POR ROBERT BOGODA
Traducción por
Virginia Etienne
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CONTENIDO |
Innumerables libros han sido escritos sobre el Buddhismo, pero la mayoría
de ellos son muy exhaustivos, muy especializados o muy académicos para servir
de ayuda práctica para el ocupado buddhista laico en busca de una concisa guía.
Un corto, claro y sencillo manual sobre como vivir una adecuada vida buddhista
laica, es por ello una necesidad muy sentida. El presente ensayo intenta llenar
este hueco proporcionando exactamente lo que su título ofrece: Una simple guía
para la vida.
Para facilitar las referencias el ensayo se ha dividido en cortas secciones
convencionales. La primera sección es de énfasis teórico. Intenta fijar en la
mente del lector los principios esenciales de las enseñanzas del Buddha, sin
explicaciones complicadas y sofisticadas. Los principios aquí discutidos
servirán como una explícita filosofía de vida, un marco de referencia que
ilustra el significado y propósito de la vida buddhista. Estos principios
permitirán al buddhista laico entender su lugar en un gran esquema de cosas,
ordenar prioridades y planear un camino adecuado para alcanzarlos. La falta de
una clara filosofía de vida, tan ampliamente difundida hoy en día, es
responsable de la constante declinación de los estándares éticos, tanto
individual como socialmente, en Sri Lanka y en el mundo entero.
La segunda sección se ocupa de las implicaciones prácticas para asumir la
comprensión de la existencia esbozada en la primera sección. Examinaremos los
beneficios visibles al aceptar el Dhamma como una manera de pensar y vivir; en
esta sección también echaremos una mirada a lo que sucede en la sociedad cuando
los valores espirituales son abandonados en favor un desarrollo exclusivamente
acentuado en lo material.
Las siguientes dos secciones discuten respectivamente la necesidad de
diseñar un plan individual de vida y los obstáculos que posiblemente impidan su
exitosa consecución. El problema central de un seguidor buddhista laico es combinar exitosamente la
vida laica con la moral y principios espirituales buddhistas. Este problema
puede solucionarse al organizar la propia vida como buddhista laico dentro del
marco de referencia del Noble Óctuple Sendero, el cual representa las
enseñanzas del Maestro en la práctica. Dado que un cierto grado de seguridad
económica es esencial para crecer en el Dhamma, el Buddha se ocupo del
bienestar material de sus discípulos laicos tanto como de su desarrollo
espiritual. Él no les prohibió la búsqueda de la felicidad mundana, sino que
enfatizó que en la persecución de las metas mundanas, el buddhista laico
debería tener mucho cuidado para evitar romper las reglas básicas de moralidad.
Estas reglas resumidas en los Cinco Preceptos de la virtud, son el código ético
mínimo que debe seguir cualquier buddhista. Como los Cinco Preceptos son por
ello de tan fundamental importancia para el seguidor buddhista laico, una
sección separada es dedicada a su discusión.
Las restantes secciones del ensayo muestran como aplicar los principios
básicos del buddhismo a otras áreas principales de la vida de un buddhista. El
ensayo termina con una corta sección describiendo lo que se espera de un
buddhista laico ideal en su vida cotidiana. La máxima directriz del ensayo
entero es: Un poco bien hecho es mejor que mucho pobremente hecho.
En resumen: la enseñanza del Buddha, que es única en su perfección, es el
más racional y consistente plan para una vida sana. No se basa ni en dogma ni
en fe ciega, sino en hechos y conclusiones verificables. Por ello ofrece un
razonable modo de vida que debería atraer a cualquier persona pensante. Más
aún, el Dhamma es completamente compatible con los avances de la ciencia moderna
y no requiere hábiles reinterpretaciones para evitar colisiones con los
descubrimientos científicos.
El mero hecho de aceptar el buddhismo intelectualmente, sin embargo, no
asegura la felicidad y la seguridad. Para obtener los frutos, la enseñanza del
Buddha debe ser utilizada inteligente y constructivamente en todas las
actividades de nuestra vida diaria. Debe ser asumida, adaptada, y aplicada
hasta que todos sus principios básicos sean absorbidos y hechos hábitos por la
práctica repetida, porque un conocimiento teórico del buddhismo es insuficiente
por sí mismo.
Si se desea hacer cambios en la cambiante personalidad que uno es ahora,
estos cambios toman tiempo y paciencia. La grandeza del Nibbana no se alcanza
con un súbito brinco sino por el sereno, persistente esfuerzo sobre un largo
periodo, guiado por la enseñanza del Maestro. No olvidemos que un viaje de mil
kilómetros empieza por un simple paso. La práctica diaria, empezando con la
estricta observancia de los Cinco Preceptos, es el modo para el progreso
ordenado en el sendero. Aún una pequeña práctica diaria acerca al practicante
un poco más a la meta cada día.
Aprovecho esta oportunidad para ofrecer el mérito de este regalo del Dhamma
con mucho agradecimiento y devoción a mis padres, hoy fallecidos. Tal regalo
engrandece cualquier otro regalo: (Sabbadanam dhammadanam jinati). ¡Qué este
redunde en su felicidad!
Esta publicación busca explicar, en términos claros y simples, como vivir
una vida buddhista laica en medio de nuestras responsabilidades mundanas.
1- LA
VISIÓN CORRECTA DE LA VIDA
Para ser feliz, exitoso y seguro, debemos primero aprender a vernos a
nosotros mismos y al mundo como realmente somos y entonces deberíamos realizar
nuestras actividades cotidianas de acuerdo con esta visión. Debemos también
buscar las soluciones de nuestros problemas en términos de la relación causa y
efecto, porque la ley universal de causalidad opera en el campo de la conducta
humana tanto como lo hace en el mundo físico.
Las bases para una fructífera vida es el entendimiento de la ley moral del
kamma. Kamma es la acción volitiva, acción que expresa moralmente determinadas
intenciones o voliciones. Necesitamos reconocer claramente que actos sanos e
insanos producen correspondientes buenos y malos resultados. Lo que una persona
cultiva, eso cosechará. El bien produce bien, y el mal produce mal. Este poder
retributivo es inherente a la acción volitiva o kamma.
El kamma también es acumulativo. No solamente nuestros actos generan
resultados agradables y dolorosos, sino en su fuerza acumulativa también
determinan nuestro carácter. Los actos que realizamos en cualquiera de nuestras
vidas se transmiten a vidas futuras en forma de disposiciones. Estas
disposiciones constituyen nuestros rasgos de carácter.
Inherente a la acción esta el poder de producir sus propios resultados. Esto
ocurre sin la intervención o ayuda de algún agente externo. El buddhismo niega
la existencia de un Dios-Creador. Kamma no es ni destino ni predeterminación,
sino nuestras propias libres acciones consideradas como capaces de producir
resultados. Comprendiendo la ley moral de causa y efecto (kamma), aprenderemos
a controlar nuestras acciones para nuestro propio bienestar así como para
promover el bien de otros.
Existen diez acciones insanas (akusala-kammapatha): actos que tienen su
origen en las impurezas de avidez, odio e ignorancia. Estas son: matar, robar,
conducta sexual errónea, mentir, difamar, lenguaje grosero, lenguaje frívolo,
codicia, mala voluntad y falsas opiniones. Contrarias a estas, hay diez
acciones que tienen su origen en el mérito (puññakiriya-vatthu), actos que
surgen de las virtuosas cualidades del desapego, benevolencia y sabiduría, y
que generan kamma sano: generosidad, moralidad, meditación, reverencia,
servicio, transferencia de mérito, regocijo en los buenos actos de otros,
escuchar el Dhamma, exponer el Dhamma, y corregir las propias opiniones.
Es una falta de recto entendimiento e ignorancia de las subyacentes leyes
de la vida lo que explica la prevalencia del materialismo en el mundo de hoy,
aun en las territorios tradicionales del Buddha-Dhamma. Cuando la gente se
convence que todo perece al morir, pierden de vista los altos ideales éticos y
se hacen indiferentes a las consecuencias a largo plazo de sus actos. Sus vidas
enteras giran al rededor de una ciega persecución de los placeres sensuales. Por
eso encontramos hoy en día gente trabajando por el dinero sin importar como es
ganado, persiguiendo el placer sin importar donde se encuentra, persiguiendo el
poder y fama sin importar el costo de su integridad personal.
La ignorancia de la ley no es una excusa válida en una corte de justicia, y
así es también con respeto a la ley moral del kamma: la ley opera
independientemente de que uno lo crea o no,
cada efecto es seguido de su respectiva causa. Así como un niño se quema
si toca el fuego independientemente de que él entienda o no el peligro de jugar
con fuego, así, quien viola las leyes de moralidad debe enfrentarse con las
consecuencias cuando su kamma madure, sin importar que acepte o no la enseñanza
del kamma.
De la misma manera como una sombra esta conectada con un objeto, así el
renacimiento esta conectado con el kamma. La avidez (tanha), el deseo egoísta,
nos lleva a hacer actos que afirman el deseo de existir, kamma, acción
volitiva. Ninguna fuerza de la naturaleza se pierde, y la energía moral no es
la excepción. Mientras se mantengan la avidez y la ignorancia en la mente, el
kamma debe encontrar su expresión al morir. El fruto inevitable del deseo por
la existencia es el renacimiento.
El Buddhismo afirma la continuidad del flujo de vida individual al morir,
pero niega la existencia de un alma permanente. La mente es un flujo de
procesos mentales sin ninguna entidad permanente, sin embargo este flujo,
aunque insubstancial, continua de vida en vida mientras es impulsado por la sed
de existencia. La mente de un moribundo, debido a su deseo latente por
continuar existiendo, se aferra a algún objeto, idea o sentimiento conectado
con una acción hecha durante su vida, y este aferrarse revitaliza un germen de
vida acorde con ello. La nueva forma de vida puede ser humana o no-humana, de
acuerdo con el kamma o fuerzas morales generadas durante la vida del fallecido.
El germen de vida encendido por el proceso de renacimiento está dotado con una
conciencia inicial (llamada patisandhicitta) en la cual están latentes todas
las impresiones pasadas, características y tendencias de ese individuo
particular. Por lo tanto la muerte conduce al nacimiento y el nacimiento a la
muerte. El renacimiento es así posible sin un alma que transmigre.
Las doctrinas gemelas de kamma y renacimiento son "el camino del
medio" que provee respuestas satisfactorias al problema de la vida. El
camino del medio evita los extremos del teísmo y del materialismo, preservando
la confiabilidad moral sin el problema que se suscita al colocar un omnipotente
Dios aunque benevolente. Un ser humano es la expresión visible de sus propias
acciones pasadas. Uno nace de su propio kamma
pasado, sostenido por su kamma presente, y al morir va a donde lo
conduce su propio kamma acumulado.
El buddhismo enseña que el ser humano evoluciona de acuerdo a la calidad
del kamma que ha hecho durante su vida. Esto ofrece una base racional a la
moralidad en lugar de los mandamientos de un Dios-Creador. De acuerdo con las
enseñanzas buddhistas, puede haber regresión (kamma descendente) del plano
humano al reino subhumano como el mundo animal, y progreso (kamma ascendente)
del plano humano a los planos celestiales. Tomando en cuenta los peligros de
caer a los reinos subhumanos, uno debería siempre actuar con cuidado. La
virtud, basada en un correcto código de conducta, nos protege de la regresión y
asegura el progreso espiritual.
Un verdadero seguidor de Buddha acepta la ley moral del kamma como justa,
reconociendo que está es la razón principal de tantas desigualdades entre los
humanos respecto a la salud, riqueza y sabiduría. También aprende a enfrentar
las perdidas de la vida, desengaños, fracasos y adversidad con tranquilidad,
sin quejarse; porque sabe que estos son el resultado de sus propios malos actos
pasados. Si se pregunta: ¿porqué me pasa esto a mi? La respuesta debe ser
expresada en términos de acción y resultado. Tratará de solucionar sus
problemas lo mejor que pueda y se ajustará a la nueva situación cuando el
cambio externo no sea posible. No actuará apresuradamente, ni caerá en
desesperación, ni tratará de escapar de sus dificultades recurriendo a la
bebida, drogas o suicidio, como ocurre tan seguido en Sri Lanka. Tal conducta
sólo muestra inmadurez emocional e ignorancia de la enseñanza del Buddha.
Para un genuino Buddhista, sus actividades cotidianas, ya sean de
pensamiento, palabra u obra, son más importantes que cualquier otra cosa en la
vida. Un entendimiento adecuado de la ley moral buddhista del kamma y
renacimiento es esencial para una vida feliz y razonable y para el bienestar
del mundo. En las propias palabras del Buddha:
El asesino encuentra a su vez a un asesino;
El conquistador encuentra a alguien que lo conquiste;
El abusivo obtiene abuso, el fastidioso molestia.
Así, por la evolución del acto,
Un hombre que despoja es despojado a su vez."
(Samyutta Nikaya, Kosala Samyutta, trans. por Sir Robert Chalmers).
A pesar de que nos imaginemos que somos un "yo" - un individuo
substancial real - de acuerdo con las enseñanzas del Buddha, somos en realidad
nada más que un proceso similar a una flama, una siempre cambiante combinación
de materia y mente, ninguna de las cuales es la misma en dos momentos
consecutivos. Todos los componentes de nuestro ser son impermanentes,
insatisfactorios y desprovistos de "yo". La vida no es un ser, una
identidad, sino un devenir; no un producto, sino un proceso. No hay realmente
un hacedor sino un hacer; no un pensador, solamente un pensamiento; no un
buscador sino solamente una búsqueda.
El Buddha nos enseña como poner fin al incesante circulo de renacimientos
en el cual padecemos múltiples tipos de sufrimiento. El modo de terminar el
ciclo es removiendo las causas que lo impulsan de vida en vida. La causa
principal es la avidez, la cual asume diversas formas. La avidez impele a la
persona a tomar una acción (kamma) determinada para satisfacer el deseo, y como
el deseo es esencialmente insaciable el resultado es el renacimiento.
El deseo es una poderosa fuerza mental latente en todos los seres no
iluminados. La causa del deseo es la ignorancia (avijja) de la verdadera
naturaleza de la vida: no saber que la vida es un proceso siempre cambiante,
sujeta al sufrimiento, y totalmente desprovista de un "yo",
"self" o entidad permanente. Toda vida, dondequiera que se encuentre,
lleva esta misma naturaleza: un proceso estampado con las tres marcas de
impermanencia, insatisfactoriedad y sin "yo" o ego (anicca, dukkha,
anatta).
El Buddha comprendió por sí mismo la verdadera naturaleza de la vida y a
través de esta comprensión alcanzo algo más allá de la vida y la muerte: una
realidad que es permanente, dichosa e inmortal. Este estado no puede ser
descrito sino que debe ser internamente realizado como una cuestión de
experiencia personal directa; debe ser alcanzado para uno mismo y por uno
mismo. Esta realidad ultima, en la que los pensamientos expiran en la
experiencia, es Nibbana, la meta del sendero Buddhista.
Las enseñanzas del Buddha pueden así ser condensadas en estas cuatro
verdades verificables, llamadas la Cuatro Nobles Verdades: sufrimiento, su
causa (deseo), su cesación (Nibbana), y el camino que conduce a la cesación del
sufrimiento (el Noble Óctuple Sendero). Éstas son verdades eternas, verdades
que no cambian y no pueden cambiar con el tiempo y el lugar.
La única manera para impedir la infelicidad e insatisfacción es la eliminación
del deseo que produce nacimiento; porque cualquier cosa buscada ávidamente y a
la que nos aferramos es impermanente. Nada dura para siempre -ni persona, ni
objeto, ni experiencia. Cuanto surge debe perecer y, aferrarse a lo perecedero
tarde o temprano termina en sufrimiento. De ninguna manera es fácil eliminar el
deseo; de hecho, es el más difícil reto de todos. Pero cuando lo hacemos,
alcanzamos un estado de perfección interior y calma imperturbable.
Podemos alcanzar el final del sufrimiento cultivando el Noble Óctuple
Sendero en sus tres niveles de moralidad, concentración y sabiduría (sila,
samadhi, panna). La moralidad purifica la conducta y la concentración consigue
la serenidad de la mente. Cuando la mente esta serena y concentrada, surge la
sabiduría, claridad interior, el conocimiento y visión de las cosas como
realmente son. Con el surgir de la sabiduría, el deseo en todas sus formas es
destruido para siempre; la llama de la vida se extingue entonces por falta de
combustible. Lo Incondicionado se ha ganado -Nibbana, que es inmortal, dichoso
y real.
El Noble Óctuple Sendero consiste en seguir los ocho factores,
interrelacionados e interconectados, ordenados en los siguientes tres grupos:
Grupo de la sabiduría (pañña)
1.- Recto Entendimiento: conocimiento de la verdadera naturaleza de la
vida; entendimiento de las Cuatro Nobles Verdades.
2.- Recto Pensamiento: pensamiento libre de la sensualidad, malevolencia y
agresión.
Grupo de la moralidad (sila)
3.- Recta Palabra: abstenerse de falsedades, difamación, lenguaje áspero y
lenguaje frívolo.
4.- Recta Acción: abstenerse de matar, robar y conducta sexual ilícita.
5.- Rectos Medios de vida: evitar cualquier medio de vida que involucre
daño o explotación de otros.
Grupo de la concentración (samadhi)
6.- Recto Esfuerzo: entrenar la mente para evitar estados mentales insanos
y desarrollar estados mentales sanos.
7.- Recta Atención: desarrollar el poder de la atención y consciencia
respecto a los "Cuatro Fundamentos de la Atención" -cuerpo, sensaciones,
mente y formaciones mentales.
8.- Recta Concentración: cultivar la unidireccionalidad de la mente.
Estos ocho factores resumen las enseñanzas del Buddha y su práctica. Son el
corazón del Buddha-Dhamma. No es suficiente conocer y admirar el Dhamma; debe
ser practicado en la vida diaria, por
que la dificultad de conocer lo que es correcto no se compara con la dificultad
de ponerlo en práctica. Realmente sabemos algo cuando lo hacemos repetidamente,
cuando lo hacemos parte de nuestra naturaleza. El lado práctico del Dhamma es
el triple entrenamiento en moralidad, concentración y sabiduría, los cuales
constituyen colectivamente el Noble Óctuple Sendero, que es "el camino del
medio" descubierto por el Bendito para la realización del Nibbana.
Monjes y laicos siguen igualmente el mismo camino. Ambos empiezan por el
mismo principio, recto entendimiento; ambos persiguen la misma meta, el
Nibbana. La única diferencia se encuentra en el grado de compromiso en la
práctica y el ritmo de progreso. Pero
ya sea como laico o como monje, la práctica sistemática del Óctuple Sendero
alimenta el crecimiento de las cualidades sanas que conducen a la liberación -
generosidad, benevolencia y sabiduría. A medida que estas cualidades
gradualmente alcancen la madurez, ellas debilitarán y finalmente eliminarán las
cadenas de la avidez, el odio y la ignorancia que nos han mantenido por tanto
tiempo atados a la rueda del renacimiento y sufrimiento.
2- BENEFICIOS DEL RECTO ENTENDIMIENTO
1.- Recto entendimiento es el fundamento para desarrollar un sentido
adecuado de valores, tan lamentablemente faltantes en nuestro tiempo. Sin el
recto entendimiento nuestra visión es debilitada y se pierde el camino; todos
nuestros esfuerzos serán erróneos y desviados, todos nuestros planes para el
desarrollo individual y social tropezarán y fracasarán. Tales planes deben
estar basados en el Óctuple Sendero con énfasis en el auto-esfuerzo,
auto-control, y respeto por el individuo.
Cuando las opiniones erróneas prevalecen actuaremos con un sentido
pervertido de los valores: nos arroja a la persecución ciega de riqueza, poder
y posesiones; estaremos obsesionados por la urgencia de conquistar y dominar;
suspirando por la cruel venganza; ingenuamente conformes con los
convencionalismos y normas sociales. La recta visión nos orientará hacia un
sentido iluminado de valores; hacia el desapego y cordialidad; hacia la
generosidad de espíritu y servicio
altruista; hacia la consecución de la sabiduría y el entendimiento. La
confusión y locura moral ahora prevalecientes en el mundo, si no pueden ser
eliminadas, al menos pueden ser disminuidas si se sigue el camino del Buddha. Rectos
modos de vida y recta acción, por ejemplo, pueden ayudarnos a evitar los
conflictos que resultan de un camino equivocado de vida y de la equivocada
acción, permitiendo por ello a la sociedad vivir en paz y armonía.
A pesar que en los países ricos del occidente la población goza de altos
estándares de bienes y servicios, la calidad interna de su vida no evidencia un
correspondiente nivel de bienestar. La razón de esta pobreza en su vida
interior es la negligencia en los valores espirituales. Cuando el materialismo
erosiona la dimensión superior de la vida espiritual, le sigue un hundirse en
el nihilismo moral. Vemos esto en las alarmantes estadísticas características
de la sociedad materialista: el incremento en la tasa de suicidio, en la
explosión del crimen, en la proliferación de ofensas sexuales, alcoholismo, y
abuso de drogas. Esto muestra que el unilateral énfasis en el desarrollo
material en una sociedad buscadora de placeres, es en fin de cuentas
autodestructiva, como una pieza de hierro que es devorada por el oxido que
surge en ella misma. Aún el conocimiento y la disciplina por sí solos no son
adecuados, porque sin ideales morales, pueden convertir a una sociedad en nada
más que una fábrica a escala masiva o en un campo militar. Es solamente el
cultivo de un correcto sentido de valores lo que puede hacer una sociedad culta
y civilizada en el verdadero significado de estos términos.
2.- Teniendo un recto entendimiento nos permitirá reconocer que los valores
mundanos son relativos y construidos por el hombre. Estos falsos valores
mundanos llevan a la gente por mal camino y hacen sufrir en vano. Un Buddha
enseña valores auténticos, valores reales, valores que tienen su raíz en
verdades eternas. Un Buddha primero comprende por sí mismo la verdadera
naturaleza de la vida, después revela el Dhamma a los seres humanos, la ley
eterna de la rectitud y verdad. Este Dhamma incluye las Cuatro Nobles Verdades
y los principios del kamma y renacimiento. Cualquier valor que desvíe de estos
principios, sin importar cuan ampliamente aceptado pueda ser como norma común,
es engañoso y sin valor. Mientras que aquellos cuyas mentes estén envueltas en
puntos de vista erróneos pueden ser engañados, aquel con una recta visión
reconocerá su vacío de inmediato.
3.- Viendo que la vida involucra incesantes cambios y que está sujeta a
muchas formas de sufrimiento, alguien con recto entendimiento aprende a vivir
simplemente y a regular el deseo. Una persona sabia y virtuosa es moderada en
sus deseos y sigue el camino del medio en todos los aspectos. Al entender la
estrecha relación entre deseo y sufrimiento, comprende la importancia de
mantener el deseo controlado con una vida simple. Alguien con recto
entendimiento es consciente de que la felicidad real es un estado interior -una
cualidad de la mente- y por ello debe buscarla interiormente. La felicidad es
independiente de las cosas externas, aunque por supuesto un cierto grado de
seguridad material es necesario como base para el desarrollo interior.
Necesitamos únicamente cuatro tipos básicos de sustento físico: comida
saludable, vestimenta, techo y medicina. Complementariamente a estos, tenemos
cuatro necesidades mentales: recto conocimiento, virtud, cuidar las puertas de
los sentidos, y meditación. Éstos son los dos grupos de requisitos básicos que
conducen a una vida elevada. Vivir simplemente, sin posesiones superfluas y
enredos, conduce al contentamiento y a la paz de mente, liberando tiempo y
energía para perseguir virtudes y valores superiores. Es el orgullo y vanidad
las que nos mantienen atados a falsas metas, y mientras más pequeña sea la
mente, mayor es el orgullo.
4.- El Buddhismo sostiene la objetividad de los valores morales, porque su
ética esta basada en la ley de causa y efecto en la esfera moral, y esta ley,
como la ley física de gravedad, es verdad invariable válida para todos los
tiempos. Buenos actos y malos actos producirán sus respectivos placenteros y
dolorosos frutos independientemente de la visión y deseos de la persona que los
lleve a cabo. Al reconocer la objetividad de la ley moral y la ineludible
conexión entre actos y sus resultados, una persona con recta visión se abstendrá
de hacer acciones erróneas y se adherirá a los estándares de la conducta sana
expresada en los Cinco Preceptos de conducta virtuosa (discutidos más
adelante).
5.- Como la inestabilidad es inherente a la vida, las cosas más inesperadas
pueden suceder. Por ello, el sabio buddhista reconoce la necesidad de controlar
sus sentimientos. Cuando la calamidad llega, debemos encararla con
tranquilidad, sin lamentarnos o cayendo en la desesperación. La habilidad de
mantenerse ecuánime en medio de las fluctuaciones de la fortuna es un beneficio
del recto entendimiento. Debemos
entender que cualquier cosa que nos ocurra nos ocurre debido a causas y
condiciones por las que somos responsables a fin de cuentas. Similarmente,
conforme obtengamos cierto grado de control emocional, seremos capaces de
descartar miedos irracionales y preocupaciones. La aparente injusticia de la
vida, aflicciones, desajuste emocional, etc., son entera y racionalmente
explicadas por la ley del kamma y renacimiento. Al entender esta ley, veremos
que, en el análisis final, somos los arquitectos de nuestro propio destino
6.- Un otro fruto del recto entendimiento es la habilidad para ver a
personas, cosas y eventos objetivamente, libres de agrados y desagrados, de
desviaciones y perjuicios. Esta capacidad
de objetividad, un signo de verdadera madurez mental, resultará en
pensamientos más claros, vida más sana, una marcada reducción de
susceptibilidad respecto a las influencias perniciosas de los medios masivos, y
una mejoría en las relaciones interpersonales.
7.- Alguien con recto entendimiento será capaz de pensar por sí mismo. Es
capaz de forjar su propia mente, formarse sus propias opiniones, enfrentarse a
las dificultades de la vida armado con los principios de realidad pensados por
el Buddha. El verdadero buddhista no será un cobarde moral o intelectual, sino
estará preparado para sostenerse independientemente de lo que otros digan o
piensen. Por supuesto, buscará consejo cuando sea necesario, pero hará sus
propias decisiones y tendrá el coraje de vivir sus propias convicciones.
8.- Recto entendimiento nos dará un propósito para vivir. Un buddhista
laico debe aprender a vivir propositivamente, con un valioso propósito - tanto
con un propósito inmediato como con un propósito último, y uno y otro deben
adecuarse armoniosamente. Para ser verdaderamente felices necesitamos una
simple pero válida filosofía de vida. La Filosofía es el gran deseo de entender
la naturaleza del hombre y nuestro destino en el universo. Da a la vida un
sentido de dirección y significado. Sin ella, nosotros sólo soñamos nuestro
paso por la vida o nos embrollamos en ella. Una filosofía clara y precisa hace
la vida significativa y fructífera, permitiéndonos vivir en armonía con los
demás y con el entorno natural.
Para hacer el mejor uso de nuestros potenciales humanos, necesitamos no
solamente un propósito práctico en la vida, sino también un plan de vida para
la consecución de dicho propósito. Las dos secciones precedentes de este ensayo
muestran el terreno para desarrollar un adecuado sentido propio de valores, los
valores esenciales para obtener la felicidad, éxito y seguridad en esta vida
mundana y progresar hacia las metas últimas del camino buddhista, el Nibbana. Mientras
caminamos en el sendero de la liberación, como laicos debemos vivir en el
mundo, y nuestros objetivos inmediatos serán hacer nuestra vida en el mundo
tanto un medio para el éxito mundano como un escalón hacia la liberación final.
Para conseguir esto, debemos organizar nuestra vida dentro del marco de
referencia del Noble Óctuplo Camino. Podemos alcanzar nuestras metas inmediatas
diseñando un plan de vida individual de acuerdo a nuestros poderes y
circunstancias. Este plan de vida debe ser realista. Debe visualizar un
desarrollo realista de nuestro potencial innato, dirigiéndonos hacia la
completa realización de nuestras posibilidades.
Al inicio, requerimos un honesto entendimiento de nosotros mismos. Es
inútil idear un factible plan de vida fundamentado en grandes engaños sobre nuestro
carácter y habilidades. Mientras más sepamos sobre nosotros, a través de la
auto-observación y auto-exámen, mejores serán nuestras posibilidades de
auto-mejoramiento. Debemos preguntarnos cuan lejos y en que grado somos
generosos, amables, ecuánimes, considerados, honestos, sobrios en moral,
confiables, diligentes, enérgicos, industriosos, cuidadosos, pacientes,
tolerantes y sensibles. Éstas son las cualidades de un buddhista bien
desarrollado, las cualidades que debemos emular.
Debemos mejorarnos en lo que seamos débiles. Un poco de práctica cada día
es todo lo que se necesita. Recordemos que mientras más seguido se haga una
acción, es más fácil que la hagamos en el futuro y será más fuerte la tendencia
para hacerla de nuevo hasta que sea un hábito, una parte arraigada de nuestro
carácter.
Nuestro plan de vida debe cubrir todas las áreas principales de la vida de
cualquier persona, incluyendo ocupación, matrimonio, procreación y cuidado de
los niños, retiro, vejez y muerte. La felicidad de la vida laica consiste en
encontrar exactamente lo que podemos hacer, y hacerlo bien. Una imagen mental
clara de una meta práctica en la vida y un esbozo realista de los pasos
necesarios para alcanzarla nos ayudará a guiarnos al cumplimiento de nuestros
ideales. Tendemos a convertirnos en lo que realmente queremos ser, con tal de
que actuemos leal y efectivamente para realizar nuestro propósito.
Los siguientes cinco estados probablemente previenen o bloquean el éxito de
nuestros esfuerzos para llevar una vida correcta como seguidores buddhistas
laicos. El Buddha los llamo los cinco obstáculos mentales (pañcanivarana)
porque cierran las puertas tanto del progreso espiritual como mundano. A pesar
de que el Buddha originalmente los pensó como los principales obstáculos de la
meditación, con un poco de reflexión podemos verlos igualmente como
impedimentos para el éxito de nuestros esfuerzos mundanos.
1.- El primero de los cinco obstáculos es avidez sensual, obsesiva añoranza
por posesiones o por la gratificación de los sentidos. Mientras que el
buddhista laico busca la riqueza y posesiones como una parte integral de la
felicidad mundana, también debe estar consciente de los limites que debe
observar en esta persecución. Reconoce que si obtiene riqueza y posición por
medios injustos, o se apega excesivamente a ellos, entonces serán una fuente de
miseria y desesperación más que de alegría y contentamiento. El dinero por sí
solo no soluciona todos nuestros problemas. Mucha gente nunca aprende esto, y
gasta tiempo y energía acumulando riqueza y las así llamadas "cosas
buenas" que se pueden comprar. Pero de hecho, mientras más adquieren más
desean. Tales personas nunca pueden encontrar la felicidad. Un Buddhista laico
debe ser moderado en todas las cosas. Los deseos extremos - por riquezas, goce
sexual, licor, la manifestación ostentosa del éxito - son signos seguros de
inseguridad interna, cosas que deben ser evitadas.
2.- Malevolencia o aversión, el segundo obstáculo, es el opuesto emocional
del deseo, sin embargo es un obstáculo igualmente potente para el desarrollo
personal. Porque somos atraídos hacia cosas deseables, nos repele también lo
que es indeseable. Agrado y desagrado son dos fuerzas que engañan al mundo,
llevan a la gente por mal camino hacia el conflicto y la confusión y empapan la
tierra con sangre. Ambos nacen de la ignorancia. El deseo colorea todo en
oropel y nos mueve a adquirir lo que queremos. La aversión colorea todo en
negro y nos mueve a destruir a lo que suponemos es enemigo de nuestros intereses.
La mejor manera de sobreponerse a la aversión es cultivando el amor
benevolente, explicado más adelante en este ensayo.
3.- La indolencia e inercia mental es el siguiente estorbo, el obstáculo al
esfuerzo extenuante. La persona perezosa no se inclina a luchar por un correcto
entendimiento o por altos estándares de conducta. Es un vagabundo o un soñador,
fácil presa de la avidez y el odio.
4.- La inquietud y preocupación son obstáculos gemelos muy evidentes hoy en
día. La inquietud se manifiesta en la agitación, impaciencia, sed de
excitación, y una inestabilidad característica de nuestra existencia cotidiana.
La preocupación es la culpa y remordimiento sentidos cuando con tristeza y
arrepentimiento nos obsesionamos con una mala acción que hemos hecho o una
buena acción dejada sin hacer. El mejor remedio a un error o transgresión ya
cometida es la decisión de nunca repetirla; el mejor remedio a la negligencia
de hacer el bien es hacerlo sin demora.
5.- El ultimo obstáculo es la duda. La duda es la inhabilidad de decidir,
la falta de resolución que nos impide hacer un firme compromiso hacia ideales
superiores y de perseguir el bien con una voluntad estable.
Estos cinco obstáculos son una gran desventaja en nuestro progreso. Ellos
privan a la mente del entendimiento y felicidad y causan mucho sufrimiento
innecesario. Al cultivar las cinco virtudes cardinales - confianza, energía,
atención, concentración, y sabiduría- y con esfuerzo constante, podemos reducir
su dañina influencia.
La vida moderna esta llena de estrés y tensión. Por ello, la relajación es
un ingrediente necesario de la felicidad. Al entender las causas del estrés y
al regular estas causas, podemos vivir con calma aun en medio de una actividad
estruendosa.
El trabajo duro sin tensión nunca ha matado a nadie. ¿Por qué entonces
algunas personas siempre trabajan ansiosa y febrilmente? Generalmente, tal
persona es impulsada por la avidez, por el deseo intenso. Desea alcanzar su
meta tan intensamente, con tal avidez, que simplemente no descansa hasta que la
obtiene; o tiene tanto miedo de perder algo que aprecia que no puede relajarse
y disfrutar el momento presente; o es impulsado por el resentimiento contra
aquellos que obstruyen su sed; o está contantemente echando de menos el poder,
posición y prestigio a causa de alguna necesidad irracional de probar su valor
a sí mismo y a otros. Si una persona quiere evitar el estrés y la tensión,
entonces debe entrenar su mente para ver cualquier cosa que encuentre
-personas, objetos, eventos y experiencias- realistamente, como fenómenos
transitorios, que surgen dependientemente a través de las condiciones. Debe
reflexionar sobre ellos en términos de las tres características -como
impermanentes, insatisfactorios y sin "yo" o ego. Al hacerlo ayuda a
reducir el involucrarse en estos fenómenos, y por ello se reducirá el deseo y
apego hacia ellos. También evita el enojo, la ansiedad, y el orgullo - los
pensamientos de "mi" y "mío"- ya que tales emociones
producen estrés y tensión. Cuando adoptamos esta actitud de vida, descubrimos
mayores desapegos, una calma más profunda, una paz del corazón más duradera aun
en medio de las mismas situaciones que previamente producían sólo estrés y
preocupación. La clave para manejar el estrés es a través de disciplinar y
dominar la mente.
Podemos también reducir el estrés
formando buenos hábitos de trabajo. Limitarnos a hacer una sola cosa a la vez,
ya que intentar hacer malabarismos con múltiples tareas conduce a pobres
resultados en todas ellas. Debemos mantener separados el trabajo y el placer. Debemos
trabajar en un estado de mente relajado, recordándonos repetidamente durante el
transcurso del día que podemos realizar más y mejor trabajo si trabajamos con
calma y salpicamos nuestra rutina con interrupciones.
Las siguientes disciplinas adicionales también serán de gran ayuda para
combatir el estrés y la tensión:
1.- Mantener conscientemente los Cinco Preceptos. El sentimiento de culpa
aumenta el estrés. Al observar los preceptos, una persona lleva una vida
intachable y por ello disfruta de su liberación del persistente sentido de
culpa que agobia a aquel que viola las reglas básicas de la moralidad. Una
conciencia culpable es una compañera molesta durante el día, y una incomoda
compañera de cama en la noche.
2. Control de los sentidos. La mente es constantemente atraída por objetos
sensuales placenteros y repelida por los objetos desagradables. Vagando
imprudentemente entre los campos de los objetos, la mente se dispersa y turba. Al
cuidar las puertas de los sentidos, esta desgastante agitación es controlada. La
mente se vuelve calma y estable, y como resultado experimentamos una felicidad
intachable.
3. Meditación. La meditación o (bhavana) purifica la mente. Al ir limpiando
gradualmente la mente podemos ver con mayor claridad la verdadera naturaleza de
la vida. Así empezamos a incrementar el desapego de las cosas mundanas y a
desarrollar una ecuanimidad que no puede ser agitada por las fluctuaciones de
la fortuna.
4. Cultivo de los Cuatro Estados Sublimes. Los Cuatro Estados Sublimes
(brahmavihara) son amor benevolente, compasión, alegría altruista y
ecuanimidad. Estas son emociones iluminadas que reducen el estrés y la tensión
de la vida diaria, mejoran las relaciones interpersonales en el hogar y en el
lugar de trabajo, promueven los acuerdos raciales y de amistad, ayudan al
desarrollo de una mente equilibrada e incrementan la calma y la paz interior.
5. Un último consejo práctico: el tiempo, la energía y los fondos son
limitados, mientras que los deseos son ilimitados. Por ello una persona debe
tener un sentido de prioridades. Un Buddhista laico, en particular, debe ser
capaz de discriminar: saber que es realmente esencial para una vida saludable;
que es deseable pero no urgente; que es trivial y prescindible; y que en
detrimento. Al hacer estas distinciones, podemos perseguir lo que esta en el
rango superior de la escala de prioridades y desechar lo que esta por abajo. Esto
nos permite evitar el desgaste y preocupación innecesarios y ayuda a promover
una balanceada y frugal forma de vida.
6-OBSERVANCIA DE LOS CINCO PRECEPTOS
Los Cinco Preceptos de virtud es el código ético mínimo seguido por un
buddhista laico. Estos preceptos son reglas morales voluntariamente tomadas
para promover la pureza de la propia conducta y evitar causar daño y
sufrimiento a los otros. Una mala conducta es dañina para uno mismo y para los
otros y refuerza las impurezas de la avidez, el odio y la ignorancia. Tomar el
camino de una actividad insana no es únicamente una materia de libre elección:
Es la violación de la ley moral cósmica que acarrea sufrimiento inevitable
tanto en esta vida como en futuras existencias. Lo opuesto a la mala conducta
es la virtud (sila). La virtud implica evitar actos inmorales al aceptar
voluntariamente los principios éticos de restricción. La acción virtuosa surge
de las tres raíces sanas del desapego, benevolencia y sabiduría. Al tomar los
preceptos prometemos regular nuestra conducta de acuerdo a estas tres virtuosas
cualidades.
Los Cinco Preceptos son los siguientes:
1. Abstenerse de matar seres vivientes;
2. Abstenerse de tomar lo que no es dado, ej. robar;
3. Abstenerse de actividades sexuales ilícitas
4. Abstenerse de falsa palabra
5. Abstenerse de intoxicantes y drogas
Seguir los Cinco Preceptos también implica rehuir las cinco clases de
ocupaciones prohibidas al buddhista laico: Comerciar con armas, con seres
humanos (inclusive esclavitud y prostitución), en carne (ej. alimentar animales
para matanza), en intoxicantes y en venenos.
La virtud, aunque formulada negativamente en los preceptos, no es un mero
estado negativo. Al contrario, es más decididamente un poderoso logro mental. Observar
los preceptos conscientemente en la vida diaria lleva simultáneamente al
crecimiento de la pureza mental, destreza, y sabiduría. El refrenarse de matar,
por ejemplo, incrementa la compasión y la benevolencia hacia todos los seres
vivientes, dos de los "estados sublimes" ensalzados por el Buddha. La
honestidad proporciona valor, generosidad y amor a la justicia. La restricción
sexual resulta en energía física, vitalidad e intensidad de los sentidos. La
sinceridad conduce a la honestidad. Evitar los intoxicantes y drogas
estupefacientes promueve la claridad de mente. Finalmente, la atención es esencial
para observar todos los preceptos, y nuestro esfuerzo constante para mantener
los preceptos, a su vez, incrementa la claridad de la atención.
La práctica habitual de los Cinco Preceptos conduce al incremento del
auto-control y fuerza de carácter. La mente que logra controlar el deseo, aun
en pequeño grado, gana en poder. El deseo, en cada una de sus partes, es una
fuerza tan real como la electricidad. Cuando el deseo es incontrolado, conduce
al exceso, se consume en la persecución de cosas que son dañinas para uno mismo
y para otros. Las enseñanzas del Buddha, lejos de alimentar la proliferación
del deseo, nos aconseja sobre los métodos a través de los cuales podemos
aprovechar, desviar y sublimar la poderosa fuerza del deseo y usarla para fines
benéficos.
La virtud es la primera etapa en el desarrollo del Noble Octuple Camino:
como se explicó anteriormente, comprende los factores de Recta Palabra, Recta
Acción y Recto Medio de Vida. La energía conservada por la virtud es entonces
usada para la práctica de la segunda etapa, la concentración de la mente, la
cual, a su vez, es el terreno para el crecimiento de la sabiduría.
La observancia de los Cinco Preceptos es un acto voluntario que cada
individuo debe hacer por su propia iniciativa. El Buddha no formuló los
preceptos como mandamientos, ni trato a nadie con castigo por violarlos. Sin
embargo, esto se debe decir:
El Buddha entendió perfectamente el funcionamiento del universo, y proclamó
la inviolable ley moral de causa y efecto: buenos actos producen frutos
placenteros, malos actos producen frutos dolorosos. Los Cinco Preceptos son las
guías que el Buddha nos legó para alejarnos de la conducta insana y dirigirnos
hacia la formas de conducta que demuestren ser más benéficas para nosotros
mismos y para los otros. Cuando moldeamos nuestras acciones con los Cinco
Preceptos, actuamos de acuerdo con el Dhamma, evitamos la miseria futura y
construimos la protección y felicidad para nosotros mismos y otros, tanto aquí
y como en el más allá. Así, mientras más cerca vivamos de los Cinco Preceptos,
mayor será el beneficio poder de nuestras vidas.
Una emoción es un estado de profundo sentimiento, una agitación interna que
puede actuar como motivación de la acción. Las emociones a menudo son asociadas
con los instintos, las tendencias innatas para actuar de manera especifica en
situaciones especificas. Los seres humanos están condicionados en gran parte
por sus emociones, por sus gustos y antipatías. Muy seguido sus emociones son desviadas
por el propio interés y egoísmo, aun al grado que arrasan el sentido y la
razón, obligándonos a actuar de tal manera que, en momentos más sanos, vemos
con consternación.
Las emociones generalmente surgen como respuesta a la evaluación espontánea
de las percepciones. Una persona evalúa la percepción de él o ella - respecto a
otra persona, un objeto, una situación- como deseable o indeseable, como útil o
como amenazante. En base a esta evaluación una emoción surgirá en respuesta a
la situación: el deseo por esas cosas positivamente evaluadas, aversión o miedo
hacia esas cosas vistas a una luz negativa. Las emociones pueden ser dañinas,
tales como la lujuria, enojo y miedo, o saludables, como la simpatía y
compasión. Mientras el deseo y la aversión son prototipos de las emociones
insanas, el amor benevolente y compasión son ejemplos sobresalientes de
emociones que nos ennoblecen y elevan la naturaleza humana.
La gente varia ampliamente en su desarrollo emocional y en el rango y
fuerza de sus emociones. Mientras una persona es apasionada e impulsiva, otra
es fría y reflexiva: mientras una es rápida al enojo, otra es paciente;
mientras una es emocionalmente impasiva, otra es capaz de correr a través de un
amplio rango de emociones en menos tiempo que un chasquido de dedos. Una razón
importante para estas diferencias es que cada individuo trae consigo una
diferente herencia kammica de tendencias y de carácter de sus previas vidas. Que
las emociones sean reprimidas o expresadas, satisfechas o sublimadas, depende
de una combinación de factores: temperamento innato, antecedentes familiares, y
del sistema de valores y tradiciones de la sociedad.
No podemos crecer en el Dhamma o encontrar felicidad sin cierto grado de
control emocional. Una persona que fácilmente se enoja echa a perder su propia
felicidad y perturba la paz mental de otros también. Las emociones instintivas
son la materia prima del carácter. Si un impulso instintivo es mal dirigido o
reprimido, puede resultar mucho daño y sufrimiento. Pero si la energía que es
normalmente encauzada en las emociones se redirecciona hacia objetos dignos, la
fuerza de la emoción sublimará de cierta manera que resultará de gran beneficio
para uno mismo y para la comunidad. Para el buddhista, el más valioso de todos
los ideales es alcanzar el Nibbana; de ahí que la búsqueda de este ideal tenga
la capacidad de absorber y transformar nuestra vida emocional. Tal noble ideal
tiene el poder de evocar y armonizar todas nuestras energías emocionales para
que nos guíen hacia la realización de nuestro bien último.
Sin un esfuerzo deliberado, las emociones no estarán bajo el directo
control de la voluntad. El propósito del entrenamiento buddhista es dominar las
emociones. El primer paso para ganar tal dominio es la observancia de los Cinco
Preceptos. Practicar los preceptos cada día nos ayudará a controlar las formas
más groseras de la avidez y la emoción. El siguiente paso es entrenar la mente
para controlar las emociones justo cuando empiecen a surgir. Esto se logra por
la atención: por vigilar objetivamente, con cercana atención, las emociones que
surgen y rápidamente asignarles un nombre, una etiqueta mental tal como:
"mente con lujuria", "mente con enojo", "mente con
celos", "mente con pena", etc. Una vez que hayamos nombrado la
emoción, estaremos entonces en una mejor posición para dejarla ir, sin ser
arrastrados por ella. En el momento en que registramos con calma el hecho que
estamos enojados - cuando nos damos cuenta del hecho que una mente con enojo ha
surgido- entonces dejamos de estar enojados. Una mente que esta ocupada con un
pensamiento sano de plena consciencia no tiene simultáneamente ámbito para un
pensamiento insano de enojo.
Este mismo procedimiento puede ser adoptado con cualquier otra emoción
dañina que surja. Al principio puede resultar útil si, durante el transcurso
del día, uno se repite mentalmente una formula como: "¿que estoy sintiendo
ahora?" o "¿qué estoy pensando? e inmediatamente contestamos la
pregunta: "estoy sintiendo enojo", o "estoy sintiendo celos",
etc. También podemos investigar, aún después, cuándo y por qué el enojo -o cualquier otra emoción adversa- se
apoderó de nosotros entonces, y así evitar tales situaciones o respuestas en el
futuro.
Con paciencia y práctica persistente podemos gradualmente ganar control
sobre nuestras emociones perjudiciales. La disciplina y esfuerzo involucrado
vale la pena, porque dará mayor armonía interiormente -en nuestra propia mente
- y externamente, en nuestras relaciones con los otros. La clave para tal control
es la firme adherencia a los preceptos básicos de moralidad y, sobre todo, la
atención a los propios pensamientos y emociones.
8-ESTAR CONSCIENTE DE LOS PREJUICIOS Y LA PROPAGANDA.
El Buddhismo enseña la necesidad de pensar claramente, auto-control,
auto-ayuda, y meditación. A pesar de que cada ser humano está dotado con una
mente, muy pocos de nosotros usamos esta mente para pensar por nosotros mismos.
La gran mayoría de la gente hoy en día permite a otros que piensen por ellos.
La mente absorbe una gran cantidad de veneno del medio exterior por la
continua exposición a las sugestiones de los otros. Esta pasividad mental se ha
vuelto especialmente amarga con el desarrollo de los medios masivos de
comunicación. Radio, Televisión y periódicos, prensa amarilla y tabloides,
resuenan sus mensajes sobre nosotros cada minuto del día, y su poder de
penetración es reforzado por la arraigada disposición humana a aceptar lo que
nos dicen y cumplir con lo que somos animados a hacer. Bombardeados a izquierda
y derecha por diez mil estímulos, ya no pensamos nuestros propios pensamientos,
sentimos nuestras propias emociones o iniciamos nuestras propias acciones; en
cambio, pensamos como otros quieren que pensemos, sentimos como otros quieren
que sintamos, actuamos de manera que ganemos la aprobación de nuestros iguales
o superiores. El empuje de la multitud se ha vuelto irresistible.
Cada vez que abrimos un periódico, encendemos la radio o nos sentamos ante
el televisor, estamos inmediatamente sujetos a la propaganda, publicidad y
sugestiones sociales sutiles. Esto se hace diariamente, deliberadamente y
sistemáticamente. Todos estos medios de comunicación nos enseñan a suspender
nuestra capacidad para pensar, o si acaso pensamos, pensar como ellos quieren
que pensemos. Los periódicos, por ejemplo, buscan convencernos no sólo con sus
editoriales y columnas de opinión, sino por su trazo o disposición, lenguaje y
líneas de énfasis.
Aquellos que explotan los medios de comunicación de esta manera
generalmente son pequeños pero poderosos grupos, los dueños y patrocinadores de
los medios, agencias de publicidad, los grandes comerciantes. Tales personas
están motivadas primeramente por su propio interés, avidez de riqueza y poder,
un sentido de vanidad. Seguido juegan papeles dominantes en varios medios de
vida, incluyendo política, negocios, leyes, medicina y educación. Dentro del
público general el papel de la razón tiende a ser subordinado al de la emoción,
mientras la inercia mental e indiferencia facilita la conquista de la razón. Por
eso, al formar la opinión pública a través de la manipulación de los medios
masivos, una pequeña minoría es capaz de controlar a la mayoría.
Todos esos que forman parte de la pequeña pero poderosa minoría tienen algo
que vender. Los anuncios comerciales hacen que deseemos más y más bienes que no
nos traen la felicidad real ni la paz mental real. Nos dicen que la felicidad
depende de tener una radio, televisión, videograbadora, equipo estereofónico y
juegos de computadora. Sin embargo, por mucho que nos acomodemos con todos
estos intrumentos de diversión, aún sentimos nuestras vidas dolorosamente
carentes.
La velocidad, el poder y la eficiencia de todo este desarrollo tecnológico
y social dentro de una sociedad puramente materialista tal como la nuestra,
conduce a un crecimiento de la frecuencia de las enfermedades por estrés y
crisis nerviosas. Aquellos que no colapsan bajo la presión encuentran otras
rutas de escape, tales como drogas, alcohol, y cultos psicóticos, mientras que
para los que no pueden hacerle frente a todo esto aún tienen el último recurso:
suicidio, el cual ha alcanzado proporciones alarmantes en nuestro medio.
