La pila de huesos de (todos los cuerpos) de un hombre
que ha vivido por sólo un eón,
formaría una alta montaña.
Esto dijo el Gran Vidente (Buddha).
Itivuttaka
El momento de la muerte es, sin duda, un momento crítico y determinante
en la vida de cualquier hombre. De acuerdo con la filosofía del Abhidhamma, en
la mente del moribundo se presenta un ‘kamma’, un ‘kamma nimitta’ o un ‘gati nimitta’. Por ‘kamma’, en este caso, se entiende la
representación mental de algún acto bueno o malo realizado durante el periodo
en que la persona haya vivido o inmediatamente antes del momento de morir. Se
trata, pues, de un pensamiento cuyo contenido es bueno o malo.
Si la persona hubo cometido alguno de los cinco crímenes atroces (garuka
kamma) como por ejemplo el parricidio, antes de su muerte experimentará ese
kamma. Si por el contrario, la persona que está muriendo hubo desarrollado
‘jhanas’, es decir, altos estados meditativos de conciencia, entonces
experimentará este buen kamma antes de morir. Estos pensamientos son tan
poderosos que eclipsan totalmente toda otra acción y aparecen vívidamente en la
mente del que está muriendo.
Si el moribundo no ha hecho ninguna de estas acciones pesadas, puede tomar como objeto del proceso cognitivo del morir un kamma realizado inmediatamente antes de la muerte (asanna kamma), el cual recibe el nombre de ‘kamma próximo a la muerte’. Este kamma es muy importante porque determina el inmediato renacimiento.
En ausencia de un kamma próximo a la muerte, entonces se presentará en
la mente del moribundo un acto bueno o malo habitual (acinna kamma), como por
ejemplo el de curar a enfermos en el caso de un buen médico, o el de enseñar el
Dhamma, en el caso de un bhikkhu pío, o el de robar en el caso de un ladrón.
Si no hubiera cualquiera de los kammas anteriores, entonces se
presentará en su mente cualquier acto bueno o malo trivial (katatta kamma) como
objeto del proceso cognitivo del morir.
‘Kamma nimitta’ o símbolo significa una representación mental de
cualquier objeto visual, sonoro, olfativo, gustativo, táctil o idea que fue
predominante cuando el sujeto realizaba alguna actividad importante, buena o
mala. Por ejemplo, la visión de cuchillos o animales muriendo en el caso de un
carnicero, o de pacientes en el caso de un médico, o un objeto de devoción en
el caso de un devoto.
‘Gati nimitta’ o símbolo de destino significa un símbolo relacionado con
el lugar del futuro renacimiento. Este símbolo se presenta por sí mismo ante la
persona moribunda y estampa su atmósfera de alegría o de tristeza sobre los
hechos. Cuando estos indicios del futuro renacimiento ocurren, si son malos a
veces pueden modificarse influyendo en los pensamientos del moribundo. Entre
las visiones premonitorias de destino se pueden observar fuego, bosques,
montañas, el vientre materno, mansiones celestiales y cosas semejantes[1].
La muerte, pues, es un proceso cuyo objeto puede ser un ‘kamma’, un
‘kamma nimitta’ (símbolo) o un ‘gati nimitta’ (símbolo de destino). Aunque la
muerte ocurriera de forma instantánea, el proceso cognitivo realiza su curso
por sí mismo.
Con el objeto de ilustrar mejor lo anterior, imaginemos que el moribundo
va a renacer en el reino humano y que el objeto del proceso cognitivo del morir
es un buen kamma. Su conciencia de ‘bhavanga’, es decir, su conciencia de
continuidad vital, se interrumpirá, vibrará por un momento mental y cesará.
Después, la conciencia de advertencia en la puerta de la mente
(mano-dvaravajjana) surgirá y cesará. Entonces se presentará un estado psíquico
muy importante, el proceso de ‘javana’, o sea, los momentos mentales durante
los cuales se realiza el kamma y que, debido a su debilidad, ocurre sólo por
cinco momentos mentales en lugar de los siete normales, a este proceso de
‘javana’ le falta todo poder reproductivo; su función principal es
esencialmente la de regular la nueva existencia. El objeto que aquí se presenta
es deseable y la conciencia que se experimenta es moral. La conciencia ‘tadalambana’,
que para su función puede ser registrada o identificada por dos momentos del
objeto percibido, puede o no presentarse a continuación. Después de esto
ocurrirá la conciencia de muerte o ‘cuti-citta’, es decir, el último momento
mental que el moribundo experimenta en esta vida presente.
