Buddhismo y Acción Social*
Una Exploración
por Ken Jones
Traducción española por Juan Sebastián Oliver Suinaga
·
Primera Parte: Los Fundamentos
1.1
Buddhismo y la nueva sociedad global
1.2 Acción social y el problema del sufrimiento
1.4 ¿Es en el buddhismo tarea prioritaria trabajar en
uno mismo? Respuesta: Sí y No
1.5 La acción social buddhista como una sentida paradoja
2.3 Acción
política: la conversión de la energía
2.4 Política
teórica buddhista y políticas
2.6
Ambigüedad, complejidad, incertidumbre
2.9
Organizando la acción social
2.9a
Manteniendo el equilibrio
2.9b
Centros espirituales: ejemplo y extensión
2.9c
Servicios y desarrollo de comunidades
2.9d
Acción política y movimientos de masas
2.9e
Responsabilidad universal y el buen corazón
·
Buddhist Publication Society
·
Notas
Estoy agradecido con el Señor Paul
Ingram quien, como editor anterior, publicó el original de este trabajo en una
versión mucho más abreviada en la revista de la Buddhist Society (Sociedad
buddhista) "The Middle Way" (Vol. 54, No. 2 Verano 1979, 85-88).
Agradezco también al Venerable Nyanaponika Mahathera quién me motivó para
desarrollar más mis ideas. De cualquier forma, debo aceptar plena y única
responsabilidad sobre este trabajo.
PRIMERA PARTE: LOS
FUNDAMENTOS {arriba}
1.1 Buddhismo y la
nueva sociedad global {arriba}
Tan evidente es el sufrimiento en el
mundo, que éste implora acción social humana y compasiva en sus más diversas
manifestaciones. Esta situación genera preguntas fundamentales y
controversiales para los buddhistas; y es aquí también, en donde el buddhismo
tiene implicaciones de cierta significación para cristianos, humanistas, y
otros grupos no-buddhistas.
Por acción social nos referimos a las
variadas y diferentes formas de acción concreta destinada a beneficiar a la
humanidad. Esto se extiende desde simples actos caritativos individuales,
enseñanza y capacitación, servicios organizados, "una forma recta de
vivir" (tanto adentro como afuera de las profesiones caritativas),
desarrollo de comunidades, como así también una actividad política necesaria
para que los gobiernos trabajen en beneficio de una sociedad mejor.
El buddhismo es una enseñanza
pragmática que parte de ciertas proposiciones fundamentales acerca de cómo
experimentamos el mundo y cómo interactuamos en él. Enseña que es posible
trascender el pesar que cargamos sobre nuestra experiencia, y proporciona
–desde el principio hasta el final– medios para lograr dicha trascendencia. Lo
que finalmente conduce a esta trascendencia es lo que se denomina Sabiduría. La
enorme cantidad de literatura sobre buddhismo no es una literatura de
revelación y autoridad; en vez, se
utilizan temas tales como: ética y meditación, filosofía y ciencia, arte y
poesía para señalar el camino hacia esta Sabiduría. De forma similar, los
escritos buddhistas sobre acción social, a diferencia de los escritos
seculares, hacen propuestas limitadas que finalmente se refieren a esta
Sabiduría, pero que también son argumentables en términos de nuestra
experiencia común.
En el Oriente el buddhismo desarrolló
diferentes escuelas de "tradiciones" en función de las diferentes
culturas que lo adoptaban, extendiéndose desde Sri Lanka hasta Tíbet, y desde
Mongolia hasta Japón. El buddhismo, por ende, podría aparecer como un humanismo
sublime, como misticismo mágico, como paradoja poética y mucho más. Sin
embargo, todas estas formas de calificarlo convergen sobre su enseñanza
fundamental, "El Buddhismo Perenne". Este documento está basado sobre
este último concepto, "El Buddhismo Perenne", tomando de las
diferentes tradiciones orientales para presentar las enseñanzas en un intento
para aplicarlas a nuestra sociedad moderna industrial.
Con la evidencia que proveen los
discursos o suttas del Buddha en el Digha Nikaya, queda claro que los
buddhistas tempranos estaban muy involucrados en la creación de condiciones
sociales favorables para que el individuo cultivara los valores buddhistas. Un
sobresaliente ejemplo de esto, en tiempos siguientes, es la excepcional
creación del "Estado del Bienestar" por el emperador buddhista Asoka
(B.C. 274-236). Walpola Rahula constató tal situación, quizá en su máxima
expresión, cuando escribió que: "El buddhismo floreció en India como una
fuerza espiritual en contra de las injusticias sociales, en contra de ritos
supersticiosos degradantes, de ceremonias y sacrificios; denunciando la tiranía
del sistema de castas, abogando por la igualdad de todos los hombres, y
emancipando a las mujeres dándoles completa libertad espiritual" (Rahula,
1978). Las escrituras buddhistas indican la dirección general del pensamiento
social buddhista, y en esta materia son significantes incluso para nuestros
propios tiempos modernos. No obstante esto podría resultar pedante, y en
algunos casos absurdo, aplicar directamente a la sociedad industrial moderna,
fórmulas detalladas para cumplir con las necesidades sociales que surgieron
veintitrés siglos atrás. El dueño de casa buddhista del Sigalovada Sutta[1] de aquellos tiempos experimentaba una forma diferente de
vida, a la de un consultor de computadora en Tokio, o a la de un joven
desempleado de color en la actual ciudad de Liverpool. Es así como las
condiciones favorables para cultivar el "Camino Medio" deben ser
logradas mediante diferentes –y más complejas– estrategias sociales,
económicas, y políticas.
Es por lo tanto esencial intentar distinguir
entre el "Buddhismo Perenne" por un lado, y por el otro, las
prescripciones específicas de orden social atribuidas al Buddha histórico, que
relacionan lo básico y perenne de su enseñanza a las condiciones específicas de
su tiempo. Pensamos que éste no podría calificarse como un trabajo escolástico
auténtico si hemos de transferir la enseñanza social de las escrituras sin
critica alguna y con una cuidadosa evaluación hacia de las sociedades modernas,
o incluso, proclamar que el Buddha era un demócrata e internacionalista –en la
sociedad feudal en la que Buddha vivió, los términos modernos
"democracia" e "internacionalismo" no existían en el
sentido en el que los entendemos hoy en día. El Buddhismo es inservible a la
larga por tal súplica. Por otra parte, es debatible que existan implicaciones
democráticas e internacionalistas en la enseñanza básica del buddhismo.
En los últimos 200 años, la sociedad
occidental ha experimentado una transformación más fundamental que ninguna otra
desde el período neolítico, ya sea en términos tecnológicos, o en el mundo de
las ideas. Y ahora en Oriente, mientras
ésta compleja revolución está socavando al buddhismo tradicional, también está
estimulando el buddhismo oriental; y en Occidente está creando problemas y percepciones
en donde el buddhismo parece particularmente relevante. A lo largo de su
propia historia, el buddhismo ha sido reinterpretado exitosamente de acuerdo
con las diferentes culturas que lo han albergado, mientras que al mismo tiempo
han preservando sus verdades inherentes. Es así como el buddhismo ha
sobrevivido y se ha divulgado. La tarea histórica de los buddhistas tanto en
Oriente como en Occidente en el siglo XXI es interpretar el "Buddhismo
Perenne" en términos de las necesidades de los hombres y mujeres de
nuestra era industrial en las condiciones sociales de nuestro tiempo, y
demostrar su precisa y urgente relevancia en relación a los males de nuestra
sociedad. A esta gran y difícil empresa, los buddhistas ofrecerán su
tradicional audacia y humildad. Ya que ciertamente, éste no es momento para
adherirse a dogma alguno ni ponerse a la defensiva.
1.2 Acción social y el problema del
sufrimiento {arriba}
En la sociedad moderna
occidental, la acción social humanista, en su desconcertante variedad de
formas, es vista por los humanistas de todas las creencias, tanto como la común
forma de aliviar el sufrimiento y acrecentar el bienestar, y al mismo tiempo,
como un noble ideal de servicio, de auto-sacrificio. El buddhismo, sin embargo,
es un humanismo en tanto que se regocija con la posibilidad de una verdadera
liberación entendida como algo inherente en la propia naturaleza humana. Para
el buddhismo, la liberación final es obtener el completo desprendimiento de las
causas raíces de todo sufrimiento: deseo, odio, e ignorancia, que claramente
son también las causas raíces de todos los males sociales. Las formas más
graves son aquellas que son perjudiciales para los otros. Debilitarlas y
finalmente eliminarlas en uno mismo, y en la medida de lo posible, en la
sociedad en donde se manifiestan, es la base de la ética buddhista. Y es aquí
donde la acción social buddhista encuentra su lugar.
La experiencia del sufrimiento es el
punto de partida de la enseñanza buddhista, y también, en cualquier intento por
definir una distintiva acción social buddhista. Sin embargo, ciertos
malentendidos pueden surgir al comienzo, ya que la palabra pali dukkha, que es normalmente traducida
simplemente como "sufrimiento", tiene un sentido mucho mas amplio y
sutil. Claro está que hay un sufrimiento concreto y objetivo en el mundo (dukkha-dukkha), y gran parte de éste
surge de la pobreza, la guerra, la opresión, y otras condiciones sociales. Nos
adherimos a nuestra buena fortuna y luchamos a toda costa para escapar de
nuestra mala fortuna.
Esta lucha no es tan desesperada en
ciertos países que disfrutan de un nivel muy alto de vida, distribuido de una
forma relativamente equitativa entre toda la población. No obstante, los logros
materiales de las sociedades desarrolladas pareciera, de alguna forma, haberse
dado a costa de condiciones sociales que promueven un profundo sentido de
inseguridad y ansiedad, de intranquilidad y confusión interna, en contraste con
la relativa estable y ordenada sociedad en la que el Buddha enseñó. Solo,
alienado, el hombre industrial tiene oportunidades sin precedentes para vivir
la vida "en el contexto de
equipo", como el filósofo Martín Heidegger muy acertadamente lo
calificó. Tiene una muy valorada libertad para darle sentido a su vida con una
inmensa variedad de formas de consumo más o menos disponibles, o por otro lado
de logros, ya sea a través de una carrera profesional o del hogar o conocer las
diferentes ideologías en el mundo (tal como el buddhismo), o dedicarse al
servicio social. Cuando las adquisiciones materiales hartan, aparece una
colección de nuevas experiencias y el planteamiento de nuevos logros.
Ciertamente, para muchos, su vibrante ocupación se convierte ella misma en una
más importante auto-confirmación de los objetivos a los que ostenta dirigirse.
En los países en desarrollo vivir así, "en
el contexto de equipo", se ha convertido el gran objetivo para incrementar
el número de gente. Ellos son tristemente observados por los
occidentales que han acumulado más experiencias de desilusión y frustración
pues aquello que anhelan nunca llega.
Es así como de las propias condiciones
sociales surge el sufrimiento tanto físico como psicológico. Pero aún más
fundamental es este profundo sentido de inquietud, ansiedad o angustia, que
surge de la mismísima transitoriedad (anicca)
de la vida (viparinama-dukkha).
Estemos conscientes o no de esta angustia, ella misma dirige la incansable búsqueda
que realizamos por establecer una identidad propia significativa al tiempo que
estamos conscientes de nuestra insubstancialidad (anatta). Últimamente, la vida es comúnmente una lucha para darle
sentido a la vida, –y a la muerte. Ésta es más o menos la esencia de la
condición humana ordinaria y nosotros estamos tan adentro de ella, que la mayor
parte del tiempo apenas somos conscientes de esto. Este sufrimiento existencial
es la destilación de todas las varias condiciones a las que hemos hecho referencia
arriba; es la condición humana en sí misma.
El buddhismo ofrece al ser humano una
práctica religiosa, un camino para trascender el sufrimiento. La acción social
buddhista surge de esta práctica y contribuye a ella. Del sufrimiento surge el
deseo de terminar con el sufrimiento. El activista humanista secular se propone
la tarea interminable de satisfacer dicho deseo, y probablemente tiene la
esperanza de terminar con el sufrimiento social construyendo utopías. El
buddhista, en cambio, está avocado últimamente a la transformación del deseo.
