Bhikkhu Bodhi
Traducido por Ronald Martínez Lahoz
Boletín de la Buddhist Publication Society
No. 7 (Verano-Otoño 1987)
Aunque de acuerdo a los
principios buddhistas el sendero lleva en forma segura y directa de la opresión
a la libertad, tal parece que cuando lo seguimos toma muchas veces una ruta
torcida, según le exigen las torceduras y giros de nuestra retorcida topografía
mental. A menos que tengamos raíces sanas y excepcionalmente maduras, no
podemos esperar alcanzar la meta "como vuela el cuervo",
encumbrándose sin obstáculos a través de los rápidos y gozosos corredores
aéreos de las jhanas, y las altas y penetrantes visiones. En su lugar,
debemos estar preparados para seguir el sendero a nivel de la tierra,
moviéndonos lentamente, firme y con cuidado a través de las torcidas carreteras
de las montañas de nuestra mente. Comenzamos en el inevitable punto de partida-
con la excepcional constelación de rasgos personales, hábitos y potencialidades
que traemos a la práctica. Nuestras profundas y arraigadas impurezas, y
obstinados espejismos, así como nuestra escondida reserva de bondad, fortaleza
interna y sabiduría serán el material inmediato con el cual se forjará la
práctica, el terreno a atravesar, y el vehículo que nos conducirá a nuestro
destino.
La confianza en el
sendero buddhista es un prerequisito para mantenerse con firmeza en esta
travesía. Pero muchas veces ocurre que aunque estemos completamente convencidos
de la efectividad liberadora del Dhamma, tropezamos y nos quedamos perplejos en
cuanto a cómo podemos seguir fructíferamente el Dhamma. Un paso importante para
cosechar los beneficios de la práctica del Dhamma consiste en evaluar
honestamente nuestra personalidad. Si podemos hacer uso efectivo de los métodos
que el Buddha enseñó para sobreponernos a las impurezas de la mente, debemos
primero hacer un inventario de las impurezas que particularmente prevalecen en nuestra
constitución individual. No es suficiente el sentarnos y consolarnos con el
pensamiento de que el sendero conduce infaliblemente al fin de la avidez, odio
e ignorancia. Para que el sendero sea efectivo en nuestra práctica, debemos
familiarizarnos con nuestra persistente avidez, odio e ignorancia según surgen
en nuestra vida cotidianas. Sin estas honestas confrontaciones con nosotros
mismos, todos las otras búsquedas del Dhamma no serán de provecho alguno y, de
hecho, pueden conducirnos a nuestra perdición. Aunque podemos obtener un amplio
conocimiento de los textos buddhistas, aclarar nuestro entendimiento, agudizar
nuestra capacidad de pensamiento, invertir muchas horas en el cojín y pasillo
de meditación, si no atendemos las imperfecciones de nuestra personalidad,
todos estos otros logros, lejos de liberarnos de las impurezas, podrían
afianzarlas aún más.
Aunque la honesta
evaluación de uno mismo es uno de los pasos de vital importancia en la práctica
del Dhamma, también es uno de los más difíciles. Lo que lo hace tan difícil es
la radical nueva perspectiva que se debe adoptar para llevar a cabo una
investigación de uno mismo, y las duras barreras que deben penetrarse para
llegar a un verdadero entendimiento de uno mismo. En los esfuerzos de evaluarnos
ya no estamos observando una entidad externa que podemos tratar como un objeto
extraño a ser evaluado en términos de nuestros propósitos subjetivos. Observamos
el propio centro de observación, ese evasivo centro desde el cual miramos con
fijeza al mundo, y lo hacemos de tal forma que echamos luz crítica a todos sus
motivos y proyectos. Entrar en esta actividad de averiguación es chocar
directamente contra nuestro sentido de identidad y tener que rasgar los gruesas
capas de ignorancia y de ciega emotividad que mantiene intacto ese sentido de
identidad.
Normalmente,
obedeciendo a la necesidad de confirmar nuestra importancia irremplazable y
excepcional, procedemos a construir imágenes mentales- ciertamente, una
verdadera galería de cuadros- de lo que imaginamos que somos. Las imágenes que
surgen de estos retratos se convierten en el sostén principal del cual nos
agarramos para poder mantener nuestra autoestima y la perspectiva desde la cual
nos dirigimos hacia los demás, y llevar a cabo nuestros proyectos mundanos. La
mente recurre a una variedad de estrategias ‘a espaldas’ de nuestra conciencia
para asegurar su frágil condición. Coloca persianas para mantener fuera toda
información perturbadora, nos adula con proyecciones fantasiosas y nos impulsa
a manipular a las personas y situaciones, de manera que parezcan validar
nuestra asunción tácita acerca de nuestras virtudes e identidad.
Todos estos proyectos,
que nacen de la búsqueda para comprobar nuestro sentido de identidad, sólo
aumentan nuestro sufrimiento. Mientras más nos encerramos en las imágenes que
hacemos de nosotros mismos, más nos enajenamos de los demás, y cerramos nuestro
acceso a la verdad liberadora. Por lo que la liberación del sufrimiento
requiere que, gradualmente, descartemos nuestras imágenes engañosas mediante un
riguroso examen de nuestra mente.
El venerable Sariputta
en su discurso sobre las no imperfecciones (Majjh. 5) hace énfasis en el papel
de la honesta autoevaluación como prerequisito del crecimiento espiritual. Él
señala que de la misma manera que un mugriento búho de bronce, depositado y
abandonado en un polvoriento lugar sólo se ensucia y se llena aún de más polvo,
así mismo, si fallamos en reconocer las imperfecciones de nuestras mentes, no
podremos hacer ningún esfuerzo para eliminarlas, sino que continuaremos
albergando avidez, odio e ignorancia muriendo con una mente corrupta. Y, de la
misma manera en que un sucio búho de bronce que se limpia y pule, con el tiempo
se tornará brillante y radiante, así mismo, si reconocemos las manchas de
nuestra mente obtendremos la energía para purificarlas, y habiéndonos purgado
de toda impureza, moriremos con una mente pura. La tarea de conocer es siempre
una muy difícil, pero sólo conociendo nuestras mentes es que podremos
formarlas, y sólo formándolas podremos liberarlas.
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* Bhikkhu Bodhi.
Traducido por Ronald Martínez-Lahoz. Boletín de la Buddhist Publicacion Society
No. 67(Verano-Otoño 1987). Este material
puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma
gratuita. ©CMBT 1999. Última revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana.