Bhikkhu
Bodhi
Traducido por Patricia Burckle
Revisado por Ronald
Martínez Lahoz y Virginia Etienne
Boletín de la Buddhist Publication Society
No. 8 (Invierno de 1987)
Como el pájaro en
vuelo, sostenido por sus dos alas, la práctica del Dhamma se sostiene por dos
cualidades contrastantes, cuyo desarrollo balanceado es esencial para un
progreso directo y constante. Éstas son la renunciación y la
compasión. Como una doctrina de renunciación el Dhamma señala que el
camino a la liberación es un curso personal de entrenamiento que se centra en
el control gradual y el dominio del deseo, la raíz del sufrimiento. Como
una enseñanza de compasión el Dhamma nos invita a que evitemos hacerle daño a
otros, a actuar para su bienestar, y a ayudar a llevar a cabo la gran
resolución del propio Buddha, ofrecer al mundo el camino hacia la Inmortalidad.
Consideradas
aisladamente, la renunciación y la compasión tienen lógicas inversas, que a
veces nos señalan direcciones opuestas. Una que nos conduce a una mayor
soledad dirigida hacia la purificación personal y la otra a aumentar el
comprometernos con los otros, resultando en una acción benéfica. Pero, a
pesar de sus diferencias, la renunciación y la compasión se nutren cada una de
una acción dinámica recíproca a través de la práctica del camino, desde sus
pasos elementales de una disciplina moral, hasta su culminación de liberar la
sabiduría. La síntesis de las dos, su fusión balanceada, se expresa más
perfectamente en la figura del Completamente Iluminado (Buddha), quién es al
mismo tiempo la personificación de la completa renunciación y de la total
compasión.
Ambas, renunciación y
compasión, comparten una raíz común en el encuentro con el sufrimiento. La
primera representa nuestra respuesta al sufrimiento en nuestra propia
experiencia personal, la otra nuestra respuesta al sufrimiento en la vida de
los otros. Nuestras reacciones espontáneas, sin embargo, son solamente las
semillas de estas cualidades superiores, no su substancia. Para adquirir la
capacidad de mantener nuestra práctica del Dhamma, la renunciación y la
compasión deben ser cultivadas metódicamente, y esto requiere un continuo
proceso de reflexión, la cual cambia nuestra excitación inicial, en virtudes
espirituales completamente maduras.
El sistema dentro del
cual esta reflexión se va a ejercitar es la enseñanza de las Cuatro Nobles
Verdades, que proporciona el molde doctrinal común para ambas, la renunciación
y la compasión. La renunciación se desarrolla de nuestro instinto innato para
evitar el sufrimiento y el dolor. Pero, mientras que este instinto,
anterior a la reflexión, lleva a un alejamiento de situaciones particulares
percibidas como amenazas personales, la reflexión revela el peligro básico que
descansa en nuestra situación existencial en sí—al estar ligado por la
ignorancia y el deseo a un mundo que es inherentemente temible, ilusorio y
desconfiable. Por eso, el motivo que opera detrás del acto de renunciación es
el anhelo de libertad espiritual, conectado con el reconocimiento de que la
propia purificación es una tarea interna, que se lleva a cabo más fácilmente
cuando nos distanciamos de las circunstancias exteriores que nutren nuestras
tendencias no sanas.
La compasión se
desarrolla de nuestros sentimientos espontáneos de benevolencia a los
otros. Sin embargo, como una virtud espiritual, la compasión no se puede
equiparar con un desahogo sentimental de la emoción, tampoco necesariamente
significa el mandato de que uno debe perderse en una actividad altruista. Aunque
la compasión, desde luego, incluye una empatía emocional y a menudo se expresa
en acción, solamente llega a su total madurez cuando está guiada por la
sabiduría y ajustada o moderada por el desapego. La sabiduría nos hace capaces
de ver más allá de las desdichas accidentales con las que los seres vivientes
pueden estar temporalmente afligidos, y nos lleva a dimensiones profundas y
escondidas del sufrimiento inseparables de la existencia. Como un entendimiento
profundo y comprensivo de las Cuatro Nobles Verdades, la sabiduría nos descubre
el amplio rango, las diversas gradaciones y las sutiles raíces del sufrimiento
en el cual nuestros compañeros, los seres humanos, están atrapados, así como
también los medios que los lleven a la libertad irreversible del sufrimiento. De
ahí, que las directrices de la simpatía espontánea y de la compasión madura son
a menudo contradictorias, y solamente ésta última es totalmente confiable ya
que guía hacía la acción benéfica en el más alto grado. Aunque, a menudo, el
juicioso ejercicio de la compasión requiere de nosotros actuar o hablar, otras
veces puede también ordenarnos que nos refugiemos en el silencio y en la
soledad, como el curso más adecuado para el bienestar a largo plazo de los
otros, así como para el nuestro.
En nuestro intento de
seguir el Dhamma, a una o a la otra de estas virtudes cardinales se les debe
dar distinción, según nuestro temperamento y circunstancias. Sin embargo, para
los monjes y los laicos, por igual, el éxito en desarrollar el camino requiere
que ambas, tanto la renunciación como la compasión, reciban la debida atención
y que las deficiencias en cualquiera de ellas sean remediadas gradualmente. Con
el paso del tiempo encontraremos que las dos, aunque tendiendo a diferentes
direcciones, eventualmente se refuerzan mutuamente. La compasión nos impulsa
hacia una mayor renunciación, al ver como nuestra codicia y apegos nos hacen
peligrosos a los otros. Y la renuncia nos impulsa hacia una gran compasión, ya
que el abandono del deseo nos permite cambiar las estrechas perspectivas del
ego por otras más amplias hacia una mente compasiva sin fronteras. La
renunciación y la compasión sostenidas juntas en esta mutua tensión
fortalecedora, contribuyen al balance sano del camino del Buddha y a la
integridad de su fruto final.
* * * * *
* Bhikkhu Bodhi.
Traducido por Patricia Burckle y revisado por Ronald Martínez-Lahoz y Virgina
Etienne. Boletín de la Buddhist Publicacion Society No. 8 (Invierno 1987). Este material puede ser reproducido para uso
personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©CMBT 1999. Última
revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana.