Ajàtasattu[31]
asesinó a su propio padre, el rey Bimbisàra. Él pensó que estaba bien.
Devadatta conspiró contra la vida de Buddha. ¿Por qué? Para él estaba bien.
Aquél que toma veneno para suicidarse lo hace porque cree que está bien. Las
polillas se precipitan hacia la llama creyendo que es una cosa muy buena. Todos
los seres vivientes hacen lo que hacen porque piensan que está bien hacerlo.
Pensar que está bien es adherencia. Una vez que se ha adherido realmente, usted
realiza cosas. ¿Cuál es el resultado? Son las buenas acciones y las malas
acciones.
Abstenerse
de causar sufrimiento a los demás es una buena acción. Ayudar a los demás es
una buena acción. Dar es una buena acción. Rendir respeto a aquellos merecedores
de respeto es una buena acción. Una buena acción puede causar paz, larga vida y
salud en esta misma existencia. También causará buenos resultados en futuras
existencias. Este tipo de adherencia es positivo, apego beneficioso. Aquellos
que se apegan de esta manera realizan buenas acciones como actos de generosidad
y observar preceptos; y, por lo tanto, crean buen kamma[32]. ¿Cuál es
el resultado? “Condicionado por la existencia (acciones) surge el nacimiento.”
Después de morir ellos renacen. ¿Dónde renacen? En favorables confines, entre
los seres humanos y las divinidades (deva).
Entre los seres humanos están dotados de cosas buenas como longevidad, belleza,
salud; y, también, renacen en buenas familias, acomodados y tienen buenos
seguidores. Podrían ser llamados personas felices. Igualmente, entre las
divinidades ellos serán atendidos por multitudes de dioses y diosas y residirán
en magníficos palacios. Ellos se han apegado a las nociones de felicidad; y, en
sentido mundano, se pueden llamar personas felices.
Pero
desde el punto de vista de las enseñanzas de Buddha, estos seres humanos y
divinidades felices no están exentos del sufrimiento. “Condicionado por el
nacimiento surgen la vejez y la muerte.” Si bien ha nacido como una persona
feliz, envejecerá en un viejo “feliz.” Mire a esos viejos “felices” en este
mundo. Una vez que han alcanzado los setenta u ochenta años no todo es
perfecto. Canas, dientes rotos, mala vista, mal oído, encorvados, arrugas por
todas partes, sin energía, inútiles. ¿Con sus riquezas y renombre, pueden esos
viejos ser felices? Y luego existe la enfermedad de la vejez. Ellos no pueden
dormir bien, no pueden comer bien, tienen dificultades en sentarse y en
levantarse; y finalmente deben morir. El hombre rico, el rey o el hombre de
poder morirá algún día. Y cuando esto ocurre no cuenta con nadie. Los amigos y
familiares están a su alrededor, mientras él yace en su lecho de muerte cierra
su ojos y muere. Y cuando muere, renace solo en otra existencia. Él encontrará
que es difícil separarse de toda su riqueza. Y si no es un hombre de buenas
acciones, estará preocupado acerca de su nueva existencia.
La
gran divinidad, igualmente, tiene que morir. Las divinidades no están exentas.
Una semana antes de su muerte aparecen cinco signos. La flores que ellos usan y
que nunca se habían marchitado, ahora comienzan a descolorarse. Sus vestidos,
que nunca se habían gastado, ahora aparecen desgastados. Sudor emerge de sus
axilas, un fenómeno poco usual. Sus siempre juveniles cuerpos ahora han envejecido.
Nunca en sus vidas divinas han sido presa del aburrimiento y ahora lo son.
(Itivuttaka, p.247)
Cuando
estos cinco signos aparecen, ellos inmediatamente comprenden su muerte
inminente y son presa de gran alarma. Durante el tiempo de Buddha, Sakka (el rey de las divinidades)
experimentó estos signos. Alarmado de su muerte próxima y la pérdida de su
gloria se dirigió a Buddha para pedir ayuda. Buddha predicó la doctrina y Sakka alcanzó el estado de ganador de la
corriente. Posteriormente murió y renació como un nuevo Sakka. Él tuvo la suerte de que Buddha estaba allí para salvarlo.
Si no hubiera sido por Buddha, hubiera ocurrido un desastre.
Y
no únicamente la vejez y la muerte. “...la pena, el lamento, el dolor, el pesar y la
desesperanza.” Todos estos sufrimientos. “De esta forma surge esta totalidad de
sufrimiento.” Entonces, la buena
vida que resulta del apego es, después de todo, terrible sufrimiento. Todos los
seres humanos y las divinidades están sujetos al sufrimiento.
¿Es
mejor, entonces, no realizar acciones buenas que traen como resultado una buena
vida? No. Si nosotros no realizamos acciones buenas, las acciones malas
ocuparán este lugar. Y esto puede enviarnos al infierno, al mundo animal, al
mundo de los espíritus, al mundo de los demonios. Los sufrimientos de estos
planos inferiores es aún mayor. La vida humana y la vida divina es sufrimiento
en comparación con el eterno Nibbàna,
pero comparada con el sufrimiento de los niveles inferiores, la vida humana y
la vida divina, es realmente la felicidad.
El
apego correcto da origen a buenas acciones. De la misma manera, el apego
incorrecto da origen a malas acciones. Pensando que está bien, algunos matan,
roban, hacen mal a los demás. El resultado de estas acciones es renacer en los
niveles inferiores: infierno, reino animal, espíritus, demonios. Renacer en el
infierno es como ser arrojado en un gran fuego. Ni aun las grandes divinidades
pueden evitar el fuego del infierno. Durante el tiempo de Kakusandha Buddha[33]
existió un dios (Màra) llamado Dùsì. Dùsì se mostró desdeñoso de Buddha y de los miembros de su orden
causando la muerte de uno de los principales discípulos. Como resultado de esta
cruel acción, Dùsì murió
inmediatamente y renació en el infierno Avìci[34].
Y una vez allí, se encontró a la merced de los guardianes del infierno.
Aquellos que abusan, que son crueles,
encontrarán un día el mismo destino que Dùsì. Y después de sufrir por mucho tiempo en el infierno renacerán
como animales o como espíritus.
Entonces,
el apego es terrible. También es muy importante. Nosotros meditamos para evitar
el apego, para poner un fin al mismo. Meditamos para evitar el apego a los
objetos sensuales y el apego con falsas concepciones; para no apegarnos a los
cosas como permanentes o como agradables, para no apegarnos a las cosas como
ego o como yo. Aquellos que no meditan se apegan cada vez que ven, oyen,
sienten o perciben. Pregúntese a sí mismo si se apega o no. La repuesta será
demasiado obvia.
Comencemos
con la vista. Suponga que ve algo hermoso. ¿Qué es lo que piensa de esto?
¿Encuentra deleite, placer? Usted no dirá: “Yo no deseo ver, no deseo mirar.”
De hecho piensa: “¡Qué cosa más bella! ¡Qué hermosura!” Sonriendo se deleita en
el objeto visual. Simultáneamente piensa que es permanente. Sea que el objeto
es un ser humano o una cosa, usted piensa que ha existido antes, está
existiendo ahora y continuará existiendo para siempre. A pesar de que no le
pertenece, mentalmente toma posesión y se deleita en el mismo. Si es un vestido,
mentalmente se lo prueba y encuentra placer. Si es un par de sandalias,
mentalmente las usa. Si es un ser humano, mentalmente toma posesión de él o
ella y también encuentra placer.
Lo
mismo ocurre cuando oye, huele, gusta o toca. Usted encuentra placer en cada
una de estas ocasiones. Con los pensamientos la gama de deleites es aún mayor.
Fantasea y encuentra placer en aquellas cosas que no le pertenecen; las desea y
las imagina propias. Y si ellas le pertenecen, sin duda, piensa y encuentra
placer continuamente en ellas. Nosotros meditamos para controlar los deleites y
los apegos.
También
nos apegamos con falsas concepciones. Usted se apega con la concepción de la
personalidad. Cuando ve, piensa que lo que ve es una persona, un ego. Su propia
conciencia visual es también considerada como una persona, como un ego. En
ausencia del conocimiento de penetración nosotros nos apegamos a los objetos en
el momento que los vemos. Piense y verá cómo se ha apegado. Piensa que usted
mismo y también que los demás están compuestos de un ego que ha existido toda
la vida. Pero en realidad tal cosa no es verdad, nada vive toda la vida.
Únicamente existe la mente y la materia apareciendo y desapareciendo una
después de otra en continuación. Usted considera la mente y la materia como
entidad permanente, como ego y se apega. Nosotros meditamos para evitar
apegarnos con concepciones erróneas.
Pero
debemos meditar en los objetos cuando ellos surgen. Únicamente en estas
circunstancias podremos prevenir el apego. El apego proviene de lo que vemos,
oímos, olemos, gustamos, tocamos y pensamos. El apego proviene de seis lugares,
las seis puertas de los sentidos. ¿Podemos apegarnos a aquello que no vemos?
No. ¿Podemos apegarnos a aquello que no oímos? No. Buddha también hizo estas
preguntas.
Hijo de Màlunkya, qué es lo
que piensa de lo siguiente: Las formas visuales que no ha visto, que nunca ha
visto, que no está viendo ahora, que no tiene posibilidad de ver en el futuro;
tiene alguna inclinación, parcialidad, afección por estas formas visuales? No, mi
Señor. (S.iv 72.)
¿Qué
son estas formas visuales que uno no ha visto antes? Ciudades, aldeas y países
que nunca ha visto; sus habitantes y otras cosas. ¿Cómo alguien puede
enamorarse de los hombres y mujeres que nunca ha visto? ¿Cómo usted se puede
apegar a ellos? Pues, usted no se apega a aquello que nunca ha visto. Las
impurezas mentales no surgen con respecto a las cosas nunca vistas. No necesita
meditar en ellas. Pero las cosas que ve son algo muy diferente. Si no meditamos
en ellas, las impurezas mentales pueden surgir.
Lo
mismo es válido para los objetos del oído, olfato, gusto, tacto y la mente.
Si
no medita en los fenómenos cuando surgen; y, por lo tanto, no comprende su
naturaleza impermanente, de sufrimiento y de impersonalidad, existe la
posibilidad de que reviva estos objetos nuevamente en el futuro dando lugar a
las impurezas mentales. Éste es el caso de las impurezas latentes. Porque ellas
surgen de los objetos son llamadas “latentes en el objeto.” ¿A qué se apega la
gente? ¿Porqué se apega? Se apegan a cosas o personas que han visto porque las
han visto. Si no medita en ellas cuando surgen, de una u otra manera surgirá el apego. Las impurezas mentales
están latentes en todo lo que vemos, oímos, gustamos, etc.
Si
medita, encontrará que lo que ve desaparece, que lo que oye desaparece. Los
objetos desaparecen rápidamente. Una vez que ha percibido los objetos como son
realmente, no hay nada que amar, no hay nada que odiar, no hay nada a que
apegarse. Y si no hay nada a que asirse, no puede haber adherencia o apego.
Y
medite ahora, en el momento presente. En el momento que vemos, meditamos. No
podemos posponer. Usted puede comprar a crédito, pero no se puede meditar a
crédito. Medite ahora. Únicamente así podremos evitar el apego. De acuerdo con
las Escrituras se debe meditar tan pronto como el proceso mental visual
finaliza y antes de que el siguiente proceso mental[35]
propiamente dicho comience. Cuando ve un objeto visual el proceso ocurre de la
siguiente manera: Primero ve el objeto que se presenta. Luego examima el objeto
visto. Esto se denomina proceso de examinación. Luego reúne las distintas
partes del objeto visto y ve la forma. Esto se denomina proceso de sintésis.
Finalmente conoce el concepto o el nombre. Esto se denomina proceso del nombre.
Para aquellos objetos que nunca ha visto anteriormente, y por lo tanto no
conoce el nombre, el proceso del nombre no ocurrirá. De los cuatro procesos,
cuando primero ve el objeto presente, usted ve la realidad última (paramattha) cuando ésta se presenta. En
el segundo proceso o proceso de examinación, examina el objeto visto, ahora
pasado; este objeto es nuevamente una realidad. Ambos procesos toman la
realidad: el objeto visto. El concepto todavía no ha aparecido. La diferencia
entre los dos primeros procesos es la diferencia entre la realidad presente y
la realidad pasada. En el tercer proceso el concepto de la forma aparece. En el
cuarto proceso el concepto del nombre aparece. Los procesos que siguen son diversos
tipos de conceptos. Todos éstos son comunes a aquellos sin experiencia en vipassanà.
Hay
catorce momentos mentales en el proceso mental visual. En ausencia de
conciencia visual, auditiva o mental existe un tipo de conciencia que se
denomina conciencia de continuidad vital (bhavaæga).
Este tipo de conciencia es idéntica al primer momento de conciencia de la
existencia o conciencia de reconexión (paåisandhi-citta).