Existe una concepción errónea entre algunos que creen que el subsecuente
nacimiento está condicionado por esta última conciencia de muerte (cuticitta),
la cual no tiene ninguna función especial que realizar en sí misma. Lo que
realmente condiciona el renacimiento es aquello que se experimenta durante el
proceso de ‘javana’. Este proceso sí regula la nueva existencia porque mientras
dura se realiza un nuevo kamma.
Con la cesación de la conciencia del moribundo ocurre la muerte. A
partir de ese momento no se producirán propiedades materiales producidas por la
mente (cittaja-rupa) o por el alimento (aharaja-rupa). Desde entonces y hasta
el momento en que el cuerpo se reduzca a polvo[2],
sólo se producirán una serie de propiedades materiales producidas por la
temperatura (utuja-rupa).
Simultáneamente con el surgimiento de la conciencia de renacimiento
surge la década del cuerpo, la década del sexo y la década base
(khaya-bhava-vatthu-dasaka)[3].
De acuerdo con el buddhismo, el sexo es determinado en el momento de la
concepción y es condicionado por el kamma, y no sólo por una combinación
fortuita del esperma y del óvulo[4].
La extinción de la conciencia del nacimiento pasado es la ocasión para
que surja la nueva conciencia del nacimiento que sigue. Sin embargo, nada
inmodificable o permanente se transmite del pasado al presente. Así como la
rueda solo toca un punto del terreno en donde descansa, de la misma manera y
estrictamente hablando, solamente vivimos un momento mental. Nosotros siempre
estamos en el presente y este presente continuamente se desliza hacia el pasado
irrevocable. Cada momento de conciencia de este proceso vital continuamente
cambiante, al extinguirse transmite a su sucesor la totalidad de su energía,
así como también las imborrables impresiones contenidas en él. Cada nueva
conciencia consta de las potencialidades de su predecesor y algo más. Al morir,
la conciencia perece, aunque en realidad perece a cada momento para a
continuación dar origen a una nueva conciencia en otro nacimiento. Esta
conciencia nueva hereda todas las experiencias pasadas; como todas las
experiencias se registran invariablemente en el siempre cambiante palimpsesto
mental y todas las potencialidades son transmitidas de vida en vida, independientemente
de su desintegración temporal, de esta manera pueden haber reminiscencias de
nacimientos o incidentes pasados, lo cual sería imposible si dependiera
exclusivamente de la memoria, ya que ésta, a su vez, depende sólo de las
células cerebrales.
Bhikkhu Silacara explica lo anterior de la siguiente manera: “Este nuevo
ser que es la manifestación presente del flujo de energía del kamma no es el
mismo y no tiene identidad con el ser previo, los agregados que lo constituyen
son diferentes y no tienen identidad con los constituyentes del ser que lo
precede. Pero tampoco es un ser completamente diferente, ya que posee el mismo
flujo de energía de kamma, aunque modificado por aparecer en esa manifestación
que ahora se presenta en el mundo sensoperceptivo como un nuevo ser”.
La muerte, de acuerdo con el
buddhismo, es la cesación de la vida psicofísica de una existencia particular.
Es la extinción de la vitalidad (ayu), es decir, vida psíquica y física
(jivitindriya), calor (usma) y conciencia (viññana). La muerte no es la total
aniquilación del ser, porque aunque es el final de un lapso de vida, la fuerza
que hasta ese momento actuó no es aniquilada. Así como la luz eléctrica es la
manifestación visible de la energía eléctrica invisible, de la misma manera nosotros
somos la manifestación externa de la energía kármica invisible. El foco puede
ser roto y la luz puede extinguirse, pero la corriente eléctrica permanece y la
luz se puede reproducir en otro foco; de la misma manera la fuerza kármica
permanece imperturbable con la desintegración del cuerpo físico, y la extinción
de la conciencia presente conduce al surgimiento de una conciencia nueva en
otro renacimiento. Sin embargo, nada inmodificable o permanente “pasa” del
estado presente al estado futuro. Cuando el pensamiento que se experimenta
antes de morir es de tipo moral, entonces la conciencia de reconexión
resultante toma como su material un espermatozoide y un óvulo apropiados de los
seres humanos que serán los padres. Después la conciencia de reconexión (patisandhi-viññana)
cesa en el estado de bhavanga, es decir, el estado de conciencia de continuidad
vital[5].
El buddhismo puro no apoya la creencia de que el espíritu de la persona
que ha muerto habita en un estado temporal hasta que encuentra un lugar adecuado
para su “reencarnación”.
En el momento de morir, la continuidad del flujo de energía no es rota
en cuanto al tiempo, y no hay brecha alguna en el flujo de la conciencia. El
renacimiento tiene lugar inmediatamente, sin importar el lugar en que se renace.
Esto es semejante a una onda electromagnética, que proyectada al espacio es
inmediatamente reproducida en un aparato receptor de radio. El renacimiento del
flujo mental también es instantáneo y no existe ningún tipo de espacio para
alguna forma de estado intermedio (antarabhava)[6].
Esta cuestión del renacimiento instantáneo se encuentra expresada de la
siguiente manera en el Milindapanha :
Preguntas del rey Milinda:
-“Venerable Nagasena, si alguien muere aquí y renace en el mundo de Brahma
y otro muere aquí y renace en Cachemira, ¿quién de ellos llegará primero?
-¡Oh Rey! Ellos arribarán al mismo tiempo.
¡Oh Rey! ¿En qué ciudad nació
usted?
-En una población llamada Kalasi, Venerable Señor.
-¿Qué distancia hay de aquí a Kalasi, oh Rey?
-Alrededor de 200 millas, Venerable Señor.
-¿Y qué distancia hay de aquí a Cachemira, oh Rey?
-Alrededor de doce millas, Venerable Señor.
-Ahora piense en el poblado de Kalasi, oh Rey.
-Ya lo he hecho, Venerable Señor.
-Ahora piense en Cachemira, oh Rey.
-Ya lo hice, Venerable Señor.
-Oh Rey, de la misma manera quien muere aquí y renace en el mundo de
Brahma no lo hace más tardíamente que aquel que muere aquí y renace en
Cachemira.
-Dadme un símil más, Venerable Señor.
-¿Qué piensa, oh Rey? Suponga que dos pájaros que se encuentran volando
y ellos se posan al mismo tiempo, uno en la rama más alta de un árbol y el otro
en la más baja. ¿Cuál de las dos sombras de los pájaros se posará primero sobre
la tierra y cuál después?
-Ambas sombras lo harán al mismo tiempo, no una primero y la otra
después”.[7]
De acuerdo con el buddhismo, los seres vivos son infinitos en número,
así como también lo son los mundos. La fecundación del óvulo no es el único
camino para renacer. La tierra, una casi insignificante mota de polvo en el
universo, no es el único plano, y los humanos no son los únicos seres.[8]
De ahí que sea completamente razonable afirmar que siempre habrá un lugar
apropiado para recibir la última vibración de pensamiento de quienes mueren.
Siempre hay un punto listo para recibir la piedra que cae.
* * * * *
*
Capítulo 28 (How Rebirth Takes Place) del libro The Buddha and His Teachings
por Narada Mahathera. Traducción española por Alejandro Córdova. Traducción
española con permiso de la Buddhist Publication Society (BPS).Este material
puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma
gratuita. Traducción española ©CMBT 2000. Última revisión viernes 8 de septiembre de 2000. Fondo Dhamma Dana.
[1] Para más detalles con relación a estas “visiones
premonitorias” del lugar de renacimiento, véase Dr. W. Y. Evans-Wentz, The
Tibetan Book of the Dead, p. 183.
[2]
De acuerdo con el buddhismo las propiedades materiales se producen en cuatro
formas:
a.- Kamma, es decir, acciones morales e inmorales.
b.- Utu, cambio físico o tejo, calor (este elemento incluye
tanto al calor como al frío).
c.- Citta, es decir,
mente y propiedades mentales.
d.- Ahara, es decir, nutrientes que existen en el alimento.
[3] Véase capítulo
anterior (capítulo 27 del libro The Buddha and His Teachings por el Venerable Narada Mahathera).
[4] (compare)... “El sexo del individuo es
determinado en el momento de la concepción por el cromosoma de los gametos. A
través de estos, el embrión es dotado de una potencialidad a desarrollar en
dirección a un sexo”. Frank Alexander, Psychosomatic Medicine, p. 219.
[5] Ver Narada Thera, A Manual of Abhidhamma, p. 273.
[6] De acuerdo con ciertos textos tibetanos, el
Dr. Evans-Wentz considera que existe un estado intermedio en el que los seres que
mueren permanecen por una, dos, tres, cinco, seis o siete semanas hasta el día
cuarenta y nueve. Este punto de vista es contrario a las enseñanzas del
buddhismo theravada. The Tibetan Book of the Dead, p. 160-165.
[7] Ver T.W. Rhys Davids, The
Questions of King Milinda, I., p. 127-128.
[8] Existen alrededor de un
millón de sistemas planetarios en la Vía Láctea en los que la vida puede
existir. Véase
Freed Hoyle, The nature of the Universe pp. 87-88.