EL
DISCURSO DEL FUEGO*
Plática
por el Venerable U Silananda
Traducción
española Bertha Imaz
Editado
por Ronald Martínez-Lahoz
Hoy
examinaremos el discurso sobre el fuego. El nombre del discurso (sutta)
en pali es Adittapariyaya Sutta y significa el discurso sobre lo que está
ardiendo. Fue ofrecido ante mil monjes (bhikkhus), siendo uno de los
primeros discursos ofrecidos por Buddha.
Buddha
pronunció su primer discurso durante la luna llena de julio, al principio de la
estación de las lluvias. Él permaneció durante la estación de las lluvias en
Benares, en el Parque de los Ciervos. Muchos miembros de los clanes acudieron a
donde estaba Buddha, se ordenaron como monjes, y alcanzaron el estado de Arahants.
Cuando hubo un total de sesenta y un Arahants en el mundo, Buddha los
envió a diferentes lugares para el bienestar, beneficio y felicidad de muchos. Envió a estos monjes a
enseñar su doctrina (Dhamma) a la gente.
Después del período de las lluvias (vassa)
fue a un lugar llamado Gayasisa. Allí estaban tres hermanos que eran ascetas.
El mayor tenía quinientos seguidores ascetas, el del medio trescientos, y el
más joven doscientos. Entre todos tenían un total de mil seguidores. Estos
ascetas eran adoradores del fuego. Buddha fue a donde estaban ellos para enseñarles y hacer posible que pudieran realizar la verdad. Al principio no pudo
convencerlos de que todavía no eran Arahants
pues estos ascetas pensaban que ya lo eran. A pesar de que había ido a donde se
encontraban, y les había mostrado algunos prodigios, aún pensaban que eran Arahants, y que el Buddha no lo era.
Así, Buddha tuvo que mostrarles muchos prodigios hasta que comprendieron que
todavía no eran Arahants. Se
convirtieron en sus discípulos y fueron admitidos en la Orden.
Cuando se reunieron los tres hermanos y los
mil monjes recién ordenados, Buddha les ofreció este discurso, el Discurso del
fuego. Era apropiado que Buddha les transmitiera este discurso porque ellos
eran adoradores del fuego, tal vez un fuego para sacrificios.
“Esto
es lo que he escuchado”. Cuando el Venerable Ananda comunicó este Sutta en el
Primer Concilio Buddhista, él dijo: Esto es lo que he escuchado: En una ocasión
el Bendito estaba viviendo en Gayasisa, en Gaya, con mil bhikkhus. Allí se
dirigió a los bhikkhus: ‘bhikkhus, todo está ardiendo. ¿Qué es ‘todo’ lo que
está ardiendo? bhikkhus, el ojo está ardiendo, las formas visuales están
ardiendo, la conciencia visual está ardiendo, la sensación visual está
ardiendo. También está ardiendo toda sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa
ni placentera que surja por motivo de la impresión visual. ¿Ardiendo con qué?
Ardiendo con el fuego de la pasión, ardiendo con el fuego del odio, ardiendo
con el fuego de la ignorancia. Yo digo que arde con el nacimiento, la vejez y
la muerte; con el pesar, la lamentación,
el dolor, la aflicción y la
desesperación.
El
oído está ardiendo, los sonidos están ardiendo, la conciencia auditiva está
ardiendo y la sensación auditiva está ardiendo. También está ardiendo toda
sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por
motivo de la impresión auditiva.
¿Ardiendo con qué? Ardiendo con el fuego de la pasión, ardiendo con el
fuego del odio, ardiendo con el fuego
de la ignorancia. Yo digo que está ardiendo con el nacimiento, la vejez y la
muerte; con el pesar, la lamentación, el dolor, la aflicción y la
desesperación.
La
nariz está ardiendo, los olores están ardiendo, la conciencia olfatoria está
ardiendo y la sensación olfatoria está ardiendo. También está ardiendo cualquier sensación placentera
o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresión
olfatoria. ¿Ardiendo con qué? Ardiendo
con el fuego de la pasión, ardiendo
con el fuego del odio, ardiendo con el fuego de la ignorancia. Yo digo
que está ardiendo con el nacimiento, la vejez y la muerte; con el pesar, con la
lamentación, con el dolor, con la aflicción, con la desesperación.
La lengua está ardiendo, los sabores están
ardiendo, la conciencia gustativa está ardiendo y la sensación gustativa está
ardiendo. También está ardiendo cualquier sensación placentera o dolorosa, o ni
dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresión gustativa.
¿Ardiendo con qué? Ardiendo con el fuego de la pasión, ardiendo con el fuego
del odio, ardiendo con el fuego de la ignorancia. Yo digo que está ardiendo con
el nacimiento, la vejez y la muerte; con el pesar, con la lamentación, con el
dolor, con la aflicción, con la desesperación.
El cuerpo está ardiendo, las cosas tangibles
están ardiendo, la conciencia táctil está ardiendo y la sensación táctil está
ardiendo. También está ardiendo cualquier sensación placentera o dolorosa, o ni
dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresión táctil. ¿Ardiendo
con qué? Ardiendo con el fuego de la pasión, ardiendo con el fuego del odio,
ardiendo con el fuego de la ignorancia. Yo digo que está ardiendo con el
nacimiento, la vejez y la muerte; con el pesar, con la lamentación, con el
dolor, con la aflicción, con la desesperación.
La mente está ardiendo, los objetos mentales
están ardiendo, la conciencia mental está ardiendo y la impresión mental está ardiendo. También está ardiendo
cualquier sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que
surja por motivo de la impresión mental. ¿Ardiendo con qué? Ardiendo con el
fuego de la pasión, ardiendo con el fuego del odio, ardiendo con el fuego de la
ignorancia. Yo digo que está ardiendo con el nacimiento, la vejez y la muerte;
con el pesar, con la lamentación, con el dolor, con la aflicción, con la desesperación.
bhikkhus, el sabio y noble discípulo que
comprende tales cosas se vuelve ecuánime con respecto al ojo, se vuelve
ecuánime con respecto a la forma visual, se vuelve ecuánime con respecto a la
conciencia visual y se vuelve ecuánime con respecto a la impresión visual.
También se vuelve ecuánime con respecto
a cualquier sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera
que surja por motivo de la impresión visual.
Se vuelve ecuánime con respecto al oído, se
vuelve ecuánime con respecto a los sonidos, se vuelve ecuánime con respecto a
la conciencia auditiva y con respecto a la impresión auditiva. También se vuelve ecuánime con respecto a cualquier
sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por
motivo de impresión auditiva
Se vuelve ecuánime con respecto a la nariz,
se vuelve ecuánime con respecto a los olores, se vuelve ecuánime con respecto a
la conciencia olfatoria y llega a la ecuanimidad con respecto a la impresión
olfatoria. También se vuelve ecuánime con respecto a cualquier sensación
placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la
impresión olfatoria.
Se vuelve ecuánime con respecto a la lengua,
se vuelve ecuánime con respecto a los sabores, se vuelve ecuánime con respecto
a la conciencia gustativa y se vuelve ecuánime con respecto a la impresión
gustativa. También se vuelve ecuánime con respecto a cualquier sensación
placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la
impresión gustativa.
Se vuelve ecuánime con respecto al cuerpo, se
vuelve ecuánime con respecto a las cosas tangibles, se vuelve ecuánime con
respecto a la conciencia táctil y se vuelve ecuánime con respecto a la
impresión táctil. También se vuelve ecuánime con respecto a la sensación
placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la
impresión táctil.
Se vuelve ecuánime con respecto a la mente,
se vuelve ecuánime con respecto a los objetos mentales, se vuelve ecuánime con
respecto a la conciencia mental y se vuelve ecuánime con respecto a la
impresión mental. También se vuelve ecuánime con respecto a cualquier sensación
placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la
impresión mental.
Se desapega al ser ecuánime. Se libera a
través del desapego. Con la liberación está el conocimiento de que se ha
liberado. Comprende que el nacimiento ha sido consumido, que ha vivido la vida
de santidad, que ha sido hecho todo lo que había que hacer. No hay más nada que
hacer.
Esto dijo el Bendito. Los bhikkhus se
alegraron y se regocijaron con sus palabras. Las mentes de aquellos mil
bhikkhus fueron liberadas de impurezas sin apego mientras pronunciaba este
discurso.
Buddha utilizaba diferentes métodos o formas
de presentar los asuntos cuando enseñaba a la gente, cuando pronunciaba estos
discursos. Esto es lo que ha sido llamado ‘elegancia en la presentación’, algo
peculiar solamente de los Buddhas. Buddha conocía los temperamentos de sus
oyentes y para adaptarse a ellos usaba distintos métodos en sus diferentes
discursos (suttas). Esta es la razón por la que variaban las formas de
presentación en sus enseñanzas. En un discurso (sutta),
un cierto dhamma puede ser llamado impureza y en otro grillete o torrente, o
atadura o tendencia latente, etc. Así
que a la misma clase de dhamma le daba diferentes nombres de acuerdo a los
temperamentos de sus oyentes.
Buddha habló en este discurso acerca de lo
que está ardiendo. En este discurso algunas de las impurezas son llamadas
‘fuego,’ aquello que quema. Primero el Buddha dijo, “El ojo está ardiendo, las
formas visuales están ardiendo, la conciencia está ardiendo y la sensación
visual está ardiendo. También está ardiendo cualquier sensación placentera o
dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresión
visual.” Buddha dijo que todo está ardiendo. Los ojos están ardiendo, las
formas visuales están ardiendo. La conciencia visual, la conciencia de ver y la
sensación visual está ardiendo. La impresión visual significa lo que nosotros
llamamos ‘contacto’. En los cincuenta y dos factores mentales esto se conoce
como phassa. El contacto que
acompaña la conciencia visual también está ardiendo. También está ardiendo
cualquier sensación (vedana) que acompaña la conciencia de ver. Esa
sensación puede ser placentera, dolorosa o neutra. Tenemos sensación placentera
cuando vemos cosas que queremos ver. Tenemos sensación dolorosa cuando vemos
cosas que no queremos ver. Tenemos sensación neutral cuando vemos cosas que ni
queremos ni no queremos ver. En un momento puede haber una sensación agradable,
una sensación dolorosa, o una sensación neutra. Buddha dijo que esta sensación
también está ardiendo.
¿Ardiendo con qué? Cuando Buddha dijo que el
ojo está ardiendo y las formas visuales están ardiendo etc. estamos tentados a
preguntar: ¿Ardiendo con qué? Nosotros no vemos fuego en el ojo, ni en la forma
visual, ni en los demás. Buddha dijo que están ardiendo con el fuego de la
pasión, con el fuego del odio, con el fuego del engaño, en pali: lobha, dosa
y moha. Cuando la conciencia visual o la conciencia de ver está
acompañada por codicia, deseo o apego se dice que está ardiendo con lobha,
está ardiendo con codicia, está ardiendo con deseo, está ardiendo con apego.
Experimentamos cólera o surge odio en
nosotros cuando vemos algo que no queremos ver o que detestamos ver. Cuando
nuestra conciencia de ver está acompañada por odio o cólera, se dice que esa
conciencia está ardiendo con odio, arde con dosa. El fuego de la
ignorancia es moha y siempre está acompañada de pasión y odio. Siempre
que hay pasión hay también ignorancia. La ignorancia siempre está presente con
los tipos de conciencias insanas. Algunas veces no tenemos ni pasión ni odio,
sólo ignorancia. Entonces se dice que la
conciencia visual está ardiendo con ignorancia, con moha.
