Acercamiento Buddhista a los Problemas Actuales
Traducción
española por Gloria Ávila
Revisado por
Virginia Etienne
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CONTENIDO |
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EL BUDDHISMO Y LAS TENDENCIAS SENSUALES DE LA
SOCIEDAD EN LOS TIEMPOS MODERNOS |
El sistema de reglas del Buddha incluye no sólo a
monjes y monjas, sino a hombres y mujeres laicos por igual. Estos cuatro grupos
que conforman la comunidad buddhista no tienen mas que un objetivo último. El
objetivo es el logro del Nibbàna.
Aunque Nibbàna significa la liberación final del
mundo, mientras recorre el sendero a la liberación un buddhista tiene que vivir
en el mundo y relacionarse con las condiciones de la existencia mundana. Un
buddhista laico podría sentir este problema de una manera especialmente aguda,
ya que podría encontrarse con que las demandas y atractivos de la vida secular
tienden a alejarlo del camino de liberación. Sin embargo, el Buddha no
desconocía ni era indiferente al dilema que también confrontaron sus discípulos
laicos, sino que le dio una cuidadosa atención. Enseñó a sus seguidores laicos
la forma en que podrían organizar su vida de acuerdo con los principios éticos
del Dhamma y cómo llevar la vida de laico de una manera exitosa, sin desviarse
del camino de rectitud.
Como buddhistas laicos, debemos estar siempre muy
vigilantes de tal forma que nuestra búsqueda de objetivos mundanos como la
riqueza, el placer y el éxito no nos hagan perder de vista nuestro objetivo
espiritual.
Será necesario tener un especial cuidado en evitar
la violación de los principios morales básicos resumidos en los Cinco
Preceptos, ya que dicha violación lleva a una regresión en el sendero. Con
frecuencia debemos recordarnos a nosotros mismos que las primeras dos de las
cuatro etapas de santidad pueden lograrlas aún aquellos que llevan una vida de
matrimonio; que han habido quienes han alcanzado la tercera etapa ‘del que no
retorna’, aun continuado en la vida laica, aunque observando el celibato; y que
los textos registran ejemplos de laicos que hasta han logrado el estado de arahant
antes de morir. El Canon Pali contiene una amplia evidencia de hombres y
mujeres laicos ejemplares, como Anàthapiäðika, Visakhà, y los padres de Nakula,
para mencionar sólo a los más prominentes. Por lo tanto, un hombre laico deberá
hacer todo esfuerzo en seguir el camino hasta la terminación del sufrimiento en
su propia vida, llevando una vida de moderación y autodisciplina y practicando
la meditación con el objetivo de desarrollar la visión penetrante de las
verdades últimas de la vida y la muerte.
Los ensayos contenidos en este artículo exploran
varias facetas de experiencia de la vida laica que requieren la atención del
aspirante laico para su liberación. Se refieren particularmente a aquellas que
se han vuelto más pronunciadas y urgentes en nuestro mundo contemporáneo
materialista y secularizado. Mi deseo es compartir estas ideas con otros que
quizá también puedan intentar seguir el camino del Buddha en la vida laica, y
que están caminando así con un pie en el camino al Nibbàna y un pie todavía en el
mundo. Espero que estos ensayos les ayuden a entender y superar los problemas
que pudieran enfrentar en su vida diaria.
En la época moderna, la vida ha llegado a
caracterizarse por ser particularmente problemática y esforzada. Si bien es un
hecho que el estándar de vida ha mejorado generalmente, en la actualidad el
hombre todavía sufre inmensamente bajo el peso de la vida. La condición física
de hombre se ha reducido a un nivel tan patético que sucumbe anticipadamente a
la muerte por enfermedades asesinas como el cáncer, insuficiencia cardiaca,
diabetes, etc., hasta un grado sin precedentes. Mentalmente, está tan manejado
por la tensión que ha olvidado el arte de la relajación, y no puede ni siquiera
disfrutar el sonido del sueño sin la ayuda de tranquilizantes. En este
escenario, las relaciones interpersonales han llegado a ser tan frágiles y
vulnerables que la tasa de divorcio ha llegado a proporciones altamente
alarmantes, dejando emerger así, toda una serie de diferentes problemas
sociales como el descuido de los niños, la delincuencia juvenil, el suicidio,
etc. Así tenemos que la vida ha llegado a ser una carga problemática,
haciéndose muy necesaria una solución para hacer la vida más tolerable y
disfrutable.
Como la palabra del Buddha tiene valor eterno y su
aplicación es universal, y como el Buddha predicó no sólo a monjes y monjas
sino también al público laico por igual, es útil encontrar una enseñanza del
Buddha que es relevante para nuestros problemas actuales. En el Pattakammavagga del Aæguttara Nikàya (A
ll, 69) el Buddha predicó un sutta para Anàthapiäðika respecto a los cuádruples
placeres de un laico. Nuestra considerada opinión es que este sutta ofrece la
visión penetrante adecuada para responder también a las demandas de los
problemas actuales. Los cuatro tipos de placer listados ahí son:
Atthisukha, el placer de tener riqueza material; bhogasukha, el placer de disfrutar la
riqueza material; anaäasukha, el
placer de no tener deudas; y anavajjasukha,
el placer de ser irreprochable. Ahora, discutamos individualmente cada uno de
ellos y veamos cómo pueden enlazarse para llevar una vida feliz en el mundo
actual.
Atthisukha - El hombre no sólo debe tener un
medio honrado de vida, evitando las actividades censurables como comerciar con
carne, licor, veneno, armas de fuego y esclavitud, también debe tener una
actitud saludable hacia su recta ocupación. Por ejemplo, si un doctor da la
bienvenida a una epidemia en la localidad a fin de hacer mucho dinero, o si un
comerciante espera calamidades naturales para elevar los precios del mercado,
el dinero ganado por tales individuos sin escrúpulos no es un dinero honrado ya
que sus intenciones son impuras e innobles. Tampoco deberá uno defraudar o
explotar a otros para cumplir su trabajo. Al ejercer con gran perseverancia,
uno debe ganarse su propio sustento, y esa riqueza ganada con el propio
esfuerzo es llamada riqueza justa (dhammika
dhammaladdha). De nuevo, uno podría tener una gran riqueza, pero si no se
experimenta una sensación de contentamiento con lo que uno tiene, no podrá
disfrutarse realmente de atthisukha o
el placer de tener. Para dicha persona, el amasar riqueza es como tratar de
llenar un barril sin fondo. Ésta es una de las difundidas dolencias que
observamos en la sociedad actual. El aumento desordenado de la riqueza no llega
a ser una fuente de felicidad, sino de ansiedad. Dicha riqueza expone al
poseedor a los celos y maniobras de otros individuos sin escrúpulos, de ahí
que, ocasionalmente, se produzca el chantaje y los raptos. Pero si uno tiene un
medio honrado de ganarse la vida y también una correcta actitud hacia la
riqueza, podrá escapar de muchas de las dificultades que acarrea el dinero,
obstaculizando el despertar del hombre moderno.
Bhogasukha - La riqueza sólo tiene un valor
instrumental y el disfrute adecuado de la riqueza es un arte que amerita un
cuidadoso cultivo. El buddhismo deplora tanto la extravagancia como el
atesoramiento miserable. Uno debe mantener un estándar de vida balanceado y
saludable de acuerdo con los propios medios. Si en el disfrute de la riqueza
uno es sobreindulgente en los placeres sensuales, estará destinado a padecer
daños en la salud al poco tiempo. Si, por ejemplo, uno es sobreindulgente en la
comida sólo porque puede adquirirla, pronto sufrirá enfermedades como falla
cardiaca, diabetes o presión arterial alta. Dicha persona enfrentará la
situación de ‘cortar su cuello con su propia lengua’. En el buddhismo, la
moderación en la comida es una reconocida virtud, además de ser un hábito
promotor de salud. Con frecuencia, en el nombre del disfrute de la vida, el
hombre cultiva hábitos no saludables como fumar o beber. Es paradójico que el
hombre, que se ama a sí mismo más que nada, deba actuar como si fuera su peor
enemigo, siendo indulgente con hábitos que lo reducen finalmente a su
destrucción física. Está establecido médicamente que el tabaquismo causa el
porcentaje más alto de cáncer en pulmones, y que la bebida causa daños
irreparables a los órganos vitales del cuerpo. Si uno tan sólo se detuviera a
considerar el propio bienestar y si tuviera por lo menos algún grado de
compasión hacia sí mismo, no se dejaría atrapar en las garras de estos hábitos
viciosos. El hombre rico con frecuencia termina en el lamentable aprieto de la
hormiga que cayó en el frasco de miel. Tales hombres no conocieron el arte de
disfrutar bhogasukha. Se preocupan
por el cuerpo como un instrumento de placer, y utilizan y debilitan, a la doble
velocidad del tiempo, la capacidad del cuerpo para disfrutar, mucho antes de
que se de el proceso natural de desgaste. Si nos amamos a nosotros mismos,
tenemos que tratar a nuestros cuerpos con el cuidado adecuado sin imponerle
sobre indulgencias o privaciones. Con el cuerpo no sólo podemos disfrutar los
placeres de los sentidos, sino también la bendición espiritual del Nibbàna. Otro
aspecto del gozo de la riqueza es el arte de compartir. Sin ser un Adinnapubbaka, ‘un avaro’, si uno
aprende a compartir las propias riquezas con el menos afortunado, uno tendrá la
noble experiencia de ser feliz con el gozo del otro. Al mismo tiempo uno
conocerá el amor y la buena voluntad de otros, en lugar de ser el blanco de
celos e intrigas.
Anaäasukha - El placer de no tener deudas es la
tercera cualidad discutida en nuestro sutta. Económicamente, si uno puede estar
completamente libre de deudas, uno será ciertamente una persona muy afortunada.
En la sociedad, para estar realmente sin deudas, uno tiene que saldar
escrupulosamente las propias obligaciones. Como asalariado uno tiene que cumplir
con los propios deberes por los que se le paga, de otra forma puede quedar en
deuda por el salario que obtiene. Como padre uno tiene que cumplir con las
obligaciones para con los hijos. En nuestra sociedad, se enseña a los niños a
respetar y ver por sus padres, y está bien tener en mente que los padres
también tienen que calificar para recibir el honor que se les hace, siendo
padres cumplidos. Es necesario hacer hincapié en que los padres que descuidan a
sus familias como resultado de su adicción a vicios como la bebida y el juego
distan, por mucho, de ser el ideal de no tener deudas. Uno puede tener la
satisfacción de no tener deudas únicamente si se han cumplido las obligaciones
personales en todos los roles sociales que uno tiene que desempeñar.
Anavajjasukha - La satisfacción de llevar una vida
irreprochable es la forma más alta de satisfacción que puede tener un laico. Cada
sociedad tiene un código de ética que todos sus miembros deberán seguir. De
acuerdo con el buddhismo, el código mínimo de ética que regula la vida de sus
adeptos es pañcasìla, los Cinco
Preceptos [1]. Si uno practica estas virtudes, puede
tener la satisfacción de llevar una vida justa en extremo. El refrenarse de
hacer a los otros lo que uno no quiere que le hagan es el principio básico
subyacente en estas virtudes. El buddhismo habla de hiri y ottappa, el
sentido de vergüenza y el miedo a actuar mal, como deva-dhamma o cualidades celestiales. Éstas son las cualidades
básicas que diferencian al hombre del reino animal. A diferencia de los
animales, el hombre tiene una consciencia que lo hace escrupuloso para hacer el
mal. El buddhismo reconoce también la actividad mental irreprochable. Las
actividades mentales que surgen de la avidez, el odio y la ignorancia son
insanas y censurables. Veamos cómo dicha conducta mental es fuente de
infelicidad. Tome, por ejemplo, el caso de una persona que está enojada. ¿Cuáles
son los síntomas del coraje? Respiración difícil, frecuencia cardíaca
acelerada, circulación sanguínea más rápida, sensación de calor, sudoración,
trepidación, inquietud, etc. - éstas son las manifestaciones físicas del
coraje. Estas experiencias físicas no son ciertamente confortables. Cada vez
que se recuerda la causa del coraje, aún cuando las manifestaciones físicas del
coraje puedan no ser tan marcadas, se siente fácilmente bastante inquietud y
malestar mental. Nosotros utilizamos expresiones tales como ‘hirviendo de
coraje’, ‘traigo el diablo por dentro’, etc. para significar el acto de
enojarse, y estos dichos son literalmente expresivos de la situación. Simplemente
no es posible estar enojado y contento al mismo tiempo. Una persona irritable
es en realidad una persona muy triste, y lo que es peor, con la misma tristeza
también infecta a quienes la rodean. El cultivo de modos sublimes de conducta
como la benevolencia, la compasión, el regocijo por la alegría de otros y la
ecuanimidad, en verdad, conducen a una vida feliz. Aquellas personas que viven
con dichas actitudes, normalmente son personas agradables y amigables que pueden
estar contentas en soledad tanto como en compañía.
Si entendemos realmente el significado de los cuatro
tipos de felicidad explicados en nuestro sutta, y si los traducimos en acción,
la vida será mucho más placentera y feliz aún en esta época moderna.
LA MECÁNICA DEL APEGO Y EL SUFRIMIENTO
Los textos buddhistas describen repetidamente al
hombre como un ser apegado y encadenado al sufrimiento. Se utilizan muchas
palabras pali para describir esta patética situación, como saçyojana, bandha y pàsa, que significan apego, esclavitud y
atadura, respectivamente. Uno de los suttas emplea un simple símil para
ilustrar la manera en la que el hombre es encadenado a la vida samsárica. De
acuerdo con este símil, un toro negro y un toro blanco están atados juntos con
una soga. En esta situación no puede decirse que el toro negro es un
impedimento para el toro blanco, o que el toro blanco es un impedimento para el
toro negro. En realidad es la soga con la que están atados juntos la que
constituye el impedimento. De forma similar, el mundo externo no es un
impedimento para el hombre, ni el hombre es un impedimento para el mundo
externo. Es el deseo de placer con el que se ata el hombre al mundo externo el
que forma el impedimento. El deseo es un impedimento muy fuerte que encadena al
hombre con el mundo externo y de ahí surge el ciclo siempre recurrente de
nacimientos y muertes. Este fuerte impedimento tiene seis cabos emergiendo de
las facultades de los seis sentidos, es decir, el ojo, el oído, la nariz, la
lengua, el cuerpo, y la facultad mental. La facultad mencionada en último
término, en pali, se llama mano y se
refiere al sentido que unifica todas las otras facultades.
