Venerable Walpola Rahula
Traducido al español por Alejandro Córdova C.
Revisado por Ronald Martínez Lahoz y Virginia
Etienne
Supongamos
que los vientos que soplan desde todas las direcciones zarandean a un yugo de
un sólo agujero que ha sido arrojado al gran océano y que en el fondo de éste habita
una tortuga tuerta la cual, cada cien años, sube a la superficie para echar una
mirada momentánea al cielo. ¿Será posible que esta tortuga tuerta acierte
alguna vez a mirar al cielo a través del agujero del yugo? Desde el punto
de vista matemático esto no es imposible. Pero es aún más difícil, de
acuerdo a un antiguo sutta (Majjhima-nikàya III (PTS), p. 169), nacer como
humano que lograr que acontezca ésta no imposible, pero colosal coincidencia.
Así
de seria es la actitud que se asume hacia la condición humana. En el Dhammapada
Buddha declara en un lenguaje diáfano que es difícil obtener la vida humana
(Dhammapada XIV 4. Kiccho manussa-patilàbho). Al ser la vida
humana uno de los logros más extraordinarios, así es el lugar especial que
ocupa el ser humano en todo el mundo. De acuerdo con el buddhismo la posición
del ser humano es la más elevada entre todos los seres, incluidos devas
y brahmas (Entre los seres celestiales los Brahmas ocupan una posición
más elevada que los devas).
Buddha
colocó al ser humano muy por encima de devas y brahmas quienes
pueden disfrutar, por el tiempo correspondiente, de una existencia más cómoda y
placentera que la de los seres humanos. Sin embargo, son enormes las
posibilidades de que el ser humano alcance los más altos ideales de valor real
y permanente. El Itivuttaka, un texto del Canon Pali, señala que cuando
un deva está por abandonar su existencia celestial, los otros devas
se reúnen a su alrededor y lo consuelan diciéndole: "Que desde aquí vayas,
oh amigo, a la morada de los seres humanos la cual es un cielo
(auténtico)". (Ituvuttaka
(PTS), p.77). Evidentemente, el Buddha consideró al mundo humano
como un lugar mejor que el cielo de los devas.
Se
dice que en cierta ocasión Sakka, el rey de los devas, dijo a su cochero
Màtali : "Yo también venero a buenos y virtuosos monjes (pabbajitas)
que viven por largo tiempo controlándose y dedicados a la vida de santidad. Oh
Màtali, yo (también) venero si hubiese algunos laicos (upàsakas) que
sean virtuosos proveedores de sus hogares, comprometidos con nobles actividades
y que sostengan con rectitud a sus familias" (Saçyutta-nikàya (PTS),
p.234).
En
varios suttas de la literatura buddhista temprana se observa que devas y
brahmas aparecen frecuentemente como ayudantes o discípulos de Buddha,
quien era un hombre (Ver, por ejemplo, el Sakka-Pañha y Janavasabha suttas del
Dìgha-nikàya; Mahàmaægala y Paràbhava suttas del Suttanipàta; Samyutta-nikàya,
p.1 ff.). Ellos se acercaron a él y a sus discípulos, en momentos de desesperación
y peligro, en busca de consejo, orientación e iluminación. Incluso en la
literatura buddhista tardía existen numerosas referencias en las que los devas
son tratados como seres con menos sabiduría y logros espirituales que el ser
humano (ejemplos como estos aparecen diseminados abundantemente en los
comentarios pali y en libros populares como el Rasavàhinì.). Estos ejemplos
muestran que, desde el punto de vista buddhista, un hombre virtuoso y sabio
tiene un lugar mucho más elevado que cualquier deva y es respetado y
reverenciado por todos devas y brahmas.
Buddha
fue entre los fundadores de religiones (si es que se le puede llamar fundador
de religión), como señalamos anteriormente, el único maestro que declara no ser
otra cosa que un simple y puro ser humano. Otros maestros se consideraron
dios o diversas formas de sus encarnaciones o sus mensajeros divinos. Un hombre
y sólo un ser humano puede ser Buddha. Se le puede considerar un ser humano por
excelencia (par excellence). Fue tan perfecto en su humanidad que más tarde
llegó a considerársele como ‘suprahumano’. Todo ser humano tiene en sí mismo la
potencialidad de ser un Buddha, si así lo desea y hace el esfuerzo.
Aunque
el buddhismo no acepta la existencia de un ser que controle el destino del ser
humano, puede preguntarse si éste no es gobernado por su propio karma.
Ciertamente no, pues el ser humano es el único autor de su propio karma. Si
nuestra vida depende de la decisión de otro ser, entonces, verdaderamente, no
vale la pena vivirla. Esta noción de dependencia degrada la humanidad al
servilismo y todo respeto propio y dignidad de la vida humana se destruye con
ello.
Aunque
el ser humano ocupa la posición más elevada entre los seres, esto no significa
que tiene derecho para desdeñar o explotar a otros seres para su beneficio,
pues el ser humano, de acuerdo al buddhismo, es sólo uno entre muchos seres
vivientes, y su diferencia con otros seres es sólo una de grado. Por lo tanto,
el ser humano debe amar y respetar a otros seres, tanto como a su propia
especie.
Buddha
enseñó a cada persona a desarrollar su individualidad y trabajar por su
emancipación, pues el ser humano tiene el poder de liberarse a sí mismo de toda
atadura o servidumbre, a través de su propio esfuerzo. Buddha dijo: "Tú
debes hacer el esfuerzo, los Tathàgatas son sólo maestros"
(Dhammapada XX 4- Tumhehi kiccam àtappam, akkhàtàro Tathàgatà). Si él
puede ser llamado un ‘salvador’ es sólo en el sentido en que descubrió y mostró
el camino a Nibbàna, pero debemos recorrer el sendero nosotros mismos.
Buddha
permitió que sus discípulos tuviesen completa libertad a base del principio de
responsabilidad individual. En el Mahàparinibbàna Sutta dijo que nunca pensó en
controlar la saægha (orden de monjes y monjas) ni quería que esta
dependiera de Él. No hubo doctrina esotérica en sus enseñanzas, nada escondido
en ‘el puño cerrado del maestro’ (àcariya-mutti) o, para decirlo con
otras palabras, nunca hubo nada ‘debajo de la manga’ (Dìgha-nikàya II (PTS), p.100).
Nada debía ser aceptado sólo por tradición o por que la religión lo dijera. Debería
aceptarse sólo lo que pudiese ser comprendido y hubiese convencido a sus
oyentes (Aæguttara-nikàya I (PTS), p.189).
En
el buddhismo no se reconoce ninguna diferencia de castas o clases en la
sociedad. Todos los seres humanos han nacido iguales en el sentido de que su
nacimiento no debe ser un obstáculo. En varios suttas del Canon Pali, Buddha
denuncia y ataca con palabras inequívocas el sistema de castas del brahmanismo
que imperaba en esa época en India (Ver en el Dìgha los Aggañña y Ambbaååha
suttas;Assalàyana, Maj.; Vesala sutta del Suttanipàta).
El
autor del famoso poema cingalés Coinhala Kavsilumina dice: "El ojo que ve
todas las cosas externas es incapaz de verse a sí mismo" (Nuvan bàhàra
nahamat, tamà mut no dakne him). Tal puede ser el caso del ser humano
tratándose de verse así mismo. ¿Qué tanto podemos depender del juicio y
conocimiento del ser humano sobre su propia naturaleza? Esto ha sido un
fuerte obstáculo para todos los pensadores desde las etapas más tempranas del
pensamiento humano. Sin embargo, es alentador que todas las religiones están de
acuerdo en que el ser humano no es inmodificable. Es errónea la noción común de
que la naturaleza humana fue, es y será siempre la misma, a pesar de todos los
cambios ocurridos en el mundo. La naturaleza humana también esta sujeta a las
leyes de cambio de acuerdo con las variaciones sociales y económicas del medio
ambiente. No es posible separar la naturaleza del ser humano de su trasfondo
psicosocial. Los psicoanalistas han observado que ciertas circunstancias
sociales favorecen ciertos tipos de enfermedades mentales. Los cambios sociales
también tienen influencia sobre la estructura de la enfermedad mental.
Se
puede estar de acuerdo con Buddha cuando dice que la naturaleza del ser humano
es profunda y compleja mientras que la de los animales es llana y sencilla
(Majjhima-nikàya I (PTS), p.341). Cuánto más pensamos en la naturaleza del ser
humano más enredamos el problema hasta que la confusión llega a ser enorme.
El
‘Aham Brahmàsmi’ y el ‘Tat tvan asi’ de los Upanishads que
significa ‘yo soy Brahma’ y ‘eso eres tú’, afirma que el ser humano es Brahma. Por
el contrario, otras religiones sostienen que el hombre nace con pecado
original. El buddhismo sostiene el camino medio: el ser humano no es Brahma ni
ha nacido pecador. La naturaleza del ser humano es fundamentalmente
neutral, ni buena ni mala. Si progresa a lo largo del recto camino puede llegar
a ser un Buddha, pero si retrocede puede hundirse hacia los niveles más bajos. En
relación con esto es interesante recordar la división en cuatro clases que los
textos buddhistas (Vimànavatthu-Aååhakathà (PTS), p. 23) hacen de los seres
humanos: manussa-nerayika (humanos infernales), manussa-peta
(fantasmas-humanos), manussa-tiracchana (animales humanos) y manussa-manussa
(humanos humanos). En esta vida uno puede convertirse en uno de éstos.
Existen
dos suttas muy importantes y esenciales en el Aæguttara-nikàya (Aæg.I (PTS), p.
10) que sirven como referencia al problema de la naturaleza humana. Uno de
ellos dice: "Pabhassaram idam bhikkhave cittam, tañ ca kho àgantukehi
upakkilesehi upakkiliååham", "oh bhikkhus , esta mente es pura,
pero está manchada con impurezas externas". El otro sutta dice: "Pabhassaram
idam bhikkhave cittam, tañ ca kho àgantukehi upakkilesehi vippamuttam",
"oh bhikkhus, esta mente es pura y está libre de impurezas externas".
Estos dos suttas demuestran que la mente es fundamentalmente pura pero también
está contaminada con impurezas externas, pero puede liberarse de ellas.
Es
instructivo observar que existe una sorprendente armonía entre la concepción
de la mente (citta) en los suttas antes mencionados y la doctrina
Mahàyàna del Tathàgata-garbha. Citta es calificada por la
palabra pali pabhassara y Tathàgata-garbha por la palabra
sáncrita correspondiente prabhàsvara. Tathàgata-garbha, al igual
que citta, es pura por naturaleza (prakrti-prabhàsvara) y
manchadas por las impurezas externas (Algunas veces Tathàgata-garbha es
llamada Àlaya-vijñàna. Laækàvatàra Sutra, de Nanjio, pp. 77, 222. También
se puede ver Los estudios del Laækàvatàra Sutta de Suzuki, p.176).
Es
casi improbable la posibilidad de desarrollar algo puro si la naturaleza del
ser humano es intrínsecamente impura y fundamentalmente equivocada. ¿Cómo es
posible que una cosa impura en su propia naturaleza pueda llegar a ser pura, si
su desarrollo necesariamente constituye el crecimiento de su verdadera
naturaleza, la cual se supone es impura ? Por el contrario, si la
naturaleza del ser humano es perfecta, es difícil suponer que haya que
mejorarla.
La
posición del buddhismo, como se muestra en los suttas, es que la naturaleza
humana es neutral, ni buena ni mala y puede ser influida por fuerzas externas
de las cuales puede liberarse y desarrollarse hacia la perfección. Nuestras
vidas, en gran medida, están evidentemente influenciadas por las circunstancias
y fuerzas externas. Podemos elegir y tenemos libertad, las cuales debemos
ejercitar para ser mejores. Buddha dice que el ser humano sabio, que conoce
este secreto, cultiva la mente, (citta-bhàvanà atthi) pero para el que
lo ignora, no hay posibilidad de desarrollo (citta-bhàvanà natthi)
(Ang.I (PTS), p.10).
De
acuerdo con la filosofía buddhista de la existencia (bhava), la mente
del ser humano puede desarrollarse hacia un estado de perfección libre de toda
influencia espacial y temporal. En este estado, que es el de Arahant,
ninguna influencia externa o impureza puede contaminar la mente. Es negativa su
reacción a toda fuerza externa.
Buscaríamos en vano en la doctrina buddhista para econtrar el equivalente de la creencia en un destino como Hado o de preordenación divina del cual no hay escapatoria. Aunque existe el karma, y hasta cierto grado estamos influenciados por nuestro karma anterior, esto no significa predeterminación o preordenación. La idea popular de que somos esclavos de nuestro karma previo es una noción que está en contra de la letra y el espíritu de las enseñanzas de Buddha. No existe nada que pueda sucederle al ser humano como si fuera un esclavo desvalido. El ser humano es el creador de su propio karma y tiene la capacidad de cambiar su conducta por medio de su esfuerzo y sabiduría personal, si utiliza su libertad para seguir el recto camino. Esta es la razón por la cual Buddha ha hecho énfasis sobre la buena asociación, buen aprendizaje, conciencia correcta y recta conducta como cuatro factores muy importantes para la vida del ser humano (Ang. II (PTS), p. 245).
Si
se interpreta el destino para referirse a lo que sucede al ser humano después
de su muerte, el buddhismo declara que el ser humano no termina con la muerte,
sino que continúa hasta que el Nibbàna se realiza. Deberíamos
tomar la palabra ‘destino’ para que signifique la meta última del ser
humano, la cual sería la realización de Nibbàna, la perfecta libertad. Aquí
los cuatro elementos de extensión, cohesión, calor y movimiento, no tienen
lugar; están enteramente destruídas las nociones de largo y ancho, sutil y grosero,
bueno y malo, nombre y forma (Dìgha. I (PTS), p. 223); no se encontraría ni
este mundo ni el otro, ni venir, ir o pararse, ni muerte nacimiento u objetos
sensuales (Udàna (PTS), p. 80).
Buddha
dice :"Oh bhikkhus hay un estado de no-nacido, no-producido,
incondicionado y no agregado. Si no existiera tal estado de lo no-nacido,
no-producido, incondicionado y no agregado no habría escape para lo nacido,
producido, condicionado y agregado. Puesto que existe tal estado de no-nacido,
no-producido, incondicionado y no agregado hay un escape para lo nacido,
producido, condicionado y agregado." (Ibid., p. 80)
Así
expresado en términos negativos, este estado de perfección que es el ‘final de
todo sufrimiento’ (Ibid., p. 80) se realiza a través de control y disciplina,
purificación paso a paso, máximo cultivo de las capacidades intelectuales, y
siguiendo el Noble Óctuple Sendero del Recto Entendimiento, Recto
Pensamiento, Recto Lenguaje, Recta Acción, Rectos Medios de Vida, Recto Esfuerzo,
Recta Atención y Recta Concentración.
La
concepción de una sociedad buddhista ideal surge como un corolario, resultado
natural de este Noble Sendero, en que se renuncia a la lucha conquistadora
destructiva en la cual el vencedor engendra odio y el conquistado yace en el
infortunio; la vida de serenidad prevalece lejos de la conquista y la derrota
(Dhammapada XV 5); la persecución del inocente e indefenso es vehementemente
denunciada (Ibid., IX 10); el que se conquista a sí mismo es considerado
superior al que conquista millones en batalla (Ibid., VIII 4); el odio es
conquistado por la bondad, el mal por el bien, la falsedad por la verdad y la
codicia por la caridad (Ibid., XVII 3.); no se está preocupado por las
imperfecciones de los demás, sino en mejorarse observando las propias faltas y
equivocaciones (Ibid., IV 7); la enemistad, los celos, la mala voluntad y la
codicia no infectan la mente del ser humano (Ibid., XV I ff); la compasión
sirve de fuerza o impulso para actuar; se ama al otro como una madre ama
a su hijo; la honestidad y la sinceridad reglamentan las relaciones; la gente
no es orgullosa y engreída; todos los seres, incluyendo los más pequeños, son
tratados con amor y justicia (Metta Sutta de Khuddakapàåha o del Suttanipàta).
Un individuo se considera ‘Noble’ en esta sociedad sólo si, al menos, está libre de hacerle daño a otros, no roba y engaña, no es inmoral, es confiable y abstemio, cumple su deber con sus padres, esposa e hijos, hermanos y hermanas, vecinos, y no evade su responsabilidad ante otros (Ver el Sigàla Sutta, Dìgha. III (PTS), p. 180 ff).
Tal
es la sociedad que el buddhismo aspira a crear. Ésta no es una mera utopía. En
el pasado existieron reyes que trataron de crear tal sociedad en sus reinos. Asoka,
el gran emperador buddhista de la India del Siglo VII a.C., fue el más famoso,
entre ellos. Ha sido el único emperador en la historia que enfundó su espada
para nunca más volver a sacarla para la conquista. También existieron reyes en
Sri Lanka como Adagàmunu (79-89 d.C.) y Vohàrakattissa (269-291 d.C.) quienes
siguieron el ejemplo de ese gran emperador buddhista. En China, Liang-u-ti
(siglo V. d. C. ), conocido popularmente como el Asoka chino, se esforzó con
decisión para lograr el ideal de la sociedad buddhista.
Mediante
el surgimiento y desarrollo de este ideal de sociedad es que la idea buddhista
sobre el destino del ser humano puede mejor ser alcanzada, éste puede
desarrollar a plenitud su naturaleza, y comprender correctamente su lugar en el
orden de las cosas. El ser humano, único en todo el universo, señor de sí
mismo, neutral por naturaleza, es capaz de liberarse a sí mismo de toda
atadura, sólo mediante su inteligencia, esfuerzo y siguiendo el Recto Sendero
hasta alcanzar un estado de perfecta libertad, más allá de todo bien o mal,
toda condición relativa, todo tiempo y espacio.
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Código: FDD 011
Título: La naturaleza del Hombre según Buddha
Autor: Walpola Rahula
Fecha de publicación: 1998
Original: The Buddha on Man, his Nature and Destiny-ensayo del libro Zen and
Taming of the Bull.
Traductor: Alejandro Córdova C.
Fecha: 1996
Fuentes: Times Pali
Reproducción de la traducción española con permiso del Venerable Piyananda
(1997)
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* Walpola Rahula. Traducción al español por Alejandro
Córdova. Revisado por Ronald Martínez-Lahoz y Virginia Etienne. Este material puede ser reproducido para uso personal,
puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Última revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana. Este documento requiere la
fuente Times Pali.