Estos son los tres fuegos que queman nuestros
ojos, queman la forma visual y arden
con la conciencia visual. Hay factores mentales que acompañan la conciencia
visual. Uno de ellos es el contacto o phassa. Éste también está ardiendo
porque está acompañado por la pasión, el odio o la ignorancia. Cuando hay
contacto hay sensación porque la sensación nace del contacto. Esa sensación
también está ardiendo porque está acompañada por pasión, odio o ignorancia.
No
solamente existen estos tres fuegos. Hay otros fuegos. “Yo digo que está
ardiendo con el nacimiento, la vejez y la muerte; con el pesar, el lamento, el dolor,
la aflicción y la desesperación.” También se dice que está ardiendo con el
nacimiento o el renacer porque causa dolor. Es la fuente del dolor y del
sufrimiento.
Se arde con la vejez pues todo se torna
viejo, todo cambia y envejece. El proceso de envejecimiento oprime todo, así
que se dice que todo arde con la vejez. Se arde con la muerte pues en cada
momento se desaparece. En cada momento hay cesación. ‘Muerte’ significa no
solamente la muerte al final de la vida, sino en cada momento cuando las cosas
desaparecen, cuando los fenómenos mentales y físicos cesan. Todo es oprimido
por la muerte, la desaparición, la disolución. Así que se dice que está
ardiendo con la muerte.
Algunas veces decimos que arde con pesar.
Tenemos pesar cuando alguien querido por nosotros muere. En ese momento ardemos
con pesar. Otras veces lloramos. Cuando esto ocurre ardemos con lamentaciones.
A veces tenemos dolor corporal, entonces, en tal momento ardemos con dolor.
Otras veces tenemos dolor mental. Cuando esto ocurre ardemos con aflicción.
Otras veces nos desesperamos por algo. En ese momento ardemos con
desesperación.
Se dice que todas estas cosas; el ojo, la
forma visual, la conciencia de ver, el contacto y la sensación arden con estas
once clases de fuegos. ¿Pueden nombrar los once? Éstas son; pasión, odio, ignorancia, nacimiento, vejez,
muerte, pesar, lamentación, dolor, aflicción y desesperación. Estas once son
llamadas ‘las once clases de fuego’. Todo en el mundo se está quemando con una
o más de estas once clases de fuego.
El ojo arde porque las propiedades físicas
que hacen al ojo siempre están cambiando, surgiendo y desapareciendo. Surge una
nueva propiedad material y entonces desaparece. Así que el ojo arde con el
nacimiento, la vejez y la muerte. La conciencia arde con pasión, odio,
ignorancia, pesar, lamentación, dolor, aflicción y desesperación. Todo arde en
este mundo.
Podrán pensar que es deprimente saber que
todo está ardiendo. Mucha gente tiene la impresión de que el buddhismo
solamente enseña y se interesa en el dolor. Piensan que los buddhistas sólo
hablan acerca del sufrimiento. El
buddhismo habla acerca del origen, la
cesación y el camino para salir del sufrimiento.
Buddha es como un médico. Cuando un médico
examina a una persona y encuentra que está enferma, le dice que tiene tal o
cual enfermedad. No podemos acusar al médico de ser pesimista al decir esto
porque sólo está expresando un hecho. La persona está enferma y debe ser
cuidada. En la misma forma, Buddha quiso apuntar a un hecho cuando expresó que todo está ardiendo. Este hecho no puede
ser evitado, ocultado o escondido. Cuando Buddha dijo que todo está ardiendo
estaba expresando un hecho, la experiencia de la realidad. Todo arde con el fuego de la pasión, el odio, la
ignorancia y otras clases de fuegos.