Es el tipo de conciencia que ocurre cuando uno duerme sin sueños. Cuando un
objeto visual, auditivo, etc., aparece, la conciencia de continuidad vital se
detiene y tiene lugar la conciencia visual, auditiva, etc. Inmediatamente después que la conciencia de
continuidad vital cesa, ocurre un momento mental (pañcadvàràvajjana) advirtiendo el objeto que se ha presentado en la
avenida de la sensibilidad visual. Cuando este momento mental cesa, tiene lugar
la conciencia visual (cakkhu-viññàäa).
Luego la conciencia visual cesa dando lugar a un momento mental denominado
conciencia de recepción (sampaåicchana).
Después viene el momento mental denominado conciencia de investigación (santìraäa). Luego acaece un momento
mental (votthapana) que determina la
naturaleza del objeto: si el objeto es bueno o malo. Luego y de acuerdo con el
tipo de actitud que uno desarrolle tienen lugar siete momentos morales o
inmorales de impulsión (javana).
Cuando éstos cesan, tienen lugar dos momentos de registro (tadàrammaäa). Y cuando éstos cesan, nuevamente ocurre la conciencia
de continuidad vital, de la misma manera que cuando uno duerme. Desde el
momento de advertencia hasta el de registro hay catorce momentos mentales.
Todos éstos se manifiestan como un proceso mental visual. Ésta es la
explicación del proceso mental visual. Cuando uno tiene experiencia en vipassanà, después que la conciencia de
continuidad vital ocurre, inmediatamente después del proceso mental visual, un
tipo de conciencia con atención completa tiene lugar revisando lo visto. Usted
debe tratar de meditar inmediatamente de esta manera. Si puede meditar así, es
como si estuviera meditando en los objetos presentes, cuando éstos surgen. Este
tipo de meditación es llamada en los discursos “meditación en el presente.”
Él discierne las cosas presentes cuando éstas surgen aquí y ahora.
(M.iii.227)
La comprensión, luego de la
revisión, de la perversión de los estados presentes se denomina conocimiento
del surgir y cesar. (Paåisambhidàmagga)
Estos
extractos de los discursos muestran claramente que debemos meditar en los
estados presentes. Si no medita en el presente, entonces un proceso mental de
aprehensión ocurre luego de la conciencia de continuidad vital. Este proceso
examina lo que se acaba de ver. Los momentos mentales de este proceso son: un
momento de advertencia, siete impulsiones (javana)
y dos momentos de registro. Un total de diez momentos mentales. Cada vez que
pensamos o reflexionamos estos tres tipos de conciencia (advertencia, impulsión
y registro) y los diez momentos mentales tienen lugar. Pero para el meditador
ellos aparecerán como un momento mental único. Esto está de acuerdo con las
explicaciones dadas en conexión al conocimiento de disolución en los dos
Comentarios: el Paåisambhidàmagga y Visuddhimagga. Si puede meditar (o
notar) luego del proceso de aprehensión, podría evitar los conceptos y
permanecer con la realidad (el objeto visto). Pero esto no es fácil para el
principiante.
Si
no puede meditar en el proceso de aprehensión, arriba a los procesos de forma y
nombre (conceptos); luego tiene lugar el apego. Si medita luego de la emergencia
de los apegos, éstos no desaparecerán. Ésta es la razón por la cual debemos
meditar inmediatamente antes de que los conceptos aparezcan.
Los
procesos mentales auditivos, olfativos, gustativos y del tacto, deben ser
entendidos de la misma manera.
Cuando
piensa, si no medita inmediatamente, procesos mentales subsiguientes ocurrirán
después del pensamiento. De esta manera, debe meditar inmediatamente para que
éstos no ocurran. Algunas veces cuando está notando “ascenso, descenso,
sentado, tocando,” un pensamiento o idea aparece en el medio. Toma nota de ésta
en el momento en que aparece. La observa y ésta allí termina. Algunas veces una
distracción mental está por ocurrir. Toma nota y desaparece. Usando las
palabras de algunos meditadores: “Es como un niño desobediente que obedece a la
primer advertencia de ‘¡quieto!’’’
De
esta manera, si nota en el momento que ve, oye, toca o percibe, no ocurrirá
ningún tipo de conciencia trayendo el apego.
...usted simplemente tendrá la vista de la cosa vista, el sonido de la
cosa oída, la sensación de la cosa sentida y la idea de la cosa conocida.
En
este extracto del Màlunkyaputta Sutta se muestran que únicamente están
la mera vista, el mero sonido, la mera sensación y la mera idea. De esta forma,
la naturaleza real está presente sin apegos. La persona que medita en aquello
que sucede en el momento presente, cuando esto acaece, comprende que todo
ocurre y desaparece y percibe claramente que todo es impermanente, sufrimiento
e impersonal. Comprende esto por su propia experiencia; no porque alguien se lo
ha dicho. Éste es el único conocimiento real.
Para
llegar a este conocimiento se necesita un trabajo integral. No se puede
garantizar que logrará este conocimiento en una sola sesión de meditación. Tal
vez uno en un millón lo logrará. Durante el tiempo de Buddha hubo personas que
lograron alcanzar la conciencia del sendero (magga) y la conciencia de fruición (phala) luego de escuchar un verso. Pero usted no puede esperar que
estas cosas ocurran hoy en día. En aquellos tiempos era el mismo Buddha quien
enseñaba. Él conocía muy bien la inclinación de sus oyentes. Por otra parte sus
oyentes eran personas con perfecciones (pàràmì);
ellos habían acumulado experiencia en sus vidas pasadas. Pero hoy día el
maestro es una persona común que enseña lo poco que ha aprendido. Él no conoce
la inclinación de sus oyentes. Es difícil decir si sus oyentes son hombres y
mujeres con perfecciones. Si ellos hubieran tenido perfecciones, hubieran
ganado emancipación en el tiempo de Buddha. Por lo tanto, no podemos garantizar
que ellos lograrán el conocimiento en una sola sesión. Lo único que podemos
decir es que usted puede lograr este conocimiento si trabaja lo suficiente.
¿Cuánto
tiempo debemos trabajar? La comprensión de la impermanencia, del sufrimiento y
de la impersonalidad comienza con el conocimiento de comprensión (sammasana-ñàna). Pero este conocimiento
no llega repentinamente. Éste es precedido por la purificación de la mente (citta-visuddhi), la purificación de la
concepción (ditthi-visuddhi) y la
purificación de la trascendencia de la duda (kaækhàvitaraäa-visuddhi). Considerando el nivel de los meditadores
de hoy en día, una persona especialmente dotada puede alcanzar este
conocimiento en dos o tres días. La mayoría necesitará cinco, seis o siete
días. Pero ellos deben trabajar asiduamente. Aquellos que disminuyen el
esfuerzo podrían no alcanzar este conocimiento aun después de quince o veinte
días. Por lo tanto, ahora hablaré sobre la necesidad de trabajar con seriedad
desde el inicio.
Vipassanà requiere trabajo incesante; medite cada vez
que vea, oiga, huela, gusta, toca o piensa, sin perder la oportunidad. Pero
para los principiantes, notar todo es más bien imposible. Comience con algunos
objetos. Es fácil observar el movimiento de ascenso y descenso del abdomen.
Hemos hablado anteriormente sobre esto. Note sin interrupción “ascenso,
descenso, ascenso, descenso.” Una vez que su atención completa y su
concentración se han desarrollado, agregue la postura y el tacto y note
“ascenso, descenso, sentado, tocando.” Mientras observa podrían surgir ideas.
Nótelas también: “pensando, planeando, conociendo.” Éstas son impedimentos. Si
no se libra de ellas no podrá lograr el estado de la purificación de la mente y
comprender con claridad la mente y la materia. Entonces no las deje entrar.
Nótelas y deshágase de ellas.
Si
sensaciones insoportables tales como cansancio, calor, dolor, comezón, aparecen
en el cuerpo, concéntrese en ellas y note: “cansancio, cansancio o calor,
calor” cuando estas sensaciones aparezcan. Si desea estirar o doblar los
miembros, tome nota: “deseo de estirar, deseo de doblar.” Cuando se estira o
dobla, cada movimiento debería ser notado: “doblando, doblando, estirando,
estirando.” De la misma manera, cuando se levanta, note cada movimiento. Cuando
camina, note cada paso. Cuando se sienta, note esta actividad. Si se acuesta,
note también esta actividad.
Cada
movimiento ejecutado, cada pensamiento sucedido, cada sensación ocurrida, todo
debe ser notado. Si no hay nada en particular para notar, continúe notando
“ascenso, descenso, sentado, tocando.” Usted debe notar mientras come o toma un
baño. Si hay cosas que ve u oye en particular, tome también nota de ellas. Con
excepción de las cuatro, cinco o seis horas de sueño, el resto del tiempo
continúa notando los objetos. Debe tratar de notar al menos una cosa por
segundo.
Si
persiste seriamente notando de esta forma, encontrará que la atención completa
y la concentración después de dos o tres días está bastante desarrollada. Si no
es en dos o tres días, en cinco o seis. Luego, raramente surgirán pensamientos
indisciplinados. Y si se presentan, usted es capaz de notarlos en el momento
que aparecen. Ellos desaparecen en el momento en que los observa. El objeto
observado como el ascenso y descenso del abdomen y la mente que observa parecen
estar bien sincronizados. Usted nota con facilidad. Éstos son signos de que la
atención completa y la concentración han alcanzado firmeza. En otras palabras,
usted ha alcanzado la purificación de la mente.
De
aquí en adelante cada vez que nota, el objeto y la mente que lo observa
aparecen como dos cosas separadas. Usted comprende que la materia o el
movimiento de ascenso y descenso es una cosa y el estado mental que observa es
otra. En general la materia y la mente que observa la materia no parecen estar
separadas. Ellas parecen una y la misma cosa. Su conocimiento derivado de
libros le dice que ellas están separadas, pero íntimamente las considera como
una misma cosa. Mueva el dedo índice. ¿Puede ver la mente que intenta el
movimiento? ¿Puede distinguir entre la mente y el movimiento? Si es sincero, la
repuesta será “no.” Pero para el meditador cuya atención completa y
concentración se han desarrollado, el objeto de atención y el conocimiento del
mismo son tan distintos como la pared y la piedra que es arrojada hacia ella.
Buddha
usó el símil de la gema y el hilo (D. i,72). Cuando mira un collar de
lapislázuli, usted sabe que la gema está enhebrada en el hilo; ésta es la gema,
éste es el hilo en que la gema está enhebrada. De la misma manera el meditador
comprende: ésta es la materia, ésta es la mente que la conoce, que depende de
ella, que está relacionada con ella. El Comentario dice que la mente aquí es la
mente meditativa, el conocimiento de penetración, que observa la materia. El
lapislázuli es la materia y el hilo es la mente que la observa. El hilo está
inserto en la gema; igualmente la mente meditativa penetra en la materia.
Cuando
nota “ascenso,” el movimiento de elevación es una cosa y el conocimiento del
mismo es otra cosa; solamente estos dos existen. Cuando nota “descenso”, el
movimiento de dilatación es una cosa y el conocimiento del mismo es otra cosa;
solamente estos dos existen. Este conocimiento aparecerá espontáneamente.
Cuando levanta un pie, el movimiento existe por un lado y el conocimiento por
el otro; sólo ambos existen. Cuando empuja el pie hacia adelante: el movimiento
y el conocimiento. Cuando asienta el pie: el asentar y el conocimiento. Materia
y conocimiento. Sólo estas dos. Nada más.
Y
cuando la concentración ha mejorado aún más, usted comprende que los objetos
materiales y mentales que han estado siendo observados continúan desapareciendo
uno después de otro. Cuando nota “ascenso,” el abdomen gradualmente se eleva y
el ascenso llega a su fin. Cuando nota “descenso,” el abdomen gradualmente
desciende y el descenso llega a su fin. También descubrirá que el ascenso y el
conocimiento del mismo desaparecen; que el descenso y el conocimiento del mismo
desaparecen. En cada observación encontrará solamente el surgir y el cesar.
Cuando nota “doblando,” el primer doblado no está mezclado con el siguiente.
Doblando, desaparece; doblando, desaparece. Y de esta manera, la intención de
doblar, el movimiento y el conocimiento surgen y cesan en este tiempo y lugar.
Y cuando nota el cansancio, el calor, el dolor, éstos desaparecen cuando toma
nota de ellos. Está claro que ellos aparecen y desaparecen y por lo tanto son
impermanentes.
El
meditador comprende por sí mismo lo que dicen los Comentarios: “Ellos (los
objetos) son impermanentes en el sentido de no ser nada después de haber
existido.” Este conocimiento se alcanza no por medio de libros o instructores.
Él comprende por sí mismo. Éste es el conocimiento real. Creer lo que otros
dicen es fe. Recordar lo que se cree es memoria o aprendizaje. No es real
conocimiento. Usted debe comprender experimentalmente. Esto es lo importante. Vipassanà es contemplación para conocer
por uno mismo. Medita, comprende por sí mismo y conoce; sólo esto es vipassanà.
Con
respecto a la contemplación de la impermanencia el Comentario dice:
...lo impermanente debería ser entendido.
...la impermanencia debería ser
entendida.
...el discernimiento de la
impermanencia debería ser entendido. (Visuddhimagga, i,281.)
Esta
corta exposición es seguida por la explicación: “Aquí, ‘lo impermanente’ son
los cinco agregados.” Debe entender que los cinco agregados son impermanentes.
Si bien podría no comprender experimentalmente, al menos debería tener este
conocimiento intelectual. No sólo esto. Debería entender que ellos (los cinco
agregados) son sufrimiento e impersonales. Si tiene este conocimiento básico,
puede emprender la práctica de vipassanà.
Este conocimiento a partir del aprendizaje se encuentra en el discurso Cùøataähàsaækhaya Sutta:
¡Oh! señor de las divinidades, si un monje ha oído, ‘Todos los estados
son para no adherirse,’ el entiende toda la verdad. (M.i,318.)
‘Entender’
significa meditar en la mente y la materia y ser consciente de esto. Éste es el
conocimiento básico de discernimiento de la mente y la materia y el
conocimiento de discernimiento de condiciones. Entonces, si ha aprendido que la
mente y la materia son, ambas, impermanentes, sufrimiento e impersonales, puede
comenzar a meditar a partir del discernimiento de la mente y la materia. Después puede continuar hacia las etapas
superiores como el conocimiento de investigación.
Entendiendo todos los estados, él los comprende a todos.
Entonces,
el requisito mínimo requerido a un principiante en vipassanà es que él debe haber oído o aprendido sobre la
impermanencia, el sufrimiento y la
impersonalidad de la mente y la materia. Para los budistas de Birmania
esto es algo que ellos han aprendido desde la niñez.
Decimos
que la mente y la materia son impermanentes porque surgen y cesan. Si una cosa
nunca fuera a surgir, no podemos decir que es impermanente. ¿Qué es aquello que
nunca surge? Los conceptos.
Los
conceptos nunca acaecen, realmente nunca existen. Considere el nombre de una
persona. Éste se comienza a usar el día en que el niño es nombrado. Es como si
el nombre hubiera aparecido. Pero en realidad la gente lo usa sólo para
designar la persona. Nunca ha surgido, realmente nunca ha existido. Si usted
piensa que existe, encuéntrelo.
Cuando
el niño nace, sus padres le dan un nombre. Supongamos que el niño ha sido
llamado “Maestro Rojo.” Antes de la ceremonia de nombramiento, el nombre
Maestro Rojo es desconocido a todos. Pero desde el día que el niño es nombrado
la gente comienza a llamarlo Maestro Rojo. Pero no podemos decir que el nombre
ha comenzado a existir desde ese día. El nombre Maestro Rojo simplemente no
existe. Investiguemos sobre esto.
¿El
nombre Maestro Rojo está en su cuerpo? ¿En su cabeza? ¿En su costado? ¿En su
cara? No, no está en ningún lugar. La gente ha aceptado llamarlo Maestro Rojo y
esto es todo. ¿Si él muere, el nombre muere también con él? No. Siempre y
cuando la gente no olvide el nombre, éste continuará. Entonces se dice que: “Un
nombre o un apellido nunca se destruye.” Sólo cuando la gente olvide el nombre
Maestro Rojo, éste desaparecerá, pero nunca se destruirá. Si alguien lo
recuerda, éste reaparecerá.
Piense
en los nombres del Bodhisatta[36]
en las Jàtakas[37]:
Vessantara, Mahosadha, Mahàjanaka, Vidhura, Temiya, Nemi. Estos
nombres fueron conocidos en los tiempos que existieron pero luego
desaparecieron por millones de años hasta que Buddha los trajo a la luz de
nuevo. Cuatro asaækheyyas y cien mil kappas[38]
atrás (asaækheyya es un número que
comienza con el dígito 1 seguido de 140 ceros) los nombres de Dìpaækara Buddha y Sumedha el asceta eran conocidos. Posteriormente desaparecieron.
Pero nuestro Buddha los trajo a la luz y estos nombres de nuevo fueron
conocidos. Ellos serán conocidos mientras persistan las enseñanzas de Buddha.
Una vez que el budismo desaparezca de la tierra estos nombres también pasarán
al olvido. Pero si un Buddha futuro volviera a hablar de ellos, de nuevo serían
conocidos. Entonces, los conceptos, los nombres, son sólo convenciones. Ellos
nunca existen. Ellos nunca fueron y nunca serán. Ellos nunca surgen, y por lo
tanto no podemos decir que desaparecen. Ni podemos decir que son impermanentes.
Cada concepto es inexistente, no acaecido, no desaparecido; entonces no son
impermanentes.
El
Nibbàna, a pesar de ser una realidad,
no es impermanente porque nunca surge o desaparece. Es considerado permanente
porque representa paz eterna.
Las
otras realidades aparte del Nibbàna, o
sea la mente y la materia, nunca fueron desde el principio. Surgen cada vez que
existen causas. Después de surgir, desaparecen. Entonces, decimos que estas
realidades, la mente y la materia, son impermanentes. Considere por ejemplo la
conciencia visual. Al comienzo no existía la conciencia visual. Pero si el ojo
está intacto, hay un objeto, hay luz y
atención; si se dan estas cuatro condiciones simultáneamente, hay conciencia
visual. Después que surge, desaparece. Después, no hay más conciencia visual. Entonces,
decimos que la conciencia visual es impermanente. No es muy fácil para una
persona común comprender que la conciencia visual es impermanente. La
impermanencia de la conciencia auditiva es más fácil de comprender. Al comienzo
no existía la conciencia auditiva. Pero si el oído está intacto, hay sonido, no
hay barreras y hay atención; si estas cuatro condiciones están presentes, hay
conciencia auditiva. Ésta surge y desaparece. Luego, no hay más conciencia
auditiva. Entonces, decimos que la conciencia auditiva es impermanente.
Ahora
ustedes me escuchan hablar. Ustedes escuchan un sonido después de otro. Una vez
que han escuchado los sonidos, éstos desaparecen. Escuchen. “Sonido, sonido,
sonido.” Cuando digo ‘so,’ ustedes escuchan ‘so’ y luego desaparece. Cuando
digo ‘ni,’ ustedes escuchan ‘ni’ y luego desaparece (Lo mismo con ‘do’). Ésta
es la forma en que ellos surgen y desaparecen. Lo mismo es válido para otros
tipos de fenómenos psico-físicos. Ellos surgen y cesan. La conciencia visual,
la conciencia auditiva, la conciencia olfativa, la conciencia gustativa, la
conciencia del tacto, el pensar, el doblar, el extender, el movimiento; todos
surgen y desaparecen. Debido a que surgen y desaparecen decimos que son
impermanentes.
La
desaparición del componente mental es muy claro. Si su mente se distrae cuando
nota “ascenso, descenso,” usted nota “distracción.” Y cuando la nota, la
distracción no existe más; ha desaparecido. No ha existido antes. Surge en ese
preciso momento. Luego desaparece rápidamente cuando se la observa.
Entonces, decimos que es impermanente.
La desaparición de las sensaciones desagradables también es algo obvio. Cuando
nota “ascenso, descenso,” sensaciones de cansancio, calor o dolor aparecen en
alguna parte del cuerpo. Si se concentra en esta sensación y nota “cansancio,
cansancio,” etc., algunas veces desaparece por completo y otras desaparece al
menos durante el tiempo de observación. Entonces, es impermanente. El meditador
comprende la característica de impermanencia cuando nota el surgir y el
desaparecer.
La
realización de la naturaleza transitoria de las cosas es la contemplación de la
impermanencia. La mera reflexión sin experiencia personal no es conocimiento
real. Sin meditar no comprenderá que las cosas surgen y desaparecen. Es sólo
conocimiento de libros. Podría ser una acción meritoria, pero no es
conocimiento real.
El
conocimiento real de vipassanà es
aquél en que uno conoce por sí mismo
meditando en las cosas cada vez que éstas surgen y desaparecen. Aquí en
la audiencia hay muchos meditadores que han alcanzado esta etapa de
conocimiento. No estoy hablando sólo por mi propia experiencia. No, ni siquiera
por la experiencia de cuarenta o cincuenta de mis discípulos. Hay cientos de
ellos. Es posible que los principiantes no posean aún un claro conocimiento. No
es tan fácil. Pero tampoco es muy difícil alcanzarlo. Si trabaja lo suficiente
como nosotros le enseñamos, usted lo alcanzará. Si no se esfuerza, no lo
alcanzará. Los títulos educativos, las
distinciones, los honores, son el resultado del trabajo duro. Sin esfuerzo no
hay recompensa. El conocimiento de penetración de Buddha debe, también, ser
conquistado.
Cuando
su concentración sea más aguda, podrá ver un gran número de momentos mentales
en cada acción de doblado o extensión de los miembros. Verá gran número de
momentos mentales uno después de otro, en la intención de doblar o estirar. El
mismo número cuando asienta el pie. En un parpadear hay una gran cantidad de
momentos mentales. Debe notar todos estos momentos fugaces cuando surgen. Si no
puede rotularlos, simplemente note “consciente, consciente.” Verá que hay
cuatro, cinco o diez momentos mentales surgiendo en sucesión cada vez que nota
“consciente.” A veces, cuando la atención completa es muy rápida, la palabra
“consciente” no se necesita más. Simplemente será suficiente observarlos con el
intelecto.
Ahora
surge un pensamiento, y la mente es consciente del mismo; surge otro, y la
mente que observa es consciente del mismo. Es como el refrán birmano: “por cada
bocado de comida un golpe de palo.” Por cada pensamiento que surge hay una
conciencia que lo observa. Cuando usted es consciente de esta manera, este
surgir y desaparecer son muy claros. La mente errante que surge cuando está
notando la elevación y depresión del abdomen es atrapada por la mente
observante como el animal que cae en la trampa o como un objeto que es
alcanzado por una pedrada certera. Y cuando está consciente de la mente
errante, ésta ha desaparecido. Encontrará que esto es tan claro como si estuviera
en su mano. Encontrará que esto es así cada vez la conciencia surge.
Cuando
surge cansancio, nota “cansancio,” y éste desaparece. Y vuelve a surgir, y otra
vez desaparece. La experiencia de la desaparición del objeto será más clara en
las etapas más avanzadas de vipassanà.
Cansancio, observación, pasado; cansancio, observación, pasado. Los objetos
desaparecen uno después de otro. No hay conexión entre un cansancio y el
siguiente. Lo mismo con el dolor. Dolor, observación, pasado; dolor, observación,
pasado. Cada dolor desaparece después de cada observación. Un dolor no se
mezcla con otro. Cada dolor es diferente de los demás.
La
gente común no es consciente de la interrupción del cansancio o del dolor. Es
como si el cansancio o el dolor existieran continuamente por mucho tiempo. En
realidad, no hay cansancio o dolor por mucho tiempo. Un cansancio y el
siguiente, un dolor y el siguiente; sólo segmentos cortos y separados. El
meditador comprende esto cuando observa.
Cuando
nota “ascenso,” el ascenso comienza y desaparece gradualmente. Cuando nota
“descenso,” el descenso comienza y desaparece gradualmente. La gente, en
general ignorante de este hecho, considera el ascenso y el descenso en términos
de la absurda forma del abdomen. Entonces, de acuerdo a su propia experiencia,
piensan que aquellos que meditan también experimentarán la absurda forma del
abdomen. Algunos realizan imputaciones al respecto. Por favor no conjeturen.
Intenten y comprendan por ustedes mismos, éste es nuestro consejo. Si se esfuerzan
lo suficiente ustedes descubrirán.
Cuando
observa “doblando,” nota claramente como se mueve y desaparece, mueve y
desaparece, un movimiento después de otro. Ahora comprende las Escrituras
cuando afirman que las realidades tales como la mente y la materia no se mueven
de un lugar a otro. La gente común piensa que la mano que se mueve ha existido
antes del movimiento. Ellos piensan que es la misma mano la que se mueve hacia
adentro y hacia afuera. Para ellos es siempre la misma mano. Esto es porque ellos
no han penetrado la continuidad de la materia, la sucesión de los surgimientos
de la materia; carecen del conocimiento de penetración. Se dice que la
impermanencia está oculta en la continuidad. Está oculta porque uno no medita
en aquello que surge y desaparece. El Visuddhimagga
dice:
Debido a que el surgir y el cesar no se observan, la característica de
impermanencia no es manifiesta, manteniéndose oculta en la continuidad. (Vis.xxi, Path of Purity, p.781.)
Cuando el meditador observa cada fenómeno que
ocurre, todas las cosas mentales y materiales aparecen como separadas en
pedazos y desconectadas; no como cosas completas y continuas. Desde cierta
distancia las hormigas parecen formar una línea, pero cuando se aproxima ve las
hormigas una por una. El meditador ve las cosas como pedazos desconectados, por
lo tanto la continuidad no puede ocultar la realidad. La característica de
impermanencia se revela por sí misma. Él ya no es más prisionero de la ilusión.
Pero cuando el surgir y el cesar se comprenden y se rompe la
continuidad, la característica de impermanencia aparece en su verdadera y
propia naturaleza. (Ibídem)
Ésta
es la forma en que usted medita y alcanza el conocimiento de contemplación de
la impermanencia. La mera reflexión sin meditación no permite alcanzar este
conocimiento. Una vez obtenido, este conocimiento es seguido por los
conocimientos del sufrimiento y la impersonalidad.
Meghiya, en aquél que ha percibido la impermanencia, se establece la
percepción de la impersonalidad. (A.iii,169.)
¿Cómo
es posible que consideremos aquello que surge y desaparece como una persona,
como un ego, como un ser? La gente se apega a la personalidad porque ellos
piensan que han sido la misma persona toda la vida. Una vez que comprende
experimentalmente que la vida está compuesta de fenómenos que surgen y
desaparecen incesantemente, no se apegará como una persona.
Algunos
obstinados dicen que este discurso es válido solamente para Meghiya. Esto es
algo que no se debería decir. Nosotros tememos que con ello se llegue a la
conclusión de que lo que Buddha enseñó es válido para la gente de su época y no
para los que vivimos hoy en día. Pero esta declaración no se encuentra en este
discurso solamente. Buddha en Sambodhi
Sutta dice:
Monjes, en aquél que ha percibido la impermanencia, se establece la
percepción de la impersonalidad. (A.iii,165.)
Y
si uno comprende la impermanencia, comprende también el sufrimiento. El
meditador que comprende que las cosas surgen y desaparecen puede ver y
comprende, cómo estos dos eventos, acaecimiento y desaparición, lo han estado
oprimiendo. El Comentario del Sambodhi
Sutta dice:
Cuando la característica de impermanencia se comprende, la
característica de impersonalidad también se comprende; porque cuando una de la
tres características se comprende las otras dos, también se comprenden.
Entonces,
es muy importante comprender la característica de impermanencia.
Al
respecto voy a contarles una historia de mi propia experiencia como instructor
de meditación. Se trata de un meditador de mi pueblo natal, Hseikkhun, en el
distrito de Shwebo. Él no era nadie más que un primo mío. Era una de las tres
personas del pueblo que comenzó vipassanà.
Los tres acordaron meditar por una semana. Ellos trabajaron muy duro. Trajeron
al monasterio cigarros y hojas de betel para consumir diariamente. Pero al
finalizar el retiro se llevaron los siete cigarros y las hojas de betel
intactas. Trabajaron tan duro que en tres días alcanzaron el conocimiento del
surgir y el cesar (udayabbaya-ñàäa),
y la experiencia de tranquilidad y luminosidad los lleno de alegría. Ellos
dijeron con gran alegría: “Sólo a esta tardía edad hemos descubierto la
verdad.” Debido que ellos fueron los primeros en aprender meditación, pensé que
era mejor dejarlos experimentar esta alegría. Por lo tanto no les di
instrucciones para observar los estados de alegría. Entonces, a pesar de que
meditaron cuatro días más, no alcanzaron los estados más elevados.
Después
de unos días de descanso regresaron para practicar otra semana de meditación.
Mi primo en esta oportunidad alcanzó el conocimiento de disolución. A pesar de
que notaba “ascenso, descenso, sentado,” él no percibía la forma del abdomen y
su cuerpo parecía haber desaparecido al punto que tuvo que tocarlo con la mano
para asegurarse que aún estaba allí. Esto es lo que él me contó. Y cada vez que
él miraba, las cosas parecían disolverse. El piso parecía disolverse e
igualmente los árboles. Esto era diferente de lo que había pensado de las
cosas. Él se empezó a preguntar.
Él
nunca había pensado que las cosas externas como la tierra, los árboles, los
troncos, etc., pudieran estar en un estado de cambio incesante. Él había
pensado que ellas perecían (cambiaban) luego de un período considerable de
tiempo. Había pensado que duraban por mucho tiempo. Ahora, cuando su
conocimiento había adquirido impulso gracias a la meditación, el surgir y el
cesar de los fenómenos aparecía espontaneo sin necesidad de meditar
especialmente en ellos. Ellos desaparecían, se disolvían, allí frente a él. Era
el opuesto a sus previas creencias. Tal vez su nueva visión era errónea. Tal
vez el sentido de la vista estaba fallando.
Entonces
me preguntó. Y yo le expliqué. El surgir y el cesar que él veía en todo era
real. Cuando el conocimiento de penetración se ha afinado y agilizado, las
cosas surgen y desaparecen sin necesidad de meditar en ellas. Le expliqué que
todo esto es real. Posteriormente me contó sobre sus descubrimientos producto
del progreso en la práctica. Hoy en día está muerto. Él murió hace muchos años.
Cuando
el conocimiento de penetración se ha afinado, éste prevalecerá sobre las falsas
creencias y opiniones. Usted ve las cosas como realmente son, como
impermanentes, como sufrimiento y como impersonales. Una mente sin cultivar o
la reflexión sin meditación no nos permiten penetrar la naturaleza de las
cosas. Sólo vipassanà puede hacerlo.
Una
vez que comprende la impermanencia, conoce cómo el surgir y el cesar de las
cosas nos oprime, que no es posible derivar placer de ellas, que ellas nunca
podrán ser un refugio, que ellas desaparecen a cada momento, que son
aterradoras, que son sufrimiento, etc.
...sufrimiento en el sentido de aterrador.
Usted
pensaba: “Este cuerpo no perecerá tan pronto. Durará por mucho tiempo.” Por
este motivo lo consideraba como un gran refugio. Pero ahora, cuando medita,
encuentra que es sólo un proceso de incesantes acaecimientos y desapariciones.
Si no acaecen nuevos fenómenos después que la materialidad y la mentalidad desaparecen, uno muere. Y esto
puede ocurrir en cualquier momento. Construir una persona a partir de estas
cosas mentales y materiales que están desapareciendo a cada momento y
refugiarse en ellas es tan aterrador como refugiarse en una casa vieja que se
está derrumbando.
Y
descubre que nada ocurre de acuerdo a lo deseado. Las cosas simplemente siguen
su curso natural. Pensaba que podía, si así lo deseaba, sentarse, levantarse,
ver, oír y hacer cualquier cosa. Ahora cuando medita, se da cuenta que esto no es así. Encuentra que
la mente y la materia trabajan en pareja. Sólo cuando existe la intención de
doblar, el cuerpo se dobla. Sólo cuando existe la intención de extenderse, el
cuerpo se extiende. Hay un efecto solamente cuando hay una causa. Sólo cuando
hay algo a ser visto, uno ve. Si hay algo para ser visto, no puede evitar
verlo. Oye cuando hay algo para ser oído. Se siente feliz cuando hay una razón
para estar feliz. Se preocupa cuando hay una causa para preocuparse. Si hay una
causa, hay un efecto. No puede evitarlo. No hay nada que existe y que hace lo
que desea. No existe una persona, un ego o un yo. Sólo un proceso de surgir y
cesar.
Lo
más importante en vipassanà es
comprender con claridad. A lo largo de la práctica, por supuesto, experimentará
alegría, tranquilidad, luminosidad. Estas cosas no son importantes. Lo
importante es comprender la impermanencia, el sufrimiento y la impersonalidad.
Estas características se manifiestan con claridad cuando medita continuamente
de acuerdo a lo explicado.
Usted
debe conocer por su propia experiencia y no creer en lo que los demás dicen. Si
alguno de ustedes principiantes no ha logrado todavía este conocimiento por
esfuerzo propio, sepan que aún no han alcanzado esta etapa. Continúe
trabajando. Si los demás pueden, usted también puede. No llevará mucho tiempo.
El conocimiento se alcanza cuando medita. Sólo cuando conoce con seguridad que
todas las cosas son impermanentes, sufrimiento e impersonales, no se apegará a
los objetos de los sentidos como permanentes, como felices, como hermosos, como
buenos. Ni se apegará a ellos como persona, como alma, como el yo. Todos los
apegos son eliminados. ¿Y luego? Todas las impurezas mentales son pacificadas y
el sendero de los Ariyas[39]
y el Nibbàna son alcanzados.
Aquél que no tiene apegos no apetece las cosas. Aquél que no apetece
las cosas ha sido purificado. (M.ii,318)
Cada
vez que medita no hay obsesión con relación al objeto observado, y por lo tanto
no surge el apego. No hay apego en lo que se ve, oye, huele, gusta, toca y
piensa. Los objetos aparecen como surgiendo y desapareciendo. Se manifiestan
como impermanentes. No hay nada a que apegarse. Ellos nos oprimen con su surgir
y cesar. Todos son sufrimiento. No hay nada a que apegarse como algo feliz,
bueno, bello. El sucederse y el desaparecer es su naturaleza, por lo tanto no
hay nada a que apegarse como una persona, como un alma y como yo, que existe y
perdura. Todo esto llega a ser muy claro y los apegos son eliminados. Luego uno
comprende el Nibbàna por medio del
sendero de los Ariyas. Explicaremos
esto a la luz de la Doctrina del Origen Condicionado y los agregados.
La cesación de la adherencia proviene de la cesación del deseo; la
cesación de las existencia proviene de la cesación de la adherencia; la
cesación del nacimiento proviene de la cesación de las existencia; con la
cesación del nacimiento llegan a su fin la vejez, la muerte el dolor mental, el
sufrimiento, el pesar, la desesperanza y el lamento. Así se llega a la cesación
de toda esta totalidad de sufrimiento. (M.i,337;S.ii,1-3.)
Aquél
que medita en los objetos mentales y materiales que se presentan a las seis
puertas de los sentidos y conoce su naturaleza intrínseca de impermanencia, de
sufrimiento y de impersonalidad, no se deleita en ellos. Mientras no se apega a
ellos, no se esfuerza en disfrutarlos. Mientras no exista esfuerzo no hay kamma o acciones (la existencia). Y si
no hay kamma, no hay un nuevo
nacimiento. Cuando no hay un nuevo nacimiento, no hay ocasión para la vejez, la
muerte, el pesar, etc. Ésta es la forma como uno comprende momentáneamente
el Nibbàna
a través del sendero cada vez que medita. Explicaremos después como se alcanza
el sendero de los Ariyas.
En
la anteriormente citada Sìlavanta Sutta, Venerable Sàriputta explica que si un monje de hábito moral medita en los
cinco agregados de la adherencia como impermanentes, como sufrimiento y como
impersonales, puede alcanzar el estado de ganador de la corriente. Y si un
ganador de la corriente medita (en los cinco agregados de la adherencia), puede
alcanzar el estado del que regresa sólo una vez. Y aquél que regresa sólo una
vez, puede alcanzar el estado del que no regresa. Y aquél que no regresa, puede
alcanzar el estado de Arahant. Aquí
alcanzar las cuatro fruiciones de los Ariyas
(ganar la corriente, único regreso, sin regreso y Arahant) significa comprender el Nibbàna por medio de los cuatro senderos de los Ariyas.
Para
alcanzar el sendero de los Ariyas
comienza con el sendero de vipassanà.
Y el sendero de vipassanà empieza con
el conocimiento de discernimiento de la mente y la materia. Después arriba al
conocimiento del discernimiento de condiciones. Después, continuando la
meditación, alcanza el conocimiento de comprensión. En esta etapa disfruta
reflexionando e investigando los objetos. Las personas educadas frecuentemente
pasan mucho tiempo en este conocimiento. Si no desea reflexionar o investigar,
debe continuar meditando. La atención ahora es ligera y rápida. Ve claramente
cómo los objetos observados surgen y desaparecen. Ha alcanzado el conocimiento
del surgir y el cesar.
En
esta etapa por lo general la observación es fácil. Luminosidad, alegría y
tranquilidad aparecen. Experiencias anteriormente inimaginadas tienen lugar y
uno se colma de alegría y de felicidad. Al comienzo el meditador tuvo que
empeñarse para evitar que su mente no vagara de un lugar a otro. Pero la mente
se distraía y la mayoría del tiempo no podía meditar. Nada parecía correcto.
Algunos realmente tienen que hacer un gran esfuerzo. Pero con confianza
inquebrantable en los maestros, con buenas intenciones y determinación, uno
supera todas las etapas difíciles. Ahora ha arribado al conocimiento del surgir
y el cesar. En esta etapa todo está bien. La observación es fácil y sin esfuerzo.
Notar es agradable y aparecen luces brillantes. Experimenta éxtasis y éste
produce algo así como la piel de gallina. El cuerpo y la mente, ambos, están
tranquilos y se siente cómodo. Los objetos a ser notados parecen presentarse
espontáneamente a la mente. La mente, por su parte, parece encontrar el objeto
espontáneamente. Todo es observado. Uno nunca deja u olvida observar. En cada
observación la atención es muy clara. Si presta atención y reflexiona en un
determinado objeto, éste aparece simple y comprensible. Si observa la
impermanencia, el sufrimiento y la impersonalidad, que sobre ellos había
escuchado antes, éstos aparecen como cosas fácilmente discernibles. Entonces,
siente el deseo de predicar, enseñar. Piensa que sería un buen instructor. Pero
si no ha tenido educación, usted será un mal instructor. De cualquier manera,
siente la necesidad de enseñar y es posible volverse locuaz. Esta experiencia
de los meditadores se denomina “el Nibbàna
ideal.” No es el real Nibbàna de los Ariyas. Este estado podría ser llamado
“imitación Nibbàna.”
Es la inmortalidad de aquellos que conocen.
La
práctica de meditación es como escalar una montaña. Usted comienza a escalar
desde la base. Pronto se cansa. Usted le pregunta a los que están descendiendo
y ellos responden con palabras de aliento como “está más cerca ahora.” Cansado
continúa escalando y muy pronto arriba a un lugar de descanso a la sombra de un
árbol con una brisa fresca. Luego todo el cansancio desaparece. El paisaje lo
fascina. Usted se ha refrescado para continuar escalando. El conocimiento del
surgir y el cesar es el lugar de descanso para poder escalar hacia
conocimientos de penetración más elevados.
Aquellos
meditadores que aún no han alcanzado esta etapa de conocimiento podrían perder
la esperanza. Los días pasan y todavía ningún sabor de la penetración se presenta. A menudo se
desaniman. Algunos abandonan el centro de meditación pensando que, después de
todo, la meditación es inefectiva. Ellos no han descubierto el “Nibbàna del meditador.” Entonces,
nosotros, los instructores, tenemos que alentar a los recién llegados al centro
de meditación y decirles que ellos alcanzarán al menos este conocimiento. Les
pedimos que se esfuercen para alcanzar pronto este conocimiento. Muchos tienen
éxito siguiendo nuestro consejo y entonces ya no necesitan más aliento; poseen
completa confianza y determinación para trabajar hasta el objetivo final.
El
“Nibbàna del meditador” es con
frecuencia descrito como amànusì rati, deleite no humano o goce
sobrehumano (que transciende a aquel de los seres humanos comunes). Usted
obtiene todo tipo de goces de varias fuentes: educación, riqueza, vida
familiar. El “Nibbàna del meditador”
transciende todos estos goces. Una vez un meditador me contó que se había
permitido todo tipo de placeres mundanos. Pero ninguno podía compararse con el
placer obtenido de la meditación. Él simplemente no podía expresar toda su
satisfacción.
¿Pero
esto es todo? No, usted debe continuar trabajando. Continúa notando. Luego,
cuando progresa aún, las formas y los aspectos de las cosas dejan de
manifestarse y se da cuenta que siempre están desapareciendo. Cualquier cosa
que surge, desaparece al momento que la observa. Si nota la conciencia visual,
ésta desaparece rápidamente. Si nota la conciencia auditiva, ésta desaparece.
Si se dobla o extiende, también desaparece rápidamente. No sólo el objeto que
se presenta sino también la conciencia del mismo, ambos desaparecen a la par.
Éste es el conocimiento de disolución (bhaæga-ñàäa).
Cada
vez que observa, los objetos desaparecen rápidamente. Y habiendo observado esto
por mucho tiempo, se siente atemorizado (de la constante desaparición de los
objetos). Éste es el conocimiento del temor (bhaya-ñàäa). Posteriormente, usted encontrará defectos en las cosas
que continuamente desaparecen. Éste es el conocimiento del peligro (àdìnava-ñàäa). Después, cuando continua
meditando, siente hastío. Éste es el conocimiento del disgusto (nibbidà-ñàäa).
Observando todas estas cosas, el discípulo de los Ariyas desecha las formas materiales, desecha las sensaciones.
(M.i,137;S.iii,68.)
Hasta
ahora su cuerpo ha sido una fuente de deleite. Sentarse, levantarse, yendo,
viniendo, doblándose o extendiéndose, todo esto parecía muy agradable. Usted
había pensado que su cuerpo era algo confiable y agradable. Ahora, que ha
meditado y observado que todo está en proceso de disolución, ya no más
considera su cuerpo como algo confiable. Ya no es más algo agradable. Es
simplemente algo deslucido y cansador.
Usted
ha disfrutado de sensaciones corporales agradables y del placer mental. Había
pensado: “Estoy disfrutando,” “estoy feliz.” Ahora estas sensaciones dejan de
ser agradables y también desaparecen cuando usted las observa. Se siente
hastiado de ellas.
Había
pensado bien de su percepción. Pero ahora ésta desaparece cuando usted la
observa. También se siente hastiado de la percepción.
Las
formaciones mentales son responsables de todo su comportamiento corporal,
mental y verbal. Pensar: “Yo me siento, yo me levanto, yo voy, yo actúo,” es
apegarse a las formaciones mentales. Usted también ha pensado bien de ellas.
Ahora cuando las ve desapareciendo, se siente cansado de ellas.
Ha
disfrutado del pensar. Cuando instruimos a los recién llegados al centro de
meditación para que no piensen sobre esto o aquello y continuamente observen,
ellos no se sienten de ninguna manera contentos. En esta etapa usted ve como
los pensamientos, las ideas, surgen y desaparecen, y también se siente hastiado
de ellos.
Lo
mismo ocurre con los órganos de los sentidos. Cualquier cosa que se presenta a
las seis puertas es, ahora, algo que produce hastío, cansancio. Algunos
experimentan hastío extremo.
Posteriormente
surge el deseo de librarse de todo esto. Una vez que usted siente hastío, sin
duda, desea liberarse del mismo. “Los objetos vienen y se van incesantemente.
Ellos no son buenos. Sería bueno si todos ellos cesaran.” Éste es el
conocimiento del deseo de liberación (muñcitukamyatà-ñàäa).
Donde todos ellos desaparecen es el Nibbàna.
Desear liberarse de ellos es desear el Nibbàna.
¿Qué es lo que uno debe hacer si desea el Nibbàna?
Esforzarse aún más y continuar meditando. Éste es el conocimiento de
re-contemplación (paåisaækhà-ñàäa).
Con un esfuerzo adicional, las características de impermanencia, sufrimiento e
impersonalidad adquieren mayor claridad. Especialmente claro es el sufrimiento.
Después
de la re-contemplación uno alcanza el conocimiento de ecuanimidad hacia las
formaciones[40] (saækhàr’-upekkhà-ñàäa). En esta etapa el
meditador siente tranquilidad. Sin aplicar mucho esfuerzo las observaciones son
fluidas y muy buenas. El meditador se sienta y realiza el esfuerzo inicial.
Luego, todo sigue su curso como el tictac del reloj al que se le ha dado cuerda.
Él medita sin modificar su postura y continúa con su trabajo sin interrupción
por aproximadamente una hora.
Hasta
alcanzar este conocimiento habían perturbaciones. Si la mente se dirigía hacia
un sonido se perturbaba. La mente se distraía con pensamientos y la meditación
se perturbaba. Sensaciones desagradables como cansancio, calor, dolor, comezón,
carraspeo aparecían y lo perturbaban. Y usted debía empezar desde cero. Pero en
esta etapa todo va bien. No hay más perturbaciones. Puede oír sonidos, pero los
ignora y continúa notando. Cualquier cosa que surge es observada sin
perturbaciones. No hay más distracciones (mente errante). Pueden surgir objetos
agradables, pero no hay deleite ni placer. Pueden surgir objetos desagradables,
y sin embargo, no siente desplacer o miedo. Las sensaciones desagradables como
el cansancio, el calor o el dolor ocurren raramente. Y si ocurren no son
intolerables. Observándolas saca lo mejor de ellas. Una vez que ha alcanzado
este conocimiento, la comezón, los dolores y el carraspeo desaparecen. Algunas
personas incluso se curan de enfermedades graves. Aun cuando las enfermedades
no se curan por completo, obtiene un poco de alivio mientras observa con
empeño. Entonces, por aproximadamente una hora no habrá interrupción en la
observación. Algunos pueden meditar por dos o tres horas sin interrupción. No
obstante esto, ellos no sienten cansancio en el cuerpo. El tiempo pasa sin que
uno se de cuenta. Usted piensa: “No falta mucho.”
En
un día caluroso de verano como hoy sería ideal alcanzar este conocimiento.
Mientras otras personas se están quejando del calor intenso, el meditador que
trabaja con empeño en este conocimiento no percibirá para nada el calor. El día
parece pasar muy de prisa. Este conocimiento es realmente muy bueno; no
obstante, pueden haber peligros tales como exceso de preocupación, ambición o
apego. Si éstos no son eliminados, no habrá progreso. Una vez eliminados, el
conocimiento del sendero de los Ariyas
está allí para ser alcanzado. ¿Cómo?
Cada
vez que nota: “ascenso, descenso, sentado, tocando, viendo, oyendo, doblando,
extendiendo,” está realizando un esfuerzo. Éste es el Recto Esfuerzo (sammàvàyàma) del Óctuple Noble Sendero.
Luego hay atención completa. Ésta es la Recta Atención Completa (sammàsati). Luego hay concentración que
penetra el objeto observado y también fija la mente en el mismo. Ésta es Recta
Concentración (sammàsamàdhi). Los
tres mencionados se denominan los componentes del grupo de concentración del
sendero. También hay aplicación inicial que junto con la concentración enfoca
la mente en el objeto observado. Es la aplicación de los concomitantes mentales
en el objeto. De acuerdo al Comentario su característica es colocar los
concomitantes mentales en el objeto (abhiniropana-lakkhaäa).
Éste es Recto Pensamiento (sammàsaækappa).
Luego existe la comprensión de que el objeto observado es simplemente
movimiento, simplemente no conocible; simplemente conciencia visual,
simplemente conocible; simplemente surgiendo y desapareciendo, simplemente
impermanente, etc. Éste es Recto Entendimiento (sammàdiååhi). El Recto Pensamiento juntamente con el Recto
entendimiento forman el grupo de la sabiduría del sendero. Los tres componentes
del grupo de moralidad, Recto Lenguaje (sammàvàcà),
Recta Acción (sammàkammanto) y Recta
Vida (sammà-àjìva), han sido
perfeccionados antes de comenzar la meditación, cuando usted ha tomado los
preceptos. Además, no puede haber palabras impropias, acciones impropias o vida
impropia con relación al objeto observado. Entonces, cada vez que nota, también
perfecciona el grupo de moralidad del sendero.
Así
los ocho componentes del Noble Sendero están presentes en cada acto de atención
completa. Ellos constituyen el sendero de vipassanà
que surge una vez que el apego es eliminado. Usted debe preparar este camino
gradualmente hasta alcanzar el conocimiento de ecuanimidad hacia las
formaciones. Cuando este conocimiento ha madurado y se ha consolidado; usted, a
su debido tiempo, alcanza el sendero de los Ariyas.
La explicación es la siguiente: Cuando el conocimiento de ecuanimidad hacia las
formaciones ha madurado y se ha consolidado, sus observaciones son más precisas
y rápidas. Mientras observa y atiende rápidamente, de repente, se encuentra en
la paz que es el Nibbàna. Es bastante
extraño. Usted no tiene conocimiento previo de que realizará el Nibbàna. Tampoco puede reflexionar
cuando realiza el Nibbàna. Solamente
después de haber realizado el Nibbàna,
puede reflexionar. Reflexiona porque encuentra cosas poco usuales. Éste es el
conocimiento de reflexión (paccavekkhaäà-ñàäa).
Después, usted sabe lo que ha ocurrido. Ésta es la forma como uno realiza el Nibbàna mediante el sendero de los Ariyas.
Entonces,
si desea alcanzar el Nibbàna, lo
importante es trabajar para librarse del apego. En la gente común los apegos se
presentan por todas partes: al ver, al oír, al tocar y al pensar. Ellos se
adhieren a las cosas como permanentes, como felices, como buenas, como alma,
como ego, como persona. Debemos trabajar para liberarnos por completo de estos
apegos. Trabajar significa meditar en todo lo que se presenta, todo lo que se
ve, oye, toca y piensa. Si medita contínuamente de esta manera, los apegos
cesarán y surgirá el sendero de los Ariyas
que conduce al Nibbàna. Éste es el
proceso.
·
¿Cómo se desarrolla la
penetración? La penetración se desarrolla meditando en los cinco agregados de
la adherencia.
·
¿Por qué y cuándo
meditamos en los agregados? Meditamos en los agregados cada vez que ellos
surgen para evitar adherirnos a ellos.
·
Si no meditamos en la
mente y la materia cuando éstas surgen, surgirá la adherencia.
·
Nos adherimos a los
agregados como permanentes, como buenos y como ego.
·
Si meditamos en la
mente y materia cuando se surgen, no surgirán apegos.
·
Es evidente que los
agregados son todos impermanentes, son todos sufrimiento, son meros procesos.
·
Una vez que los apegos
cesan, tiene lugar el sendero que conduce al Nibbàna.
Éstos son los fundamentos de la meditación vipassanà.
*
* * * * * * *
PALABRAS
DE ALIENTO
Cuando
Buddha predicaba, sus oyentes meditaban y alcanzaban la iluminación. El número
de personas que de esta manera al final de cada discurso alcanzó la iluminación
es realmente grande. De acuerdo al Comentario, en ciertas ocasiones, al
finalizar el discurso tantos como ochenta y cuatro mil seres alcanzaron la
iluminación. Leyendo esto, usted podría decir: “Parece fácil alcanzar la
iluminación. Pero aquí nosotros estamos trabajando muy duro y, aún, sin
alcanzar nada. ¿Por qué esta diferencia?”
Usted
debe tener presente que el Comentario está solamente dando cuenta de la
ocasión; y, por lo tanto, no da detalles sobre las capacidades de los oyentes.
El predicador era nadie más que el mismo Buddha. Sus oyentes eran gente con
perfecciones. Considere la siguiente historia como ejemplo.
Una
vez Buddha estaba enseñando en Alavì, actualmente Allahabad (India). El tema de
su sermón era la reflexión de la muerte. Él instó a sus oyentes a reflexionar:
“Mi vida no es duradera. Mi muerte arribará ciertamente. Mi vida terminará en
la muerte. Mi muerte es inevitable. Mi vida es incierta. La muerte es cierta.”
Luego Buddha regreso a Sàvatthi.
Entre
sus oyentes en Alavì se encontraba una joven de dieciséis años, una tejedora.
Ella desarrolló la reflexión de la muerte a partir de la visita de Buddha. Tres
años más tarde, Buddha visitó nuevamente Alavì. Mientras estaba sentado, entre
sus oyentes Buddha vio a la joven aproximarse. Él preguntó: “¿Joven mujer, de
dónde viene?” Ella respondió: “No lo se, mi Señor.” Él continuó: “¿A dónde va?
“No lo se, mi Señor” fue la repuesta. “¿No sabe usted?” “Sí, lo se, mi Señor.”
“Lo sabe?” “No lo se, mi Señor.”
La
gente sintió un gran desprecio hacia la joven. Pensaron que no mostraba el
debido respeto a Buddha. Por lo tanto Buddha pidió a la joven explicar sus
respuestas. Ella dijo: “Señor, Buddha, usted no participa en conversaciones
triviales. Cuando me preguntó de donde venía, yo supe inmediatamente que me
estaba preguntando algo importante. Me estaba preguntando de que existencia
pasada venía. Esto no lo conozco, por lo tanto contesté de esa manera. Cuando
me preguntó a donde iba, esto significaba mi próxima existencia. Nuevamente,
esto no lo sé y respondí de esa manera. Luego, me preguntó si no sabía que un
día moriría. Yo sé que un día moriré; entonces, respondí positivamente.
Después, me preguntó si sé cuando moriré. Esto no lo sé y respondí
negativamente. A sus respuestas Buddha dijo: “Muy bien (Sàdhu).”
Entonces,
por la tercera pregunta, es seguro que nosotros moriremos. Es incierto el momento
en que moriremos. Hagámosnos la segunda pregunta. “¿A dónde vamos?” Es bastante
difícil de responder, ¿no es así? Pero hay formas no tan difíciles de
responder. Piense en sus acciones corporales, verbales y mentales. ¿Cuáles son
mayoría, las buenas acciones o las malas acciones? Si las buenas acciones son
mayoría, usted tendrá un buen destino. Si las malas acciones son mayoría,
tendrá un mal destino. Entonces, nosotros debemos hacer el esfuerzo para
realizar buenas acciones. La mejor forma es practicar vipassanà, de tal manera que evitemos para siempre los malos
destinos. Por lo menos debería tratar de alcanzar el estado de ganador de la
corriente. ¿Es esto suficiente? Si ustedes pueden alcanzar este estado, yo me
sentiré feliz. Pero de acuerdo a Buddha debe trabajar hasta alcanzar el estado
de Arahant.
Ahora
regresando a la joven tejedora. Ella alcanzó el estado de ganadora de la
corriente al final del discurso de Buddha. Es claro que ella consiguió la
iluminación como resultado de su preparación por tres años con la reflexión de
la muerte. De esta historia podemos inferir que muchas personas eran como ella.
Durante
el tiempo que Buddha residió en el Parque de Jeta en Sàvatthi, diariamente había pláticas sobre la doctrina
(Dhamma). Los ciudadanos de Sàvatthi
venían todas las tardes pulcramente vestidos, trayendo ofrendas florales y de
incienso, para escuchar la doctrina. Lo mismo debe haber ocurrido cuando Buddha
residió en el Parque de los Bambúes en Ràjagaha. Entonces, luego de escuchar
los discursos, ellos deben haber practicado meditación después de haber tomado
preceptos. Aún hoy en día la gente escucha al instructor de meditación y
comienza a practicar. La diferencia es que en aquel entonces era Buddha quien
enseñaba. No podían hacer menos que practicar meditación. Fueron estas
personas, que después de escuchar los discursos anteriores, alcanzaban la
iluminación al escuchar el nuevo discurso.
Había
monjes, monjas, laicos, laicas, toda clase de gente. Estas personas, que
tuvieron la oportunidad de escuchar a Buddha deben haber sido hombres y mujeres
con grandes perfecciones. Y cuando Buddha predicaba, lo hacía teniendo en
consideración las disposiciones de sus oyentes. Esto es importante.
Había
una vez un monjecito llamado Panthaka quien no podía memorizar una estrofa de
44 sílabas en cuatro meses. Su hermano mayor perdió la paciencia y lo echó del
monasterio. Buddha se hizo cargo del monjecito, le dio un pedazo de lienzo con
instrucciones de observarlo y repetir: “Eliminar las impurezas, eliminar las
impurezas.” El monjecito siguiendo las instrucciones comprendió la naturaleza
de la mente y la materia y alcanzó el estado de Arahant. Debe haberle llevado dos o tres horas como máximo. Él
alcanzó la iluminación fácilmente porque recibió el tipo de meditación adecuado
para su temperamento.
Un
discípulo del venerable Sàriputta meditó sin éxito en las impurezas del cuerpo
por cuatro meses. Después de esto el Venerable Sàriputta lo llevó a Buddha
quién por medio de sus poderes sobrenaturales produjo un loto dorado y se lo
dio al monje. Resultó ser que este monje había sido un orfebre sucesivamente en
quinientas existencias pasadas. Él apreciaba las cosas bellas y no tenía
interés en cosas impuras. Cuando vio el loto dorado, se sintió fascinado y
desarrolló jhàna[41]
mientras lo observaba. Cuando Buddha hizo desaparecer el loto, el monje
comprendió la naturaleza impermanente, de sufrimiento y de impersonalidad de
las cosas. Luego Buddha pronunció un verso. Al escucharlo el monje alcanzó el
estado de Arahant.
Los
esfuerzos del monje Channa para alcanzar la iluminación eran infructuosos.
Entonces recurrió al venerable Ananda para pedir consejo. Ananda le dijo a
Channa: “Tú eres una persona capaz de alcanzar la iluminación.” Channa se llenó
de alegría y felicidad, siguió los consejos de Ananda y en poco tiempo alcanzó
la iluminación.
Algunos
instructores de meditación de hoy en día no saben cómo enseñar de acuerdo a las
disposiciones de los aspirantes. Ellos usan palabras inadecuadas. El resultado
es que los aspirantes regresan desalentados a sus hogares. Sin embargo, algunos
instructores sí saben cómo enseñar. Sus discípulos, quienes al principio habían
pensando estar unos pocos días en el centro de meditación, alentados, deciden
permanecer hasta completar el curso satisfactoriamente. Es muy importante
enseñar de acuerdo a la disposición del oyente. No es de extrañarse que miles
de personas alcanzaron la iluminación al final de los discursos predicados por
Buddha.
Aquí,
entre nuestros oyentes probablemente hay una o dos personas que han alcanzado
las perfecciones como aquellos durante el tiempo de Buddha. Luego, están
aquellos que han madurado después de días o meses de práctica. Unos pocos
podrían alcanzar la iluminación mientras escuchan ahora el discurso religioso.
Si usted no puede alcanzar la iluminación ahora, pronto la alcanzará mientras
medita. Aquellos de ustedes que nunca han meditado antes, han aprendido ahora
el método correcto. Y si comienzan a meditar en el momento oportuno, también
alcanzarán la iluminación. Ya sea que hayan alcanzado la iluminación o
solamente hayan ejecutado acciones meritorias, todos ustedes renacerán, cuando
mueran, en los seis mundos de las divinidades. Allí encontrarán aquellas
divinidades que alcanzaron el sendero de los Ariyas desde los días de Buddha. Encontrarán a Anàthapiäðika,
Visàkhà y otros. Les podrán preguntar que es lo que ellos han aprendido y
practicado de Buddha. Debe ser algo muy agradable poder conversar sobre la doctrina
con estos notables seres del mundo de las divinidades.
Pero
si ustedes no desean renacer en el mundo de las divinidades sino entre los
seres humanos; bien, aquí renacerán. Hace 25 o 30 años, un devoto chino invitó
a algunos monjes a comer en su casa en Moulmein. Después de la comida, el monje
más antiguo pronunció un discurso y comentó que como resultado de la acción
meritoria de ofrecer comida a los monjes, el devoto chino renacería en el mundo
de las divinidades, donde la vida está llena de deleites con palacios
espléndidos y hermosos jardines. A continuación el monje preguntó al devoto
chino: “¿Bien, devoto, no desea usted renacer en el mundo de las divinidades?
“No,” respondió el devoto chino, “yo no
deseo renacer en el mundo de las divinidades.” Sorprendido, el monje preguntó:
“¿Por qué?” “No deseo estar en ninguna otra parte. Sólo deseo estar en mi
propia casa, en mi propio lugar.” “Bien,” dijo el monje, “entonces, usted
renacerá en su propia casa, en su propio lugar.” El monje tenía razón. Sus
acciones (kamma) lo conducirían al
lugar que él deseaba.
Monjes, la aspiración de una persona virtuosa se concreta gracias a la
pureza. (A.iii,71.)
Ustedes
mis oyentes tienen una moral pura. Cuando en este momento la mayoría de la
gente en Rangoon[42] está
divertiéndose en las fiestas de año nuevo, ustedes están aquí realizado
acciones meritorias, lejos de la diversión, algunos en hábitos y practicando
meditación, algunos observando ocho preceptos y practicando meditación. Por lo
tanto, su hábitos morales son puros. Si desean renacer en el mundo de las
divinidades, allí renacerán. Si desean renacer entre los humanos, eso ocurrirá.
A
este respecto hay algo que es motivo de interés para nosotros. Hoy en día los
países de Europa y Estados Unidos de América están prosperando. Nos preocupa
que aquellos birmanos que realizan acciones meritorias se inclinen hacia esos
países y allí renazcan. Pienso que está ya ocurriendo. Algunos preguntan: “¿Si
bien los budistas realizan acciones meritorias, por qué los países budistas no
progresan? Ellos aparentemente piensan: “Cuando un budista muere, él renace
solamente en Birmania? Esto no es correcto. Una persona virtuosa puede renacer
en cualquier lugar. Un birmano, si así lo desea, puede renacer en cualquier
lugar.
Los
ricos de otros países podrían haber sido los buenos budistas de Birmania. Aquí
hay tantas personas que realizan acciones meritorias. Pero no hay suficientes
padres ricos para recibirlos aquí en su próxima existencia. Entonces ellos
tendrán que renacer en otro lugar. Si usted renace allí y es simplemente una
persona mundana, tendrá que adoptar la religión de sus padres. Esto es muy
importante.
Entonces,
para ser inamovible en sus convicciones religiosas, debe trabajar ahora mismo.
Debe tratar de alcanzar el estado en donde la fe en Buddha, en la Doctrina y en
la Orden nunca vacilará. Éste es el estado del ganador de la corriente. Una vez
alcanzado este estado, la fe en las Tres Joyas nunca vacilará; no importa el
país donde usted renazca.
Ésta
no es una era propicia para renacer entre los seres humanos. La vida es corta,
las enfermedades son muchas, las ideologías causan confusión y los peligros
abundan. Entonces, si no desea renacer entre los seres humanos, renacerá en el
mundo de las divinidades. Aun cuando no ha alcanzado el sendero y la fruición,
acciones meritorias como la generosidad y observar preceptos lo conducirán al lugar en donde usted desea
estar. Si ha alcanzado el sendero y la fruición, mucho mejor.
Y
no es difícil renacer en el mundo de la divinidades. Un tal Indaka de Ràjagaha
donó una cucharada de arroz (a los monjes) y renació en Tàvatiçsa[43].
Nuestros devotos aquí en Birmania han hecho donaciones mayores que una
cucharada de arroz. Con respecto a los preceptos, la observancia temporaria de
los mismos ha enviado gente al mundo de las divinidades. Algunos observan ocho
preceptos por medio día y luego renacen en el mundo de las divinidades. Ahora
ustedes han observado adecuadamente ocho preceptos y practicado correctamente
meditación. Si así lo desean, renacerán fácilmente en el mundo de las
divinidades. ¿Por qué no? Y una vez allí, le puede preguntar a las divinidades
que han alcanzado el sendero de los Ariyas
acerca de las enseñanzas de Buddha y puede conversar con ellos sobre la
Doctrina. Por favor sigan mi consejo.
Durante
el tiempo de Buddha en Sàketa, en la región de Kosala en India central, había
una niña llamada Uposathà. Ella siguió las enseñanzas de Buddha y alcanzó el
estado de ganadora de la corriente. Cuando murió, renació en Tàvatiçsa y allí vivió en un espléndido
palacio. Un día, el venerable Moggallàna[44], mientras visitaba ese lugar, tuvo la
oportunidad de encontrarla. Los monjes de aquel entonces eran perfectos en el
alto conocimiento y habían adquirido poderes sobrenaturales. Poseían la
habilidad de viajar al mundo de las divinidades o ver con sus ojos celestiales
o escuchar con sus oídos celestiales. Pero hoy en día no hay monjes que posean
estos poderes. Nosotros no podemos ir al mundo de las divinidades. Aun, si de
alguna manera pudieramos ir allí, no estaríamos en condiciones de ver a estos
seres. Si no podemos ver las divinidades entre los seres humanos tales como los
guardianes de árboles y tesoros, menos podemos ver las divinidades de los
niveles más altos.
Bien,
el venerable Moggallàna visitaba con frecuencia el mundo de las divinidades por
medio de sus poderes sobrenaturales. Su intención era obtener información de
primera mano de las divinidades entrevistadas acerca de cómo habían alcanzado
ese estado, qué tipo de acciones meritorias habían realizado para merecer esa
buena vida. Por supuesto, él podía aprender sus historias sin necesidad de ir
allí. Pero él deseaba escuchar personalmente las historias contadas por ellos.
Cuando Moggallàna visitó el mundo de las divinidades, se acerco al palacio de
la diosa Uposathà; ella lo saludó desde su palacio. Moggallàna le dijo: “Joven
diosa, tu esplendor es como el brillo del planeta Venus. ¿Qué acciones
meritorias has realizado para merecer este esplendor y esta buena vida?” La
diosa respondió:
Yo era una mujer de Sàketha llamada Uposathà. Seguí las enseñanzas de
Buddha, tuve fe plena en sus enseñanzas; y, como discípula laica, me refugié en
las Tres Joyas.
Tener
fe en las Tres Joyas (Buddha, la Doctrina y la Orden) significa ir en busca de
refugio. Esto se logra repitiendo la fórmula: “Voy a Buddha por refugio, voy a
la Doctrina por refugio, voy a la Orden por refugio.”[45]
Buddha
conoce toda la Doctrina. Habiendo alcanzado el Nibbàna, la cesación de todos los sufrimientos como la vejez, la
enfermedad y la muerte, enseñó la Doctrina para que otros seres, a igual que
él, pudieran disfrutar la bendición que es el Nibbàna. Si uno sigue las enseñanzas de Buddha, puede evitar
renacer en los cuatro estados inferiores y puede liberarse de todo el
sufrimiento. Creyendo en esto, usted puede ir a Buddha en busca de refugio.
Cuando usted está enfermo, debe tener fe en el médico. Debe confiar en él.
“Este doctor es un experto. Él puede curar mi enfermedad.” De la misma manera,
usted pone su confianza en Buddha sabiendo que si sigue sus enseñanzas será
salvado de todo sufrimiento. Pero hoy en día algunos parecen no conocer el
significado de esta fórmula. Repiten esta fórmula porque sus padres o maestros
así se los indicaron. Ésta no es la actitud correcta. Uno debe conocer el
sentido, reflexionar sobre el mismo, y repetir la fórmula lentamente. Si no
puede hacerlo a menudo, al menos trate de vez en cuando.
Cuando
repite: “Voy a la Doctrina por refugio,” coloca su fe en las enseñanzas de
Buddha (el sendero, la fruición y el Nibbàna).
Con ello reconoce que la práctica de estas enseñanzas lo salvará de los cuatro
estados inferiores y de todo el sufrimiento del ciclo de renacimientos.
Cuando
repite: “Voy a la Orden por refugio,” coloca su fe en la hermandad de aquellos
que por medio de la Doctrina enseñada por Buddha han alcanzado o están por
alcanzar los senderos y las fruiciones. Reconoce la creencia de que, con la
ayuda de la Orden se liberará de los cuatro estados inferiores y del ciclo de
renacimientos.
La
persona que va en busca de refugio se llama en Pàli upàsaka (hombre) y upàsikà
(mujer). Ser un upàsaka o una upàsikà equivale a realizar una acción
meritoria que lo enviará al mundo de las divinidades.
Aquellos que se refugian en Buddha no irán a los cuatro estados
inferiores. Luego de abandonar el cuerpo humano, ellos ocuparán cuerpos
divinos. (D.ii,204; S.i,25.)
La
diosa Uposathà también había realizado otras acciones meritorias. Ella
continuó: “Fui virtuosa. Di limosna. Observé los ocho preceptos.”
Aquellos
que no conocen sobre el budismo se burlan de que los budistas observan ocho
preceptos y frecuentemente dicen: “Ustedes ayunan[46]
y pasan hambre. Eso es todo.” No saben nada acerca de las acciones meritorias y
las acciones demeritorias. Ellos no saben que superando el deseo de comer, que
es avidez, se desarrollan buenos estados de conciencia. Sin embargo reconocen
que ayunar puede ser bueno para los enfermos. En este caso el ayuno es motivo
de elogios. Ellos comprenden sólo el bienestar material actual. Ignoran por
completo la mente y la vida después de la muerte. Observar los ocho preceptos
es para prevenir la ocurrencia de cosas malas y desarrollar cosas buenas como
la moderación. “Los santos, los Arahants,
viven absteniéndose definitivamente de cosas malas como matar, robar,
sexualidad, mentir, alcohol (drogas), comer a horas inapropiadas. Por lo tanto,
seguiré su ejemplo por un día y los honraré con mis acciones.” Los Ariyas piensan de esta manera cuando observan
los ocho preceptos. Cuando usted tiene hambre, se controla y trata de liberarse
de la contaminación que es el hambre. Ésta es una noble acción. Cuando acciones
nobles ocurren en la mente, ésta es pura. Es como ayunar y limpiar los
intestinos cuando uno está enfermo. Puesto que la mente es pura, cuando uno
muere, ocurre una continuidad pura de conciencia. Esto es lo que nosotros
denominamos: “nacer como humano o divinidad.”
La
diosa Uposathà continuó: “He venido a residir en este palacio como resultado de
la moderación y de la generosidad.” Aquí “la moderación” es muy importante. Aun
en este mundo, si no se es moderado en lo que gasta, se empobrece. Si no tiene
moderación en las acciones, contraerá enfermedades o se verá implicado en crímenes.
Y con respecto a la próxima existencia, la moderación es importante porque
puede servir para purificar la mente. Y el hecho de que la generosidad puede
conducirnos al mundo de las divinidades es un conocimiento general entre los
budistas.
Ella
dijo: “Yo comprendí las Noble Verdades.” Las Nobles Verdades son comprendidas y
reveladas por los Ariyas o las Nobles
Personas. Una vez que usted comprende experimentalmente estas verdades, se
convierte en un Ariya. Las Nobles
Verdades son: la Verdad del Sufrimiento, la Verdad del origen del Sufrimiento,
la Verdad de la Cesación del Sufrimiento, la Verdad del Camino que conduce a la
Cesación del Sufrimiento. Ésta es la parte más importante.
“Comprender
las Nobles Verdades” no significa aprenderlas de oídas. Significa comprenderlas
por uno mismo. Debería comprenderlas correctamente, abandonar aquello a ser
abandonado, realizar (el objetivo) y hacer que la conciencia del sendero ocurra
en uno mismo. Esto es lo que dice el Comentario.
Los
cinco agregados de la adherencia ya mencionados constituyen la Verdad del
Sufrimiento. Entonces, observar y comprender los agregados es comprender la
Verdad del Sufrimiento. Cuando observa, comprende cómo ellos surgen y
desaparecen, como ellos constituyen el sufrimiento. Usted comprende de esta
manera mientras medita. Cuando alcanza el sendero de los Ariyas, realiza el Nibbàna,
la cesación del sufrimiento. Y, reflexionando, comprende que cualquier cosa que
surge y desaparece y no ha cesado, es sufrimiento. Así usted comprende en el
momento de ocurrencia del sendero. Comprende por medio de la función y no por
medio de la atención en el objeto.
Mientras
usted medita no puede haber apego en el objeto de meditación. Esto se denomina
comprensión por abandono. Y al reflexionar, comprende que el apego no ocurrirá
hacia aquellos objetos que son observados como impermanentes, como sufrimiento
y como impersonales. El apego se extingue. Usted comprende de esta manera
mientras medita. Cuando usted alcanza el sendero de los Ariyas y el Nibbàna, el
apego nunca ocurrirá con relación al sendero. Cuando alcanza el estado de
ganador de la corriente, erradica los apegos que conducen a los estados
inferiores. Cuando alcanza el estado de no regreso, todos los apegos sensuales
son erradicados. Y en el estado de Arahant,
todos los restantes apegos son erradicados. Cada vez que nota, no hay impurezas
mentales, no hay kamma (negativo), y
por lo tanto no hay sufrimientos con relación al objeto observado. Todos los
sufrimientos son extinguidos. Este tipo de cesación del sufrimiento se
experimenta en cada acto de observación. Ésta es la forma en que usted
comprende la Verdad de la Cesación. En el momento del sendero de los Ariyas usted realiza el Nibbàna. Esto ahora es obvio.
Cada
vez que medita, existe Recto Entendimiento con respecto a la naturaleza real de
la mente y la materia. Y cuando hay Recto Entendimiento, también están
presentes concomitantes mentales tales como Recto Pensamiento. Nosotros nos
hemos referido anteriormente a ellos. Desarrollar el sendero significa hacer
ocurrir los ocho componentes del mismo. Ésta es la forma en que usted comprende
cuando medita. En el momento del sendero de los Ariyas, ocurren los ocho componentes y se realiza el Nibbàna. La persona que ha alcanzado el
sendero y la fruición comprende mediante la reflexión cómo ha ocurrido el
sendero de los Ariyas. Él comprende.
Esto, también, es entendimiento.
Entonces,
si usted comprende que la mente y la materia son sufrimiento, si ha abandonado
el apego que es el origen del sufrimiento, si ha realizado la cesación del
sufrimiento y si ha hecho surgir los ocho componentes del sendero, podemos
decir que conoce las cuatro verdades. Entonces, cuando la diosa Uposathà dijo
que ella había comprendido las cuatro verdades, ella quiso decir que había
alcanzado el sendero de los Ariyas
por su propia experiencia. En otras palabras, había alcanzado el estado de
ganadora de la corriente.
Una
vez que comprende las cuatro verdades, conoce también las realidades de los Ariyas. Veamos un extracto de las Suttas.
...el discípulo bien instruido de los Ariyas, que frecuenta los Ariyas,
experimentado en las realidades de los Ariyas.
Si
usted no es un Ariya, no conocerá
correctamente qué clase de persona es el Ariya.
Aquellos que nunca han sido iniciados en la Orden no conocen por su propia
experiencia cómo un monje vive y se comporta. Aquellos que nunca han practicado
meditación no conocen cómo vive y se comporta una persona que medita. Sólo
cuando usted sea un Ariya,
comprenderá lo que es ser un Ariya.
Según
el Comentario, las realidades de los Ariyas
consisten de los cuatro fundamentos de la atención completa, los cuatro
esfuerzos supremos, los cuatro medios de realización, las cinco facultades, los
cinco poderes, los siete factores de la iluminación y los ocho componentes del
sendero; siete categorías en total. Si conoce una de estas siete categorías,
conoce las otras seis. Entonces, nosotros hemos dicho que si conoce las cuatro
verdades, conoce las realidades de los Ariyas,
porque el Óctuple Sendero, uno de los componentes de las realidades de los Ariyas, está incluido en las cuatro
verdades.
Cuando
intenta hacer surgir alguna de estas siete categorías, como el establecimiento
de la atención completa, comprende la misma por su propia experiencia. Éste es
real entendimiento. Aprender de oídas no es suficiente.
Un
monje, cuando camina, es consciente: “Yo estoy caminando.” De la misma manera,
el meditador que será un Ariya,
cuando camina, observa: “Caminando, caminando,” o “levantando, moviendo,
colocando.” Mientras camina, cada vez que nota, hay atención completa y existe
también el entendimiento que conoce el objeto observado. Sabe que la intención
de caminar, la materialidad del caminar y la conciencia surgen y desaparecen.
La atención completa y el entendimiento que ocurren cada vez que observa (la
acción de caminar) representan el fundamento de la atención completa en la
contemplación del cuerpo.
El
monje cuando siente dolor es consciente: “Tengo una sensación de dolor.” El
meditador observa “calor, calor” o “dolor, dolor” cada vez que ocurren
sensaciones de calor o de dolor. De esta manera, es consciente y conoce cómo
las sensaciones surgen y luego desaparecen. Esto se denomina el fundamento de
la atención completa en la contemplación de las sensaciones.
Él
es consciente de la mente apasionada. Cada vez que un pensamiento o idea
ocurre, el meditador nota: “apego, deleite.” Él es consciente de esta manera y
comprende cómo estos objetos surgen y desaparecen. Esto se denomina el
fundamento de la atención completa en la contemplación de la mente.