La palabra pali para la facultad sensitiva es indriya, una palabra muy interesante que
revela mucho acerca de la situación humana. Indra
significa señor o rey, y las facultades sensitivas son llamadas indriyas porque nos dominan en exceso. Actúan
como nuestros señores o amos y nosotros les obedecemos como esclavos. El ojo
desea mirar formas placenteras, el oído desea escuchar sonidos placenteros, la
nariz oler aromas placenteros, la lengua disfrutar sabores placenteros y el
cuerpo sentir objetos táctiles placenteros. La facultad mental que unifica a
todas las otras facultades sensitivas, resulta terriblemente afectada cuando es
arrastrada en diferentes direcciones por los distintos estímulos sensoriales,
mientras tiene que lidiar también con su propia parte de agitaciones en forma
de expectativas, recuerdos, imaginaciones. El Chappàäaka Sutta del Saçyutta Nikàya ilustra bellamente la lucha de
los seis sentidos con un símil elocuente. De acuerdo con este símil, seis
animales que tienen diferentes hábitos y diversos campos de acción son atados
juntos en un nudo por una fuerte soga. Los seis animales son un cocodrilo que
trata de correr al agua, un pájaro que trata de volar en el aire, un perro que
trata de correr a una aldea, un zorro que trata de huir a un cementerio, un
mono que trata de irse a la selva y una serpiente que trata de deslizarse hasta
un nido de hormigas. Estos seis animales están luchando constantemente para
alcanzar sus hábitats respectivos. De igual forma, los seis sentidos
constantemente están buscando gratificación en sus propias esferas, y el hombre
que no tiene control alguno sobre sus facultades sensoriales se siente
terriblemente confundido.
A través de nuestros sentidos estamos encadenados a
los estímulos sensoriales. Estamos encadenados a estímulos sensoriales
placenteros en forma de avidez. Nos encanta ver objetos placenteros y gastamos
una gran cantidad de tiempo, energía y dinero en nuestro esfuerzo por
procurarnos tantos objetos placenteros como sea posible. Nos encanta escuchar
palabras placenteras; si alguien habla bien de nosotros lo recordaremos frecuentemente
con placer y nos apegaremos a ese placer. Nos encanta comer alimentos sabrosos.
Esta es una gran debilidad en la mayoría de nosotros. Aún cuando la comida
sabrosa es dañina para nuestra salud, el deseo de complacer la lengua es tan
grande que somos indulgentes con la comida aún a costa de arriesgar nuestras
preciosas vidas. Esta es la manera en que algunas veces vamos hasta el extremo
de decapitarnos con nuestras propias lenguas. El deseo del hombre de satisfacer
su deseo sexual también es tan intenso que corre el mayor riesgo de sufrir gran
dolor y debilidad por las enfermedades sociales. El SIDA (Síndrome de Inmuno
Deficiencia Adquirida), es la temible enfermedad actual que está cobrando un
gran número de vidas humanas en Occidente, es la última penalidad severa que el
hombre está pagando por su irreprimible voracidad por la sensualidad. El empeño
del hombre moderno puede ilustrarse con el símil tradicional de la hormiga que
cayó en el frasco de miel, hundiéndose y ahogándose en los placeres que estaba
tratando de disfrutar.
Así como hemos llegado a estar encadenados por la
avidez, así también podemos quedar atrapados por la aversión y el odio. Nuestra
aversión surge por un estímulo sensorial desagradable. En tanto más fuerte sea
la aversión, con mayor tenacidad quedamos encadenados al objeto desagradable. Tomemos
un ejemplo, supongamos que hemos visto un objeto desagradable justo antes o
durante una de nuestras comidas. Nuestra aversión puede crecer de manera tan
poderosa que rechazaremos hasta la comida más deliciosa. Si vemos un gusano en
un platillo específico, nuestra aversión puede llevarnos a no volver a comer
ese platillo, ya que cada vez que lo veamos recordaremos la desagradable
experiencia. Tomemos otro ejemplo de la experiencia de nuestro auditorio. Si
alguien abusa de nosotros frente a un grupo, estaremos verdaderamente enojados
contra el abusador. Este incidente llegará a nuestras mentes nuevamente y cada
vez que surja experimentaremos enojo. Cuando recordamos el abuso una y otra vez
e inyectamos emociones negativas de enojo y odio en este recuerdo, sabremos así
que se ha formado un grillete.
Por medio de estas obsesiones de avidez y odio
generados a través de la instrumentación de los sentidos, la libertad de acción
del hombre está limitada y demarcada. Llegando a ser como un animal atado a un
poste por medio de una cuerda, con un reducido campo de actividad limitado por
la extensión de la cuerda. Aquí el egoísmo es como el poste, ya que todos estamos
atados a la idea del ‘self’ o ‘yo’. La cuerda sería el deseo o la aversión,
mientras más fuerte sea la idea del ‘yo’ más egoístas nos volvemos, y mientras
más egoístas nos volvemos, con mayor fuerza crecen nuestros deseos,
preferencias y aversiones. Y así se forma un círculo vicioso. Elaboremos el
símil con mayor detalle: cuando la cuerda del deseo es fuerte, la cuerda se
vuelve corta, restringiendo la libertad del hombre para actuar
proporcionalmente. El hombre con un sentido muy fuerte del ego es como el
animal que está asfixiado por lo apretado y corto de la cuerda. La naturaleza
de esta cuerda-deseo es tal que cuando las emociones negativas de agrado o
desagrado son débiles, la cuerda en si misma no sólo se debilita sino también
aumenta su extensión, dando al animal humano una mayor libertad de acción. Cuando
las emociones negativas se debilitan, emergen las emociones positivas como el
amor y la compasión, expandiendo así su ámbito de libertad. El mensaje completo
del Dhamma puede resumirse como un método para rescatar a los seres humanos del
entramado del egocentrismo, las emociones negativas y la ignorancia,
otorgándoles una libertad completa e ilimitada. En el lenguaje de nuestra
analogía, es como cortar la cuerda y desraizar el poste al que está atado el
animal.
Los suttas también hablan de otra tendencia humana
relacionada con los placeres de los sentidos: vivir en los placeres sensoriales
pasados, llegando hasta evitar el disfrute de los placeres presentes. Los
objetos sensoriales pasados ya terminaron y cambiaron, pero llegamos a estar
tan apegados a nuestro recuerdo de ellos y así experimentamos angustia. Son
otra trampa en la que caemos porque nuestro disfrute de los objetos sensoriales
es la generación de tres tipos de capricho. Cuando pensamos que tenemos una
parte mayor de placeres sensuales que la que tienen los demás, desarrollamos un
complejo de superioridad (seyyamàna);
al considerarnos iguales a los otros, desarrollamos el complejo de igualdad (sadisamàna); y al pensar que somos menos
afortunados que los otros en el disfrute de placeres sensoriales, desarrollamos
el complejo de inferioridad (hìnamàna).
Así tenemos que al utilizar la vara medidora de los placeres sensoriales para
cuantificar el status, nos volvemos más y más egocéntricos y sufrimos las
consecuencias de todos los complejos posibles, por lo que, a los placeres
sensoriales el Buddha les llama la ‘red de Màra’, el Malvado.
Un sutta en el Saøàyatana Saçyutta explica la
situación desde un ángulo diferente. Cuando las facultades sensoriales están
sin control, la mente se corrompe, revolcándose en el disfrute de los placeres
sensoriales. Tal mente corrupta no encuentra pamojja, deleite en nobles y más altos logros que elevan la mente.
Cuando no existe pàmojja,
o deleite espiritual, también está ausente el gozo piadoso (pìti). Cuando no hay gozo piadoso no hay
relajamiento físico y mental (passaddhi).
Aquél que no esté relajado, vive en tensión, frustración y miseria. Esto es lo
que se llama en pali sufrimiento (dukkha).
Por lo tanto, el sufrimiento se remonta a la falta de control sobre las
facultades sensoriales.
Viendo el problema desde otra perspectiva, el
Saøàyatana Samyutta remonta al origen del mundo en la experiencia sensorial. Dependiendo
de las facultades sensoriales y los objetos sensoriales emerge la conciencia
sensorial. La convergencia de estos tres factores - facultades sensoriales,
objetos sensoriales y conciencia sensorial - se llama contacto (phassa). El contacto genera sensaciones
(phassapaccayà vedanà). En otras palabras, si el objeto es deleitable
experimentamos placer al hacer contacto con él. Conforme tendemos a desear más
y más las sensaciones placenteras, las sensaciones dan origen al deseo
vehemente (vedanapaccayà taähà). Cuando tratamos de poseer los
objetos que anhelamos, el anhelo genera adhesión (taähàpaccayà upàdànaç). La
adhesión nutre el crecimiento de factores personales (upàdànapaccayà bhàvo),
que en su oportunidad causan el nacimiento (jàti).
El nacimiento trae en su surgir todas las enfermedades de la edad avanzada, la
muerte, el dolor, la lamentación, etc. A esto se le llama el surgimiento del
mundo. Así construimos nuestros propios mundos privados a través de la
instrumentación de nuestras facultades sensoriales.
Todo este material es para demostrar que, a través
de la dominación de nuestros sentidos, estamos atrapados en el saçsàra. Si permitimos que reinen
libremente, les permitimos que nos controlen. El apego y el sufrimiento son
proporcionales a la extensión en que permitamos que nos dominen nuestras
facultades sensoriales. Si deseamos libertad y felicidad para nosotros mismos
tenemos que subyugar los sentidos y hacerlos nuestros servidores.
COMPRENSIÓN Y MANEJO DEL ESTRÉS
‘Estrés’ es un término que adoptaron la psicología y
la medicina, de la ciencia de la ingeniería. Definido sencillamente, en
ingeniería el estrés significa fuerza sobre un área. Y así, en la época
moderna, trabajan muchas fuerzas sobre nosotros y encontramos que es
extremadamente difícil enfrentarlas bajo tanta presión, al estrés se le llama
“la enfermedad de la civilización”. Phillip Zimbardo en su “Psicología y Vida”
rastrea cuatro niveles interrelacionados en los que reaccionamos a las
presiones que se ejercen sobre nosotros desde nuestro medio ambiente. Los
cuatro son: el nivel emocional, el nivel conductual, el nivel fisiológico y el
nivel cognitivo. Las respuestas emocionales al estrés son: tristeza, depresión,
enojo, irritación y frustración. Las respuestas conductuales son: concentración
deficiente, olvidos, malas relaciones interpersonales y disminución en la
productividad. Las respuestas fisiológicas incluyen: tensiones corporales que
pueden llevar a dolores de cabeza, espalda, úlceras estomacales, presión
sanguínea alta y hasta enfermedades mortales. En el nivel cognitivo uno puede
perder su autoestima y autoconfianza, lo cual lleva a sentimientos de
desesperanza y desamparo. En el peor de los casos una persona puede llegar
hasta el suicidio.
A fin de entender el estrés, consideremos los
diferentes factores ambientales que ejercen presión sobre el hombre moderno. En
esta edad atómica, la mera supervivencia de las especies está amenazada. La
guerra nuclear amenaza a cada ser humano que habita en la tierra, sin importar
si vive en un país con armas nucleares o no. La explosión demográfica amenaza
al hombre con serias carencias de alimento; actualmente un gran segmento de la
población humana aún está mal alimentada, mientras que otros mueren de hambre y
desnutrición. La polución ambiental provoca severos daños a la salud, así como
retardos físicos y mentales. El desempleo entre las personas capacitadas es un
problema global creciente. El paso de la vida ha llegado a ser tan turbulento
que el hombre sólo vive corriendo de una tarea a otra sin ningún descanso. Esto
es realmente paradójico en una época en la que los artículos que evitan tareas
están completamente disponibles y en uso en un grado sin precedentes. La
competencia por las oportunidades educativas y ocupacionales es tan grave que
ha contribuido, en una buena parte, con el índice de suicidios. El disfrute de
los placeres sensoriales ha crecido de forma tan obsesiva que ha llegado a ser
como beber agua salada para apagar la sed. El estímulo constante de los
sentidos es considerado hoy en día como una necesidad, por lo que los radios de
bolsillo con audífonos, la goma de mascar y los cosméticos se venden en todas
partes. La estimulación sensorial es irrestricta, pero estamos lejos de lograr
la saciedad. Sin duda, es por eso que el hombre, atrapado en todo esto, está
terriblemente confundido y frustrado, y que su vida es intolerablemente
estresante. Ésta es la situación que el buddhismo describe como “nudos adentro
y nudos afuera, las personas están inmersas en nudos.”
Mientras que las observaciones anteriores se hacen
desde el punto de vista de los estudios modernos y las condiciones
contemporáneas, el buddhismo hace observaciones similares desde una perspectiva
psicológica. El hombre experimenta el estrés y el sufrimiento debido a cinco
estados psicológicos que envuelven a la personalidad entera. Se les llama nivàraäa en el idioma pali, que
significa impedimento. Obstaculizan la felicidad y enturbian la visión del
hombre sobre sí mismo, su medio ambiente y la interacción entre ambos. Entre
más grueso y opaco sea el impedimento, el hombre experimenta mayor estrés y
sufrimiento. Cuanto más delgado y ralo sea el impedimento, tanto menor será su
sufrimiento, con el aumento correspondiente en felicidad. Estos cinco
impedimentos son el deseo de placeres sensuales, el enojo, la indolencia, la
preocupación y la duda. El Canon Pali ilustra el efecto de estos impedimentos
con la ayuda de cinco analogías elocuentes. La mente reforzada por el deseo de
placeres sensuales se compara con el agua coloreada que evita que aparezca el
reflejo fiel de cualquier cosa que aparezca sobre el agua. Así, un hombre
obsesionado con el deseo de placeres sensuales es incapaz de tener una
perspectiva verdadera ni de sí mismo ni de otras personas o de su medio
ambiente. La mente oprimida por el enojo se compara con el agua hirviendo que
no puede dar un reflejo preciso. Un hombre dominado por el enojo es incapaz de
discernir un asunto adecuadamente. Cuando la mente está en el puño de la
indolencia es como el musgo que cubre el agua: la luz no puede llegar hasta el
agua y resulta imposible que ésta refleje algo. El hombre flojo ni siquiera
hace un esfuerzo para corregir su entendimiento. Cuando la mente está
preocupada es como la turbulencia del agua provocada por el viento, la cual
tampoco puede dar un reflejo fiel. El hombre preocupado, permanentemente
inquieto, no es capaz de hacer una evaluación acertada de un asunto. Cuando la
mente duda se compara con el agua lodosa puesta en la obscuridad, la cual no
puede reflejar bien una imagen. Así es que los cinco impedimentos privan a la
mente del entendimiento y la felicidad y provocan mucho estrés y sufrimiento.
El buddhismo propone un plan metódico de acción para
la eliminación gradual del estrés y el aumento de la felicidad y el
entendimiento. En este plan, el primer paso que se recomienda es la observancia
de los Cinco Preceptos que incluyen abstenerse de matar, robar, tener
relaciones sexuales ilícitas, mentir y consumir intoxicantes. El estrés se
fortalece con la culpa y estos preceptos ayudan al hombre a liberar su
conciencia del sentimiento de culpa. El Dhammapada
dice que el que hace mal sufre aquí y después; por otra parte, el hombre que
hace buenas acciones se regocija aquí y después.
El buddhismo cree firmemente que el mal aumenta el
estrés mientras que el bien aumenta la felicidad. Además de la observancia de
los Cinco Preceptos, a lo largo de toda la vida, el buddhismo aboga por la
observancia periódica de los Ocho Preceptos por parte de los laicos. Estos
preceptos adicionales están dirigidos a entrenar al hombre para que lleve una
vida sencilla respondiendo a las propias necesidades, mas no a la propia
voracidad. En el buddhismo, es altamente reconocido un modo de vida frugal en
donde los requerimientos son pocos y fácilmente satisfechos. La mentalidad
avara y adquisitiva es responsable de todo el estrés que experimentamos.
El siguiente paso en el proceso de entrenamiento es
el control de las facultades sensoriales. Cuando nuestras facultades
sensoriales están sin control experimentamos tensión severa. Primero tenemos
que entender lo que significa que estas facultades sensoriales estén sin
control. Cuando una persona ve una forma hermosa, se siente atraída por ella;
cuando esa persona ve un objeto desagradable, se siente repelido por éste. Ocurre
de igual forma con los otros sentidos. Consecuentemente, la persona que no
tiene control sobre sus sentidos está siendo atraída y repelida constantemente
por la información de sus sentidos, de la misma forma que a un recién nacido la
información de los sentidos continúa repercutiendo constantemente sobre sus
facultades sensoriales. Cuando uno continúa dejándose jalar en diferentes
direcciones por los estímulos sensoriales, llegamos a estar confundidos y
afligidos.
Nuestras facultades sensoriales tienen diferentes
esferas de actividad y diferentes objetos, y dado que cada facultad sensorial
es un señor en su propia esfera, y ya que pueden dominar al hombre de manera
severa y colectiva, se les llama en pali indriyas,
que significa ‘señores’ o ‘amos’. Si permitimos que estas facultades
sensoriales nos dominen, estaremos terriblemente confundidos. Si nos afirmamos
a nosotros mismos y controlamos nuestras facultades sensoriales, podemos
disfrutar de un placer sin impureza (avyàsekasukha),
llamado así porque este placer no está manchado por la contaminación. También
se le llama adhicittasukha, que
significa placer espiritual. Mientras que los placeres sensoriales aumentan el
estrés, este tipo de placer espiritual disminuye el exceso de tensión y aumenta
la paz mental y el contentamiento.
El tercer paso en el manejo del estrés es el cultivo
de los hábitos mentales saludables, a través de la meditación (bhàvanà). Así como cuidamos y nutrimos
nuestro cuerpo con alimentos y limpieza adecuada, la mente también necesita
nutrición y limpieza adecuadas. La mente es muy volátil en su estado sin
entrenamiento, pero cuando es amansada y se vuelve más estable, trae gran
felicidad. El buddhismo prescribe dos métodos fundamentales de meditación para
el entrenamiento mental llamados calma (samatha)
y visión penetrante (vipassanà). El
primero es el método para calmar la mente volátil, mientras que el último es el
método para entender la verdadera naturaleza de los fenómenos corporales y
mentales. Ambos métodos son extremamente útiles para superar el estrés. Con la
ayuda de cinco analogías adecuadas, el Sàmaññaphala Sutta explica la forma en
que la meditación disminuye el estrés psicológico causado por los cinco
impedimentos. Como ilustran los símiles, el hombre que practica la meditación
gana un gran sentido de alivio y este sentido es el de descargarse a uno mismo:
Un hombre que ha hecho capital con un negocio al pedir un préstamo, prospera en
el negocio, paga la deuda y administra sus asuntos cotidianos con facilidad
financiera. Dicho hombre experimenta un gran sentido de alivio. El segundo
símil retrata a un hombre que ha sufrido mucho por una enfermedad crónica
prolongada. Finalmente se alivia, la comida se le hace paladeable y recupera su
fuerza física. Es grande el alivio que experimenta dicho hombre. El tercer
símil habla del alivio que disfruta un prisionero después de ser liberado de un
largo encarcelamiento. El cuarto es el esclavo que logra su libertad de la
esclavitud. El quinto símil habla de un hombre acomodado que se pierde en un
desierto atemorizante, sin alimento alguno. Al llegar a un lugar seguro el
hombre experimenta gran alivio. Cuando se elimina de la mente el estrés causado
por los cinco impedimentos, surge un gran gozo y una gran delicia, similares al
alivio que disfrutan los hombres descritos en estos símiles. La forma más
efectiva y mejor de superar el estrés es la práctica de la meditación o el
cultivo de la mente. Pero como un preludio a ello deberán observarse, por lo
menos, los Cinco Preceptos.
El cultivo de las emociones positivas como la
benevolencia (mettà), la compasión (karunà), el regocijo por el bien de
otros (mudità) y la ecuanimidad (upekkhà) es otro medio de combatir el
estrés. Las relaciones interpersonales tirantes es una de las causas frecuentes
de estrés en la vida familiar y en el ámbito de trabajo. La ‘benevolencia’ es
la actitud saludable positiva que uno puede cultivar para el beneficio propio y
de los demás, en todas las relaciones interpersonales. ‘Compasión’ es la emoción
con la que uno debe interesarse y ayudar a quienes sufren. ‘Regocijo por el
bien de otros’ es la habilidad de gozar en la alegría del otro. Es difícil para
un hombre de mal carácter abrigar esta actitud ya que el gozo del otro trae
celos a la mente de dichas persona. Cuando hay celos no hay unidad, y en donde
no hay unidad no hay progreso. El cultivo de estas emociones positivas sirve
tanto para el progreso material como espiritual. La ‘ecuanimidad’ es la actitud
que deberá adoptarse frente a las vicisitudes de la vida. Hay ocho formas
naturales que tiene el mundo y que tenemos que enfrentar durante nuestra vida. Son
la ganancia y la pérdida, la fama y la falta de ella, el reconocimiento y la
culpa, la felicidad y el dolor. Si uno se entrena para mantener un temperamento
ecuánime sin exaltarse o abatirse al enfrentar estas vicisitudes, uno puede
evitar mucho estrés y llevar una vida sencilla con paz y contentamiento. No
podemos cambiar el mundo de forma que nos de felicidad. Pero podemos cambiar
nuestra actitud hacia el mundo de tal forma que permanezcamos sin afectarnos
por el estrés que ejercen los hechos que nos rodean. El buddhismo enseña la
forma de lograr este cambio saludable de actitud.
LA ACTITUD BUDDHISTA HACIA LOS BENEFICIOS Y
EL HONOR
El mundo de hoy ha desarrollado varios medios para
conferir honor a los individuos que la sociedad reconoce como merecedores de
ser honrados. El Premio Nóbel está considerado como uno de los más
prestigiosos, y hay varios otros premios y títulos honoríficos que son
otorgados anualmente o de vez en cuando a personas distinguidas. En el mundo
profesional, la publicación de volúmenes de felicitación y conmemoración son en
sí mismos el otorgamiento de grados honorarios y son los métodos usuales para
honrar a las celebridades académicas. En la sociedad en general hemos gustado
de diversos artificios de manifestación pública para honrar y demostrar
aprecio. Con frecuencia recurrimos a métodos públicos que fomentan el ego. En
vista de que la expresión pública de honor y estima ha llegado a ser un
fenómeno importante en nuestra vida social, al dársele mucha publicidad en
todos los medios - prensa, radio y televisión - es oportuno hacer una pausa
para entender la actitud buddhista hacia la manifestación y aceptación de dicho
honor público. El Canon Pali utiliza términos como làbha, sakkàra, siloka, pùjà y vandanà para
significar las diversas expresiones de honor, estima y reverencia.
De acuerdo con el buddhismo, la presencia de las
cualidades éticas y espirituales es el criterio inicial para la elegibilidad de
honor. El Buddha, el Paccekabuddha, el Arahat y el rango de monarca universal
se cuentan entre los más altos personajes que merecen honor y respeto. El honor
concedido a quienes merecen honor está incluido como una gran bendición en el
Mahàmaægala Sutta (pùjà ca pùjaneyànaç,
etaç maægalaç uttamam). El Dhammapada (vv. 105-6) declara que el honor
concedido a un perfecto santo es mucho mejor que pasar un siglo de sacrificio. El
mismo texto reitera que el mérito de uno que reverencia a quienes merecen honor
no puede ser medido (v. 195). En la esfera doméstica los padres son honrados y
estimados grandemente. Como ellos han hecho tanto por los niños, trabajando con
asiduidad durante toda una vida, merecen ser apreciados, honrados y cuidados
por los hijos. Debe haber honor y respeto mutuo entre el esposo y la esposa. Esta
cualidad ayuda a tejer una relación cohesiva para construir un hogar feliz para
la crianza de su progenie. Por ejemplo, en el Caæki Sutta (M.ll,167) se
sostiene que es una saludable y vieja costumbre honrar y dar bienvenida a los
huéspedes. Como se ilustra bien en la parábola del Tittira Jàtaka (J.I,218) la
demostración de respeto a los ancianos también es altamente ensalzado. Así
tenemos que las nobles cualidades espirituales, la paternidad y la ancianidad
son reconocidas como los principales criterios que merecen la manifestación de
honor y respeto.
Ahora volvamos nuestra atención a la actitud hacia
los beneficios y honor por aquellos que los reciben. En vista de que los
discípulos inmediatos del Buddha eran monjes, mismos que por razón de su
condición religiosa recibían regularmente honor y beneficios de parte de los
laicos, se espera que sus aseveraciones sobre esta materia estén dirigidas
principalmente a los monjes y sus intereses. Es más, como los monjes se han
comprometido totalmente a sí mismos en buscar la liberación, el consejo que el
Buddha les dirige de forma natural toma en cuenta su especial vocación. Sin
embargo, mientras que reconocemos las diferencias en su posición, los laicos
pueden tomar el consejo que el Buddha da a los monjes, como guía para sus
propias actitudes hacia los beneficios y el honor.
Los textos pali muestran que es posible adoptar una
de las tres siguientes actitudes: a) uno puede apreciar voluntariamente y
disfrutar el honor que uno recibe, hasta buscarlo activamente; b) uno puede
alejarse y rechazar el honor conferido; c) uno puede ser indiferente y
conservar una actitud de ecuanimidad hacia dichos honores. Ahora discutiremos
cada una de estas actitudes.
a) Con la ayuda de un símil, el Mahàsàropama Sutta
(M.I, 192) aclara la actitud apreciativa hacia los beneficios y el honor. Si un
monje que ha entrado a la Orden disfruta los beneficios y el honor que recibe y
se siente satisfecho con ello, es como un hombre que, estando en búsqueda de un
tronco, se siente satisfecho con las ramas de un gran árbol. Lo que él buscaba
era un tronco pero quedo satisfecho con puras ramitas y follaje . Devadatta
(J.I, 186) es el ejemplo clásico de alguien que cayó en la ruina total por
disfrutar los beneficios y el honor. Él había desarrollado poderes psíquicos, y
utilizó estos poderes para convencer a los laicos de su desarrollo espiritual. Ajàtasattu
era el laico más influyente que estaba convencido de tal cosa. La manifestación
abierta de los poderes sobrehumanos hizo emerger muchos beneficios y honor para
Devadatta, tanto que en su total estupidez deseó matar al Buddha y usurpar la
buddheidad, así que tentó a Ajàtasatu para que matara a su padre y usurpara el
reinado. El Buddha dijo que la ruina total y la caída de Devadatta se debió a
que él fue dotado con tantos beneficios y honor, es exactamente como el árbol
de plátano que golpea sus frutos para su propia ruina (S.ll,241). El Dhammapada
sostiene que los beneficios y el honor son una cosa y el camino para la
realización del Nibbàna es otra. Un monje que sabe esto claramente no debe
deleitarse en los beneficios y honores (Dh. 75) que se le brinden. De acuerdo
con el Milindapañha (p.377), así como un barco tiene que soportar varias
fuerzas como son las fuertes corrientes, los rayos y los torbellinos, así un
monje tiene que soportar las fuerzas de la ganancia, el honor, la fama y el
homenaje. Si un monje disfruta de todo eso y su ego se engrandece, tropieza y
se hunde como un barco que naufraga. El Milindapañha (p. 377) toma otro símil
de la experiencia naval. El ancla de un barco puede detenerlo rápidamente sin
dejar que vaya a la deriva aún en aguas muy profundas, así un monje debe
permanecer anclado a su propósito con gran fuerza de carácter sin dejar que los
beneficios y honores que llegan con el despertar de la virtud lo hagan ir a la
deriva. No hay duda de que el laico tiene el deber de honrar y respetar a un
monje virtuoso, y también de proporcionarle lo que requiera. Pero es
responsabilidad del monje mantener una actitud sana y equilibrada, sin llegar
al engreimiento. El buddhismo sostiene que a un hombre con un desarrollo
espiritual medio le resulta difícil resistir el disfrute de los beneficios y honores
(sakkàro kàpurisena dujjaho, Th.
1053). Cuando un hombre tolera y gusta de la gloria de la fama y el honor, hay
un gran peligro de erosión espiritual. Uno desarrolla un gran ego y es entonces
cuando la jactancia se introduce en el carácter de maneras por demás
subrepticias. Tal persona también desarrolla actitudes de desdeño hacia quienes
no tienen tantos honores. El Làbhasakkàra Saçyutta compara a esta persona, de
manera sarcástica, con el escarabajo con estiércol que siente desprecio por
otros escarabajos por tener menos estiércol que él. El Anaægaäa Sutta (M.I,
29-30) muestra el aborrecimiento y el disgusto hacia el monje que se somete a
la vida religiosa y a difíciles prácticas ascéticas sólo por la generosidad
pública y la popularidad. Tal monje se compara con alguien que coloca el
cadáver de una víbora o un perro en un flamante tazón de metal. El tazón de la
vida elevada (brahmacariyà) no está
destinado para almacenar intenciones inmorales como sería el cadáver de un
animal.