“El oído está ardiendo. Los sonidos están
ardiendo. La conciencia auditiva está ardiendo. La impresión auditiva está
ardiendo. También está ardiendo la sensación placentera o dolorosa, o ni
dolorosa ni placentera que surge por motivo de la impresión auditiva. ¿Ardiendo
con qué? Ardiendo con el fuego de la pasión...” Lo mismo ocurre con la nariz,
la lengua, el cuerpo y la mente. Todo está ardiendo.
El oído está ardiendo. Los sonidos están
ardiendo. ¿Cuándo están ardiendo el oído y los sonidos? Cuando hay en nuestra
mente pasión, odio o ignorancia. Se dice que arde la conciencia, la impresión y
sensación auditiva. Y el oído arde con el nacimiento, la vejez y la muerte.
Estamos ardiendo con pesar, lamentación, dolor, aflicción y desesperación cuando
sentimos pesares debido a algo que oímos. Por tanto, el oído es un lugar que
puede también arder con diferentes clases de fuegos.
La nariz está ardiendo. Los olores están
ardiendo, etc. Surge en nosotros pasión o deseo cuando olemos algo que nos gusta,
por ejemplo, el olor de un perfume. Se dice que la conciencia olfativa arde con
pasión, deseo y apego cuando hay pasión, deseo o apego en nuestras mentes.
Sentimos coraje cuando olemos algo que no queremos oler como un mal olor. En ese momento estamos ardiendo con odio,
ardiendo con cólera. Se dice que estamos ardiendo con ignorancia cuando estamos
indecisos sobre algo que olemos, cuando no conocemos acerca de algo que olemos.
La nariz y los olores tienen un principio y un fin. Por tanto, arden con nacimiento,
vejez y muerte. También podemos sentir pesar, lamentación, dolor, aflicción y
desesperación cuando sentimos pesar por algo que olemos. Arde todo lo
relacionado con la nariz; olores, conciencia, impresiones y sensaciones.
“La lengua está ardiendo. Los sabores están
ardiendo.” Podemos tener apego o deseo cuando probamos algo que nos gusta. En
ese momento arden nuestras lenguas. Sentimos odio o cólera cuando probamos algo
que no nos gusta. Así que en ese momento nuestras lenguas también están ardiendo.
Esto ocurre muy a menudo porque cada día
experimentamos imágenes, sonidos, olores, sabores, objetos tangibles y
mentales. Tendemos a sentir deseo o apego cuando nos topamos con cosas que nos
gustan. Tendemos a sentir cólera u odio cuando nos encontramos ante cosas que
no nos gustan. Por tanto, es muy difícil mantenerse a salvo de caer en lobha o
dosa.
“El cuerpo está ardiendo. Las cosas tangibles
están ardiendo. La conciencia táctil está ardiendo... etc.” Se dice que nuestra
conciencia táctil y nuestra conciencia corporal están ardiendo con pasión
cuando sentimos apego al tocar algo agradable al tacto. Podemos sentir cólera u
odio cuando tocamos algo que no nos gusta o cuando nos golpeamos contra algo y
sentimos dolor. Nuestra conciencia táctil o corporal arde con odio cuando el
enojo o el odio están presentes. Se dice que nuestra conciencia está ardiendo
con ignorancia cuando estamos indecisos o no sabemos lo que tocamos. El
nacimiento, la vejez y la muerte oprimen al cuerpo, los objetos tangibles y la
conciencia. Ellos también arden con estos fuegos. Estamos ardiendo con pesar,
lamentación, dolor, aflicción y desesperación cuando hay pesar con respecto al
cuerpo.
“La mente está ardiendo. Los objetos mentales
arden.” Algunas veces pensamos en algo que en nuestra mente es agradable o
desagradable. Podemos sentir apego o codicia cuando pensamos en cosas
agradables. Puede surgir apego o pasión cuando pensamos en algo agradable.
Podemos sentir odio o cólera con objetos desagradables. Así que la conciencia mental
también puede arder con pasión, odio, ignorancia y otros fuegos. También la
mente es impermanente, va y viene. Se genera para luego desaparecer. Está
oprimida por el nacimiento, la vejez y la muerte. Nuestra mente está ardiendo
con pesar, lamentación, dolor, aflicción y desesperación cuando hay pesar, etc.
con respecto a objetos mentales. En este contexto los objetos mentales
significan “objetos del dhamma”.
De acuerdo con esto hay fuego en todas partes.
Todo está ardiendo. Pero ¿hay fuego todo el tiempo? ¿Ardemos todo el tiempo?
¿Arden sus oídos todo el tiempo? Podrán decir “no” de comprender el Abhidhamma.
No arde todo el tiempo. Sólo arde cuando la conciencia está acompañada por lobha,
dosa o moha. Arde solamente cuando se tienen conciencias akusala,
conciencias insanas con respecto al ojo, etc. El fuego se puede extinguir si
podemos actuar en tal forma que no surjan conciencias akusala con
respecto a los ojos, objetos visuales y demás. El fuego se puede evitar. Se evita con respecto al ojo y al objeto
visual cuando ven algo placentero y no
sienten apego hacia ese objeto. Lo mismo es cierto cuando ven algo desagradable
y no se perturban o enojan. De esta manera evitan el fuego con respecto al ojo
y al objeto visual. El fuego existe solamente cuando tenemos conciencias akusala.
Podemos detener o evitar este fuego si logramos evitar que surjan las
conciencias akusala cada vez que vemos, oímos, olemos, probamos, tocamos
o pensamos.
Buddha dijo: bhikkhus, el sabio y noble
discípulo que comprende tales cosas se vuelve
ecuánime con respecto al ojo, se vuelve ecuánime con respecto a la forma
visual, se vuelve ecuánime con respecto a la conciencia visual y se vuelve
ecuánime con respecto a la impresión visual. También se vuelve ecuánime con
respecto a cualquier sensación placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni
placentera que surja por motivo de la impresión visual.
Algunas veces cuando leemos los discursos
debemos también entender lo que no está explícitamente dicho. El Buddha dijo:
bhikkhus, el sabio y noble discípulo que comprende tales cosas se vuelve ecuánime con respecto al ojo etc. Un
discípulo debe practicar algo con el fin de ser ecuánime con respecto al ojo o
las formas visuales. Antes de lograr la ecuanimidad debe hacer algo con
respecto a esas cosas.
Cuando decimos que alguien es un doctor
queremos decir que esa persona estuvo en una escuela de medicina durante un
número determinado de años hasta llegar a ser doctor. Una persona es doctor
porque debió haber sido estudiante durante un número de años. De la misma
manera, cuando un discípulo sabe y logra ser ecuánime es debido a que tuvo que
haber hecho algo antes de lograr la ecuanimidad con respecto a los ojos y
demás.
Ahora,
¿qué debemos hacer para ser ecuánimes con respecto a los ojos, formas visuales
y demás? Debemos practicar vipassana. Deben practicar estar en completa
atención. Cuando practican estar en atención completa se logra ver la verdadera
naturaleza del ojo, de las formas visuales, de la conciencia visual y demás.
Verán que hay mente y cuerpo cuando lleguen a un cierto grado de concentración.
Hay una mente que va hacia al cuerpo o materia pues la materia no percibe.
Luego verán que existe una relación de
causa y efecto entre los diferentes fenómenos mentales y físicos. Todo sale de
algo. No hay nada que venga de nada. Existe una relación de causa y efecto
entre todas las cosas.
Luego llegarán a ver el surgir y cesar de las
cosas. Cuando vean este surgir y cesar de las cosas podrán ver su naturaleza
insatisfactoria así como la incapacidad de ejercer autoridad sobre ellas. No
les podrán decir: No sean impermanentes. Así es que poco a poco podrán ir
viendo la verdadera naturaleza de la mente y el cuerpo, la mente y la materia,
hasta que se tornen ecuánimes hacia ellos.
Deben hacer algo antes de ser ecuánimes con
los ojos y demás. Deben practicar meditación vipassana. Con la práctica de la
meditación vipassana lograrán ser ecuánimes porque verán la naturaleza de las
cosas al alcanzar samadhi (concentración) y el conocimiento de
penetración. Verán cómo las cosas van y vienen, surgen y cesan, y no existen ni
siquiera en dos momentos consecutivos. Se tornarán ecuánimes cuando algo
aparece y desaparece, surge y cesa. No se aferrarán, ni desearán, ni apegarán a
ello. Al ver a través de vipassana se
tornarán ecuánimes con respecto a todas las seis clases de objetos y sus
conciencias correspondientes.
“Se desapegan al ser ecuánimes.” En este
contexto ‘desapegado’ significa iluminación. Querrán liberarse de estas cosas
cuando son ecuánimes hacia ellas.
Tratarán de salir de ellas y el resultado es que saldrán de ellas. Se
dice que al salir de ellas se “volverán desapegados”, verdaderamente
desapegados. Es como remover una mancha. A uno no le gusta tener una mancha en
la ropa. Uno es ecuánime con respecto a
la mancha y trata de removerla. La ropa se vuelve limpia cuando la mancha es
removida. En la misma forma tenemos las manchas de la pasión, el odio, la
ignorancia y muchas otras. La mente se purifica cuando éstas son removidas y se
torna verdaderamente desapegada.
Así que cuando se dice que: “Se desapega al
ser ecuánime” significa que practica la meditación vipassana. Va de un estado
mas alto a otro hasta llegar al estado de realización. En este estado su mente
está desapegada. Se libera a través del desapego. Cuando hay desapego hay
liberación de las impurezas mentales y finalmente también habrá liberación del
pesar, la lamentación y demás, liberación de la rueda de renacimiento.
“Cuando se libera habrá el conocimiento de
que se está liberado.” Cuando se está liberado se sabe que se está liberado.
Esa realización o conocimiento llega por sí mismo a la persona. “Sabrá que el
nacimiento ha sido consumado.” Sabrá que no habrá más renacimientos cuando se
ha liberado. “Ha sido vivida la vida de santidad.” La ‘vida de santidad’
significa la práctica del sasana, la práctica de las enseñanzas de
Buddha, la práctica de vipassana. La vida de santidad ha sido vivida. No hay
nada más que hacer.
“Ha sido hecho lo que había que hacer.” Se
refiere específicamente a lo que los monjes tienen que hacer. Aquí ‘lo que
había que hacer’ significa practicar la meditación vipassana para liberarse de
las impurezas mentales y del ciclo de renacimientos. Esto también se hace.
“No queda nada que hacer sobre esto.” No hay
nada y no queda nada por hacer. Todo lo que se tenía que hacer ha sido hecho.
“La persona que está liberada conoce.” Se
refiere al conocimiento reflexivo que llega después de la realización de la
verdad y que llega después de los diferentes estados de santidad. “Esto dijo el
Bendito,” es decir, Buddha dijo esto.“Los bhikkhus se alegraron y se
regocijaron con sus palabras.” Los bhikkhus se alegraron y regocijaron con sus
palabras mientras escuchaban el discurso. Aceptaron sus palabras.
“Las mentes de aquellos mil bhikkhus fueron
liberadas de impurezas sin apego mientras se pronunciaba este discurso.” Esto
significa que después de escuchar este discurso lograron convertirse en Arahants. Estos mil monjes escucharon el
discurso del Buddha atentamente con alegría y aceptación. Al final del discurso
sus mentes estaban libres de impurezas mentales. Ellos se convirtieron en Arahants.