Aquél
que experimenta deseo por los objetos de los sentidos es consciente: “Hay deseo
por los objetos de los sentidos.” El meditador observa: “Deseo, placer,” etc.,
y es consciente y comprende cómo el deseo surge y desaparece. Esto se denomina
el fundamento de la atención completa en la contemplación de los objetos
mentales (Dhammas).
Aquellos
de ustedes que han estado aquí practicando, han meditado y comprendido por
propia experiencia. Uno gana experiencia en las realidades de los Ariyas, los cuatro fundamentos de la
atención completa. Y al mismo tiempo está también realizando los cuatro
esfuerzos supremos. Mientras observa, está realizando el esfuerzo para
descartar estados mentales negativos ya surgidos o para prevenir el surgimiento
de estados mentales negativos aún no surgido o para desarrollar acciones
meritorias como vipassanà y el
sendero que aún no han surgido o para incrementar el conocimiento de
penetración ya surgido. Los cuatro medios de realización están también
incluidos. Cuando medita, debe depender de la conación (deseo de hacer) o del
esfuerzo o de la mente o del intelecto. Las cinco facultades, fe, esfuerzo,
atención completa, concentración y sabiduría, están también presentes. Los cinco
poderes son los mismos que las cinco facultades. Los siete factores de la
iluminación también están presentes. Cuando observa, posee atención completa,
investigación (del fenómeno), esfuerzo, interés placentero, tranquilidad,
concentración y ecuanimidad. Y no necesitamos repetir que el Óctuple Sendero
está aquí también incluido.
Regresando
a la historia de la diosa Uposathà. Ella dijo: “Yo observé los cinco preceptos.
Fui una discípula laica de Gotama Buddha. Frecuentemente escuché de Nandana y
quise estar aquí; y, como consecuencia, renací en Nandana.”
Nandana
es el nombre de un jardín en el mundo de las divinidades. En aquel entonces la
gente hablaba tanto de Nandana como la gente habla hoy en día de los Estados
Unidos o Europa. Uposathà escuchó a la gente hablar del jardín de las
divinidades y aspiró a renacer allí; y allí renació. Pero ahora no era feliz.
Estaba descontenta con su destino. Ella refirió a Moggallàna: “No he seguido la
palabra de Buddha. Habiendo inclinado mi mente hacia este plano inferior, ahora
estoy llena de arrepentimiento.”
Buddha
enseñó que la existencia, en cualquiera de sus formas, no es buena. La
existencia es mero sufrimiento. Él nos exhortó a trabajar para poner fin al
sufrimiento. Pero Uposathà hizo caso omiso de las enseñanzas de Buddha y aspiró
a vivir en el mundo de las divinidades. Ahora ella comprendió que había
cometido un error.
Ustedes
podrían preguntar: “¿Bien, por qué no trabajar para poner fin al sufrimiento en
el mundo de las divinidades? Allí no es fácil meditar. Las divinidades están
siempre cantando, bailando y divertiéndose. No hay allí un sólo lugar tranquilo
como en el mundo de los humanos. Aun en este mundo humano, cuando regresan a
sus hogares, ¿pueden ustedes meditar? Entonces, trabajen duro ahora (aquí en el
centro de meditación).
El
venerable Moggallàna la alentó con las siguientes palabras: “No se preocupe,
Uposathà. Buddha ha declarado que usted es una ganadora de la corriente con
especiales logros. Usted está libre de los malos destinos.”
La
joven diosa aún está en Tàvatiçsa.
Ella no ha vivido allí mucho en base al cálculo del tiempo en el mundo de las
divinidades. Un siglo aquí equivale a un día allí. Desde el tiempo de Buddha
hasta ahora han pasado 2500 años, solamente 25 días de acuerdo al calendario de
Tàvatiçsa. Ella todavía no tiene un
mes. Si ustedes alcanzan la iluminación ahora, dentro de cuarenta, cincuenta o
sesenta años renacerán en el mundo de las divinidades, encontrarán a esta
diosa, y platicarán con ella sobre la doctrina al mismo nivel. Si no han
alcanzado ninguno de los estados de iluminación, no se sientan desalentados.
Por lo menos, renacerán en el mundo de las divinidades. Luego, le preguntarán a
las divinidades Ariyas, escucharán
sus enseñanzas, y prestarán atención a lo que enseñan. Después alcanzarán el
sendero y la fruición. El cuerpo de las divinidades es muy puro. La conciencia,
que ocurre en dependencia de esa materia pura, es penetrante y rápida.
Entonces, si recuerdan en lo que han meditado en su existencia humana, entenderán
rápidamente el surgir y el cesar de la mente y la materia y alcanzarán el
sendero de los Ariyas y la fruición.
Los momentos del Dhamma que
él ha experimentado en el pasado fluyen en su mente en el estado de felicidad
allí. Monjes, la ocurrencia del recuerdo es lento. Pero luego rápidamente este
ser alcanza el sendero, la fruición y el Nibbàna.
(A. i, 505)
Una
mujer sakya[47],
de nombre Gopikà, una ganadora de la corriente, murió y renació en Tàvatiçsa como hijo de Sakka, el rey de
las divinidades. Allí, él vio tres gandhabba[48]
que habían venido a danzar al palacio de su padre. Reflexionando, Gopaka (su
nuevo nombre), vio que las tres divinidades habían sido monjes que él había
reverenciado en su existencia pasada. Él informó a ellos sobre esto. Dos de las
divinidades recordaron el Dhamma
(meditación) que habían practicado,
meditaron, desarrollaron jhàna,
alcanzaron el estado de no regreso y renacieron (espontáneamente), en el mundo
de Brahmapurohita.
Hay
muchos dioses y diosas como Uposathà viviendo ahora en el mundo de las
divinidades y que practicaron la doctrina durante el tiempo de Buddha. Hay
divinidades como Gopaka que han renacido como tales habiendo sido previamente
mujeres. Todos ellos practicaron la doctrina de la misma forma que ustedes.
Esto es muy reconfortante. Éste es el antiguo sendero. Es el sendero seguido
por los Ariyas. Usted debe saber que
nosotros estamos siguiendo este sendero. Cada vez que medita, está caminando
este sendero. De la misma forma que un caminante se acerca paso a paso a su
destino, ustedes se acercan al Nibbàna
con cada acto de observación.
Si
el sendero y la fruición fueran a ser alcanzados después de diez mil
observaciones, y ahora han hecho mil observaciones; necesitan nueve mil
observaciones más para alcanzar el Nibbàna.
Si ya han hecho nueve mil observaciones; necesitan solamente mil observaciones
más. Y si ya han hecho 9999; precisamente la próxima observación podría ser el
momento del sendero. Mientras más observa, más se aproxima al sendero.
¡Qué puedan observar
los cinco agregados de la adherencia
cada vez que ellos ocurran en las seis
puertas!
¡Qué comprendan la impermanencia,
el sufrimiento y la impersonalidad!
¡Qué tengan un rápido progreso en la práctica
y
alcancen el Nibbàna, la cesación de todo sufrimiento!
*
* * * * * * *
[1] Samatha y vipassanà, tranquilidad y penetración, son los dos tipos de meditación
enseñados por Buddha. Samatha
consiste en fijar la mente en el objeto de meditación elegido, conduce a
estados concentrativos. Vipassanà, en
cambio, penetra las características de los fenómenos: impermanencia,
sufrimiento e impersonalidad.
[2] Tratado
de meditación del comentarista Buddhaghosa escrito en el siglo V A. C.
[3] Las
puertas de la vista, oído, gusto, olfato, tacto y mente.
[4] Discursos
o sermones.
[5] Recta
entendimiento o sabiduría es uno de los componentes del Óctuple Noble Sendero o
la cuarta Noble Verdad.
[6] Término
pali usado para denominar aquellos seres que han alcanzado uno de los cuatro
estados de santidad.
[7] Aquel que
ha alcanzado el cuarto y último estado de purificación.
[8] El
principal discípulo de Buddha juntamente con Venerable Mahà Mogallàna.
[9] Sotàpanna o ganador de
la corriente, es el primer estado de santidad cuando el discípulo alcanza el Nibbàna por primera vez eliminando
definitivamente ciertas impurezas mentales.
[10] Son los
infiernos, el mundo animal, los espíritus carenciados (peta) y los demonios (asura).
[11] El
segundo estado de santidad. El Sakadàgàmi
renacerá una vez más como ser humano.
[12] El tercer
estado de santidad. El Anàgàmi no
renace más en el plano de los sentidos.
[13] El Buddha
silencioso o Paccekabuddha es un ser completamente iluminado, pero a diferencia
del Buddha Supremo no expone la doctrina.
[14] Phala-samàpatti o
estado de fruición es un estado de conciencia en donde la mente toma el Nibbàna como objeto y permanece en este
estado aun por horas o días. Sólo los nobles discípulos o Ariyas pueden disfrutar de este estado.
[15] Uno de
los cuatro grandes elementos.
[16] El
primero de los doce conocimientos de vipassanà
en el camino hacia el nibbàna.
[17]
Traducción inglesa del Abhidhammatthasangaha
(Pali Text Society) por Anuruddha.
[18] La condición principal sobre la que depende.
[19] Las
realidades (paramattha) como la
conciencia (citta), los estados
mentales (cetasikas), las propiedades
materiales (rùpa) y el Nibbàna son estudiadas en minucioso
detalle en el Abhidhamma Piåaka, la tercera división de las enseñanzas de
Buddha. Las realidades tienen una existencia verdadera, mientras que los
conceptos tienen una existencia aparente.
[20] El quinto
conocimiento en el camino de la purificación. El meditador es consciente
solamente de la fase disolutiva de los objetos que se presentan a través de las
seis puertas de los sentidos.
[21] La
sensación desagradable pertenece al agregado de las sensaciones. El resto de
los estados mentales, sin incluir la percepción, pertenecen al agregado de las
actividades volicionales. Este agregado incluye cincuenta estados mentales
diferentes y son éstos los que se deterioran por efecto de la sensación
desagradable.
[22] Mente (nàma) es un término que se utiliza para
denominar la conciencia (citta)
juntamente con los estados mentales (cetasikas).
[23] La
conciencia mental conoce el resto de los objetos.
[24] Los dos
primeros conocimientos, el conocimiento analítico de la mente y la materia y el
conocimiento de discernimiento de las condiciones, no son considerados
conocimientos de penetración propiamente dichos.
[25]
Erradicación de todas las impurezas mentales.
[26] Las
características intrínsicas son la impermanencia, sufrimiento e impersonalidad,
las características individuales son las cualidades salientes de los fenómenos.
[27] El Kathàvatthu, Puntos de Controversia, es
el quinto libro de la división Abhidhamma.
[28] Las cosas
de tiempo indefinido son los conceptos (paññatti).
En Abhidhamma son consideradas como
fuera del tiempo y no poseen una existencia real.
[29] Ésta es
parte de la Doctrina del Origen Condicionado (Paåiccasamuppàda).
[30] Asoka
(273-32 a. de J. C.), el Grande, fue rey de Magadha (India central) y envió
misionarios a diversas partes de Asia para propagar el Budismo. Todavía se
conservan algunos de los pilares que ordeno erigir.
[31] Rey de
Magadha durante el tiempo de Buddha.
[32] Kamma (sánscrito karma) significa acción. Buddha enseñó
que las buenas acciones producirán resultados positivos en el futuro y
viceversa.
[33] Uno del
los Buddhas anteriores a Gotama Buddha.
[34] Uno de
los infiernos de la cosmología Budista.
[35] La mente
ocurre en procesos cognitivos que son tratados en el Abhidhamma.
[36] Aspirante
a Buddha.
[37] Historias
de las vidas anteriores de Buddha.
[38] Eón o
período incalculable de tiempo.
[39] El
Sendero de las personas nobles o aquellos que han alcanzado el nibbàna.
[40] Las
formaciones son todo aquello que es el objeto de la mente durante la práctica
de vipassanà.
[41] Absorción
de la mente y el objeto. Estado de conciencia que transciende la conciencia
sensoria.
[42]
Actualmente Yangon, ciudad capital de Myanmar (anteriormente Birmania).
[43] De
acuerdo a la cosmología budista uno de los seis planos en donde residen las
divinidades.
[44] Uno de los principales discípulos de Buddha destacado por sus poderes
sobrenaturales.
[45] En pali: Buddhaç saraäaç gacchàmi, Dhammaç saraäaç gacchàmi, Saæghaç saraäaç gacchàmi.
[46] En
referencia al precepto de abstenerse de comer después del mediodía.
[47] Clan del
cual Buddha es originario.
[48] Músicos celestiales.
* * * * *
* Venerable Mahasi Sayadaw. Traducción al español por
Bhikkhu Nandisena. Este material
puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma
gratuita. Traducción española ©CMEBC 2000. Última revisión martes, 02 de mayo de 2000. Fondo Dhamma Dana. Este documento requiere la
fuente Times Pali.