¿Cómo puede entonces un buddhista protegerse de las amargas influencias a
las que estamos expuestos en el mundo moderno? Como buddhistas laicos debemos
siempre adoptar una actitud crítica hacia la palabra escrita o hablada y
debemos siempre aplicar la atención completa para protegernos de ser
influenciados emocionalmente por esos que buscan ganar nuestro favor. Debemos
tomar distancia del tema que se revisa y examinarlo objetivamente desde todos
los ángulos. Solamente después de apreciar las alternativas debemos llegar a
una decisión o evaluación.
Cuando escuchamos que una opinión particular es expresada, debemos hacer un
esfuerzo por encontrar quién es el escritor o el orador, qué intereses él o
ella representan, incluyendo afiliación política, inclinación religiosa, y
antecedentes sociales. Tampoco debemos
olvidar que hay cuando menos dos lados de cualquier asunto, y que es más
probable llegar a un correcto punto de vista si primero damos una consideración
imparcial a ambos lados. Antes de llegar a una conclusión, debemos juntar todos
los hechos relevante, mantener una mente tranquila y libre de excitación
emocional, e impedir ser influenciados por las preferencias y enfado o por las
alabanzas o las culpas. El mismo principio de pensamiento objetivo debe ser
aplicado a otras materias en la vida cotidiana.
Si entendemos adecuadamente el funcionamiento de kamma y renacimiento,
reconoceremos que nadie es similar a otro, y por eso debemos también evitar
hacer comparaciones; por que este es un mundo de comparaciones tanto como de
propaganda. La única comparación significativa que uno puede hacer es entre la
persona que éramos hace un mes, hace un año o hace una década, y la persona que
somos ahora; física, intelectual, moral y financieramente. Si no ha habido
mejoría, o ha sido insuficiente, debemos preguntarnos por qué es eso y remediar
nuestras dificultades sin demora. Si el balance anual se hace regularmente,
será de lo más benéfico. Poniendo a un lado el orgullo y los prejuicios,
revisando nuestros valores y perspectivas, entonces llevaremos una vida más
simple, sana y feliz.
Para el adulto es natural amar a una persona del sexo opuesto. El buddhista
laico reconocerá que no hay nada "pecaminoso" o vergonzoso en el
sexo, y por lo tanto no sufrirá de un sentimiento de culpa por el deseo sexual.
Al mismo tiempo él o ella estarán conscientes que el deseo sexual, como
cualquier otra forma de deseo, debe ser regulado y controlado para evitar dañar
a uno mismo y a otros.
En un exitoso matrimonio las partes contractuantes deben darse cuenta que
el amor es un sentimiento mucho más amplio que la atracción sexual. Si una
persona realmente ama a otra, él o ella deben aprender a dar sin esperar nada a
cambio. Solamente de esta manera puede resolverse satisfactoriamente el
problema del sexo. Aun más, los futuros cónyuges deberán preguntarse,
"¿qué espero de mi pareja?" y deberán encontrar objetivamente hasta
que punto el prospecto de pareja tiene las cualidades requeridas.
Podría conseguirse la ayuda de un amigo confiable y equilibrado que haya conocido
a la futura pareja suficiente tiempo y pueda estar en una mejor posición para
ofrecer una correcta evaluación. Hay peligros obvios al ser nuestro propio
agente matrimonial. Muy seguido nos inclinamos a dotar a la futura pareja con
cualidades y virtudes que ella (o él) claramente no tienen a los ojos de un
observador imparcial. Este peligro debe ser francamente reconocido, porque de
otra manera tarde o temprano habrá desilusión, y entonces se establece el
escenario para la miseria y descontento marital.
Sin duda, el sexo es importante en la vida marital, pero debe mantenérsele
en un lugar apropiado, como una expresión del amor marital. Naturalmente, el
sexo no es la sola preocupación de la vida marital; solamente cuando es
subordinado al amor y al afecto personal, la sexualidad proporciona una
verdadera experiencia emocional satisfactoria. Por encima y más allá de la
compatibilidad sexual, un matrimonio feliz exige entendimiento y ajustes
mutuos, sacrificio y generosidad, tolerancia y paciencia. La vida matrimonial
se convierte verdaderamente en una bendición más que una maldición cuando se le
ve como una unión de dos personas que están comprometidas en pensar más en la
unión que en ellos mismos, que están preparados para hacer un mutuo esfuerzo
necesario para conseguir alegría y armonía.
La mayoría de las parejas casadas esperan tener hijos. Los niños difieren,
por que cada uno trae con él o ella su propia herencia kammica de muchas vidas
pasadas, una herencia kammica que incluye tendencias potenciales que establecen
el tono general y rasgos de carácter del niño. Este hecho indica ambas, las
responsabilidades y las limitaciones de los padres en la educación de sus
hijos.
El niño pasa la mayor parte de los años formativos de la vida en casa, y
temprano en la vida aprende a seguir por imitación los valores y estilo de vida
de los padres. La escuela y otros agentes influyentes no pueden suplantar o
reemplazar a los padres. Los padres buddhistas deben reconocer su solemne
obligación de servir como modelos a sus hijos. Por ello, deben regularmente
observar los Cinco Preceptos y mostrar a sus hijos con el ejemplo que el Dhamma
aún está vivo y norma sus vidas diarias. Los padres deben estar conscientes que
el niño tiene inmensos potenciales tanto para el bien como para el mal, y de
este modo deben cumplir su responsabilidad de ayudar al niño a desarrollar su
potencial para lo bueno y a refrenar el potencial para lo malo. Es solamente si
los padres conceden su cuidado amoroso y la atención a sus hijos que el niño
será capaz de satisfacer las esperanzas y aspiraciones de los padres.
El Buddha aconseja a los padres a que guíen a sus hijos, a satisfacer sus
necesidades, a vigilar su educación, a darlos en matrimonio en el tiempo
adecuado, y a atender todos los otros aspectos de su bienestar. Desafortunadamente,
sin embargo, muchos padres hoy no cumplen con sus deberes con el resultado de
que muy seguido los niños pierden el camino. Los padres buddhistas responsables
deben estar preparados a renunciar a sus propios placeres para atender la
educación de sus hijos. Deben darse cuenta que la influencia del hogar es en
ultima instancia la que más importa en la formación del carácter de los niños,
pesa más que todas las otras influencias externas a las que el niño pueda ser
expuesto. En áreas en las cuales les falta a los padres adecuada experiencia,
deben estar preparados para consultar un manual no técnico sobre la apropiada
crianza del niño.
Los primeros cinco años de la vida del niño son los más cruciales en la
formación del carácter, y es en esta etapa que son más susceptibles a la
influencia de los padres. Después las necesidades del niño cambian, y
continuarán cambiando radicalmente en diferentes etapas de desarrollo. Los
padres deben recordar esto y encontrar las nuevas necesidades como vayan
apareciendo.
En los primeros años son esenciales tres factores para el crecimiento
equilibrado y saludable: el amor y afecto de los padres; un medio ambiente
familiar estable; y un ámbito para actividades creativas e iniciativa personal.
Los jóvenes aprenden principalmente por imitación. Si los padres muestran
madurez emocional, evitan peleas, respetan y confían uno en el otro, y hacen lo
mismo con sus hijos, entonces los niños desarrollarán rasgos de carácter que
son validos tanto moral como psicológicamente. Cuando el niño es educado con
amor y entendimiento, con percepción sobre las cambiantes necesidades de él o
de ella, alimentado con altos ideales y aspiraciones superiores, entonces
tendrá un cimiento seguro sobre el cual construir un carácter y un futuro. De
esta manera los primeros pasos a lo largo del Camino del Buddha serán bien
plantados.