Se asemeja a la realización que ocurre en un
instante. Esto era posible durante la época del Buddha. Actualmente es muy, muy
difícil. Aún la realización gradual es difícil. Fueron muy afortunadas aquellas
personas que conocieron al Buddha y tuvieron la oportunidad de escuchar sus
enseñanzas. Fueron aquellas que habían acumulado en sus vidas pasadas las
cualidades o perfecciones necesarias. Eran los que estaban listos para alcanzar
la iluminación. Esa es la razón por la que nacieron durante la época del
Buddha, lo conocieron, escucharon sus enseñanzas y lograron la iluminación.
Pero las personas de hoy día no son tan afortunadas como aquellas personas. No
podemos ver a Buddha ni escuchar las enseñanzas de su persona o la comunicación
personal de sus discursos. Así que nos
encontramos ahora aquí..
Hoy día sus enseñanzas todavía están
disponibles. Lo que dijo Buddha cuando estaba a punto de morir fue: “Ananda, cuando me haya ido mis
enseñanzas serán el maestro.” Buddha no designó a ninguna persona para que lo
sucediera. Dejó sus enseñanzas para que sus discípulos las consideraran como el
maestro, como el Buddha. Ahora las enseñanzas están con nosotros. Podemos
comprenderlas y leerlas. Aun hoy día podemos poner en práctica las enseñanzas
de Buddha. Por tanto, no somos tan desafortunados.
También podremos llegar a realizar la verdad
en esta vida si hemos acumulado suficientes perfecciones. Si no tenemos ninguna
de las perfecciones podremos acumularlas ahora mediante la práctica de la
meditación, siguiendo las instrucciones de Buddha y mediante la práctica de sus
enseñanzas. No hay razón para desesperarse. Debemos tomar lo que tenemos ahora.
Tenemos ahora las enseñanzas de Buddha y la práctica de meditación,
especialmente de la meditación vipassana.
Solamente la meditación vipassana puede
conducirnos a la liberación final, a la erradicación total de las impurezas de
nuestras mentes. Aun cuando no podamos alcanzar en esta vida este estado
superior, podremos disminuir las impurezas mentales o deshacernos de ellas poco
a poco a tal grado que nos permita acercarnos a la realización, conforme pase
el tiempo.
La práctica de la meditación vipassana debe
hacerse con diligencia. Debe practicarse todos los días a fin de acrecentar
nuestra observación de manera que desarrollemos el conocimiento sobre los fenómenos físicos tal como verdaderamente
son. Este conocimiento nos permitirá alcanzar la realización final de la
verdad.
La meditación vipassana no es sólo para
leerse o discutirse. Es para practicarse. Solamente cuando se practica es que se pueden obtener beneficios
de ella. Es como la medicina que tiene que tomarse para curar la enfermedad.
La meditación trata con nuestras mentes.
Intenta limpiar nuestras mentes de impurezas. Por eso debemos esforzarnos.
Nadie puede purificar nuestras mentes. Ni Buddha puede hacerlo. El maestro
puede darnos instrucciones, decirnos qué hacer y qué no hacer, pero no puede
purificar nuestras mentes. Solamente nosotros podemos purificar nuestras
mentes. Debemos practicar y depender en nosotros mismos. Los maestros solamente
pueden guiar, enseñar o instruir pero no pueden practicar por nosotros. El
buddhismo o lo que nos enseñó Buddha es
una enseñanza que depende de uno mismo. Ustedes deben confiar en sí mismos.
Entonces alcanzarán lo que Buddha y sus discípulos alcanzaron. Traten de
practicar meditación y de hacer de la práctica parte de su vida diaria.
La meditación es como comer o dormir. Cada
día comemos y dormimos. En la misma forma necesitamos cada día de la meditación
porque nuestras mentes están casi siempre con impurezas mentales. Necesitamos
limpiar nuestras mentes de estas impurezas mentales. La meditación es el único
camino para lograrlo.
* * * * *
* Plática por Venerable U
Silananda. Traducción Española por Bertha Imaz. Editado por Ronald
Martínez-Lahoz. Este material
puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma
gratuita. ©CMBT 1999. Última revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana.