por Francis Story
Traducción española por Marco Ornelas
Así es Él, el Bendito, el Arahat, el Completamente
Iluminado, poseedor de Conocimiento y Conducta, el Dichoso, Conocedor del
Mundo, Cochero sin Igual de los hombres a ser domados, Maestro de Dioses y
Hombres, el Buddha, el Bendito.
La Meditación
sobre el Recuerdo del Buddha
Uno de los
títulos descriptivos dados al Buddha es el de "Satthā
deva-manussānam", el Maestro de Hombres y Dioses. Éste se encuentra
en los textos más tempranos del Tripitaka y fue aceptado por el Buddha mismo.
Que esta expresión no es una mera hipérbole oriental, sino que debe tomarse en
su sentido literal, radica en los numerosos incidentes en que las devas figuran
en la literatura canónica buddhista, donde al igual que seres humanos acuden al
Maestro para obtener instrucción religiosa. Estos seres –el nombre genérico Devas
significa Resplandecientes– aparecen con tanta frecuencia que se justifica muy
bien una indagación sobre su naturaleza y sobre el lugar preciso que ocupan en
las doctrinas del buddhismo.
La concepción
Buddhista del universo y de las leyes de causa y efecto que lo gobiernan no
dejan ningún lugar para la idea de una deidad suprema en el papel de creador o
soberano. Ni siquiera es necesario para el buddhismo negar la existencia de un
Dios-Creador; su filosofía excluye automáticamente esta teoría.
"Ni Dios, ni Brahma puede ser encontrado,
Creador de la rueda del Samsāra[1];
Fenómenos vacíos siguen su curso,
Sujetos a causa y condición".
Visuddhimagga XIX
Siendo esto
así, una Deva no es un Dios en el sentido usual, y la palabra se presta a confusión
al asociarla con el teísmo de Occidente. Si el hombre moderno pudiera entrar en
el espíritu del pensamiento antiguo griego y comprender la actitud de, por
ejemplo, Sócrates[2] hacia los
Dioses griegos, podría acercarse a la visión buddhista de las Devas. El
parecido no es perfecto ya que las Devas, que no es el caso de las deidades
griegas, no son inmortales; pero se les parecen en que no son omnipotentes ni
omniscientes. No son creadoras del mundo, y ellas mismas están sujetas a la ley
de la causalidad de la misma manera que los dioses griegos estaban sujetos a ananke,
la más alta ley de la necesidad. Ellas exhiben muchas de las debilidades de los
seres humanos, y con frecuencia menos sabiduría que ellos. Sus circunstancias
presentes relativamente felices, así como el poder que tienen, son el resultado
de méritos previos adquiridos como seres humanos.
Ellas son de
hecho simples seres de otro orden de existencia, en algunas maneras superiores
a los hombres pero en otras están en desventaja. Pero antes de seguir con su
naturaleza es necesario distinguir entre (1) Samutti Devas (por
convención), (2) Upapatti Devas (por medio del renacimiento) y (3) Visuddhi
Devas (por su pureza). La primera clase son seres humanos con un alto
estatus en el mundo; reyes, ministros y por el estilo. La segunda son seres que
habitan las Deva-lokas, o altas esferas, mientras que la tercera y más
importante son seres humanos que han alcanzado el último grado de
auto-liberación, y son conocidos como Devas por Purificación mientras todavía
en vida. Éstos son los Buddhas Supremos, Buddhas Silenciosos (Pacceka Buddhas)
y Arahats.
En el uso
ordinario la palabra Deva casi siempre denota a los seres no-humanos del
segundo orden, y es de ellos de quienes trataremos. Pero mientras que en las
páginas que siguen la palabra Deva donde quiera que aparezca debe ser entendida
como significando Upapatti Deva, es bueno hacer notar de paso que el
término Deva en sí mismo tiene una connotación muy amplia y no hace una
distinción fundamental entre seres humanos y no-humanos, y donde los humanos
son de una posición exaltada. Puede ser entendida como significando no más que
un personaje superior de cierto tipo. Es importante que esto sea recordado
porque así como la superioridad de un rey se funda sólo en su posición y no
tiene conexión con sus cualidades intelectivas o de carácter, así también la
superioridad de una Deva se funda en el hecho de que ocupa esa posición debido
a sus méritos pasados. Como todos los demás seres la Deva está dando vueltas en
la rueda del Samsāra; está caracterizada por los tres signos de
impermanencia, sufrimiento y falta de toda esencia en su ser; cuando el buen
karma pasado que sostiene la corriente de su existencia como Deva se termine
debe desaparecer de ese estado para renacer en algún otro lugar.
Otro punto
para ser recordado es que aunque, como ha sido dicho, las Devas ocupan un lugar
importante en el pensamiento buddhista no son de ninguna manera necesarias a la
filosofía buddhista. Todo lo que el buddhismo afirma concerniente a la
naturaleza de la realidad puede ser establecido con igual verdad y fuerza sin
referencia a las Devas o a cualquier otra clase de seres no-humanos. En verdad,
se ha avanzado el punto de vista de que la frecuente aparición de las deidades
brahmánicas como discípulas del Buddha en la literatura canónica, tiene la
intención de enfatizar la falsedad de la creencia brahmánica en el poder y la
omnisciencia de los dioses. Incluso así, es un hecho que la filosofía buddhista
es un sistema completo y que se sostiene por sí mismo, que no requiere de la
intervención de agentes sobrenaturales, e incapaz de ser afectado por la
presencia o ausencia de seres de un orden no-humano. No importa qué clase de
seres sensibles pueda descubrir eventualmente la ciencia en el universo además
de aquellos que habitan nuestro propio planeta, lo cierto es que todos ellos
estarán sujetos en su naturaleza a las mismas leyes que el buddhismo revela
rigen la vida del hombre. Los organismos vivientes en Júpiter, si en verdad los
hay, deben resultar distintos de los de la tierra en cuanto a su construcción
física, composición química y todos los otros aspectos externos de su ser; pero
aunque deben respirar metano y amoniaco en vez de oxígeno, y vivir a
temperaturas muy por debajo de lo soportable por la vida orgánica en nuestro
planeta, las leyes fundamentales y universales de causa y efecto prevalecen
para ellos como para nosotros. Así es que el número y la variedad de seres en
el cosmos puede ser multiplicada al infinito, pero mientras estén sujetos al
nacimiento y la muerte pertenecen sin alteración al patrón buddhista de
existencia Samsárica. La única clase de ser que podría llamarse correctamente
sobrenatural sería uno que fuera eterno, inmutable y no limitado por ninguna ley
física. La posibilidad de la existencia de un ser como éste es negada por el
buddhismo y por la ciencia moderna, pero la negación no va más allá de ser eso
mismo. Como lo ha observado Bertrand Russell en algún lado, no hay ninguna
razón para suponer que el hombre es la forma de vida sensible más elevada en el
universo.
II
Aún antes de
que el físico demostrara que nuestro mundo familiar no es el lugar sustancial
que parece ser, sino un sistema de procesos dinámicos que pueden ser descritos con
precisión sólo en términos matemáticos, y que existe en un inconcebible
complejo de cuatro dimensiones donde el espacio es el tiempo entre objetos y el
tiempo es el espacio entre eventos, hubo pensadores científicos audaces que
fueron capaces de imaginar la posibilidad de otras dimensiones más, aparte de
aquellas con las que aún estamos batallando, en un intento todavía no exitoso
del todo por correlacionarlas. Hubiera sido más fácil para aquellos pioneros
alejarse del sistema rígido que tomó el espacio y el tiempo como absolutos
separados, de haber vivido para ver el asombroso mundo que el científico nos ha
presentado desde el advenimiento de la física nuclear y la teoría general de la
relatividad. Bajo la influencia de estos nuevos –aunque no definitivos– descubrimientos, las ideas una vez
dominantes del espacio y del tiempo se han desdibujado en concepciones
subjetivas, tan subjetivas como la izquierda y derecha, delante y detrás, son a
la experiencia cotidiana. El único factor realmente objetivo y cierto para
nosotros hoy día es el continuo espacio-tiempo, que puede ser pensado como
conteniendo un registro objetivo del movimiento de cada partícula en el
universo, una historia que se conoce como la línea del mundo de la partícula
correspondiente. En esta forma de ver el universo los objetos han dejado de
existir y su lugar ha sido tomado por series de eventos, o continuos causales,
en el mismo marco fijo de referencia, el continuo espacio-tiempo de cuatro
dimensiones.
El hecho de
que no hay ni puede haber un medio para relacionar nuestras impresiones
subjetivas del mundo exterior con ninguna realidad objetiva existente fuera de
nuestra conciencia, es algo que ha sido conocido largamente por ciertas
personas y sospechado fuertemente por otras. Al tratar de descubrir la
verdadera naturaleza del mundo por medio de la percepción sensorial y la
inteligencia estamos, como lo ha puesto un escritor, en igual posición que un
pez que lucha por esclarecer lo que es el agua.
Por lo tanto
es de lo más extraño que persista la idea de que los descubrimientos de la
ciencia en un momento dado representan la totalidad de las posibilidades en esa
dirección particular. Para el filósofo que está comprometido con relacionar
todos los aspectos del conocimiento y en arreglarlos en un sistema completo, la
contribución hecha por la ciencia es sólo una de muchas en la vasta suma de
datos proporcionados por la experiencia humana, y es algo que por sí mismo no
es más concluyente que cualesquiera otros tomados por separado. El filósofo
puede y debe corregir sus teorías cuando los hechos científicos establecidos lo
requieran, pero no está obligado a encerrar su pensamiento detrás de puertas
que la ciencia misma está echando abajo rápidamente.
Entre los
factores de la experiencia que no pueden ser ignorados está el testimonio de
fuentes innumerables a lo largo de todas las épocas sobre la existencia de
ciertos seres que parecen pertenecer a un distinto orden de la naturaleza, y
que por ello han sido considerados como sobrenaturales. Ningún estudio de
antropología está completo sin ellos, que con el nombre de espíritus de la
naturaleza, deidades tribales, ángeles, genios[3] y hadas del
folclor son encontrados en el centro de todo culto primitivo y en las formas
más tempranas de la religión. Si su aparición estuviera confinada a la historia
del hombre en edades pre-científicas, pudieran ser pasados por alto como
fantasías del mundo de los sueños que el hombre primitivo encuentra difícil
distinguir de la realidad, pero esto está lejos de ser el caso.
Aparte de los
fenómenos de la sesión espiritualista moderna han habido instancias notables
desde la más remota antigüedad hasta tiempos recientes de gente que se comunica
con entidades no-humanas de varios tipos. Uno de los casos más impresionantes
en Europa fue el de Emmanuel Swedenborg.[4] Fue
sobresaliente porque Swedenborg estaba entre los más afamados científicos de su
tiempo, un hombre con intelecto penetrante e integridad sin tacha que no podía
ser sujeto de engaños ni motivado por deseo de notoriedad. Su posesión de
poderes de clarividencia fue demostrada en más de una ocasión, e incluso
explicó que había recibido prueba de la existencia de una jerarquía celestial,
que hizo corresponder a grandes rasgos con la de los ángeles, arcángeles, querubines
y serafines de la tradición Judeo-Cristiana. Había visto y hablado con seres
radiantes de distintos rangos y había pasado libremente de un plano a otro del
sistema extra-terrestre en que habitaban. En muchas formas las experiencias que
describió recuerdan aquellas de los místicos de todas las religiones: pero
aparte de la necesaria terminología cristiana que Swedenborg utilizó de acuerdo
con sus propias ideas religiosas, éstas guardan un asombroso parecido con la
concepción buddhista de las condiciones prevalecientes en los reinos de las
Devas.
¿Debemos creer
que estas similitudes de experiencia mística y extra-sensorial son
coincidencia? ¿O que surgen de una enfermedad común de la mente humana? ¿O,
como tercera alternativa, pudiera ser más probable que fueran todas instancias
de un mismo tipo de experiencia, una experiencia real que no requiere mayor
explicación que la posibilidad de la extensión de la conciencia hacia áreas
fuera del particular continuo espacio-tiempo en que nuestra conciencia funciona
normalmente?
Preguntar
dónde, en el mundo de los objetos materiales, pueden existir estos seres es
irrelevante. En un universo donde el tiempo y el espacio están fusionados en un
concepto, y donde puntos de referencia absolutos han dejado de existir y donde
hasta la simultaneidad exacta de eventos es imposible de determinar, sería tan
importante preguntar cuándo pueden existir. Es claro que cualquier
pregunta de éstas está mal planteada porque está basada en la suposición de que
el mundo que conocemos es precisamente como se nos aparece, e incluso que
nuestro particular plano de experiencia es el único posible, siendo que no sólo
no hay argumentos válidos para tal suposición sino que todas las inferencias
están contra ella.
Considerando
que el mundo como lo conocemos subjetivamente no corresponde con el actual
mundo objetivo de la física, y que cada intento de juntarlos resulta en una
situación paradójica, debemos admitir que ya hemos tenido conocimiento de dos
mundos discretos y aparentemente incompatibles, el subjetivo y el objetivo, en
que de alguna manera hemos procurado hacer del mundo subjetivo nuestro hábitat
natural. De alguna manera el subjetivo parece derivarse del objetivo; pero ya
que el último se torna subjetivo cuando lo examinamos -o más bien, debido a que
lo que conocemos es sólo otra versión subjetiva de él- la verdad muy bien
pudiera ser la opuesta. El hecho desnudo es que ningún individuo puede
establecer filosóficamente la existencia de ningún otro ser en el mundo fuera
de su propia conciencia. Y este absurdo es el único resultado al que puede
llevarnos la lógica formal.
La cosmología
modelo del buddhismo no está entrampada por tales consideraciones. Está
estructurada sobre el supuesto de que el plano de experiencia humana es sólo uno
entre otros muchos. La perfección de la sabiduría del discernimiento es abolir
las construcciones artificiales de lo subjetivo y lo objetivo que son ambas
igualmente carentes de realidad. Siendo esto así, no es importante qué punto de
vista escogemos tomar, pues uno es tan válido como el otro. Por ejemplo, el
mundo de las apercepciones sensoriales de un animal no es el mismo que el de un
ser humano, y esto a pesar del hecho de que ambos seres están viviendo en el
mismo mundo objetivo y obteniendo información de él de más o menos el mismo
tipo de aparato sensorial. El mundo del pez es completamente real y válido,
mientras el pez no trate de averiguar qué es el agua. Sólo entonces el pez
recibe insinuaciones de otro tipo de mundo distinto al que siempre ha conocido,
pero conocer ese otro mundo permanecerá como un enigma para él a menos que sea
capaz de desarrollar una clase diferente de organismo psico-físico que le
permita vivir en diferentes condiciones. La misma clase de barreras existen
entre animales y seres humanos que comparten el mismo ambiente; cada uno lo
interpreta de manera distinta de acuerdo con su capacidad y los procesos
selectivos de su conciencia. Tan sólo los puntos de contacto entre las
distintas corrientes de conciencia de seres diferentes sostienen la aparente
realidad de un mundo común a todos ellos.
La enseñanza
del Buddha se ocupaba del sufrimiento, su causa y su erradicación; era, como Él
enfatizó en muchas ocasiones, un indicador de la manera de liberarse de la
existencia condicionada y no debía enredarse en cualquiera de los puntos de
vista conflictivos que se originan en las malas interpretaciones que hace el
hombre de los fenómenos. El Buddha mismo no erigió ningún sistema cosmológico,
sino que sólo estableció que cualesquiera ideas que se sostuvieran estuvieran
en conformidad con los principios generales de la causalidad. Como consecuencia
de ello, los primeros buddhistas adoptaron la cosmología védica que era común
en ese tiempo. Era una típica cosmología pre-científica, y cualquier intento de
reconciliar sus características físicas con las de la tierra tal cual es sería
un esfuerzo vano. También sería un esfuerzo equívoco, pues en manos buddhistas
el sistema nunca tuvo la intención de ser un recuento geofísico exacto del
mundo, sino una descripción metafórica de procesos cosmológicos, y los primeros
buddhistas la adaptaron a ese diseño cuando la tomaron. Por esta razón su forma
buddhista concuerda en ciertos aspectos importantes con un modelo hipotético
del universo basado en principios científicos. Es la única entre las
cosmologías pre-científicas que no requiere de una Causa Primera, sino que es
auto-existente y se renueva por sí misma a través de leyes naturales; es
cíclica, un universo que se desintegra y desvanece para ser sucedido por otro
que se consolida a partir de la materia atómica del anterior; y admite una
multiplicidad de universos existiendo en paralelo.
Tales fueron
algunas de las modificaciones que el pensamiento buddhista, influenciado por la
comprensión del Buddha, produjo en el diseño védico más temprano, y son estos
principios generales los que lo distinguen de todos los demás intentos del
hombre pre-científico para visualizar la clase de mundo en que vivía. El avance
en el pensamiento que representa debe ser notado inmediatamente por cualquiera
que lo compare con los mitos de creación de Egipto, Asiria y otros centros
ancestrales de la cultura mundial. Con justeza puede reclamar ser el prototipo
de todos los modelos del universo que tiene como cimientos principios
racionales.
Con estos
hechos en mente estamos mejor dotados para acercarnos a la siguiente etapa de
nuestra investigación, que se refiere a la naturaleza de los mundos celestiales
(Deva Loka) y su posición en el sistema cosmológico Buddhista.
Los 31 Planos
|
nombres en
pali |
nombres en
español |
|
31
Neva-saññā-nāsaññāyatanūpaga Devā |
31 Esfera de
la ni-percepción ni no-percepción |
|
30
Ākiñcaññāyatanūpaga Devā |
30 Esfera de
la nada |
|
29
Viññānañcāyatanūpaga Devā |
29 Esfera de
la conciencia infinita |
|
28
Ākāsāñcāyatanūpaga Devā |
28 Esfera
del espacio infinito |
|
27
Akanitthā Brahmā |
27 Mundo de
los brahmas superiores |
|
26 Sudassi
Brahmā |
26 Mundo de
los brahmas de clara visión |
|
25
Sudassā Brahmā |
25 Mundo de los
brahmas hermosos |
|
24 Atappa
Brahmā |
24 Mundo de
los brahmas serenos |
|
23
Avihā Brahmā |
23 Mundo de
los brahmas durables |
|
22
Asañña-satta Brahmā |
22 Mundo de
los brahmas sin percepción |
|
21
Vehapphala Brahmā |
21 Mundo de los
brahmas de gran recompensa |
|
20 Subha Kinha Brahmā |
20 Mundo de
los brahmas con aura constante |
|
19
Appamāna Subha Brahmā |
19 Mundo de
los brahmas con aura infinita |
|
18 Paritta
Subha Brahmā |
18 Mundo de
los brahmas con aura menor |
|
17 Ābhassara
Brahmā |
17 Mundo de
los brahmas con brillo radiante |
|
16
Appamānābha Brahmā |
16 Mundo de
los brahmas con brillo infinito |
|
15
Parittābha Brahmā |
15 Mundo de
los brahmas con brillo menor |
|
14 Mahā
Brahmā |
14 Mundo del
gran Brahma |
|
13 Brahma-Purohita
Brahmā |
13 Mundo de
los ministros de Brahma |
|
12
Brahma-Parisajja Brahmā |
12 Mundo del
séquito de Brahma |
|
11
Paranimmita-vasavatti Devā |
11 Devas que
rigen sobre las creaciones de otros |
|
10
Nimmāna-rati Devā |
10 Devas que
disfrutan sus propias creaciones |
|
9 Tusita Devā |
9 Devas del deleite |
|
8 Yāma Devā |
8 Yama Devas |
|
7 Tāvatimsa Devā |
7 Reino de las Treinta y Tres Devas |
|
6 Catumahārājika Devā |
6 Reino de los Cuatro Grandes Reyes (de las
Cuatro Casas) |
|
5 MANUSSA LOKA (Seres humanos) |
5 MUNDO HUMANO |
|
4 Tiracchāna Yoni |
4 Mundo Animal |
|
3 Peta Loka |
3 Mundo de los Espíritus Infelices |
|
2 Asura Nikāya |
2 Mundo de los Demonios (Titanes) |
|
1 Niraya |
1 Reinos del Infierno (Infiernos) |
Clave para el
listado
1 al 11 Esfera
de los sentidos-deseo (Kāma Loka)
12 al 27 Esfera de la materia sutil (Rūpa
Loka)
28 al 31 Esfera inmaterial (Arūpa Loka)
1 al 4 Mundos
sub-humanos (incluyendo animales)
5 MUNDO
HUMANO
6 al 11 Mundos
de las Devas de la Esfera de los sentidos-deseo
12 al 22 Mundos Inferiores de Brahma
23 al 27 Mundos Puros de Brahma (Habitados por
los que No-Retornan y Arahats)
28 al 31 Mundos de Brahma con conciencia
incorpórea (Esfera inmaterial)
1 al 21 Seres
que tienen cuerpo material y conciencia
23 al 27 Seres que tienen cuerpo material y
conciencia
22 Seres
que tienen cuerpo material sin conciencia
28 al 31 Seres que tienen conciencia sin
cuerpo material
Clasificación
por forma de Causa de Nacimiento en los mundos respectivos
1 al 4 Karma
insano
5 Karma
mixto, predominantemente bueno
6 al 11 Muy
buen Karma
12 Experiencia
débil de la Primera Jhāna (absorción mental)
13 Experiencia
moderada de la Primera Jhāna
14 Experiencia
plena de la Primera Jhāna
15-16-17 Experiencia de la Segunda Jhāna
(Débil, moderada y plena)
18-19-20 Experiencia de la Tercera Jhāna
(Débil, moderada y plena)
21-22 Experiencia
de la Cuarta Jhāna (Débil y moderada)
23 al 27 Logro del Fruto del No-Retorno (Anāgāmi-phala)
con plena experiencia
de la Cuarta Jhāna
28 al 31 Experiencia de las Cuatro
Arūpāyatanas Jhānas (Concentración en lo
que no tiene forma)
III
Para una mejor
comprensión de lo que sigue se recomienda al lector hacer referencia al listado
de los 31 Planos y de su clave.
Hay tres
categorías de existencia en el samsāra, correspondientes con tres tipos de
conciencia que son el resultado del karma pasado. Las tres categorías son: (1)
la esfera de los sentidos-deseo, (2) la esfera de la materia sutil y la (3)
esfera inmaterial (sin forma). Cada categoría contiene muchas clases diferentes
de seres; en una de ellas, la Asaññasatta Brahma Loka de la esfera de la
materia sutil (22), la conciencia está en un estado suspendido y los Brahmas de
esta clase consisten sólo de forma material. La razón de esto se verá después.
El mundo de
seres humanos y animales es físicamente el mismo mundo, y forma parte de la
esfera de los sentidos-deseo. Debajo de ella pero en la misma categoría están
los reinos de seres en estados de más profunda miseria, mientras que sobre ella
están los reinos de las Devas de la esfera de los sentidos-deseo. Las fronteras
entre el mundo humano y aquellos mundos inmediatamente sobre y debajo de él no
son siempre precisas, y existe la posibilidad de comunicación entre ellos. En el caso de seres humanos y animales,
aunque los mundos que habitan son mundos distintos, no hay una diferencia
física entre ellos; la frontera es puramente psicológica. Este hecho nos da la
clave de la verdad de que la realidad de todas las variadas esferas de
existencia yace en el reino de la conciencia más que en el de la objetividad.
Todas las
distintas clases de seres han nacido en sus mundos respectivos en razón de las
acciones, buenas o malas, llevadas a cabo en la esfera humana de actividad
mundana (eso es, sentidos-deseo). Cuando los resultados-corriente kármica de
los sucesos que causaron sus renacimientos en estos mundos terminan, ellos mueren
y renacen en algún otro lugar. El mundo humano es el reino de la elección moral
y de la actividad volitiva donde el karma se genera, de tal forma que es
posible para un ser humano dirigir el destino por medio de sus acciones. Pero
seres en los reinos de miseria (1 al 4) sufren pasivamente las malas
consecuencias del karma maligno desarrollado en vidas pasadas como seres
humanos; no tienen sentido moral ni por tanto la habilidad para producir buen
karma mientras se encuentren en el estado presente. Cuando la corriente de su
mal resultado kármico termine, mueren y renacen de acuerdo a la naturaleza del
karma residual o "almacenado" de vidas previas que hasta ahora no
había tenido oportunidad de fructificar. Si ese karma es bueno, podrían renacer
como seres humanos, o incluso como Devas.
Aquí es
necesario hacer notar que la afirmación de que seres en los mundos inferiores
no son capaces de realizar buenas acciones es una generalización amplia; hay
excepciones a ella. Las especies de animales más inteligentes son con
frecuencia capaces de la acción moral, y aunque el impulso mental hacia ella (kusala-citta)
es mucho más débil que en los humanos, aun así puede estar presente.
La posición de
las Devas en la esfera de los sentidos-deseo es también una de responsabilidad
moral limitada. La mayor parte del tiempo están disfrutando pasivamente los
resultados deleitables del buen karma realizado en vidas humanas previas y no
están confrontadas con la necesidad de la elección moral que es propia de los
seres humanos. Sus placeres son de una naturaleza estética, y los mundos en que
ellos habitan son los que han hecho surgir la creencia común a todas las
religiones de un estado feliz después de la muerte. Se les puede aplicar
cualquiera de las descripciones tradicionales de cielos, paraísos o Islas de
los Bendecidos, con una importante excepción: no son mundos eternos.
Las Devas de
estos reinos son seres con diversos grados de inteligencia, pero como se
mencionó antes están en ciertos aspectos en desventaja cuando se les compara
con los seres humanos. Al ser incapaces
ellas mismas de producir valioso karma fresco, se ven obligadas a adquirir más
mérito como vicarios, participando de las buenas acciones de los seres humanos.
De este hecho viene el "compartir méritos con las Devas" que es una
característica de la vida buddhista. Cuando un buddhista da caridad o realiza
alguna otra acción buena, invita a las Devas a compartir el mérito. Aquellas
Devas que son conscientes de la ley moral de la causalidad son entonces capaces
de producir en ellas buenos impulsos mentales (kusala-citta) al aprobar
la acción bondadosa, y puesto que la intención es la base de toda actividad, el
impulso mental así producido constituye buen karma. Esta práctica de compartir
méritos se extiende también a los seres inteligentes en los reinos del
sufrimiento, bajo el mismo principio.
Las Devas de
la esfera de los sentidos-deseo no son personalidades iluminadas, y muchas de
ellas están sumidas en un engaño más profundo que el de algunos seres humanos.
Su nacimiento como Devas no se debió a que habían sido buddhistas, pues
cualquier ser humano sin importar su fe puede renacer como Deva. Fue
sencillamente el resultado de alguna buena acción sin importar el credo. Por lo
tanto llevan con ellas a su vida como Devas cualesquiera creencias, verdaderas
o falsas, que hubiesen tenido como seres humanos, y no hay nada en las
condiciones de los mundos de las Devas que las desilusione. Al contrario, la
inmensamente larga duración de vida de las Devas anima la creencia de que son
inmortales, y muchas imaginan que han alcanzado el cielo eterno de la religión
que profesaban siendo humanas. Otras en verdad creen que son dioses. Brahmas de
las más altas esferas están sujetos a la misma ilusión, pues en el Digha
Nikāya se relata que Mahā Brahma imaginó ser él mismo el "Todo
Poderoso Brahma, el Más Elevado, el Invencible, el Omnisciente, el Soberano, el
Señor, el Creador, el Hacedor, el Perfecto, el Preservador, Controlador y Padre
de todo lo que fue y será". Incluso después de darse cuenta de que estaba
equivocado continuó manteniendo el engaño ante los Brahmas menores de su
séquito (12, 13, 14).[5] En otro lado,
en el Aggañña Sutta (Digha Nikāya 27), el Buddha explica cómo la religión
teísta se originó como resultado de esta clase de error.
Aquellas Devas
que están sujetas a tales ilusiones de grandeza no ven la necesidad de adquirir
méritos frescos, y cuando finalmente desaparecen de ese estado renacen en algún
otro mundo debido a la fuerza del karma residual, bueno o malo, de la misma
manera en que lo hacen los seres debajo del orden de los humanos.
De esto se
comprenderá que la naturaleza de las Devas de la esfera de los sentidos-deseo
varía enormemente. Aunque son Devas debido a algún buen karma del pasado, su naturaleza
presente no es necesariamente buena. Un ejemplo interesante de esto es el caso
de Māra, el Tentador, quien figura extensamente en la vida del Buddha
desde el tiempo de Su Iluminación hasta su muerte.
Māra es
la Kāma Deva del hinduísmo, el dios joven y hermoso del deseo sensual que
corresponde al griego Eros. Debido a su naturaleza sensual y a su intensa
voluntad de evitar que otros seres obtengan su liberación del Samsāra es
conocido en el buddhismo como Māra y Namucci, la personificación del sufrimiento
y la muerte. El Buddha siempre se refirió a él como el Diabólico. La conexión
entre el Dios del Amor y el Dios del Mal no es tan difícil de descubrir como
pudiera parecer; incluso en los Puranas hindúes, Kāma Deva aparece en este
papel en la leyenda que cuenta sus empeños por tentar a Shiva para alejarlo de
su ascetismo. En algunos textos buddhistas Māra es el nombre dado a una
sub-división de Devas que pertenecen al reino de Yāma (8), pero más
frecuentemente simboliza las pasiones e impurezas de la mente. En un pasaje
característico (Samyutta Nikāya XXIII, 35) el Buddha cataloga sin
más a las Māras como la personificación de los grupos de personalidad que
sujetan a los seres a la rueda del renacimiento. En esto podemos ver una
ilustración de la manera en que lo subjetivo y lo objetivo dejan de existir
como conceptos separados a la luz del conocimiento y discernimiento absolutos.
Pero el Māra que es un ser objetivo de la esfera de los sentidos-deseo
está él mismo destinado en última instancia a convertirse en un Buddha
Silencioso.
IV
Ya hemos
notado que la existencia de otros reinos del ser, normalmente invisibles para
nosotros, han sido dados por hecho desde los primeros tiempos, sobre la base de
declaraciones de aquellos que afirmaban
haber hecho contacto con ellos a través de lo que hoy día llamamos
percepción extra-sensorial. Esta facultad, o conjunto de facultades, es una
materia que está llamando seriamente la atención de psicólogos, entre ellos el
Dr. J. B. Rhine[6] que,
parafraseando al Prof. Thouless, ha "confirmado los descubrimientos de
estudiantes previos de telepatía de que la mente puede adquirir conocimiento
sin el uso de los sentidos y, todavía más, registrar correctamente eventos que
yacen en el futuro".
La luz que
esto pueda arrojar sobre las experiencias de Swedenborg y otros no está todavía
muy claro. Lo que sí es claro, sin embargo, es que ya no podemos descartar sin
más esas experiencias como si fueran alucinaciones; comportan una relación con
el mundo fáctico de eventos que puede ser examinada y probada por medio de
experimentos.
El punto de
vista buddhista es que experiencias tales como las de Swedenborg y los místicos
fueron las que dieron origen a la creencia universal en el cielo, en el
infierno y en estados después de la muerte en general, y en esta forma
establecieron los cimientos de las diferentes religiones a través de una
interpretación incorrecta. Este punto de vista supone la existencia de hecho de
mundos distintos al nuestro, pero para determinar en qué terreno, además de la
experiencia psíquica, debemos movernos, se requiere que primero debamos
comprender qué es realmente nuestro mundo.
Esto está
lejos de ser una tarea simple. Sabemos que el mundo es resultado de procesos
naturales que son racionales e inteligibles, y cuyas leyes la ciencia se ha
mostrado capaz de explicar satisfactoriamente hasta cierto punto. Pero su
complejidad es tal que aún quedan muchos principios desconocidos para nosotros,
además de otros recientemente descubiertos que son difíciles de reconciliar con
principios antes aceptados. Un ejemplo de esto es la manera en que la teoría
especial de la relatividad de Einstein ha trastocado los principios de la
geometría Euclidiana, y al hacerlo ha ultrajado el "sentido común" y
los hábitos de pensamiento de siglos. Las matemáticas de Einstein probaron que
el espacio en la vecindad de la materia no era parecido en nada al espacio de
la geometría de Euclides. En efecto esto significa que en tal espacio los
ángulos de un triángulo pueden no sumar dos ángulos rectos.
La declaración
de que los tres ángulos de cualquier triángulo deben ser igual a dos ángulos
rectos es una proposición básica de la geometría Euclidiana. Casi cualquier
otra proposición que Euclides probó subsecuentemente dependía de ella; pero la
proposición inicial misma descansaba en otra proposición que no podía ser
probada. Todos los intentos de matemáticos posteriores por probarla no tuvieron
éxito, y aunque no era auto-evidente tuvo que ser tratada como un axioma.
Cuando al fin se decidió que ninguna prueba definitiva era posible, se intentó
construir una geometría no-Euclidiana, en la que se asumió que la suma de los
ángulos de un triángulo era más o menos la de dos ángulos rectos. La geometría
resultante de cualquiera de estas suposiciones no es la del espacio que
conocemos, sino que será una geometría completa que a la vez es
auto-consistente. No es la geometría del espacio que conocemos, sino de un
espacio posible. Tal espacio puede existir y no hay una razón física que se lo
impida.
El punto
importante aquí reside en la respuesta a la pregunta de si los ángulos de los
triángulos efectivamente suman dos ángulos rectos, o si deben
sumar dos ángulos rectos. Si la respuesta es que deben de hacerlo, la geometría
Euclidiana necesariamente tendría que sostenerse cierta para todos los tipos de
espacio posibles; pero ya que tratamos con geometrías lógicas y
auto-consistentes en las que esto no necesariamente se cumple, es evidente que
nuestro espacio, y la clase de universo en que vivimos, no es el único posible.
Pero aparte de
la naturaleza no-Euclidiana del espacio en la vecindad de la materia, nuestro
mundo contiene muchos otros fenómenos que, por no ser detectables por nuestros
sentidos, han permanecido desconocidos hasta el día de hoy. Las ondas de sonido
cuya frecuencia está sobre los 15 mil ciclos por segundo son inaudibles para
los humanos, pero pueden ser escuchadas por algunos animales; grandes áreas del
espectro son invisibles para nosotros, y las ondas electromagnéticas y las
radiaciones cósmicas son imperceptibles si no se utilizan instrumentos
especiales. Nuestro mundo visible, de hecho, contiene dentro de sí otro mundo
que hubiera permanecido por siempre desconocido e insospechado si no hubiera
sido por el desarrollo de técnicas científicas altamente especializadas.
Durante eras incontables el hombre ha vivido lado a lado con este mundo
invisible e intangible sin sentir su presencia o ser consciente de que algo
faltara en la fotografía total del universo. Y sin embargo el mundo en que vivía
dependía de este otro mundo con sus leyes físicas complementarias.
Estos datos
extras no nos ayudan en mucho en nuestro esfuerzo por formarnos una fotografía
mental del mundo en que vivimos; existen muchas contradicciones aparentes para
que todos ellos sean acomodados dentro del marco de un único sistema lógico del
tipo al que nos han acostumbrado. El único remedio para esta situación es
buscar una definición de la palabra "mundo" que esté libre de
impedimentos innecesarios, pero suficientemente exacta para preservar el
significado en todos los contextos. Hablamos de un "mundo de sueños",
un "mundo de la mente" y un "mundo de los sentidos"; y en
el habla cotidiana hacemos la distinción entre el mundo de un hombre y el de
otro hombre, como cuando decimos que un granjero chino vive en un mundo
distinto de en el que vive una debutante. Estos usos comunes apuntan un
significado psicológico básico de la palabra: un mundo es un reino de
experiencia consciente sin importar qué tipo de realidad tenga como base objetiva.
Es en este sentido en que el buddhismo habla del reino de los animales como
distinto del de los seres humanos. Si tomamos como punto de referencia el mundo
sensible de la conciencia humana, podemos describir el mundo de los animales y
de otros seres sub-humanos como infra-sensible, y los de las Devas como mundos
supra-sensibles.
Partiendo de
este punto de vista, no hay discusión por definir los mundos de las Devas como
sobrenaturales; pueden existir en un complejo espacio-tiempo diferente del nuestro,
sin dejar de estar sujetas a las leyes naturales de la causalidad, las leyes
apropiadas al tipo de espacio geométrico en que la conciencia de las Devas
funciona. La relatividad buddhista toma esto en cuenta cuando trata de la
duración de vida de los mundos de las Devas, que en términos humanos es enorme.
En el Tāvatimsa Deva Loka se dice que un día y una noche son
iguales a cien años terrestres. Ya que el periodo de vida en ese mundo
particular es de mil años, equivaldría a treinta y seis millones de años de
tiempo terrestre. En los más altos mundos de Brahma la duración de vida cubre
varios ciclos de desintegración y re-formación del universo. Estos vastos
tramos cronológicos pueden parecer fantásticos, pero tan sólo tenemos que
considerar la naturaleza del tiempo en relación con los años luz de espacio
interestelar, y recordar que el hombre mismo es comparativamente un recién
llegado en las extensas etapas del tiempo geológico, para darse cuenta qué tan
arbitrarias son nuestras concepciones del tiempo tal cual lo medimos por medio
de los movimientos de la tierra. En ciertas circunstancias nuestra experiencia
subjetiva del tiempo es algo que no concuerda del todo con el reloj: tan es
cierto que el tiempo subjetivo es mucho más fuerte que sus medidas objetivas
que hablamos del tiempo que no pasa o del tiempo que corre como agua, como si
el universo disminuyera su paso cuando estamos aburridos y lo acelerara cuando
estamos felices. Y el tiempo de la mente durante los sueños puede comprimir
horas en segundos.
La transición
de la conciencia de una escala de tiempo a otra parecería deberse entonces a un
ajuste en el sentido de duración. Así encontramos que en los cuarenta y cinco
años entre la Iluminación del Buddha y Su muerte, que corresponde a algo menos
de doce horas en la vida de una Deva Tāvatimsa, seres de los mundos de las
Devas y los Brahmas fueron repetidamente a Él en busca de enseñanza religiosa.
Esto sólo pudo ser posible con la adaptación del tiempo-conciencia de la Deva a
las relaciones de tiempo prevalecientes en nuestro propio mundo. La psicología
del Abhidhamma, que explica los procesos de conciencia en términos de una
sucesión de momentos-pensamientos inconcebiblemente rápida
"acoplados", por decir, a las frecuencias vibracionales de la materia,[7] ofrece líneas
sugerentes de especulación sobre la magnitud del ajuste que puede realizarse.
Todo el asunto
del contacto entre los mundos humano y supra-sensible está relacionado, aunque no
en un sentido muy importante, con la teoría y la práctica de la meditación
buddhista. La conexión no es importante porque el objetivo de la meditación
buddhista no es obtener facultades extra-sensoriales como la clarividencia,
clariaudiencia y otras, sino obtener la liberación del Samsāra; pero la
meditación es un medio para extender la conciencia, por lo que estas facultades
latentes son desarrolladas incidentalmente en meditación. Por otra parte,
existen sistemas yoguis y místicos que tienen como principal, si no es que
única, meta el cultivo de facultades psíquicas. En estos sistemas es donde los
"dioses" son vistos como entidades todo poderosas, y toda clase de
mitos se adhieren a ellos.
V
¡Ah! Vivimos
felizmente sin poseer nada;
Viviremos tan sólo
de regocijo como los Dioses Radiantes.
Dhammapada
200.
Hasta ahora
hemos discutido a las Devas de la esfera de los sentidos-deseo, pero es hasta
que hacemos una consideración de las esferas de la materia sutil y sin forma
(inmaterial) que encontramos que la conexión entre los mundos supra-sensibles y
las prácticas meditativas se vuelve más íntima. Todos los seres en estos mundos
han nacido ahí como resultado de algún logro en cierto grado en alguna de las
prácticas jhánicas o estados de trance caracterizados por la absorción mental.
Cinco de estos estados, que corresponden a los cinco mundos, 23 al 27, en la
esfera de la materia sutil, sólo son alcanzables a través de la meditación que
lleva al discernimiento de las Cuatro Nobles Verdades del Buddhismo. Los seres
que renacen como Brahmas en estos mundos son aquellos que durante su vida
humana practicaron la meditación buddhista hasta alcanzar la cuarta etapa de
purificación, la de Anāgāmi o No-Retornante. Para el
Anāgāmi que muere antes de alcanzar la última etapa, la del Arahat,
sólo un nacimiento más es posible y sucede en uno de estos mundos. De ahí, al
terminar su vida, pasa al Nirvana final. Éstos son los únicos reinos de los 31
planos desde donde es posible pasar directamente al Pari-Nirvana sin haber
renacido como ser humano.
Todos los
demás mundos de Brahma, hasta el Asañña-satta Brahma Loka (22), son
accesibles a través de prácticas meditativas encontradas en otros sistemas
aparte del buddhismo, pero esos sistemas no pueden proporcionar la liberación
de las esferas Samsáricas de la existencia condicionada porque carecen de los
elementos psicológicos que erradican las tendencias que producen apego y
renacimiento; por lo que tampoco dan origen a la sabiduría del discernimiento.
Cuando el Buddha alcanzó la Iluminación Su primer pensamiento fue impartir la
Doctrina a Sus Maestros Anteriores, los ascetas Ālāra
Kālāma y Uddaka Rāmaputta; pero encontró que ambos ya estaban
muertos, y como consecuencia de sus prácticas Jhánicas habían renacido en
mundos de Brahma donde eran incapaces de beneficiarse de Su descubrimiento del
método superior.
Ya se ha hecho
referencia a un mundo peculiar en la esfera de la materia sutil, el Asañña-satta
Brahma Loka, donde la existencia es sólo en forma material, con la conciencia
suspendida. El renacimiento en este plano es el resultado de un tipo de
meditación dirigida hacia la supresión de la conciencia, bajo el supuesto de
que el escape del sufrimiento se encuentra en la inconciencia. Los ascetas que
son exitosos en este tipo particular de concentración alcanzan su objetivo,
pero no es la última meta. Cuando el efecto kármico que han producido se
termina, la conciencia vuelve a surgir en ellos y dejan de existir en ese
estado para renacer de nuevo en una existencia sensible.
Todos los
mundos de Brahma del 12 al 22 están relacionados con diversos niveles de éxito
en las cuatro jhānas. Para quienes practican las jhānas son
inmediatamente accesibles, pues en el estado de trance el yogui está existiendo
de hecho en esos mundos aunque su cuerpo físico esté en la tierra. Cuando
regresa a la conciencia del mundo humano retiene la memoria de sus experiencias
en los mundos de Brahma y ésta es la manera, como ya lo hemos hecho notar, en
que las distintas teorías de un Dios-Creador, un alma inmortal y un cielo
eterno se han propagado. Es probable que las religiones más primitivas se
originaran del contacto con las Devas menores, mientras que las más altas
religiones, o las formas más elevadas que se desarrollaron de las primitivas,
deban su inspiración a experiencias yóguicas de los mundos de Brahma. Tales
experiencias son accesibles a todos, sin importar el credo al que se
pertenezca, de tal manera que los errores de interpretación son tantos y tan
variados como las experiencias individuales. Quien ve a una Deva o a un Brahma
identificará naturalmente lo que ve con cualquier dios en el que crea. ¡Para
complicar la situación aún más, el ser que ve puede creerse a sí mismo, como
Maha Brahma, la deidad suprema! Esto explica las similitudes, así como las
diferencias, entre las grandes religiones del mundo.
El culto de un
dios tribal de la esfera de los sentidos-deseo que demanda ofrecimientos de
fuego puede con el tiempo ver nacer dentro de su grey a un hombre de naturaleza
superior que ha cultivado la meditación en una vida previa. Este hombre a
través de experiencias de trance toma conciencia de la existencia de un tipo
superior de ser, o jerarquía de seres, a quienes toma por Dios el Creador y sus
ángeles. Entonces comienza a enseñar un credo más elevado, uno cuyo énfasis
está en el amor más que en el poder desnudo, pero aún lo hace en nombre del
dios tribal de sus ancestros, que es el único dios que conoce. La naturaleza
del dios parece entonces haberse alterado, y la nueva enseñanza del profeta-yogui
puede ser aceptada o no dependiendo de las circunstancias. Lo que usualmente
sucede es que una nueva religión se desprende de la antigua. Así surge el
crecimiento orgánico de ideas religiosas, aparejadas con una multiplicidad de
credos. En muchos de Sus discursos el Buddha describió el origen de religiones
como resultado de este tipo de experiencias yóguicas de trance.
Es comprensible que el hombre primitivo tiene contacto más fácilmente con seres de los mundos infra-sensibles y de los mundos inferiores de la esfera de los sentidos-deseo, por lo que las formas más simples de religión, animismo, chamanismo, y la adoración de la naturaleza, son las primeras en aparecer y continúan sobreviviendo en formas muy parecidas alrededor de todo e