Traducción al español por Amor Pérez Matus y Alejandro
Córdova
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3-Los peligros relacionados con el transcurso de la
existencia |
Los
primeros dos pasos importantes a considerar en el proceso de convertirse en un
discípulo laico del Buddha, están determinados en primera instancia, por la
necesidad de buscar el camino hacia el refugio (saraäàgamana) y,
posteriormente, por la comprensión y aceptación de los cinco preceptos
(pañca-sìla-samàdàna). En aquel primer momento, la persona toma consciencia
del compromiso que implica la aceptación de la Triple Joya - el Buddha, el
Dhamma y la Sangha - como guía ideal de su propia vida y, en el segundo,
manifiesta su determinación de desarrollar sus acciones de manera congruente
con los preceptos que la Triple Joya propone a través de la recta conducta.
Por lo
tanto, los siguientes dos apartados que conforman este trabajo fueron escritos
con el propósito de proporcionar una explicación clara y concisa de estos dos
pasos o momentos, entendidos como las enseñanzas del Buddha y, aunque la
intención primordial consiste en dirigirlo a aquellas personas de reciente
decisión por acercarse a dichas enseñanzas, es muy probable que sean de gran
utilidad también para aquellos buddhistas de larga experiencia, en su afán por
comprender mejor el significado de las prácticas con las que se han familiarizado
a través del tiempo o para quienes deseen solamente conocer lo que significa
ser un buddhista.
Con el
objeto de mantener una lectura accesible y evitar caer en esquemas
escolásticos, las referencias a las fuentes que constituyen los materiales
originales se presentan con anterioridad a la exposición de los apartados,
reduciéndose éstas en el interior del trabajo.
El
Camino hacia el Refugio se basa fundamentalmente en los pasajes que a este respecto
han sido encontrados en el Khuddakapàåha- Aååhakathà (Paramatthajotikà), el
Dìghanikàya- Aååhakathà (Sumaægalavilàsinì) y el Majjhimanikàya-Aååhakathà
(Papañcasùdanì). El primero ha sido traducido por Ven. Bhikkhu Ñàäamoli en el
libro Minor Readings and The Ilustrator, bajo el auspicio de la Pali Text
Society (PTS); en Londres, Inglaterra, 1960. El tercero, traducido por Ven. Nyanaponika Thera en The Treefold Refuge,
(B.P.S. No. 76).
El
apartado que se refiere a la Consideración de los Preceptos se conforma
principalmente de las explicaciones que sobre las normas de instrucción han
sido encontradas en el Khuddakapàåha-Aååhakathà, citado en el párrafo anterior
y de los planteamientos que sobre la trayectoria del kamma se hallan en el
Majjhimanikàya ; comentario No. 9, Sammàdiååhisutta.
El
primero, disponible en inglés, gracias a la traducción ya citada de Ven. Ñàäamoli
en el libro Minor Readings and The Ilustrator; el segundo, en "La Recta
Comprensión", Discurso y Comentario sobre el Sammàdiååhisutta, traducido
por Bhikkhu Soma en Sri Lanka : Buddha Sahitya Sabba, en 1946.
Otro
trabajo de gran utilidad correspondió a "Los Cinco Preceptos y las Cinco
Virtudes" de HRV Vajirananavarorasa, un viejo Patriarca Supremo de
Tailandia Bangkok : Mahamakut Rajavidyalaya, 1975. Otra revisión más se llevó
a cabo a la sección sobre el ciclo del kamma en AbhidharmakoËa, de Vasubandhu,
un trabajo en sánscrito, producto de la tradición Sarvastivada.
Bhikkhu Bodhi
Las
enseñanzas del Buddha pueden ser concebidas como una obra magistral, con sus
propios fundamentos, pasajes, etapas y objetivos.Como cualquier otra
filosofía, proporciona una puerta de acceso que habrá de atravesarse para
penetrar en las Enseñanzas del Buddha ; es decir, es el camino para encontrar
el refugio en la Triple Joya y a su vez, el proceso para entender al Buddha
como el más iluminado maestro ; al Dhamma, como su pensamiento verdadero y a la
Sangha, como la comunidad de sus nobles discípulos.
Desde
tiempos remotos, el Camino hacia el Refugio se ha concebido como el sendero
para lograr la cercanía con el Buddha, atendiendo desde sus más elementales
historias, hasta las de mayor profundidad. Todo aquel que se acerca por
primera vez a las enseñanzas del Buddha, como aquel que se encuentra
comprometido con una práctica regular, habrá de expresar su intención de ir
hacia el refugio, a través de la siguiente fórmula :
Buddhaç saraäaç
gacchàm
Me refugio en el Buddha,
Dhammaç saraäaç
gacchàmi
Me refugio en el Dhamma,
Saæghaç saraäaç
gacchàmi
Me refugio en la Sangha.
La
trascendencia de esta primera etapa no debe ser subestimada, puesto que es la
que proporciona dirección y capacidad de avance en la práctica cabal del
buddhismo. Ya que ir hacia el refugio constituye un acto tan importante, es
vital que dicho acto se comprenda tanto en su naturaleza propia, como en sus
implicaciones para el futuro desarrollo del proceso de avanzar hacia el refugio.
Con el
objeto de abrirnos a la comprensión interna y profunda de lo que significa,
presentamos un examen del proceso en sus aspectos más relevantes, abordándolo
bajo los siguientes ocho momentos : las razones para buscar el refugio, la
existencia de un refugio, la identificación de los objetos del refugio, el
acto de ir hacia el refugio, la función de ir hacia el refugio, los métodos
para ir hacia el refugio, las impurezas y obstáculos en el camino hacia el
refugio y las similitudes metafóricas de los refugios.
I.- LAS RAZONES PARA
BUSCAR EL REFUGIO
Cuando
se dice que la práctica de las enseñanzas del Buddha inicia por la necesidad
de encontrar el refugio, de manera inmediata pensamos en responder a la
siguiente pregunta : ¿Qué necesitamos hacer para encontrar un refugio ?
Un
refugio es una persona, un lugar o algo que nos otorga protección de los daños
y peligros a los que continuamente estamos expuestos. Por tanto, cuando
iniciamos una práctica para buscar un refugio, lo que pretendemos es
protegernos de esos daños y peligros, por lo que la pregunta original nos
conduce ahora al hecho de indagar cuáles son esos daños y peligros de los que
necesitamos ser protegidos.
Si
revisamos nuestras vidas y encontramos que nuestros empleos son estables,
nuestra salud es buena, nuestras familias bien provistas de los necesario,
nuestros ingresos adecuados ; muy probablemente consideremos que nuestra vida
goza de gran seguridad y, por consiguiente, pensar en la búsqueda de un
refugio parecería como una necesidad superficial.
Para
comprender realmente la necesidad de un refugio, necesitamos aprender a
observar nuestra posición como realmente es ; es decir, a observarla y
atenderla con precisión y profundidad agudas en todo su contexto.
Desde
la perspectiva buddhista, la situación humana es similar a un iceberg ; una
pequeña fracción de su totalidad aparece sobre la superficie, permaneciendo la
mayor por debajo de ella, oculta a nuestra vista.
Debido
a lo limitado de nuestra propia visión mental, nos resulta difícil penetrar a
través de la superficie y observar lo que subyace bajo ella. Más aún, hay que
aclarar que esa pequeña fracción del iceberg que podemos ver, raramente la
percibimos con suficiente claridad y agudeza.
El
Buddha enseña que el conocimiento está sujeto a nuestros deseos. En forma
sutil y sin percatarnos de ello, nuestros deseos condicionan nuestras
percepciones. Así, nuestra mente actúa seleccionando y excluyendo los diversos
aspectos de la realidad, dándonos cuenta sólo de aquellos que están de acuerdo
con nuestras preconcepciones y desechando o distorsionando aquellos que
amenazan con vulnerarlas.
Desde
una comprensión más profunda, el sentido de seguridad bajo el que generalmente
vivimos es falso, pues se sustenta en la inconsciencia y en los subterfugios
de la mente. Nuestra posición en este sentido, es el resultado de nuestras
distorsiones y limitaciones de nuestra propia perspectiva mental.
No
obstante, el verdadero concepto de seguridad se erige a través de la correcta
comprensión y no a través de la ilusión. Para lograr abandonar los miedos y
peligros que amenazan nuestro camino, debemos mantenernos con una visión aguda
y dilatada. Habremos de bregar con las decepciones que nos conducen a un
estado de complacencia confortable y no volver la vista hacia el desasosiego,
ni permitir cabida nuevas distracciones. Al hacerlo de esta manera se hace
cada vez más claro que caminamos a través de un estrecho camino al borde de un
abismo peligroso.
Según
palabras del Buddha, somos una especie de viajeros atravesando un bosque
espeso, repleto de pantanos y precipicios o como un hombre, que atravesando
por un torrente busca seguridad aferrándose a las hierbas que crecen en la
orilla o como un marinero cruzando un océano turbulento o como un hombre
perseguido por serpientes venenosas y crueles enemigos.