Por consiguiente contempla y experimenta la acción social de una forma
fundamentalmente diferente a aquella sostenida por el activista secular. Esta
forma no será fácilmente comprensible por este último, y esto ha ayudado a
generar la errónea creencia de que el buddhismo es indiferente al sufrimiento
humano. Una razón por la que el tema de este panfleto es tan importante para
los buddhistas es que éste sirve como punto de partida, si es que habrán de
comunicarse efectivamente con activistas sociales no-buddhistas. Añadiremos,
sin embargo, que aún cuando tal comunicación no sea fácil en el plano
intelectual, al nivel de los sentimientos compartidos y en cuanto a
experiencias conjuntas en acción social habrá poca dificultad.
Ya hemos sugerido una fuente de la ya
difundida creencia de que el buddhismo es fatalista y que es indiferente a la
acción social humanista. Esta creencia que parece venir de un malentendido de
la ley buddhista del Karma. De hecho, no hay justificación alguna para
interpretar la concepción buddhista del Karma como si fuese quietismo y
fatalismo. La palabra Karma (pali: kamma) significa acción volitiva en
actos, palabras y pensamientos, que moralmente pueden ser buenos o malos. Si
bien nuestras acciones están condicionadas (más o menos), no lo están del todo
condicionadas o determinadas. No obstante que el comportamiento y el
pensamiento humano están frecuentemente gobernados por impulsos poderosos y
profundos hábitos anquilosados, aun así existe el potencial de la libertad, o
para ser más exacto, de una relativa libertad de elección. Para ampliar el
rango de esta libertad la primera tarea que propone el buddhismo es el
entrenamiento de la mente y la meditación.
El alegato de fatalismo es a veces
sostenido por el supuesto "retraso social" de Asia. Pero éste ignora
el hecho de que dicho retraso existió también en Occidente hasta hace tiempos
comparativamente recientes. Seguramente, este retraso y la alegada aceptación
fatalista de este retraso provienen de específicas condiciones sociales y
políticas, las cuales eran muy poderosas para que los posibles reformistas
pudieran contender. Pero aparte de estos datos históricos, se debe señalar aquí
que el mensaje de compasión del Buddha ciertamente no es indiferente al
sufrimiento humano en ninguna forma; ni tampoco los buddhistas piensan que la
miseria social no pueda ser remediada, al menos parcialmente. No obstante que
el realismo buddhista no cree en la Edad de Oro de una sociedad perfecta, ni
tampoco en la permanencia de condiciones sociales, aun así, el buddhismo tiene
la fuerte convicción de que las imperfecciones sociales pueden ser disminuidas
por medio de la reducción del deseo, el odio, y la ignorancia, y por la acción
compasiva guiada por la sabiduría.
De las muchas declaraciones del Buddha,
que son ilustrativas a nuestras observaciones, dos podrían ser citadas aquí:
"Aquél
que tiene entendimiento y gran sabiduría no piensa en lastimarse a sí mismo ni
a otro, así permanece sin lastimar a ninguno por igual. Más bien prefiere
pensar en su propio bienestar, en el de otros, en el de ambos, y en el
bienestar de todo el mundo. En esa forma uno muestra entendimiento y gran
sabiduría."
Anguttara Nikaya, Cuatro, No. 186
"Al
protegerse uno mismo (es decir, moralmente), uno protege a los demás;
protegiendo a los demás, uno se protege a sí mismo."
Samyutta Nikaya, 47; Satipattana Samyutta, No. 19
En esta sección hemos introducido la
distintiva y especial cualidad de la acción social buddhista. En el resto de la
primera parte, exploraremos esta cualidad aun más, y mostraremos como ésta
surge de forma natural y lógicamente de la enseñanza y práctica buddhista.
1.3 El peso del karma social {arriba}
Los patrones individuales de conducta
karmica son creados por las luchas del
ser individual en su propio predicamento. Ellos condicionan la conducta del
individuo y –siguiendo la enseñanza buddhista tradicional- los subsecuentes
ciclos de nacimiento y renacimiento. No obstante esto, sugerimos que esta
herencia karmica también está expresada como karma social. De cada tiempo y
espacio determinados, diferentes culturas brotan, ya sea un grupo, una
comunidad, una clase social o incluso una civilización. Los jóvenes son
socializados por su cultura heredada. Consciente e inconscientemente ellos
asimilan las normas de conducta aprobada lo que está bien, lo que está mal, y
cual es la "buena vida" para dicha cultura.
El karma social –el establecimiento de patrones
de conducta condicionados– de una cultura en lo particular, es y no es el
agregado del karma de los individuos que componen dicha cultura. Los individuos
comparten instituciones y sistemas de creencias comunes, pero éstos son los
resultados de muchas diferentes voluntades, tanto en el pasado como en el
presente, en vez de la consecuencia de una sola acción individual. Es, de
cualquier forma, la acción karmica individual la que une al individuo con estas
instituciones y sistemas de creencias. Cada individuo es una nítida joya
reflejada en la red de Indra, en donde el tiempo y el espacio se interceptan.
Cada individuo refleja la luz de todos y al mismo tiempo todos se reflejan en
cada uno de ellos. ¡Éste es el misticismo de la sociología o la sociología del
misticismo!
Sociedades humanas enteras también
sufren del ciclo de nacimiento y renacimiento, de revolución y estabilidad.
Cada era recibe el karma colectivo heredado del pasado, es condicionada por
éste, y aun también las luchas para renovarse. Y dentro de cada sociedad
humana, instituciones, clases sociales, y subculturas, al igual que los
individuos, todos luchan para establecer su propia identidad y perpetuar su
existencia.
La sociedad industrial capitalista ha
creado condiciones de extrema impermanencia, y la lucha contra un estado de
ánimo de insatisfacción y frustración que genera conflicto. Resulta difícil
imaginar un orden social para el cual el buddhismo no fuera tan relevante y
necesario. En estas condiciones, empresas egoístas, conflictos competitivos, y
la lucha por el status se convierten en grandes virtudes sociales, cuando, de
hecho, ilustran las tres causas o raíces del sufrimiento, deseo, odio, e ignorancia.
"Estos deseos", argumenta
David Brandon, "se han cimentado en todas las estructuras sociales e
instituciones. La gente relativamente exitosa en acumular bienes y posición
social desean asegurar y perpetuar esta condición... Tanto intencionados como
no intencionados, ellos erigen barreras educacionales, financieras y leyes que protejan
su propiedad privada y otros intereses... Estas estructuras y sus instituciones
protectoras continúan exagerando y amplificando la básica desigualdad humana en
vivienda, servicios médicos, educación e ingreso. Ellos premian y promueven la
avaricia, el egoísmo, y la explotación, más que el amor, la generosidad y la
compasión. Algunos estilos de vida de ciertas personas, caracterizadas por la
avaricia y el sobreconsumo, se vuelven dependientes de la marginación de
muchos. Los opresores y los oprimidos caen en la misma trampa de continuo
deseo". (Brandon, 1976, 10-11). Debe ser añadido que la revolución
comunista y su invasión han creado condiciones y estructuras sociales que no
menos, pero de una manera diferente, desalientan la búsqueda espiritual.
Es así como
vemos que toda organización social moderna crea condiciones de vida que no
solamente dan lugar al sufrimiento "objetivo", un sufrimiento no
volitivo, pero también tiendan a hacer surgir un sufrimiento
"subjetivo", un sufrimiento volitivo,[2] porque ellas (las organizaciones sociales modernas) son más propensas a
estimular acciones con karma negativo que otros tipos de organizaciones
sociales. Así pues, algunos de nosotros nacemos en condiciones sociales que son más
propensas para seguir el buddhismo que otras. Por ejemplo, una mujer con
escasas capacidades que trabaja en una fábrica de un pueblo de la provincia, es
menos propensa a seguir el sendero buddhista, que un profesional que vive en el
barrio universitario de la ciudad capital. Un especulador de propiedades,
jugando y especulando en donde sea con su propia vida es probablemente menos
propenso que cualquiera de los dos casos antes mencionados. Sin embargo, todos
los tres podrían seguir el buddhismo. Tanto hombres como mujeres hacen
su propia historia, pero la hacen bajo condiciones karmicas específicas,
colectivamente heredadas de previas generaciones así como también
individualmente. Su lucha es contra la educación y contra la naturaleza,
manifestada bajo una sola conciencia. "La presente generación está
viviendo dentro de este mundo bajo grandes presiones, bajo un sistema muy
complicado, en medio de la confusión. Todo el mundo habla de paz, justicia,
igualdad, pero en la práctica resulta muy difícil. Esto no implica que el
individuo humano sea malo, pero la
totalidad del ambiente y las presiones generan circunstancias muy
fuertes e influyentes" (Dalai Lama, 1976, p. 17).
En breve, la acción social buddhista
está justificada últimamente y por encima de todo, por la existencia de karma
tanto social como individual. En la inmediatez, el individuo está preocupado
por liberarse del sufrimiento; y a largo plazo, pretende crear condiciones
sociales que favorezcan el fin del sufrimiento a través del logro individual de
la sabiduría trascendental. ¿Pero será suficiente llevar una hermosa pequeña
vasija de agua a una flor muriendo en tierra arenosa y estéril? Esto satisfará
solamente al aguador. ¿Pero si convocamos los arados necesarios, pozos,
sistemas de irrigación y organización laboral, entonces que devendrá de la vida
espiritual entre este conflictivo escenario? Por tanto, ahora consideremos la
siguiente pregunta fundamental.
1.4 ¿Es en el buddhismo tarea prioritaria trabajar en uno
mismo? Respuesta: Sí y No {arriba}
El buddhismo es esencialmente
pragmático. El buddhismo es, en un sentido, algo que uno hace; es una guía para
la transformación de la experiencia individual. En la enseñanza tradicional
buddhista, el individuo parte de una herencia karmica generada por voliciones
establecidas derivadas tanto de la infancia, como de vidas anteriores, y
ciertamente del ambiente social que envuelve al individuo, siendo todo esto
parte de su herencia karmica. No obstante, el punto de partida es la
experiencia individual de la vida, aquí y ahora.
Nuestra secuencia de argumentos comenzó
con la ansiedad y el profundo malestar que hoy aquejan al hombre en su simple
experiencia de la vida en el mundo cuando no está envuelto en negocios,
objetivos, diversiones y otras distracciones. El buddhismo enseña que todo
sufrimiento, ya sea ansiedad, o más explícitamente el sufrimiento producido por
karma, o el sufrimiento "externo", accidental e inevitable a través
de la guerra, la enfermedad, la vejez, etc., surge finalmente de la creencia en
un yo substancial y perdurable ¿En ese caso, que necesidad tiene el individuo
buddhista de preocuparse por los demás, menos aún la acción social ya que la
primera tarea del buddhista como hemos visto es la de trabajar en sí mismo para
eliminar esa ignorancia? ¿Puede entonces ayudar a otros?
La respuesta a estas preguntas es tanto
un sí y no. Esto no significa mitad sí y mitad no. Significa que la respuesta a
esta pregunta fundamental de la acción social buddhista últimamente no puede
ser lógica o racional, ya que el "Camino Medio" buddhista no es la
mitad entre dos extremos, sino el camino medio que trasciende ambos extremos en
una unidad superior.
Diferentes tradiciones buddhistas
ofrecen diferentes caminos de práctica espiritual, pero todo depende
últimamente si el individuo adquiere una más profunda conciencia de la
naturaleza de su experiencia en el mundo, y especialmente de otras gentes, y
por lo tanto de sí mismo y de la naturaleza del yo. "Aprender el camino del Buddha es aprender de uno mismo.
Aprender de uno mismo es olvidarse de uno mismo. Olvidarse de uno mismo es
experimentar el mundo como puro objeto –dejar caer la mente y cuerpo de uno en
la mente y cuerpo de lo otro" (Zen Master Dogen: Shobogenzo). La
meditación tanto calma como revela y clarifica los agitados mares y
profundidades terríficas de la vida emocional subyacente. Todas las tradiciones
de práctica espiritual, buddhistas y no-buddhistas, enfatizan la importancia de
períodos de retiros de meditación y reflexión. Su relativa importancia no es
nuestro presente asunto. Sin embargo, en todos las tradiciones buddhistas el
entrenamiento enfatiza una atención vigilante de las sensaciones mentales que
aparecen en el transcurso del día, al igual que en períodos de retiro. Todo lo
que propone es un desarrollo paralelo de formas habituales de conducta ética (sila).
"No necesitamos considerar a esta
vida boicoteándola o gratificándola. Las situaciones de la vida son el sustento
de la atención vigilante... Gastamos el zapato del samsara caminando en éste
mediante la práctica de la meditación" (Chogyam Trungpa, 1976, p.50). El
mismo mensaje proviene vigorosamente de la tradición Zen: "Para penetrar
en las profundidades de la verdadera naturaleza de uno... nada puede sobrepasar
la práctica de Zen en medio de la actividad... El poder o sabiduría que se
obtiene de practicar el Zen en las acciones cotidianas es como la rosa que
surge del fuego. Ésta nunca puede ser destruida. La rosa que surge del medio de
las flamas es aún más bella y fragante cuando está cerca del fuego que
arde." (Zen Master Hakuin,
1971, p.34).
Si así lo deseamos, están las puertas
abiertas para incorporar en nuestra vida cotidiana varias posibles formas de
acción social. Esto ofrece una inmediata oportunidad para practicar atención
vigilante. Menos inmediatamente, sirve para fertilizar nuestra meditación
–"abono para el campo de Bodhi". En tercera instancia, ofrece amplias
oportunidades para cultivar sila, es decir, la habituación a la ética
desinteresada.
Los puntos arriba mencionados se
refirieren a asumir alguna labor de acción social; se refieren a los beneficios
potenciales que ésta tendría sobre la práctica individual. Hay menos razones
para asumir la acción social que razones porque un buddhista no debería
desistir de la acción social. El origen de la acción social buddhista reside en
otro lugar, surge del corazón de una compasión madura, aunque aún sea
imperfecta por necesidades individuales egocéntricas. Esto es dar acción
social, en lo que entraremos a detalle
en la siguiente sección. La acción social como un entrenamiento de la atención
consciente (y atención compasiva hacia los otros) tal vez sea una disciplina
más apropiada para ciertos temperamentos, y de hecho, para ciertas culturas y
tiempos, más que otros. No estamos interesados en proponer la acción social a
todos los buddhistas sino que simplemente estamos sugiriendo su legitimidad por
tal elección a seguir. El buddhismo siempre ha reconocido la diversidad de los
temperamentos individuales y culturas sociales existentes, y de allí que ha
ofrecido una diversidad de modos de práctica para cada uno.
1.5 La acción social buddhista como
una sentida paradoja {arriba}
Como lo hemos notado, la significación
de la acción social entendida como el entrenamiento en la atención vigilante
es, por supuesto incidental, en comparación a aquel profundo impulso de
compasión que, más o menos, nos conduce a buscar el alivio del sufrimiento de
los otros. Nuestros motivos podrían estar mezclados, pero cuando éstos son
verdaderamente desinteresados, ellos manifiestan nuestro potencial para el
despertar y nuestra interconexión con todos los seres. A través de nuestra
práctica, tanto en el mundo activo como en nuestra meditación de retiro, la
ilusión de un ego se hace cada vez más transparente, y los oponentes en
conflicto como el mal y el bien, el dolor y el placer, la riqueza y la pobreza,
la opresión y la libertad son vistos y entendidos en una Sabiduría tanto serena
como vigilante. Esta Sabiduría participa de la sensibilidad del corazón así
como de la claridad del pensamiento.
En esta Sabiduría, en las palabras de
R. H. Blyth, las cosas son hermosas pero no deseadas; feas pero no repulsivas;
falsas pero no rechazadas. Lo que es inevitable, como la muerte, es aceptado
sin rabia; lo que no debe de ser, como la guerra, es la esfera de la acción
diestra y efectiva, porque otra vez no está motivada y cegada por la rabia y el
odio. Debemos reconocer al opresor y actuar resueltamente para eliminar esa
opresión, pero nosotros no lo odiamos. La ausencia de odio, disgusto,
intolerancia, o justa indignación en nosotros es en sí misma una parte de
nuestro crecimiento hacia la iluminación (bodhi).
Tal libertad de emociones negativas no
debería ser malentendida por indiferencia, pasividad, compromiso, amar a
nuestro enemigo en vez de odiarlo, y cualquiera otra de estas relatividades.
Esta Sabiduría trasciende dichas relatividades que nos ponen una vez en este
camino y otra vez en el otro. En cambio, se tiene una conciencia alerta y sin
pasión, consciente de una realidad infinitamente compleja pero siempre
manteniéndonos libres de la desesperación, de la agresión auto-absorbente, de
dogmas ciegos, en fin, una consciencia libre de actuar o de no hacerlo. Los
buddhistas tienen sus preferencias y de frente a tales cataclismos sociales
como el genocidio y la guerra nuclear, éstas son preferencias fuertes, pero
ellos no son repelidos hacia el quietismo por éstas. Lo que se ha dicho en
estas líneas tiene que ser cultivado hasta la perfección por cada uno de
nosotros siguiendo el ideal Bodhisattva. Nosotros estamos inspirados por esto,
pero muy pocos son capaces de afirmar que ciertamente lo viven. Pero nosotros nunca
alcanzaremos este ideal poniéndonos de espaldas al mundo y negando la
naturaleza compasiva del Buddha en nosotros que llega a la humanidad sufriendo,
sin importar cuan manchados estos sentimientos estén por el amor propio.
Solamente lentamente "gastando el zapato del samsara" en
cualquier manera que sea apropiada para nosotros, podremos entonces nosotros
esperar lograr este ideal, y no a través de un proceso meramente de "incubación".
Esta gran Sabiduría (prajna)
expone la ignorancia, la
insensatez, a veces heroica, a veces baja, de la lucha humana frente a tantas
formas de sufrimiento. Este sentido de insensatez se funde con el sentido de
humanidad compartida en la forma de compasión (karuna). La compasión es
el rostro diario de la Sabiduría. En la práctica espiritual individual, sin
embargo, algunos se inclinarán hacia la Compasión y otros hacia la Sabiduría,
pero finalmente, las dos facultades tienen que ser balanceadas, cada una
complementando y madurando a la otra.
Aquél que se aferra al vacío,
Y niega la Compasión,
No alcanza el estado más elevado,
Pero aquél que sólo practica Compasión,
No se libera de los lazos de la existencia.
(Saraha, 1954)
Para resumir: buddhistas o
no-buddhistas, es nuestra humanidad común, es nuestra "naturaleza búddhica"
la que nos mueve hacia la compasión y hacia la acción para sanar el
sufrimiento. Estos impulsos surgen de
nuestra interconexión con todos los seres vivientes, siendo hermanos y hermanas
unos entre otros. La práctica buddhista espiritual, ya sea en el trabajo
o en el cuarto de meditación, madura por igual las cualidades trascendentales
de Compasión y Sabiduría.
La acción social lo confronta a uno con
los sufrimientos de otros y también con sus propios fuertes sentimientos
provocados por tales experiencias, ya sea que sean sentimientos de lástima,
culpa, enojo partidista o lo que fuere. La acción social es pues una poderosa
práctica potencial para los seguidores del camino, una serie de "medios
diestros" particularmente relevantes para la sociedad moderna. Finalmente,
es solamente un cierto tipo de acción social la que puede ser una efectiva y
relevante respuesta al peso del karma social que oprime a la humanidad y que
todos compartimos.
2.1 Dar y Ayudar {arriba}
Toda acción
social es una acción de generosidad (dana), pero hay una acción directa
la cual llamamos acción caritativa, ya sea la agencia de socorro de la UNESCO o
un comedor de beneficencia abierto toda la noche. ¿Hay algo en el buddhismo que lo
haga menos activo y concernido para mantenerse caritativo en la sociedad de lo
que es el cristianismo o el humanismo? "Quienquiera que atienda al enfermo
me sirve a mí," dijo el Buddha. ¿En nuestra más compleja sociedad, acaso
esto no incluye el activo desarrollo y defensa de los principios de un servicio
nacional de salud?
La vieja frase "tan fría como la caridad" evoca numerosas
posibilidades para la auto-decepción para ayudar y dar a los demás. Aquí hay
oportunidad de dar bondad de una forma tangible, tanto a nuestros ojos como a
los del mundo. Es posible, también, que tengamos la tentación de imponer
nuestras propias ideas y estándares desde una posición de patronazgo. David
Brandon, que ha escrito tan bien acerca del arte de ayudar, nos recuerda que:
"ver la naturaleza del Buddha en la otra persona es una forma de respeto;
significa percibir la superficialidad de las posiciones de autoridad moral. La
otra persona es tan buena como tú; aun cuando sea desaliñado, poco higiénico,
iletrado, sucio y pobre, él merece tu respeto, él también tiene autonomía y
propósito, él es otra forma de la naturaleza." (Brandon, 1976, p.59).
Hay muchas maneras diferentes mediante
las cuales los individuos buddhistas y sus organizaciones pueden ayudar y
aliviar el sufrimiento. Sin embargo, "la caridad comienza en casa".
Si un grupo buddhista o una sociedad buddhista fracasa en proveer calidez
humana y caridad activa para todos sus miembros en sus ocasionales dificultades
y problemas –aunque siempre con sensibilidad y respeto escrupuloso por la
privacidad– entonces ¿dónde pues está su buddhismo? ¿Dónde está la comunidad
espiritual o Sangha?
En nuestra sociedad moderna industrial
ha habido, por un lado, una disminución en la ayuda voluntaria caritativa
personal y comunitaria para aquellos más necesitados, y por el otro lado, muy
poco compromiso activo por la calidad y cantidad de la caridad
institucionalizada financiada con fondos públicos que en cierta medida ha
tomado su lugar. Una faceta de esto que puede tener una particular
significación para los buddhistas, es el fracaso en reconocer adecuadamente y
asistir a los que están muriendo. En años recientes ha habido una creciente
consciencia de este problema en Norte América y Europa, y un pequeño número de
hospicios han sido establecidos por cristianos y otros grupos para gente con
enfermedades terminales. Aunque esto es solamente un comienzo con relación a
este problema. El primer hospicio buddhista en Occidente todavía tiene que ser
establecido[3]. Y, menos
ambiciosamente, con el apoyo de visitantes regulares se podría ayudar a muchas
personas solas morir con un mayor sentido de dignidad e independencia en
nuestros hospitales generales.
Enseñar es por supuesto
una forma de dar y ayudar. De hecho, una de las dos peores ofensas en el código
de disciplina Mahayana es retener las bondades del Dharma a los otros. Por otra
parte, enseñar el Dharma es una de las más valuables formas de aprendizaje
disponibles para un buddhista. Esto es –primordialmente– en lo concerniente a
la enseñanza del Dharma a nuevos interesados en el buddhismo y con
publicaciones buddhistas en general entre no-buddhistas.
El buddhismo por su propia naturaleza
carece del espíritu agresivo de evangelización del cristianismo o del Islam. Es
un sistema pragmático de una sostenida y sistemática práctica de auto-ayuda, en
donde el maestro no puede hacer más que señalar el camino, y junto con los
compañeros buddhistas, proveer soporte, calidez, y estímulo en una larga y
solitaria labor. No hay aquí tradición de conversión al instante y revelación
forzada de la experiencia de la iluminación, que por más repentina que ésta
sea, depende de un usualmente largo período de cuidadoso cultivo. Y aún más,
hay una tolerante tradición de respeto por las creencias y la autonomía
espiritual de los no-buddhistas. No obstante, una virtud puede ser cultivada
en exceso. ¿No necesitamos encontrar el medio camino entre el fervor
proselitista y la lejana indiferencia? ¿No clama el mundo por una Verdad Noble
que "conduce a la cesación del sufrimiento"? La tarea de enseñar el
Dharma le da a los individuos buddhistas un incentivo para clarificar sus ideas
términos cotidianos concisos y explícitos. Y requiere de ellos responder
positivamente a las variadas respuestas que su enseñanza provocará en otros.
Sería útil tratar el problema en dos
planos traslapados, y distinguir entre (a) publicar el Dharma, y (b) enseñar de
forma introductoria a aquellos en quienes se ha despertado el interés. Por eso,
a ambos niveles es deseable la actividad de un cierto tipo de cuerpo central, y
por el otro, de grupos locales (en muchos países habrá ciertamente varios
"cuerpos centrales" representando las diferentes tradiciones y
tendencias). El "cuerpo central" podría producir en forma económica
para usos locales, textos introductorios y guías de estudio, apuntes del disertante, audio casetes,
presentaciones en diapositivas y "material de estudio" que combina
todo este tipo de material. Se tienen recursos para desarrollar cursos por
correspondencia tales como aquellos dirigidos por la Sociedad Buddhista en el
Reino Unido que ofrece un ya probado modelo educativo. Y probablemente tendrá
suficiente prestigio para negociar tiempo en la radio nacional y cadenas de
televisión.
Particularmente en los países
occidentales hay razones de peso para que las organizaciones que representan a
las diferentes tradiciones buddhistas y tendencias establezcan un Servicio de
Información y Coordinación Buddhista para propagar el buddhismo fundamental, y
algunas introducciones a las diferentes tradiciones y organizaciones. También
proveería una central de información general para todos los grupos y
organizaciones representadas. Podría ser financiado y controlado a través de un
concilio nacional representativo buddhista, el cual, con la confianza creciente
entre sus miembros y entre las diferentes organizaciones buddhistas que ellos
mismos representan, podría a su debido tiempo tener funciones adicionales.
Ciertamente en Occidente existe la posibilidad de un gran florecimiento de
"flores" buddhistas, ya sean orientales o de nuevas tendencias
desarrolladas localmente en cada cultura. Esto es buenas noticias, pero el tipo
de cuerpo que proponemos se convertiría en una necesidad para evitar
confusiones para el no-afiliado y para trabajar en contra de cualquier
tendencia sectarista del buddhismo, el cual ha estado carente de esta clase de
asuntos. Así, grupos locales tendrán acceso a la publicidad y recursos de
enseñanza de los centros nacionales y adaptar esto a las necesidades de las
comunidades locales. Reuniones realizadas regularmente por tales grupos
llegarían a no más de media docena de personas reunidas en una casa privada. Si
esto es manejado de una forma sensible y oportuna, resulta difícil imaginar una
mejor manera de iniciar a un nuevo interesado en el Dharma. Tales reuniones
serían merecedoras de una amplia
publicidad local. Una fuerte base existe donde hay una comunidad buddhista de
alguna clase, con instalaciones convenientes para reuniones y trabajadores
completamente comprometidos.
Desafortunadamente, tales comunidades
representarán, obviamente, a una cierta tradición o tendencia, y esta
exclusividad le sería de menor utilidad al recién llegado que un grupo local en
el cual él o ella tenga la oportunidad de informarse de las diferentes
tradiciones buddhistas representadas en la membresía y en el programa de
actividades.
En muchos países las escuelas proveen breves introducciones a las grandes
religiones del mundo. Muchos maestros no se sienten lo suficientemente
conocedores del buddhismo como para introducirlo a sus alumnos y es posible que
ellos incluso desconozcan de materiales adecuados para la enseñanza cuando
estos actualmente existen. Habrán oportunidades aquí para grupos locales, y
ciertamente el Servicio de Información que sugerimos tendrá trabajo que
realizar aquí.
Finalmente, el método introductorio de
enseñanza empleado en algunos centros buddhistas deja mucho que desear tanto en
asuntos educacionales como en las propias enseñanzas buddhistas. El Buddha
siempre adaptó sus enseñanzas a las circunstancias particulares del grupo o
individuo al que se dirigía; él algunas veces comenzaba con una pregunta acerca
de la ocupación del entrevistado, y de esta manera elaboraba su enseñanza a
partir de las respuestas a ésta y similares preguntas. El verdadero aprendizaje
y la enseñanza tienen como punto de partida un problema o experiencia puesto
por el alumno, aún cuando esto no sea más que una cierta curiosidad mal
definida. Es allí en donde maestro y alumno deben comenzar. El maestro comienza
por aproximarse a los sentimientos y pensamientos del alumno ayudándolo a su propio
entendimiento y conciencia. Esto es, por supuesto, un reto más difícil que una
clase estándar que comienza y termina con los sentimientos y pensamientos del
maestro, lo que en un sentido amplio deja poco espacio para el alumno. Con esto
se excluye al maestro del aprendizaje.
Por consiguiente, a menos que el
maestro sea verdaderamente excepcional, la Plática de Dharma es mejor que sea
utilizada de manera selectiva ya sea introduciendo y estimulando discusiones, o
bien, resumiendo y consolidando lo que ya se ha aprendido. Los maestros deberán
dominar el arte de conducir discusiones abiertas en grupos, donde los
asistentes pueden ganar mucho más los unos de los otros, y trabajar en una
situación de aprendizaje
emocional, más que adquirir solamente
hechos sobre buddhismo. Grupos de discusión se han convertido en una importante
característica entre los laicos buddhistas y las organizaciones de acción
social en diferentes partes del mundo. Ellos son el corazón, por ejemplo, de la
asociación japonesa Rissho Kosei Kai, la cual explora problemas de trabajo,
familia, y asuntos sociales y económicos.
2.3
Acción política:
la conversión de la energía {arriba}
El poder político podría sostener
estructuras sociales y económicas que cultivan la privación material y la
degradación espiritual de millones de hombres y mujeres. En muchas partes del
mundo oprime a un amplio rango de agrupaciones sociales –minorías raciales y
nacionales, mujeres, pobres, homosexuales, disidentes liberales, y grupos
religiosos. últimamente, el poder político encuentra su más terrible expresión
en la guerra, que alcanza ahora la posibilidad de una aniquilación global.
Para ambos, los opresores y los
oprimidos, ya sea en contienda social o en guerras entre naciones, la ilusión
karmica se profundiza. Cada grupo o
nación enfatiza sus diferencias, distinguiéndose de sus oponentes; cada uno
proyecta sus propias debilidades en los demás, los hace depositarios de todo
mal, y da apoyo a sus propias vívidas ilusiones y sus odios de sangre caliente.
El odio colectivo, ya sea que tenga que ser cultivado primero, o el prejuicio
encubierto en una comunidad tranquila, es un licor intoxicante. Aliado con una
ideología, el odio en ninguna forma se irá mañana o el año que entra, sino que
al ser coronado con un engañoso idealismo se convierte en una imponente empresa
sanguinaria. Y aún cuando la victoria sea lograda, los vencedores están todavía
más profundamente envenenados por el odio que los llevó a la victoria. Ambas, la
revolución y la contrarrevolución consumen a sus propios niños.
Los "Tres Fuegos" del
buddhismo: la ignorancia (moha),
el odio y la mala voluntad (dosa), y el deseo y el apego (lobha),
seguramente arden ferozmente como en ninguna otra parte.
Muy al contrario, el poder político
puede ser usado para sostener una sociedad donde sus ciudadanos sean libres de
vivir en dignidad, armonía, y respeto mutuo, libres de la marginación de la
pobreza y la guerra. En dicha sociedad de buen corazón, todo hombre y toda mujer
hallaría apoyo y soporte en hacer –si así lo desasen–, el mejor uso de su
condición humana en su práctica de la sabiduría y la compasión. Ésta es la
tierra del buen karma –no el final del sufrimiento humano, pero sí el comienzo
del final, la tierra del bodhisattva, la encarnación social de sila.
Esto no se debería confundir con la
creencia común entre aquellos que están social y políticamente marginados, que
sostienen que si el poder pudiese ser tomado (comúnmente por una elite que
clama por representarlos), luego el cambio ideológico, personal, individual,
inevitablemente seguiría. Esta perspectiva absolutamente determinista de
condicionamientos (que Marx llamó "Marxismo vulgar"), es tan parcial
como la idea de una sociedad de individuos que se mantuviesen luchando
solamente por su karma personal en una burbuja herméticamente sellada de la
historia y de otros grupos humanos.
La acción política de esta manera
implica el ideal buddhista de aproximarse a cada situación sin prejuicios pero
con merecida circunspección en cuestiones de poder y conflicto, opresión y
justicia social. Estos conflictos sociales y políticos son las grandes energías
públicas samsáricas impulsoras de nuestra vida hacia los cuales el individuo
responde tanto con agresión como con auto-represión. El Buddha‑Dharma
ofrece la posibilidad de transformar las energías del individuo hacia la
Sabiduría y la Compasión. A final de cuentas, tanto con buena fe como con buen
corazón se puede emprender un comienzo.
Los buddhistas, pues, están involucrados
con la acción política; en primera instancia, por la directa sanación del
sufrimiento no volicional ahora y en el futuro, y en segunda instancia, por la
creación de condiciones karmicas socialmente favorables para el seguimiento del
"Camino que lleva a la Cesación", también del sufrimiento volicional,
y en sí, a la creación de una sociedad que tienda a la maduración de la
Sabiduría y Compasión, en vez de que se marchiten dichas cualidades
fundamentales. En el tercer lugar, la acción política, turbulenta y ambigua, es
probablemente la más potente de las "meditaciones activas."
Y debido precisamente a esta potencia,
es que algunas organizaciones buddhistas prohíben la discusión política de
cualquier tipo, incluso a un nivel escolar, y especialmente cualquier discusión
de la acción social. Hay circunstancias donde ésta podría ser una buena
política. Algunas organizaciones e individuos tal vez no desean tener que
manejar una experiencia emocional tan poderosa que pueda provocar división y
agitar malos sentimientos que no puedan ser trabajados de ninguna manera
positiva. Esta división particularmente tendería aplicarse a la "política
de partido". Por otra parte, tal
discusión puede propiciar una incomparable oportunidad para trabajar a través
del conflicto hacia una sabiduría compartida. Circunstancias diferentes
sugieren diferentes medios diestros, pero una política dogmática de exclusión
total es probable que no sea de ayuda.
Con respecto a esto vale la pena mencionar
que cualquier clase de actividad social que conduce al ejercicio del poder o
conflicto podría agitar los fuegos de la misma manera que la actividad política
abierta. Cualquier conflicto dentro de una organización buddhista es cortado de
la misma tela que el conflicto de una asamblea política, y podría ser tan
violento, pero el contexto buddhista
podría hacer de tal actividad una de mayor dificultad y un engañoso objeto de
meditación. El peligro de una confabulación deshonesta puede ser mayor que aquella
de una honesta (para tomar un aforismo del Ven. Sangharakshita). El dogmatismo
y vehemencia con la que algunos buddhistas denuncian y proscriben toda la
participación política es la misma triste actitud que el dogmatismo y
vehemencia de los políticos que denuncian acertadamente.
Estar perdidos en revoluciones o
reformas o ser conservador es estar perdido en el samsara y en el reino del
guerrero enojado, engañado por su propio poder y auto-rectitud. Mostrarle la
espalda a todo esto es estar perdido en una igualmente falsa idea del nirvana,
el reino de los dioses no menos ilusorio de fuerzas espirituales y de rectitud,
"Si tu boca no arde, es que no hablas de fuego verdaderamente".
La acción social efectiva en cualquiera
de sus escalas, incluso menores, próximamente involucrarán al buddhista en
situaciones de poder y conflicto, –de poder político explícitamente. Puede ser
el poder de la oficina de una organización buddhista; puede ser por el
liderazgo no buscado en un grupo de acción protestando en contra del cierre de
un centro de atención para la gente mayor; podría ser la organización para
obtener fondos para construir un hospicio buddhista para dar atención a los
agonizantes; podría ser una la membresía en el directorio de un gobierno local
con fondos substanciales para el bienestar social; podría ser unirse a un grupo
de disidentes ilegales. En todos estos casos los buddhistas toman al tigre –su
propio tigre– por la cola. Algunos de los tigres mencionados son más grandes
que otros, pero todos son igualmente feroces. Por lo tanto, un buddhista debe
ser consciente del fuerte olor animal del poder político, y ser capaz de
contener y convertir la valiosa energía que el poder les confiere. Una filosa y
aguda navaja le es dada en sus manos. Su uso lo exploraremos en la sección que
sigue.
2.4
Política teórica
buddhista y políticas {arriba}