En términos enfáticos, se aconseja a los monjes a
cuidarse de deleitarse en las ganancias y el honor. El Làbhasakkàra Saçyutta
elabora, con gran detalle, una serie de símiles, para ilustrar este punto (S.
ll, 126-7). Una joven tortuga que desafió el consejo de un anciano es herida
con una astilla atada a un cordel, para ser atrapada inmediatamente por el
cazador. En el símil, el cazador no es otro que Màra mismo. La astilla son los
beneficios, el honor y la fama. El cordel atado a la astilla es el apego del
monje al beneficio y el honor. Una vez más, el beneficio y el honor se comparan
con un señuelo que los monjes voraces podrían tragar para arruinarse totalmente
en las manos de Màra el captor.
b) Ahora vayamos a la actitud del monje que rechaza
el beneficio y el honor. Mahàkassapa fue un eminente monje que evadió el
beneficio y el honor, y encontró el deleite en brindar ayuda a los pobres para
ganar mérito al llevarles limosna. Una vez el Buddha lo vio suplicando sus
limosnas en una localidad en donde vivían tejedores muy pobres, a pesar de que
los dioses trataran de procurarle una buena comida. En esta ocasión, el Buddha
expresó una inspirada declaración (Udàna, p.11) apreciando la simplicidad de
Mahàkassapa. En cierta ocasión un famoso padre de familia llamado Citta se impresionó
por la explicación que dio un monje llamado Isidatta en una gran asamblea,
sobre un punto espinoso de la doctrina. Citta invitó a Isidatta a residir en la
localidad y le prometió hospitalidad con todo lo que necesitara. Isidatta tomó
la primera oportunidad para abandonar la localidad calladamente sin informar a
Citta (S.IV, 286-8). Así era la conducta escrupulosa y reticente de quienes
comprendían la perniciosa naturaleza de los beneficios y el honor.
c) Generalmente, el Buddha y los Arahants no evaden
los beneficios y el honor. Los enfrentan con la misma ecuanimidad con que
enfrentan la pérdida y la culpa. El Mahà Govinda Sutta (D. ll, 223) recuerda
que los dioses se regocijan en el Buddha por su actitud hacia los beneficios y
el honor. El Buddha ha recibido los beneficios y fama que bien hubiera podido
desear un rey, pero sin ningún rastro de exaltación por cualquiera de las
experiencias, tomando de ellas únicamente lo necesario para satisfacer sus
necesidades básicas. Los dioses declaran que, con anterioridad, nunca hubo un
maestro de tal calibre. El loto, a pesar de haber nacido en el agua, permanece
inmaculado por encima de ella. De forma similar, el Buddha y los Arahants
emergen incontaminados por arriba de las condiciones mundanas de la familia, el
prestigio, las ganancias, la fama y la reverencia (Milindapañha, p.375). “Los
Únicos (asamasama) son respetados por los dioses y por los hombres. Pero no
gustan de los honores. Ésta es la norma de los Buddhas” (Milindapañha, p.95). Cùøasubhaddà,
una discípula laica (upàsikà),
observa que mientras el mundo es exaltado y deprimido por las ganancias y las
pérdidas, respectivamente, los verdaderos monjes mantienen una actitud ecuánime
ante ambos.
El Buddha declara que personalmente ha conocido,
visto y comprendido (sàmaç ñàtaç sàmaç
diååhaç sàmaç viditaç, Itivuttaka, p.74) que los seres que han sido
agobiados (pariyàdinnacitta) por los
beneficios y el honor, y también aquéllos que están obsesionados por la falta
de beneficios y honor, en el momento de desintegración del cuerpo, nacen en
estados de desgracia. El deseo de honor y reconocimiento es tan insinuante que
hasta los individuos normalmente probos pueden sucumbir a ello. El Buddha dice
que hay algunos seres que no se doblegarían tanto como para mentir deliberadamente
por el interés del oro y la plata, de una reina de belleza, de los padres, de
los niños o hasta de la vida, pero si lo harían sólo para ganar honor y
prestigio. Así de viciosas y perniciosas son las artimañas de los beneficios y
el honor (S.II, 234, 243). Exceptuando a los Arahants, aquellos del orden más
alto que han alcanzado el estado de emancipación mental imperturbable (akuppà cetovimutti) (S.II,239) o, se
dice que todos los de menor desarrollo espiritual son vulnerables a este
respecto. Por eso es que sin duda los beneficios y el honor son miembros
poderosos de la armada de Màra (Sn. 438-9). Lo cual deberá ser reconocido por
todos aquellos cuyo valor espiritual esté en progreso, de la misma forma en que
viene un desastre a modo de bendición.
El recto modo de vida (sammà àjìva) es el quinto factor en el Noble Óctuple Sendero. En
vista de que la forma de ganarse la vida es importante para cada ser humano
siendo un miembro del clero o un laico, es crucial la comprensión correcta del
recto modo de vida o subsistencia. Para un monje, la dedicación completa a una
vida más elevada constituye una recta subsistencia. Entonces, está autorizado
correctamente para recibir la generosidad pública. En este ensayo, nos
dedicaremos a un cuestionamiento sobre el concepto del recto modo de vida para
el hombre laico.
El recto modo de vida implica que uno tiene que
evitar los medios erróneos de ganarse la vida, conocidos como micchà àjìva en pali. Esto incluye el
comercio que es directa o indirectamente injurioso a terceros, sean animales o
humanos, como sería el comercio con carnes, licor, veneno, armas y esclavos. Ya
que éstos son contrarios a los Cinco Preceptos básicos a los cuales se espera
que todos los buddhistas laicos deberían sujetarse. En el mundo actual estos
tipos de comercio, exceptuando quizá el comercio de esclavos, son industrias
florecientes, y mucho de los ingresos gubernamentales provienen de estas
industrias. Esto muestra hasta qué extensión prevalece la incorrecta
subsistencia en el mundo actual.
Aún un medio de vida correcto puede hacerse
censurable si se le practica con deshonestidad y voracidad desordenada. Si un
médico en su práctica privada hace su fortuna explotando a sus pacientes, será
culpable de sostener una incorrecta subsistencia aún cuando la medicina en sí
misma es una profesión noble. Un comerciante de verduras que hace trampa con
los pesos y medidas, es igualmente culpable de una incorrecta subsistencia. El
servicio escrupulosamente honesto prestado sin explotar al público es
considerado un rasgo esencial de la correcta subsistencia.
El buddhismo sostiene que tanto la cualidad de tener
pocos deseos (appicchata) y la
capacidad de satisfacerse con poco (santuååhì)
son grandes virtudes. Uno tiene que practicar estas virtudes no sólo en lo que
se refiere al consumismo sino en lo relacionado con la producción también; en
el mundo moderno, sin embargo, estas virtudes se han perdido de vista
totalmente en las dos esferas mencionadas. Por ello, el objetivo tanto de los
gobiernos como del sector privado es el mantenerse en un desarrollo continuo. Dicho
desarrollo, sin embargo, no tiene límite. Cada vez que se ha alcanzado un
objetivo, el límite del posible crecimiento se aleja más, al igual que un
espejismo. Se produce más y más, mientras que se consume cada vez más. No hay
saciedad respecto al desarrollo, ni respecto al consumismo. Es una carrera
ilimitada en un mundo limitado con recursos limitados. Por lo tanto, la
humanidad tiene que aprender que el concepto de desarrollo, como se entiende
hoy en día, no puede continuar por siempre, ya que es lógica y prácticamente
imposible.
La naturaleza parece poner sus propios límites a
este proceso de crecimiento en escalada. Parece que hay límites biológicos,
psicológicos, sociales y ecológicos para el crecimiento. La constitución física
del hombre parece rebelarse contra el crecimiento ilimitado. Hay una serie de
enfermedades a las que el hombre puede sucumbir fácilmente debido al consumismo
excesivo y a la sobreindulgencia. También hay enfermedades relacionadas con las
presiones a las que el hombre actual está sometido, mismas que afectan tanto al
cuerpo humano como a la mente. Hoy en día el desarrollo cobra tributo de
sufrimiento al hombre, de forma tan descomunal que ha llegando a significar la
destrucción psicológica ocasionada por las presiones laborales, la competencia
y la necesidad de mantenerse en el estándar. Las relaciones interpersonales han
llegado a ser superficiales, frágiles y agrias, y parece ser una señal de que
la sociedad no puede soportar el peso de su desarrollo material. En el mundo
externo también hay señales inequívocas que presagian la catástrofe inminente a
menos que el hombre cambie su curso de acción. Hay polución en el aire, en el
agua y en la tierra, por todas partes, y esto resulta tremendamente dañino no
sólo para la vida humana sino también para todas las formas de vida en este
planeta. La naturaleza tiene formas de expresar su desaprobación respecto a los
métodos y a los índices de producción y consumismo que el hombre ha elegido
actualmente.
El buddhismo reconoce a la agricultura como un medio
noble para ganarse la vida, pero ¿qué ha pasado en esta esfera? Precipitados
por las presiones de población y alentados por las perspectivas siempre
crecientes del conocimiento científico, los métodos tradicionales de cultivo de
la tierra han abierto el camino a la agricultura industrial mecanizada. Una
vasta cantidad de acres son arados por medio de máquinas, aplicándoles libremente
grandes cantidades de fertilizantes químicos; utilizando herbicidas,
insecticidas y pesticidas de forma indiscriminada, obteniendo grandes cosechas.
Cada vez hay una mayor investigación en la ingeniería agrícola para producir
mejores semillas que prometan mayores ganancias. A pesar de que se ha
incrementado la producción, los precios se mantienen en un nivel alto. En
algunos países, cuando el nivel del precio amenaza bajar debido a una
sobreproducción, los productos son destruidos metódicamente o bien los arrojan
al mar a pesar de que grandes masas de personas en el mundo están padeciendo
desnutrición por la falta de alimentos y de que algunos están muriendo de
hambre. Es definitivamente claro que toda la política agrícola industrializada
es llevada por una voracidad desordenada y está muy lejos de ser un correcto
medio de vida.
Desde el punto de vista buddhista, todo este sistema
está equivocado. Por un lado ha producido un daño en los valores morales y
humanos. Ha despojado al hombre de su simpatía por los demás seres sintientes,
como resulta evidente por el uso de insecticidas a gran escala. Los beneficios
económicos parecen ser el único criterio por el que el hombre actual es
alentado a la acción. Cegados por las ganancias económicas a corto plazo, el hombre
parece cerrar los ojos hacia las repercusiones a largo plazo provocadas por sus
políticas agresivas contra este planeta. En el amanecer de la industrialización
codiciosa y agresiva, la tasa de criminalidad se elevó a un grado sin
precedentes, y esto es un índice claro de la degeneración moral del hombre. Por
otra parte, el equilibrio ecológico natural de la tierra ha sido afectado en un
grado alarmante. La polución química de la tierra y del agua han afectado a las
bacterias, los insectos y los peces. Mientras que algunas de estas formas de
vida útiles para el hombre han perecido o están muriendo, otras, especialmente
los insectos peligrosos para el hombre se han vuelto resistentes a los
insecticidas. Conforme se producen más y más químicos efectivos, estas
criaturas se vuelven más inmunes a ellos y el círculo vicioso continua sin
ninguna solución práctica a la vista. Conforme se continúen aplicando
fertilizantes químicos a lo largo de varios años, la fertilidad natural y el
balance orgánico del suelo también disminuirán, formándose igualmente un
círculo vicioso en este renglón.
Toda esta evidencia muestra claramente que el hombre
no puede dominar y subyugar a la naturaleza. En la larga carrera, la naturaleza
emerge triunfante y el hombre se vuelve el perdedor. En cambio, el hombre debe
aprender a cooperar con la naturaleza. Aquí, recordamos una admonición
pronunciada por el Buddha, que dice que al amasar fortuna el hombre debe
explotar la naturaleza de la misma forma en que la abeja recolecta el polen. La
abeja no daña ni la belleza de la flor ni su fragancia, de igual forma el
hombre no debe dañar o robar a la naturaleza ni su riqueza ni su belleza ni su
capacidad de rejuvenecimiento y recuperación. Esta es la implicación real de la
correcta forma de vida cuando se relaciona con la utilización de los recursos
naturales.
Debemos reiterar que todo el concepto moderno de
desarrollo, que parece no tener ningún límite más próximo al mismo cielo, es
severamente antitético para los valores buddhistas. El buddhismo fija el límite
en el otro extremo: aboga por el hecho de que alimentemos nuestras necesidades
y no nuestra voracidad. El hombre necesita de la comodidad básica del alimento,
el vestido, un refugio y la medicina. Es responsabilidad de los gobernantes
abrir fuentes de empleo de tal forma que el hombre promedio pueda satisfacer
estas necesidades básicas con un buen grado de bienestar. En vista de que el
hombre es naturalmente propenso a la avidez, el buddhismo enfatiza el valor de
tener pocos deseos (appicchata). En
el buddhismo, el contentamiento (santuååhì)
también es muy estimado como una virtud. Se tiene cuidado de ver que estas
virtudes no degeneren en apatía y que provoquen un estancamiento social. El
buddhismo alienta al laico para que sea industrioso y para que se forje en
dirección de la ocupación correcta que él elija (uååhànasampadà). La riqueza lograda por una perseverancia pura, por
medio del sudor de su frente, es altamente elogiada como una fortuna ganada de
manera limpia. También se recomienda que el laico invierta la mitad de sus
ganancias para el mejoramiento de su industria. El hombre laico también es
exhortado a ahorrar (àrakkhasampadà)
el dinero que gana duramente, y a llevar una vida confortable, en consonancia
con su capacidad adquisitiva, evitando los extremos de miseria y de
extravagancia o sobreindulgencia, y así, de esta forma, la tensión entre tener
pocos deseos (appicchata) y el
contentamiento (santuååhì), por un
lado, y la laboriosidad (àrakkhasampadà)
por el otro, ayudan a mantener a la sociedad prácticamente en un nivel
confortable de desarrollo que pueda sostenerse por largo tiempo. Cuando estas
ideas económicas se refuercen con otros valores morales inculcados por el
buddhismo, podrá esperarse una sociedad estable que tenga relaciones
interpersonales armoniosas.