Los
peligros a que estamos expuestos no siempre pueden ser tan evidentes para
nosotros mismos. Muy a menudo el riesgo es tan sutil o disfrazado que
dificulta su detección, pero a pesar de todo, sabemos que están allí. Si
queremos librarnos de ellos, el primer esfuerzo a realizar es reconocerlos y
admitirlos como son, enfrentarlos con voluntad y determinación.
Sobre
las bases de las enseñanzas del Buddha, los peligros que nos conducen a la
búsqueda de un refugio, pueden ser agrupados en tres clases :
1.- Los peligros relacionados con la vida presente
2.- Los peligros relacionados con las vidas futuras
3.- Los peligros inherente al transcurso general de la existencia.
Cada uno
de éstos, comprende dos aspectos :
b) El aspecto de carácter objetivo, que es
característica particular del mundo
c) El aspecto de carácter subjetivo, que corresponde a nuestra estructura
mental
1.- Los peligros
relacionados con la vida presente.
a) aspecto
objetivo.-
El
peligro más evidente a que nos enfrentamos es el que corresponde a la
fragilidad de nuestro cuerpo físico y sus sustentos materiales. Desde el
momento en que nacemos, nos vemos expuestos a enfermedades, accidentes y
deterioro por un lado, a desastres naturales como sismos e inundaciones por el
otro. Nos desarrollamos en una sociedad repleta de crímenes, explotación,
represión y riesgos permanentes de guerra. Los acontecimientos tanto
políticos, como sociales y económicos, generalmente conducen al estallido de
las crisis.
Los
intentos de reformas y revoluciones siempre se esfuman, repitiéndose los
esquemas de estancamiento y violencia, con la consiguiente desilusión. Incluso
en épocas de relativa tranquilidad, el orden de nuestras vidas no es del todo
perfecto. En fin, una u otra cosa parece siempre estar fuera de foco. Obstáculos
y preocupaciones se presentan indefinidamente.
A pesar
de que podemos ser los suficientemente afortunados para librarnos de las más
serias adversidades, existe una que no podemos traspasar. Esta es la muerte. Estamos
destinados a morir y, con todo y nuestra riqueza, nuestra habilidad y nuestra
fuerza, permanecemos indefensos frente a nuestra mortalidad. La muerte pesa
sobre nosotros desde el momento en que nacemos y, al paso de cada minuto, nos
acercamos ineludiblemente más a ella. Ese caminar por la vida sintiendo una
seguridad basada en nuestras propias comodidades, como si fuéramos hombres
atravesando un lago completamente congelado, suponiendo que avanzamos con
seguridad, cuando en realidad ignoramos que el hielo se resquebraja bajo
nuestros pies.
Los
peligros que nos agobian, se tornan más angustiantes por la incertidumbre que
nos produce el desconocer el momento en que éstos habrán de presentarse. Si
fuera posible vislumbrar la llegada de cualquier adversidad, tendríamos la
alternativa de prepararnos para alcanzar la resignación de manera estoica ;
pero el hecho es que desconocemos mucho sobre lo que el futuro nos depara y,
por tanto, vivimos momento tras momento, con el vago presentimiento de que en
cualquier segundo, de manera repentina, nuestras esperanzas se desvanecerán.
A
menudo nuestra salud se ve amenazada por la enfermedad, nuestros negocios
decaen, nuestros amigos se vuelven en contra nuestra, nuestro amor muere. En
fin, nada nos garantiza que estas contrariedades no habrán de presentarse en
cualquier momento. Lo único certero es la muerte y podemos estar seguros de
que ésta sobrevendrá.
B). aspecto
subjetivo
El
aspecto subjetivo del peligro o del riesgo propio de la vida presente,
consiste en nuestra actitud negativa a esta situación de la realidad del
mundo, de donde el elemento de incertidumbre tiende a generar en nuestro
interior una inquietud persistente que altera nuestro propio sentido de
seguridad. En el nivel interior profundo, sentimos la inestabilidad de nuestra
confianza, su transitoriedad y su vulnerabilidad ; así la conciencia de ello
nos produce un sentimiento de malestar que a veces nos conduce a un estado
intenso de ansiedad. La fuente de este malestar no siempre somos capaces de
identificar, ya que permanece al acecho en lo profundo de nuestra mente ; es
como un miedo no localizado de que todo aquello en que nos apoyamos será
bruscamente derrumbado, dejándonos sin nuestro marco de referencia habitual. Esa
ansiedad es lo suficientemente perturbadora en sí misma y a menudo se
confirma, ya que el curso de los acontecimientos sigue su propia dinámica
independientemente de nuestra voluntad y sin coincidir con ella necesariamente.
La vida
en este mundo implica enfermedad, pérdida y muerte que golpean cuando el
tiempo madura. Cuando el devenir de los acontecimientos nos impacta, el
resultado es doloroso y frustrante, Si el conflicto es de menor magnitud
caemos en el enojo, en la depresión o en el incomodo ; pero si es mayor, somos
presa de la angustia, de la tristeza o de la desesperanza. En cualquiera de
los casos, emerge una profunda desarmonía entre nuestros deseos y la realidad
del mundo, produciéndose como resultado el sufrimiento. Pero más aún, el
sufrimiento que aflora tampoco es fortuito, ya que cuenta con un calor
sintomático que revela la existencia de pesares profundos que subyacen,
relacionados y generados por nuestras propias actitudes hacia el mundo, ya que
actuamos con una estructura mental de expectativas, proyecciones y demandas.
Nuestro
comportamiento usual responde a una estructura mental repleta de expectativas,
proyecciones y demandas con los que esperamos que la realidad se conforme con
nuestros deseos, se someta a nuestro mandato y confirme nuestras
preconcepciones ; pero ella se resiste. Cuando esto acontece, enfrentamos el
dolor y la frustración que nacen del conflicto entre nuestras expectativas y
la realidad. Para resolver este sufrimiento, una de las dos habrá de cambiar ;
nuestras expectativas o la realidad del mundo.
En el
preciso momento que deduzcamos que no es posible alterar la naturaleza del
mundo, por aquel rasgo de incertidumbre que lo caracteriza y, por
consiguiente, tornarlo armónico con nuestras expectativas, reconoceremos que
la única alternativa será el cambio en nosotros mismos, venciendo el apego y
la aversión hacia el mundo. Vencer el apego significa aprender a observar con
ecuanimidad la fluctuación de los hechos, libres de vaivenes de los estados de
ánimo. El estado de ecuanimidad, más allá de las contradicciones del mundo,
conduce a la más alta seguridad ; aunque para lograrla, necesitamos una guía. La
guía que elegimos no puede protegernos de la adversidad objetiva. Sólo puede
salvaguardarnos de las peligrosas respuestas negativas con las que a menudo
enfrentamos los conflictos ; tales como la ansiedad, la aflicción, la
frustración y la desesperación. Esta es la única y esencial protección posible
y, por concedérnosla, esta guía puede ser considerada como un refugio genuino.
Es por
lo anteriormente expuesto, que necesitamos ser protegidos de actitudes que nos
aquejan aquí y ahora y de reacciones negativas a riesgos, peligros y
adversidades, la primera razón para ir hacia el refugio.
2.- Los peligros
relacionados con las vidas futuras.
A) aspecto
objetivo.
Nuestra
susceptibilidad a los daños y peligros no acaba con la muerte. El acto de
morir es el preludio a un nuevo nacimiento ; de este modo, la muerte es sólo
el proceso potencial hacia un ulterior sufrimiento. El Buddha enseña que todos
los seres vivientes atados a la ignorancia y a la avidez, están sujetos a
renacer y, en la medida en que estos aspectos de la estructura mental
permanezcan inalterables, la corriente individualizada de existencia continúa
después de la muerte, heredando las impresiones y predisposiciones al
sufrimiento acumuladas en la vida previa. No hay un alma que transmigre de una
vida a la siguiente, sino un flujo de conciencia en tránsito que emerge
después de la muerte en una nueva forma apropiada a las tendencias
particularmente dominantes.
Renacer,
de acuerdo con el buddhismo, puede ocurrir en cualquiera de los Seis Reinos de
la existencia. El reino más miserable es el reino de los Infiernos, lugar
donde predominan dolor y tormento severos y donde toda acción perversa es
expiada.
Posteriormente
aparece el Reino Animal, donde prevalece el sufrimiento y la fuerza bruta es
predominante. El sucesivo, corresponde al Reino de los "fantasmas
carenciados " o "espíritus hambrientos " (petavisaya),
ampliamente atormen-tados por fuertes deseos que nunca pueden satisfacer.
Por
encima de estos tres reinos se ubica el Mundo Humano, con su peculiar
equilibrio de alegría y sufrimiento, de virtud y de maldad. Sobreviene el
Mundo de los Semidioses (asuras), seres titánicos obsesionados por la envidia
y la ambición. En la cima se levantan los Mundos Celestiales, habitados por
los dioses (devas).
Los
primeros tres reinos del renacimiento - los Infiernos, el Reino Animal y el
Reino de los Espíritus Hambrientos - aunado al de los asuras, son llamados
"malos destinos" (duggati) o "planos de la desdicha"
(apàyabhùmi), por el sufrimiento incesante que se encuentra en ellos. El Mundo
Humano y los Mundos Celestiales son llamados en contraste "destinos de la
felicidad" (sugati), debido a que en ellos prevalece la felicidad.
Renacer
en los "malos destinos" se considera especialmente desafortunado, no
sólo por el sufrimiento intrínseco a ellos, sino fundamentalmente porque
desprenderse de ellos se torna extremadamente difícil. Un renacimiento
afortunado depende de la realización de acciones meritorias, pero la
existencia en los "malos destinos" encuentra menor oportunidad para
adquirir mérito, de ahí que el sufrimiento en estos reinos tiende a
perpetuarse en un círculo muy difícil de romper.
El
Buddha dice, ejemplificando esa dificultad, que si imaginamos un yugo con un
sólo orificio, flotando sin rumbo en el mar y a una tortuga ciega viviendo
allí mismo, que emergiera a la superficie una vez cada cien años, la
probabilidad de que en un momento dado la tortuga insertara su cuello en el
orificio del yugo sería mayor, que la de un ser que habitando en los
"malos destinos" emergiera al Mundo Humano.
Por
esas dos razones - la desdicha inherente a los "malos destinos" y la
dificultad para trascenderlos -, el renacer en estos reinos representa un
grave peligro que concierne a las vidas futuras y para el que necesitamos
protección.
b) aspecto
subjetivo.
Protegernos
de una caída en el "plano de la desdicha" no se puede obtener a
través de otros ; sólo es posible evitando las causas que conducen a un
renacimiento desafortunado. Las causas que determinan el renacimiento en
cualquier plano específico de la existencia, se albergan en nuestro kamma,
conformándose éste de nuestras acciones y voluntades.
El
kamma, por tanto, se divide en dos clases : el kamma sano y el kamma insano. El
kamma sano es la consecuencia de acciones motivadas por el desapego, la bondad
y el entendimiento. El kamma insano es resultado de acciones motivadas por la
codicia, la enemistad y la ignorancia. Ambos determinan el renacimiento en
cualquiera de los dos planos generales de la existencia, el "plano de la
desdicha" o el "plano de la felicidad".
No es
posible la supresión de los "malos destinos" ; éstos permanecerán
mientras el mundo exista. Evitar renacer en estos planos sólo es posible
manteniendo una observación constante y profunda de nosotros mismos,
controlando nuestras acciones.
Es de
suma importancia pues, que para poder liberarnos de un kamma insano,
necesitamos de ayuda por dos razones primordiales : porque las posibilidades
de actuar son tan numerosas y variadas, que a menudo vacilamos en la elección.
Obviamente, entre todas, existen acciones sanas e insanas ; algunas difíciles
de evaluar, lo que nos produce cierto grado de perplejidad. La elección
correcta requiere de una guía ; es decir, de las indicaciones claras de
alguien que conoce el valor ético de todas las acciones y los senderos que
conducen a los diferentes reinos de existencia.
La
segunda razón por la que requerimos de ayuda, es porque a pesar de nuestra
posible capacidad para discriminar entre lo correcto y lo incorrecto, a menudo
nuestros actos no responden a decisiones desapasionadas, por el contrario,
generalmente son consecuencia de un impulso irracional que nos es difícil
controlar y, al someternos a éstas, provocamos nuestro propio sufrimiento,
mientras impotentes nos observamos haciéndolo.
Se
torna imprescindible pues, conseguir el dominio o control de nuestra mente
para lograr la capacidad de actuar con el mayor sentido de sabiduría. Para
precisar el sentido correcto de la disciplina, son necesarias a su vez, las
enseñanzas de alguien que entienda el funcionamiento de la mente y logre
mostrarnos la manera de vencer las obsesiones que nos conducen a patrones
autodestructivos de conducta.
Debido
a que estas enseñanzas y quien las proporciona permiten protegernos de los
daños y sufrimientos futuros, pueden ser considerados como un refugio genuino.
Así pues, la segunda razón que avala la búsqueda del refugio, consiste en la
necesidad de lograr el dominio sobre nuestra capacidad para actuar y evitar
caer en los "malos destinos" en vidas futuras.
3.- Los peligros
relacionados al transcurso general de la existencia.
a) aspecto
objetivo.
Los
riesgos a que estamos expuestos en el transcurso general de la existencia son
inmensamente mayores a los relacionados con la vida presente y con las vidas
futuras, expuestos con anterioridad. Más allá de las adversidades y
desventuras propias de la vida presente y los riesgos de caer en el
"plano de la desdicha", existe un peligro de mayor trascendencia
aún, que amenaza el transcurrir general de la existencia y se refiere a la
intrínseca insatisfactoriedad de saçsàra.
Saçsàra
es el ciclo de la existencia, la rueda de nacimiento, vejez y muerte, que se
ha repetido indefinidamente desde los orígenes del tiempo.
Renacer
no es un suceso que ocurra por única vez y que nos conduzca a la eternidad en
una vida futura. El proceso de vida se repite una y otra vez, por lo que, cada
nacimiento individual implica decadencia y muerte ; cada muerte individual,
conduce a un nuevo nacimiento. Un renacimiento puede ser afortunado o
desdichado, pero dondequiera que ocurra, no habrá manera de detener o suprimir
la rotación que caracteriza la rueda de nacimientos y muertes. Como es posible
observar, el sentido de impermanencia impone su decreto por encima del dominio
de la vida, señalando que todo lo que surge en algún momento, habrá de cesar
en otro. Ni siquiera la existencia en los Reinos Celestiales escapa. La vida
allí también cesa cuando se agota el kamma que la produjo, para resurgir en
algún otro plano, quizá en las moradas de la miseria.
Esta constante
rotación por todas las formas de existencia condicionada se presentarán ante
el ojo de la sabiduría como insatisfacción y sufrimiento (dukkha). Ninguno de
nuestros apoyos o soportes está exento del cambio permanente. De aquí que todo
lo que nos procuramos en cuanto a comodidad y distracción, es en realidad sólo
una manera de ocultar el sufrimiento. Aquello en lo que nos apoyamos para
sentir seguridad, está en sí mismo expuesto al peligro ; aquello a lo que nos
volvemos para ser protegidos, necesita en sí mismo ser protegido. Nada de eso
a lo que nos queremos aferrar durará para siempre : "Se está derrumbando,
se está derrumbando. Esto es lo que se llama el mundo".
Para
entender esta situación en su total profundidad y gravedad, habremos de
multiplicarla por infinito. Desde siempre hemos estado trascendiendo a través
del ciclo general de la existencia, encontrando las mismas experiencias una y
otra vez : nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte ; separación y
pérdida ; fracaso y frustración. Incontables veces nos hemos hundido en el
plano de la miseria, hemos sido animal, espíritu carenciado o espíritu
infernal. Una y otra vez hemos experimentado el sufrimiento, la violencia, la
pena y la desesperanza.
El
Buddha ha declarado que el caudal de lágrimas y sangre que hemos derramado en
el curso de nuestro vagabundeo por el saçsàra, es muchísimo mayor al de las
aguas de los océanos ; que con los huesos que hemos dejado atrás sería posible
formar una montaña inmensamente mayor a la Cordillera del Himalaya completa. En
numerosas ocasiones del pasado nos hemos encontrado con el sufrimiento y en la
medida en que las causas que nos conducen al ciclo del saçsàra no
desaparezcan, corremos el peligro de repetir estas experiencias a lo largo de
nuestro vagabundeo en el saçsàra.
B) aspecto
Subjetivo
Para
escapar de estos peligros, sólo hay una forma : el desapego a todas las formas
de existencia, incluida la más sublime ; aunque para conseguirlo de manera
efectiva, debemos cortar la causa que nos esclaviza en la rueda de las
existencias. Las causas fundamentales que sostienen nuestro vagabundeo en el
saçsàra se albergan en nosotros mismos.
El
Buddha afirma que vagamos de vida en vida impulsados por una necesidad
insaciable y profunda de perpetuar nuestra existencia. Este impulso es llamado
por el Buddha "bhava-taähà" ; es decir, la avidez por la existencia.
Mientras este anhelo persista, aun en forma latente, la muerte no será una
barrera para continuar nuestras existencias en el saçsàra. Esta avidez de permanencia
constituirá el puente que permita el paso del vacío creado por la muerte a una
nueva forma de existencia, determinada por el kamma acumulado previamente.
Esta
misma avidez y la existencia que genera, se alimentan una a otra en un proceso
sucesivo. La avidez genera una nueva existencia ; la nueva existencia prepara
el terreno para que la avidez encuentre gratificación. Subyacente a este nexo
vicioso que liga la avidez a la repetición de la existencia, existe un factor
primordial llamado ignorancia (avijjà).
La
ignorancia es una inconsciencia básica de la verdadera naturaleza de las
cosas, un estado infinito de desconocimiento espiritual. La inconsciencia
básica opera en dos formas distintas : oscurece, por un lado, la correcta
cognición y, por el otro, como consecuencia, crea una red de distorsiones
perceptuales y cognitivas.
Por la
ignorancia, en numerosas ocasiones apreciamos belleza en cosas que son
realmente repulsivas, permanencia en lo impermanente, placer en lo
desagradable y una entidad permanente donde sólo existen fenómenos
transitorios, insustanciales y sin ego. Estas ilusiones sostienen nuestro
impulso de avidez. Como un asno que persigue la zanahoria suspendida de una
vara y que se mueve frente a su cara ; así nosotros perseguimos
precipitadamente cualquier indicio que aparente belleza, permanencia, placer y
entidad permanente ; encontrándonos al final vacíos y más fuertemente
enredados en la rueda samsárica.
Para
poder liberarnos de este fútil y poco benéfico patrón, es necesario erradicar,
no sólo temporal, sino completa y definitivamente, la avidez que lo ocasiona. Así,
habremos de erradicar la ignorancia, ya que mientras permitamos que ella nos
envuelva con su manto de ilusión, el terreno será propicio para su desarrollo.
El
antídoto contra la ignorancia es la sabiduría (paññà), pues ésta el
conocimiento profundo que rasga los velos de la ignorancia y nos permite ver
las cosas como realmente son.
No es
sólo el conocimiento, sino fundamentalmente una experiencia generada en
nosotros mismos de manera directa, inmediata y personal. Para arribar a la
sabiduría, requerimos de la enseñanza, ayuda y guía de alguien que nos oriente
sobre lo que debemos ver y entender por nosotros mismos y que nos proporcione
los métodos a través de los cuales podamos desarrollar la sabiduría
liberadora, logrando vencer las ataduras que nos ligan a las repetidas
existencias.
Por lo
tanto, aquellos que nos brinden tanto sus enseñanzas y su guía, como la
protección a los peligros que existen en el transcurso general de la
existencia, pueden ser considerados como refugio genuino. Consiguientemente,
la necesidad de liberarnos de la insatisfactoriedad del saçsàra, constituye la
tercera razón para in hacia el refugio.
II.- LA EXISTENCIA
DE UN REFUGIO
Reconocer
que la situación humana requiere de la búsqueda de un refugio, es una
condición necesaria, aunque no suficiente, si antes no estamos convencidos de
que existe un refugio real y verdadero. Antes de la posibilidad de discernir
sobre la existencia de un refugio, parece imprescindible determinar, desde
nuestro punto de vista y de manera exacta, lo que significa un refugio.
The
dictionary defines "refuge" as a shelter or protection from danger
and distress, a person or place giving such
protection, and an
expedient used to obtain such
protection. This tallies with the
explanation of the Pali word //sarana//,
meaning "refuge", which has
come down in the Pali commentaries. The commentaries gloss the word
//sarana //with another word meaning
"to crush" (//himsati//),
explaining that "when people have gone
for refuge, then by that very
going for refuge it crushes, dispels,
removes, and stops their fear,
anguish, suffering, risk of unhappy rebirth
and defilement."
[//Khuddakapatha-Atthakatha//:
Saranagatanam ten'eva saranagamanena
bhayam santasam dukkham duggatim
parikkilesam himsati vidhamati
niharati nirodheti.]
El
diccionario define "refugio", como un abrigo o protección de los
peligros y la aflicción; una persona o lugar que proporciona protección;
recurso utilizado para obtener protección. Esta definición coincide con la que
ofrece en pali el término “saraäa”, significando "refugio" que ha
sido expuesta en los Comentarios Pali. Los Comentarios glosan el término “saraäa”
con otro, “hiçsati” que significa aplastar o abatir. Además, explican que “Cuando
la gente decide ir hacia el refugio, es éste mismo ir hacia el refugio el que
aplasta, disipa, remueve y elimina sus miedos, angustias y sufrimientos ;
evitando así las impurezas y el peligro de un renacimiento infeliz”.1
Este
planteamiento sugiere que por la importancia en sí mismo, un refugio habrá de
constar de dos cualidades esenciales : una primera, sustentada sobre la base
de que un refugio debe estar más allá de todo peligro y aflicción, ya que una
persona o cosa - refugio - expuesta a los peligros no es segura de sí misma y,
por tanto, no puede proporcionar seguridad y protección a otras. Solamente
cuando está más allá del miedo y los peligros se puede tener confianza en esta
protección.
La
segunda cualidad supone que el refugio debe estar al alcance de todos
nosotros. Una situación más allá del miedo y los peligros, pero inaccesible,
es irrelevante para nosotros y, por tanto, no puede funcionar como un refugio.
Para que algo sirva como refugio, debe estar disponible y ser capaz de ofrecer
protección contra los peligros.
Después
de exponer las determinaciones abstractas sobre las características de un
refugio, volvemos a la pregunta concreta. ¿Existe un refugio capaz de dar
protección para los tres tipos de peligros anteriormente delineados y
referidos a la ansiedad, frustración penas y aflicciones de la vida presente ;
del riesgo de un destino desdichado después de la muerte y de un continuo
errar el saçsàra ?
La
tarea de trabajar para lograr una respuesta a esta pregunta ha de emprenderse
con suma cautela. De entrada, es necesario reconocer que no es posible arribar
a una respuesta objetivamente verificable y públicamente demostrable. La
existencia y particularidades de un refugio no pueden ser comprobados
lógicamente como una alternativa irrefutable. Lo más que puede lograrse es la
defensa profunda de nuestra convicción sobre la existencia de personas u
objetos que poseen las cualidades de un refugio. El resto dependerá de la fe y
la esperanza nacidas de la confianza, al menos hasta que esta convicción
inicial sea transformada en conocimiento a través de la experiencia directa. Pero
aún entonces, la verificación permanece interna y personal, como un asunto de
aprehensión subjetiva, más que como una prueba lógica o de posible
demostración objetiva.
Desde
la perspectiva buddhista, existen tres refugios que en forma conjunta ofrecen
protección completa para los peligros y aflicciones que nos aquejan : El
Buddha, el Dhamma y la Sangha. Su interrelación conforma un sólo refugio que
se divide en tres estadios, dependiendo de las características y funciones de
cada uno y, la diferencia entre ellos se torna más clara, si consideramos el
orden en que los tres se presentan.
El
Buddha aparece primero porque representa a una persona y, partiendo del hecho
de que nosotros somos personas, tendemos a considerar a otra como guía,
inspiración y dirección ; ya que cuando se trata de obtener la liberación
final, lo que necesitamos en primer lugar, es a una persona que haya alcanzado
la completa liberación de peligros y pueda así, conducirnos hacia el mismo
estado de salvación y seguridad. Este es el Buddha, el Iluminado, la persona
que descubre, alcanza y proclama la existencia del refugio, el que encabeza la
tríada del refugio.
En
segundo lugar, necesitamos un refugio para lograr avanzar en el camino hacia
el refugio mediato, aquel estado más allá de miedos y peligros. Por tanto,
necesitamos un camino que conduzca a esa meta y también un conjunto de
preceptos e instrucciones que no guíen a lo largo del sendero, Esto constituye
el Dhamma, que, como veremos más adelante, tiene estas tres connotaciones.
En
tercer lugar, necesitamos de las personas que comenzaron como nosotros, con
problemas y aflicciones y que a través de seguir el sendero mostrado por el
Buddha, han ido alcanzando un estado de seguridad, alejándose de los temores y
calamidades. Esta es la Sangha, que agrupa a la comunidad de personas
espirituales que han penetrado en el sendero y que juntas ahora, podrán
mostrar el camino hacia el refugio.
En esa
tríada llamada la Triple Joya - el Buddha, el Dhamma y la Sangha -, cada
miembro trabaja en armonía con los otros dos, con el fin de lograr que el
proceso de liberación resulte más provechoso y efectivo.
El
Buddha es el que sugiere y señala el refugio, pero no es un salvador que puede
otorgar la salvación por medio de la acción de su persona. Salvación o
liberación, dependen de nosotros mismos, de nuestro esfuerzo y dedicación en
la práctica de las enseñanzas. El Buddha es fundamentalmente el maestro que
nos señala el sendero que habremos de caminar con nuestra propia energía e
inteligencia. El Dhamma constituye el refugio real y verdadero y, como meta de
las enseñanzas, es el estado de seguridad libre de peligros ; como camino, los
medios para arribar a esa meta ; como enseñanza oral, el cuerpo de
instrucciones que describe la forma de practicar el camino.
Para
lograr un uso más efectivo de los medios a nuestra disposición, se requiere de
la ayuda de otras personas que estén familiarizadas con el sendero. Así, la
Sangha es la comunidad de amigos espirituales que conocen el camino y que nos
brindan apoyo para ir hacia el refugio, pero a través de nuestra propia
experiencia.
Esta
tríada de refugios puede ser comprendida con la ayuda de una simple analogía. Si
estamos enfermos y deseamos curarnos, requerimos de un médico que diagnostique
nuestra enfermedad y prescriba el remedio. Es decir, por un lado necesitamos
la asistencia adecuada a nuestra enfermedad y por otro, la medicina para
curarla. El médico y su asistencia por sí mismos no pueden curarnos ; lo más
que pueden hacer por nosotros, es prescribir la medicina correcta y
exhortarnos, en la medida de lo posible, a que la tomemos. Esa medicina
constituye el remedio real y verdadero para restablecer nuestra salud.
De
manera similar, cuando enfermamos de sufrimiento y ansiedad, confiamos en el
Buddha como el médico que puede descubrir la causa de nuestra enfermedad y
mostrarnos el camino a seguir para sentirnos bien; confiamos en el Dhamma, como la medicina que cura nuestras
aflicciones y, confiamos en la Sangha, como la asistencia que nos estimula a
tomar la medicina. Para restablecernos, habremos de tomar la medicina, ya que
no podemos sentarnos a esperar que el doctor nos cure por sí mismo.
De la
misma forma, para lograr liberarnos del sufrimiento debemos practicar el
Dhamma, pues constituye el refugio real y verdadero que nos conduce al estado
de liberación.
III.- IDENTIFICACIÓN
DE LOS OBJETOS DEL REFUGIO
El
provecho del acto de ir hacia el refugio es proporcional a la profundidad y
precisión con las que podamos comprender la naturaleza de los objetos del refugio.
Por tanto, estos objetos deben ser identificados de manera precisa y correcta.
Cada
objeto del refugio se caracteriza por dos niveles de significación: uno,
concreto y mundano, y otro, intangible y supramundano. Los dos no son
enteramente distintos, sino que se enlazan en forma tal, que el primero actúa
como un vehículo para el segundo. Un análisis de cada refugio aclarará sus dos
niveles de significación y la forma en que ellos se interrelacionan.
El
Buddha como refugio puede ser considerado en primer lugar. En un nivel, la
palabra Buddha se refiere a una figura particular, al hombre Siddhartha
Gotama, quien habitó en la India, en el siglo V a.C.
Cuando
nos refugiamos en el Buddha, nos refugiamos en esta persona, porque es el
maestro del Dhamma y el fundador histórico del buddhismo. Aún así, no nos
refugiamos en él estrictamente como persona, sino como el Iluminado; situación
que tiene un significado que trasciende los límites de la experiencia empírica
y el hecho histórico.
Lo que
permite que el Buddha constituya un refugio entonces, es su actualización como
realización supramundana, siendo ésta el estado de buddheidad o perfecta
iluminación a la que han arribado otras personas en el pasado y al que
arribarán otras en el futuro. Todos aquellos que alcancen ese estado, serán
Buddhas.
Cuando
nosotros tomamos refugio en el Buddha, confiamos en él como un refugio porque
encarna en sí mismo esta realización. Es su buddheidad lo que hace al Buddha
un refugio. Pero ¿qué es la buddheidad del Buddha? De manera concisa, la
buddheidad del Buddha es la suma total de las cualidades alcanzadas por la
persona llamada Gotama, resumidas en el abandono de todos los defectos y la
adquisición de todas las virtudes.
Los
defectos abandonados tienen relación con las impurezas (kilesa), junto
con sus impresiones residuales (vàsanà).
Las
impurezas son las fuerzas mentales que nos afligen y que causan la corrupción
interna y la perturbación, motivando acciones insanas. Los principales
elementos de esas impurezas son la avidez, el odio y la ignorancia. De éstas
se derivan todas las impurezas secundarias.
Como se
mencionó anteriormente, estas impurezas han sido totalmente abandonadas por el
Buddha; totalmente, porque no queda remanente alguno de ellas; completamente,
porque cada una de ellas ha sido destruida de raíz, sin dejar residuos y
definitivamente, por que no volverán a aparecer en el futuro.
Las
virtudes alcanzadas por el Buddha son numerosas, destacando entre ellas, su
gran sabiduría (mahàpaññà) y su gran compasión (mahà-karuäà).La
gran sabiduría del Buddha posee dos aspectos: la amplitud y la profundidad de
su visión.
A
través de la amplitud de sus sabiduría entiende la totalidad de los fenómenos
existentes y, a través de su profundidad, entiende el modo preciso de la
existencia de cada fenómeno.
La
sabiduría del Buddha no permanece solamente en la contemplación pasiva, sino
que se extiende a la gran compasión, trabajando por el bienestar de otros. El
toma sobre sí mismo la pesada carga de trabajo por el bien de los seres
vivientes, activa denodadamente con el objeto de conducirnos hacia la
liberación del sufrimiento.
Así,
cuando buscamos el refugio en el Buddha, recurrimos a él como la representación
suprema de la pureza, sabiduría y compasión; como al maestro incomparable que
puede guiarnos hacia la seguridad, lejos de los peligros del océano del
saçsàra.
El
Dhamma también involucra una doble referencia. A nivel elemental, la palabra
Dhamma representa las enseñanzas del Buddha, las bases conceptuales expresadas
verbalmente por la figura histórica de Gotama.
Estas
enseñanzas fueron llamadas "la transmisión" (àgama) y están
contenidas en el Tipiåaka, llamadas las Tres Colecciones de Escrituras y en
los Comentarios y trabajos de exposición que las explican.
Las
tres colecciones incluyen el Vinayapiåaka, el Suttapiåaka y el
Abhidhammapiåaka. El Vinayapiåaka registra el reglamento y disciplina para
monjes y monjas buddhistas. El Suttapiåaka contiene los discursos del Buddha,
expone su doctrina y la práctica del sendero. El Abhidhammapiåaka presenta una
exposición de la esfera de la realidad, desde un punto de vista de un
conocimiento filosófico preciso, que analiza los elementos fundamentales que
la definen, mostrando cómo éstos integran una red compleja de relaciones
condicionadas.
El
Dhamma transmitido verbalmente y contenido en las Escrituras y Comentarios,
sirve como el conducto para comprender de manera más profunda el significado
de las palabras y expresiones del Buddha. Es el Dhamma de logro real y
verdadero (adhigama), que comprende tanto el sendero (magga), como la meta
(attha).
La meta
es alcanzar el fin de las enseñanzas (Nibbàna), es la completa cesación del
sufrimiento, es el estado incondicionado más allá de la rueda de fenómenos
impermanentes que constituyen el saçsàra. Esta meta será alcanzada a través de
un camino específico y un proceso de práctica al que se denomina el Noble
Octuple Sendero, que precisa de recta visión, recta intención, recto lenguaje,
recta acción, rectos medios de vida, recto esfuerzo, recta atención y recta
concentración.
El
sendero se divide en dos estados: uno mundano, donde aquellos elementos se
cultivan tanto en la vida cotidiana, como en períodos de práctica intensiva;
otro supramundano, al que corresponde un estado de sabia conciencia que emerge
cuando todas las condiciones para realizarlo han madurado, generalmente en el
momento mas alto de la práctica intensiva. Este camino, en realidad representa
un estadio en la experiencia de la Iluminación y tiene una doble función: la
realización del Nibbàna y la erradicación de las impurezas.
El
sendero supramundano se presenta solamente como un sacudimiento súbito, que
cuando ocurre, produce una transformación radical de la estructura de la
mente. Estos sacudimientos son en número de cuatro y se llaman Los Cuatro
Pasos. Cada uno está relacionado con su capacidad para romper las cadenas que
nos atan al saçsàra y se dividen de acuerdo con esta capacidad para ir
cortando sucesivamente, las cada vez más sutiles cadenas del saçsàra.
El primer
paso corresponde a la conmoción inicial de la iluminación, es el paso de
entrada a la corriente (sotàpattimagga), el cual elimina las cadenas de
la visión en las que el ego se afirma, la duda y el aferramiento a ritos y
observaciones erróneas.
El segundo
paso llamado "el que retorna una vez más" (sakadàgàmìmagga),
que no corta las cadenas, pero debilita las raíces subyacentes.
El tercer
paso, el del "no retorno" (anàgàmìmagga), elimina las cadenas
del deseo sensual y la enemistad.
El cuarto
paso es el de Arahant (arahattamagga), que a su vez erradica las cinco
cadenas restantes, referidas al deseo de existencia en los planos material e
inmaterial, la vanidad, la inquietud y la ignorancia.
Cada
uno de estos pasos del sendero es seguido inmediatamente por varios momentos
de una experiencia supramundana denominada "fruición" (phala),
la que se presenta también en cuatro estadios correspondientes a los cuatro
pasos. Este estado de fruición marca un gozo de liberarse de las impurezas que
se encuentran en el paso precedente. Es el estado de libertad experimentada
cuando acontece la ruptura de las cadenas.
En
párrafos anteriores se ha mencionado que el Dhamma es el refugio real y
verdadero. Ahora podemos precisar que las enseñanzas verbales del Buddha
constituyen esencialmente un mapa, una estructura de instrucciones, una guía;
y, desde el momento en que decidimos confiar en ellas para alcanzar la meta,
estas enseñanzas cuentan como un refugio real y verdadero, pero sólo en forma
derivativa. Por tanto, podemos llamarlo un refugio real y verdadero, pero
indirecto. El sendero mundano es directo puesto que debe ser practicado; pero
debido a que sirve principalmente como preparación para el sendero
supramundano, su función es puramente provisional. Por tanto, es un refugio
real y directo, pero provisional.
El
sendero supramundano aprehende el Nibbàna y una vez alcanzado, conduce
irreversiblemente a la meta. Este puede considerarse como el refugio real,
directo y superior, aunque condicionado también por la impermanencia, común a
todos los fenómenos condicionados. Sin embargo, como un medio para un fin, posee
sólo un valor instrumental, no un valor intrínseco. Por estas razones, su
status como refugio no es definitivo. El status de refugio definitivo
pertenece exclusivamente a la meta final, al estado incondicionado de Nibbàna.
Por tanto, entre los tres refugios, éste es el único que puede ser considerado
como real, directo, superior y definitivo. Es el descanso final, la isla de
paz, el santuario que ofrece permanente protección contra los miedos y
peligros de la existencia samsárica.
En términos
convencionales, la Sangha significa la Bhikkhusaægha, la orden de monjes. La
Sangha es una estructura institucional conducida por reglamentos establecidos
y abierta a cualquier candidato que decida tomar la ordenación monástica, de
acuerdo con los procedimientos y disciplina que establece el Vinaya, el
sistema de disciplina monástica.
A pesar
de su carácter formal, la orden de monjes desempeña un papel indispensable
para la preservación y perpetuación de las enseñanzas del Buddha. Durante un
período ininterrumpido de 2,500 años, la orden monástica ha trabajado como
custodia del Dhamma, pues el modo de vida que procura es lo que ha hecho
posible el ejercicio de esta función.
Las
enseñanzas del Buddha poseen una doble característica, pues constituyen tanto
el sendero de práctica que conduce a la liberación del sufrimiento, como el
conjunto de doctrinas contenidas en escrituras que exponen los detalles de ese
sendero.
La
responsabilidad de la Sangha radica en mantener ambos aspectos de las
enseñanzas. Sus miembros asumen el compromiso de continuar con la tradición de
práctica, con el objeto de mostrar que la meta puede ser realizada y obtenida
la liberación final; además de darse a la tarea de vigilar que las escrituras
se transmitan en la posteridad, libres de distorsiones y falsas
interpretaciones.
Por las
razones antes expuestas, la Sangha institucional es de vital importancia para
la perpetuación de las enseñanzas del Buddha. Sin embargo ella, la orden de
monjes, no es en sí misma la Sangha que constituye el tercer refugio. La
Sangha que sirve como refugio no es una estructura institucional, sino una
comunidad espiritual que comprende a todos aquellos que han logrado penetrar
el significado más profundo de las enseñanzas del Buddha.
La Sangha
refugio es la Sangha de los ariyas, la noble comunidad constituida
exclusivamente de ariyas, personas de estatura espiritual superior; unidas no
por ataduras eclesiásticas, sino por lazos invisibles de necesidad y deseo de
realización interna. El único requerimiento de admisión a esa noble comunidad
es el logro de dicha realización, que en sí misma es suficiente para
garantizar la pertenencia a ella.
Aunque
la forma de vida que se establece para la orden monástica, con especial
énfasis en la renuncia y la meditación, se dirige más a alcanzar el estado de
ariya, la Sangha monástica y la Sangha de ariyas no son coextensivas, ya que
su cobertura, por su propia composición, difiere por dos razones; porque la
mayoría de los monjes son todavía mundanos (puthujana) y, por tanto, no pueden
constituir un refugio; además, porque
la Sangha de ariyas puede albergar también a personas laicas.
Pertenecer
a la Sangha de ariyas depende únicamente de la realización espiritual y no de
una ordenación formal. De cualquier forma, cualesquiera, laicos o monjes, que
comprendan profundamente las enseñanzas del Buddha, a través de la visión
directa, ganan admisión por este mismo hecho, en la Sangha de ariyas.
Es
importante señalar que aunque la Sangha de ariyas puede integrar a personas
laicas, la palabra "Sangha", nunca es usada en la tradición
Buddhista Theravada para designar al cuerpo completo de practicantes de las
enseñanzas. El uso ordinario que se asigna a la palabra "Sangha"
corresponde a la orden de los monjes. Por tanto, cualquier ampliación a este significado, tendería a
considerarse injustificado.
Los
miembros de la Sangha de ariyas comprende a ocho tipos de personas, formando
pares. El primer par corresponde tanto a las personas que se encuentran en el
paso de uno que "entra en la corriente", como a las que ya han
alcanzado ese estado; es decir, quienes han entrado en el sendero de la
liberación y obtendrán la meta en un máximo de siete vidas.
El
segundo par corresponde a las personas que se encuentran en el paso de
ser uno de "los que regresan sólo
una vez más" y quienes ya han alcanzado ese estado; es decir, quienes
regresarán al mundo humano solamente una vez más antes de alcanzar la meta.
El
tercer par corresponde a las personas que se encuentran en el paso de ser uno
que "no retorna" y quienes ya han alcanzado ese estado; es decir,
quienes no regresarán más al mundo humano, pero renacerán en un mundo
celestial, donde conseguirán la meta final.
El
cuarto par esta referido a las personas que se encuentran en el paso de ser un
Arahant; es decir aquel que ha erradicado toda impureza y cortado las diez
cadenas que esclavizan al saçsàra.
Estos
ocho tipos de personas pueden dividirse, por otro lado, en dos clases
generales: una que comprende a aquellas, quienes habiendo penetrado en las
enseñanzas, han entrado al sendero supramundano hacia la liberación, pero que
todavía deben continuar su práctica para llegar a la meta final e incluye a
los primeros siete tipos de personas ariyas llamadas "aprendices"
(sekha), porque todavía están en el proceso de aprendizaje. La otra clase
comprende a los Arahants, quienes han concluido el proceso de aprendizaje y
actualizado totalmente la meta. A éstos se les denomina "aquel que está
más allá del aprendizaje" (asekha).
Ambos,
aprendices y Arahants, han entendido directamente la importancia que para
ellos mismos encierran las enseñanzas del Buddha. Las enseñanzas han enraizado
en ellos y a tal grado, que cualquier trabajo por hacer no depende de otros
para su consumación, sino exclusivamente de ellos mismos. En virtud de esta
maestría interna, estos individuos poseen las cualidades necesarias para guiar
a otros hacia la meta final. Por tal razón, la Sangha de ariyas, esta
comunidad de nobles discípulos, puede funcionar como un refugio.
IV.- EL ACTO DE IR
HACIA EL REFUGIO.
Para
traspasar la puerta de entrada a las enseñanzas del Buddha, no es suficiente
sólo conocer la referencia de los objetos del refugio. La puerta de entrada a
las enseñanzas, es buscar el refugio en el Buddha, el Dhamma y la Sangha.
Entender
el significado de los objetos del refugio es sólo un paso; avanzar hacia ellos
para alcanzar el refugio es otro; es la verdadera puerta de entrada a las
enseñanzas.
¿Qué es
ir hacia el refugio? A primera vista, parecería ser sólo el compromiso formal
de expresar a través de la recitación, la fórmula del refugio, porque éste es
el acto que marca el aceptar las enseñanzas del Buddha.
Sin
embargo, esta forma de entender el refugio sería superficial. La verdadera
búsqueda del refugio va más allá de la recitación de una fórmula
preestablecida. Los tratados dejan claro que el verdadero ir hacia el refugio
implica mucho más que el recitar dicha fórmula e indican que detrás de la
expresión verbal de tomar el refugio, concurre otro proceso que es
esencialmente interno y espiritual. Este proceso es el compromiso mental de
tomar el refugio.
El ir
hacia el refugio, como se define en los Comentarios, es en realidad una
oportunidad de reflexión y conciencia: "Es un acto de conciencia liberada
de impurezas, motivado por la confianza y reverencia a la Triple Joya,
concebida como el recurso supremo".2
El
hecho de que este acto sea "libre de impurezas", fortalece la
sinceridad de la meta. Así el refugio no es puro si emprendemos su búsqueda con una motivación contaminada por el
deseo de reconocimiento, soberbia o sentimientos de culpa. La única motivación
válida para tomar el refugio es la confianza y la reverencia de manera directa
hacia la Triple Joya.
El acto
de conciencia motivado por la confianza y la reverencia ocurre cuando tomamos
la Triple Joya como "recurso supremo" (paràyaäa), lo que
significa que es concebida como la única fuente de liberación. Por este hecho
de tomar el triple refugio como "recurso supremo", el ir por refugio
llega a ser un acto de apertura y entrega sin reservas; es decir, nosotros
dejamos caer nuestras defensas ante los objetos del refugio y nos abrimos a su
capacidad de ayudarnos. Abandonamos nuestro ego, nuestro clamor de
autosuficiencia y nos allegamos a los objetos del refugio con la confianza de
que ellos pueden guiarnos a la liberación de nuestras confusiones, disturbios
y penas.
Como
cualquier otro acto de conciencia, el ir hacia el refugio es un proceso
complejo en el que intervienen gran cantidad de factores, destacando las
facultades básicas de inteligencia, voluntad y sentimientos.
Con el
propósito de aclarar la necesidad de ir hacia el refugio, haremos referencia a
estas tres facultades y examinaremos cómo contribuye cada una a determinar
dicha búsqueda. Esto es, examinaremos el ir hacia el refugio como un acto de
inteligencia, voluntad y sentimiento; aunque de manera previa, se antoja una
salvedad y es que cualquier fenómeno particular, aún profundamente
investigado, representa mucho más de lo inmediatamente visible.
Una
semilla, por ejemplo, tiene mucho mayor significado que el ser un simple grano
que nuestra vista percibe. Por un lado, encierra en sí mismo la historia de
los árboles de los que proviene y, por el otro, representa la cantidad de
aquellos que nacerán gracias a su existencia. De manera similar, el acto de
conciencia incluido en la necesidad de ir hacia el refugio, representa la
cristalización de una vasta red de factores y fuerzas que se extienden hacia
atrás, hacia adelante y en todas direcciones. Esta representa la presencia
simultánea de muchas líneas de experiencia convergiendo en su formación desde
los escondrijos del pasado, convirtiéndose en potencial para futuras líneas de
desarrollo, apenas vislumbradas en su propio contenido inmediato. Esto se
aplica igualmente al acto de ir hacia el refugio, comprendido como un
"todo" y con cada uno de los factores que lo constituyen. Ambos, el
"todo" y sus partes, deben ser vistos como una concreción momentánea
con una vasta historia, pasada y futura, oculta a nuestra vista.
De allí
que lo que resulte de una revisión analítica del acto de ir hacia el refugio,
debe ser entendido sólo como una parte de lo que realmente implica en términos
de profundidad y de la evolución futura.
El acto
de ir hacia el refugio es un acto de entendimiento que, aunque inspirado en la
confianza y la reverencia hacia la Triple Joya, debe ser guiado por la recta
visión, por una percepción inteligente que lo ampare de posibles peligros y
ciegas emociones.
La
facultad de la inteligencia radica en conducir el acto del refugio hacia la
actualización de la urgente e interna necesidad de liberación., concibiendo la
meta, alejada de distracciones y previniendo al aspirante de las posibles
desviaciones en su búsqueda para alcanzarla. Esta es justamente la razón por
la que encontramos la "recta visión" en el primer lugar del Noble
Octuple Sendero.
Para
seguir el sendero, nosotros debemos ver hacia dónde nos guía, hacia dónde va y
los pasos que deben darse para ir de un punto a otro. En su forma inicial, la
facultad de la inteligencia involucrada en la toma del refugio, comprende la
insatisfactoriedad básica de la existencia, lo que hace necesaria la confianza
en un refugio.
El
sufrimiento debe ser visto como un elemento que infecta la raíz de nuestra
existencia, sin posibilidad de ser eliminado con paliativos superficiales,
sino a través de un tratamiento verdadero.
Debemos
entender que las causas de la insatisfacción e intranquilidad, radican en
nosotros mismos; en nuestro apego, en nuestra avidez y en nuestra ignorancia. Por
tanto, para conseguir liberarnos del sufrimiento, debemos seguir un proceso
que extinga sus causas.
La
mente también ha de aprehender la confianza que otorgan los objetos del
refugio, con la certeza de que la fuerza emancipadora de las enseñanzas, si
bien llega solamente después de la realización del sendero, desde el principio
una convicción inteligente puede establecer que los objetos del refugio son
capaces de proporcionarnos ayuda.
Con
este fin, el Buddha debe ser examinado a través de los hechos de su vida y su
carácter, sus enseñanzas examinadas de probables contradicciones e
irracionalidad y la Sangha, examinada también para ver si es verdadera y
confiable. Solamente con un balance positivo de este análisis, los tres
objetos del refugio pueden ser considerados como pilares de confianza para la
realización de nuestra última meta, la liberación.
La
inteligencia interviene no sólo en la decisión inicial de tomar el refugio,
sino en forma constante, durante el transcurso de la práctica. En la medida en
la que el entendimiento crece, sobreviene un mayor compromiso con el refugio y
esta profundización del refugio interno, facilita el crecimiento del
entendimiento.
La
culminación de este proceso de desarrollo recíproco determina la realización
del sendero supramundano. Cuando el sendero emerge, que es cuando acontece la
penetración a la verdad de la enseñanza, el refugio llega a ser irreversible,
por haber sido verificado por la experiencia directa.
El ir
hacia el refugio es también un acto de voluntad, que resulta de una decisión libre
de coerción o presión externa; es decir, constituye una elección que debe ser
"no impuesta" por otros (aparappaccaya). Este acto de libre elección
trae consigo una reestructuración de la voluntad de grandes proporciones, ya
que mientras en etapas previas se encontraba dispersa alrededor de una
multitud de intereses y preocupaciones, en el momento de tomar el refugio
sufre una reordenación, convirtiéndose en un concepto unificado, determinado
por el nuevo compromiso.
El
ideal espiritual llega a constituirse en el centro de la vida interna,
desechando las preocupaciones menores y relegando las otras a una posición
subordinada a su propia dirección. En este sentido, el acto de refugiarse
proporciona a la mente una armonización de valores, que ahora ascienden y
convergen en la aspiración fundamental de liberación, como guías de cualquier
actividad.
El acto
de tomar el refugio también tiene efectos reversibles en el movimiento de la
voluntad. Antes de ir hacia el refugio, la voluntad tiende a desarrollarse en
una dirección externa, tratando de expandir los límites de la identidad del
ego o "self", de ensanchar su territorio, para ampliar el rango de
posesión, control y dominación. Llegado el momento de tomar el refugio, el
terreno estará dispuesto para alejar y extinguir esa concepción tergiversada
de la voluntad.
El
Buddha enseña que nuestro impulso de expandir el ego, constituye la raíz
principal de nuestra esclavitud, pues es una forma de avidez, de avaricia y
apego que conduce a la frustración y a la desesperación. Cuando esta situación
es entendida, el peligro que engendra la búsqueda egocéntrica emerge hasta la
superficie y la voluntad se vuelve en dirección opuesta, moviéndose hacia la
renunciación y el desapego.
Los
objetos del apego son gradualmente abandonados, el sentido del "yo"
y "mío", se retira de los objetos a los que se encontraba apegado. La
última liberación entonces sobreviene, no como la expresión de los limites del
ego hasta el infinito, sino como la completa abolición de las raíces de la
ignorancia del ego.
El
tercer aspecto de ir hacia el refugio es el emocional. Mientras que ir hacia
el refugio requiere más que el fervor emocional, tampoco puede alcanzarse ese
estado de fruición total, sin el inspirante ascenso de las emociones.
Las
emociones que confluyen en el acto del refugio son principalmente tres:
confianza, reverencia y amor. La confianza (pasàda) es un sentimiento
de confianza serena en la fuerza protectora de los objetos del refugio, basada
en un claro entendimiento de sus cualidades y funciones. La confianza da lugar
a la reverencia (gàrava), sentimiento de devoción, dignidad y
veneración, que surge de la creciente conciencia de la naturaleza sublime y
noble de la Triple Joya.
Sin
embargo, esta reverencia no permanece fría, formal y distante, ya que en la
medida en que vamos experimentando el efecto transformador del Dhamma en
nuestras vidas, la reverencia se despierta (pema).
El amor
también añade los elementos de calidez y vitalidad a la vida espiritual,
enciende y suaviza la flama de la devoción, la cual se expresa en actos de
servicio hacia otros, por medio de los cuales buscamos extender la capacidad
protectora y liberadora del triple refugio.
V.- LA FUNCIÓN DE IR
HACIA EL REFUGIO
Ir
hacia el refugio es la puerta de entrada a las enseñanzas del Buddha y, por
tanto, el camino para entrar a todas las practicas de la disciplina buddhista.
Para comprometerse con la practica cabal del buddhismo, es necesario cruzar la
puerta que corresponde al inicio del camino hacia el refugio. De manera
similar a cuando entramos a comer a un restaurante, lo hacemos a través de la
puerta. Si solamente nos paramos fuera de el y leemos el menú exhibido en la
ventana, podemos alejarnos conociendo el menú, pero no con el apetito satisfecho.
Así, solamente con el estudio y admiración a las enseñanzas del Buddha, no es
posible penetrar en su práctica.
Si
abstraemos ciertos elementos de la práctica buddhista para nuestro uso
particular, sin perseguir el refugio en sí mismo, nuestros esfuerzos no pueden
ser considerados como la verdadera práctica de las enseñanzas del Buddha. Son
sólo prácticas derivadas de las enseñanzas o prácticas en armonía con las
enseñanzas, pero en tanto que no forman parte de una actitud mental de tomar
el refugio en la Triple Joya, ellas no llegan a ser la práctica de las
enseñanzas del Buddha.
Para
comprender el significado de ir hacia el refugio, podemos considerar el
contraste entre dos individuos. Uno que acata de manera meticulosa los principios
morales de acuerdo con los Cinco Preceptos (pañcasìla) y que, aunque no
los asume formalmente, en el contexto de la práctica ética buddhista, éstos
espontáneamente rigen sus patrones de conducta, gracias a su sentido innato de
lo bueno y lo malo; esto es, que los sigue como parte de una moralidad
natural.
Suponiendo
más allá, que este individuo practica la meditación varias horas al día, pero
no dentro del marco de referencia del Dhamma, sino simplemente como un medio
para disfrutar de paz en la mente aquí y ahora; o suponiendo que esta persona
ha conocido las enseñanzas del Buddha, las aprecia y respeta, pero no se
siente suficientemente convencida para reconocer su verdad o sentirse
impulsada para ir al refugio.
Por el
otro lado, exponemos el caso de otra persona cuyas circunstancias impiden el
perfecto cumplimiento de los Cinco Preceptos, además de no contar con el
tiempo para la práctica de la meditación; pero que aunque carece de estas
condiciones, desde lo más profundo de su corazón y con toda sinceridad,
entendimiento y dedicación, se ha propuesto ir hacia el refugio de la Triple
Joya.
Comparando
los casos expuestos, podemos preguntarnos qué actitud mental es de mayor valía
espiritual. La de la persona que sin ir hacia el refugio observa los
principios morales encarnados en los Cinco Preceptos y practica la meditación
varias horas al día o, aquella otra persona que no puede llevar a cabo estas
prácticas, pero tiene un sincero deseo de ir hacia el refugio del Buddha, el
Dhamma y la Sangha.
Ninguna
explicación clara para estos casos se ha encontrado en los Suttas y
Comentarios. Sin embargo, existen indicios suficientes para respaldar la
siguiente conjetura. La actitud de la segunda persona, quien ha ido hacia el
refugio con claro entendimiento y sinceridad es, a largo plazo, la de mayor
valía espiritual.
Las
razones que respaldan esta reflexión se presentan a continuación. Como
resultado de su práctica moral y meditativa, el primer individuo disfrutará de
paz y felicidad en su vida presente y acumulará méritos que lo conducirán a un
renacimiento favorable en el futuro. De cualquier manera, cuando esos méritos
maduren, expirará la fuerza que condujo a aquel desarrollo espiritual.
Cuando
un renacimiento afortunado llega a su fin, será seguido de un renacimiento en
algún otro plano, determinado por el kamma almacenado; así, la persona
continuará en el ciclo de existencia.
La
segunda persona, que de manera sincera ha ido hacia el refugio en la Triple
Joya, sin la posibilidad de ejecutar prácticas más elevadas, sienta las bases
para un progreso espiritual en las vidas futuras, meramente por el hecho
sincero de buscar el refugio. Por supuesto que tendrá que cosechar los
resultados de su kamma y no podrá escapar a ellos, por el único hecho de haber
tomado el refugio, aunque el hecho simple del acto mental de ir hacia el
refugio y si éste constituye un verdadero foco de su vida interna, llegará a
ser un poderoso kamma positivo que funcionará como un eslabón tendiente a
relacionarse con las dispensaciones que lo una a las enseñanzas del Buddha en
vidas futuras y, de esta manera, reforzará su oportunidad para el futuro
progreso.
Si este
individuo fracasa para alcanzar la liberación dentro de las dispensaciones del
Buddha presente, aquello lo conducirá a las dispensaciones de futuros Buddhas,
hasta que eventualmente alcance la meta. Ya que esto ocurre a través de la
germinación de ese acto mental de ir hacia el refugio, podemos entender que
tomar el refugio es esencial.
La
importancia de ir hacia el refugio puede ser entendida a través de un símil
textual que compara la fe con una semilla. El entendimiento que conduce al ser
humano a ir por refugio - el entendimiento y los terrores de la vida samsárica
-, es la semilla que produce la facultad de la sabiduría y que eventualmente
conduce a la penetración directa de las Cuatro Nobles Verdades.
El
elemento de voluntad es la semilla para la renunciación - la fuerza que impele
al ser humano a renunciar a su avidez, placeres y apegos egoístas -, que
permite avanzar en la búsqueda de la liberación. Funciona de manera similar
que la semilla de la práctica del recto esfuerzo, que es el sexto factor del
Noble Octuple Sendero, mediante el cual luchamos por abandonar los estados
mentales impuros e insanos y cultivar los estados puros y sanos.
La
devoción y reverencia a la Triple Joya son las semillas que germinarán como
"confianza inamovible" (aveccappasàda). Es la seguridad que
posee un noble discípulo, cuya confianza en el Buddha, el Dhamma y la Sangha,
jamás será sacudida por alguna fuerza externa. En ese sentido, el simple acto
de buscar el refugio, constituye una triple semilla que germinará como el
desarrollo de las más altas facultades de recto entendimiento, recto esfuerzo
y confianza inamovible. Con este ejemplo podemos nuevamente entender que tomar
el refugio es esencial.
VI.- LOS MÉTODOS
PARA IR HACIA EL REFUGIO.
Los
métodos para ir hacia el refugio, se dividen en dos clases generales: La forma
superior o supramundana de ir hacia el refugio y la forma común o mundana de
ir hacia él.
La
forma supramundana de ir hacia el refugio, es la de una persona superior; es
decir, la de un discípulo ariya que ha alcanzado el sendero supramundano,
dirigiéndose irreversible-mente al Nibbàna.
Cuando
una persona va al refugio de la Triple Joya, significa que va a un refugio
superior, inamovible e invencible. Las personas ariyas nunca vuelven, a pesar
y a través de sus futuros nacimientos -máximo siete -, a buscar el refugio en
otro maestro que no sea el Buddha, en otra doctrina que no sea el Dhamma o en
otra comunidad espiritual que no sea la Sangha.
El
Buddha dice que la confianza depositada en la Triple Joya no puede ser
sacudida por ninguna otra en el mundo, debido a que está firmemente enraizada
y es inamovible.
La
forma mundana y común de ir hacia el refugio, corresponde a aquella en la que
las personas ordinarias, la vasta mayoría, por debajo del plano ariya, busca
el refugio en la Triple Joya.
Este
grupo de personas puede ser subdividido en dos tipos: las que se inician en el
ir hacia el refugio y las que recurren nuevamente en ir hacia él. Iniciar el
camino hacia el refugio es el acto formal de avanzar hacia él por primera
ocasión.
Cuando
una persona ha estudiado los principios básicos de las enseñanzas del Buddha,
llevando a cabo alguna de sus prácticas y convenciéndose del valor que
encierran para su vida, es probable que desee el compromiso con las enseñanzas
por propia convicción. Hablando estrictamente, tan pronto como aflora en su
mente un acto de conciencia que toma al Buddha, el Dhamma y a la Sangha, como
guías ideales, la persona ha iniciado su camino hacia el refugio en la Triple
Joya, convirtiéndose en un discípulo buddhista laico (upàsaka).
Sin
embargo, en la tradición buddhista y bajo circunstancias normales,
generalmente se considera insuficiente mantenerse satisfecho únicamente con el
hecho de ir hacia el refugio, como un acto interno de dedicación. Si alguien
se ha convencido sinceramente de la verdad que encierran las enseñanzas del
Buddha y desea practicarlas, es preferible en la medida de lo posible,
ajustarse a la forma prescrita para ir al refugio de acuerdo con la tradición
buddhista, orientada a recibir los tres refugios de parte de un bhikkhu, monje
buddhista en completa ordenación y firmemente comprometido con la Orden
Monástica.
Después
de que alguien ha decidido ir hacia el refugio, deberá buscar a un monje
calificado, a un maestro espiritual personal o a otro miembro respetado de la
Orden, para comentar sus intenciones y planear la celebración de la ceremonia
de entrega de los tres refugios.
Cuando
llega el día programado, el aspirante deberá acudir al monasterio o templo,
llevando ofrendas como velas, incienso y flores para el lugar donde se
realizará la ceremonia y un pequeño presente para el maestro.
Después
del acto de las ofrendas y, en presencia del maestro, unirá sus palmas en
señal de saludo respetuoso (añjali) y se postrará tres veces ante la
imagen del Buddha, en señal de reverencia al Buddha, al Dhamma y a la Sangha.
Posteriormente,
se arrodillará y pedirá al bhikkhu que entregue los tres refugios. El bhikkhu
responderá: "Repita después de mí":
Buddhaç saraäaç gacchàmi
Me refugio en el Buddha,
Dhammaç saraäaç gacchàmi
me refugio en el Dhamma,
Saæghaç saraäaç gacchàmi
me refugio en la Sangha.
Dutiyampi Buddhaç saraäaç gacchàmi
Por segunda ocasión me refugio en el Buddha,
Dutiyampi Dhammaç saraäaç gacchàmi
por segunda ocasión me refugio en el Dhamma,
Dutiyampi Saæghaç saraäaç gacchàmi
por segunda ocasión me refugio en la Sangha.
Tatiyampi Buddhaç saraäaç gacchàmi
Por tercera ocasión me refugio en el Buddha,