Buddhismo y Acción Social*
Una Exploración
por Ken Jones
Traducción española por Juan Sebastián Oliver Suinaga
·
Primera Parte: Los Fundamentos
1.1
Buddhismo y la nueva sociedad global
1.2 Acción social y el problema del sufrimiento
1.4 ¿Es en el buddhismo tarea prioritaria trabajar en
uno mismo? Respuesta: Sí y No
1.5 La acción social buddhista como una sentida paradoja
2.3 Acción
política: la conversión de la energía
2.4 Política
teórica buddhista y políticas
2.6
Ambigüedad, complejidad, incertidumbre
2.9
Organizando la acción social
2.9a
Manteniendo el equilibrio
2.9b
Centros espirituales: ejemplo y extensión
2.9c
Servicios y desarrollo de comunidades
2.9d
Acción política y movimientos de masas
2.9e
Responsabilidad universal y el buen corazón
·
Buddhist Publication Society
·
Notas
Estoy agradecido con el Señor Paul
Ingram quien, como editor anterior, publicó el original de este trabajo en una
versión mucho más abreviada en la revista de la Buddhist Society (Sociedad
buddhista) "The Middle Way" (Vol. 54, No. 2 Verano 1979, 85-88).
Agradezco también al Venerable Nyanaponika Mahathera quién me motivó para
desarrollar más mis ideas. De cualquier forma, debo aceptar plena y única
responsabilidad sobre este trabajo.
PRIMERA PARTE: LOS
FUNDAMENTOS {arriba}
1.1 Buddhismo y la
nueva sociedad global {arriba}
Tan evidente es el sufrimiento en el
mundo, que éste implora acción social humana y compasiva en sus más diversas
manifestaciones. Esta situación genera preguntas fundamentales y
controversiales para los buddhistas; y es aquí también, en donde el buddhismo
tiene implicaciones de cierta significación para cristianos, humanistas, y
otros grupos no-buddhistas.
Por acción social nos referimos a las
variadas y diferentes formas de acción concreta destinada a beneficiar a la
humanidad. Esto se extiende desde simples actos caritativos individuales,
enseñanza y capacitación, servicios organizados, "una forma recta de
vivir" (tanto adentro como afuera de las profesiones caritativas),
desarrollo de comunidades, como así también una actividad política necesaria
para que los gobiernos trabajen en beneficio de una sociedad mejor.
El buddhismo es una enseñanza
pragmática que parte de ciertas proposiciones fundamentales acerca de cómo
experimentamos el mundo y cómo interactuamos en él. Enseña que es posible
trascender el pesar que cargamos sobre nuestra experiencia, y proporciona
–desde el principio hasta el final– medios para lograr dicha trascendencia. Lo
que finalmente conduce a esta trascendencia es lo que se denomina Sabiduría. La
enorme cantidad de literatura sobre buddhismo no es una literatura de
revelación y autoridad; en vez, se
utilizan temas tales como: ética y meditación, filosofía y ciencia, arte y
poesía para señalar el camino hacia esta Sabiduría. De forma similar, los
escritos buddhistas sobre acción social, a diferencia de los escritos
seculares, hacen propuestas limitadas que finalmente se refieren a esta
Sabiduría, pero que también son argumentables en términos de nuestra
experiencia común.
En el Oriente el buddhismo desarrolló
diferentes escuelas de "tradiciones" en función de las diferentes
culturas que lo adoptaban, extendiéndose desde Sri Lanka hasta Tíbet, y desde
Mongolia hasta Japón. El buddhismo, por ende, podría aparecer como un humanismo
sublime, como misticismo mágico, como paradoja poética y mucho más. Sin
embargo, todas estas formas de calificarlo convergen sobre su enseñanza
fundamental, "El Buddhismo Perenne". Este documento está basado sobre
este último concepto, "El Buddhismo Perenne", tomando de las
diferentes tradiciones orientales para presentar las enseñanzas en un intento
para aplicarlas a nuestra sociedad moderna industrial.
Con la evidencia que proveen los
discursos o suttas del Buddha en el Digha Nikaya, queda claro que los
buddhistas tempranos estaban muy involucrados en la creación de condiciones
sociales favorables para que el individuo cultivara los valores buddhistas. Un
sobresaliente ejemplo de esto, en tiempos siguientes, es la excepcional
creación del "Estado del Bienestar" por el emperador buddhista Asoka
(B.C. 274-236). Walpola Rahula constató tal situación, quizá en su máxima
expresión, cuando escribió que: "El buddhismo floreció en India como una
fuerza espiritual en contra de las injusticias sociales, en contra de ritos
supersticiosos degradantes, de ceremonias y sacrificios; denunciando la tiranía
del sistema de castas, abogando por la igualdad de todos los hombres, y
emancipando a las mujeres dándoles completa libertad espiritual" (Rahula,
1978). Las escrituras buddhistas indican la dirección general del pensamiento
social buddhista, y en esta materia son significantes incluso para nuestros
propios tiempos modernos. No obstante esto podría resultar pedante, y en
algunos casos absurdo, aplicar directamente a la sociedad industrial moderna,
fórmulas detalladas para cumplir con las necesidades sociales que surgieron
veintitrés siglos atrás. El dueño de casa buddhista del Sigalovada Sutta[1] de aquellos tiempos experimentaba una forma diferente de
vida, a la de un consultor de computadora en Tokio, o a la de un joven
desempleado de color en la actual ciudad de Liverpool. Es así como las
condiciones favorables para cultivar el "Camino Medio" deben ser
logradas mediante diferentes –y más complejas– estrategias sociales,
económicas, y políticas.
Es por lo tanto esencial intentar distinguir
entre el "Buddhismo Perenne" por un lado, y por el otro, las
prescripciones específicas de orden social atribuidas al Buddha histórico, que
relacionan lo básico y perenne de su enseñanza a las condiciones específicas de
su tiempo. Pensamos que éste no podría calificarse como un trabajo escolástico
auténtico si hemos de transferir la enseñanza social de las escrituras sin
critica alguna y con una cuidadosa evaluación hacia de las sociedades modernas,
o incluso, proclamar que el Buddha era un demócrata e internacionalista –en la
sociedad feudal en la que Buddha vivió, los términos modernos
"democracia" e "internacionalismo" no existían en el
sentido en el que los entendemos hoy en día. El Buddhismo es inservible a la
larga por tal súplica. Por otra parte, es debatible que existan implicaciones
democráticas e internacionalistas en la enseñanza básica del buddhismo.
En los últimos 200 años, la sociedad
occidental ha experimentado una transformación más fundamental que ninguna otra
desde el período neolítico, ya sea en términos tecnológicos, o en el mundo de
las ideas. Y ahora en Oriente, mientras
ésta compleja revolución está socavando al buddhismo tradicional, también está
estimulando el buddhismo oriental; y en Occidente está creando problemas y percepciones
en donde el buddhismo parece particularmente relevante. A lo largo de su
propia historia, el buddhismo ha sido reinterpretado exitosamente de acuerdo
con las diferentes culturas que lo han albergado, mientras que al mismo tiempo
han preservando sus verdades inherentes. Es así como el buddhismo ha
sobrevivido y se ha divulgado. La tarea histórica de los buddhistas tanto en
Oriente como en Occidente en el siglo XXI es interpretar el "Buddhismo
Perenne" en términos de las necesidades de los hombres y mujeres de
nuestra era industrial en las condiciones sociales de nuestro tiempo, y
demostrar su precisa y urgente relevancia en relación a los males de nuestra
sociedad. A esta gran y difícil empresa, los buddhistas ofrecerán su
tradicional audacia y humildad. Ya que ciertamente, éste no es momento para
adherirse a dogma alguno ni ponerse a la defensiva.
1.2 Acción social y el problema del
sufrimiento {arriba}
En la sociedad moderna
occidental, la acción social humanista, en su desconcertante variedad de
formas, es vista por los humanistas de todas las creencias, tanto como la común
forma de aliviar el sufrimiento y acrecentar el bienestar, y al mismo tiempo,
como un noble ideal de servicio, de auto-sacrificio. El buddhismo, sin embargo,
es un humanismo en tanto que se regocija con la posibilidad de una verdadera
liberación entendida como algo inherente en la propia naturaleza humana. Para
el buddhismo, la liberación final es obtener el completo desprendimiento de las
causas raíces de todo sufrimiento: deseo, odio, e ignorancia, que claramente
son también las causas raíces de todos los males sociales. Las formas más
graves son aquellas que son perjudiciales para los otros. Debilitarlas y
finalmente eliminarlas en uno mismo, y en la medida de lo posible, en la
sociedad en donde se manifiestan, es la base de la ética buddhista. Y es aquí
donde la acción social buddhista encuentra su lugar.
La experiencia del sufrimiento es el
punto de partida de la enseñanza buddhista, y también, en cualquier intento por
definir una distintiva acción social buddhista. Sin embargo, ciertos
malentendidos pueden surgir al comienzo, ya que la palabra pali dukkha, que es normalmente traducida
simplemente como "sufrimiento", tiene un sentido mucho mas amplio y
sutil. Claro está que hay un sufrimiento concreto y objetivo en el mundo (dukkha-dukkha), y gran parte de éste
surge de la pobreza, la guerra, la opresión, y otras condiciones sociales. Nos
adherimos a nuestra buena fortuna y luchamos a toda costa para escapar de
nuestra mala fortuna.
Esta lucha no es tan desesperada en
ciertos países que disfrutan de un nivel muy alto de vida, distribuido de una
forma relativamente equitativa entre toda la población. No obstante, los logros
materiales de las sociedades desarrolladas pareciera, de alguna forma, haberse
dado a costa de condiciones sociales que promueven un profundo sentido de
inseguridad y ansiedad, de intranquilidad y confusión interna, en contraste con
la relativa estable y ordenada sociedad en la que el Buddha enseñó. Solo,
alienado, el hombre industrial tiene oportunidades sin precedentes para vivir
la vida "en el contexto de
equipo", como el filósofo Martín Heidegger muy acertadamente lo
calificó. Tiene una muy valorada libertad para darle sentido a su vida con una
inmensa variedad de formas de consumo más o menos disponibles, o por otro lado
de logros, ya sea a través de una carrera profesional o del hogar o conocer las
diferentes ideologías en el mundo (tal como el buddhismo), o dedicarse al
servicio social. Cuando las adquisiciones materiales hartan, aparece una
colección de nuevas experiencias y el planteamiento de nuevos logros.
Ciertamente, para muchos, su vibrante ocupación se convierte ella misma en una
más importante auto-confirmación de los objetivos a los que ostenta dirigirse.
En los países en desarrollo vivir así, "en
el contexto de equipo", se ha convertido el gran objetivo para incrementar
el número de gente. Ellos son tristemente observados por los
occidentales que han acumulado más experiencias de desilusión y frustración
pues aquello que anhelan nunca llega.
Es así como de las propias condiciones
sociales surge el sufrimiento tanto físico como psicológico. Pero aún más
fundamental es este profundo sentido de inquietud, ansiedad o angustia, que
surge de la mismísima transitoriedad (anicca)
de la vida (viparinama-dukkha).
Estemos conscientes o no de esta angustia, ella misma dirige la incansable búsqueda
que realizamos por establecer una identidad propia significativa al tiempo que
estamos conscientes de nuestra insubstancialidad (anatta). Últimamente, la vida es comúnmente una lucha para darle
sentido a la vida, –y a la muerte. Ésta es más o menos la esencia de la
condición humana ordinaria y nosotros estamos tan adentro de ella, que la mayor
parte del tiempo apenas somos conscientes de esto. Este sufrimiento existencial
es la destilación de todas las varias condiciones a las que hemos hecho referencia
arriba; es la condición humana en sí misma.
El buddhismo ofrece al ser humano una
práctica religiosa, un camino para trascender el sufrimiento. La acción social
buddhista surge de esta práctica y contribuye a ella. Del sufrimiento surge el
deseo de terminar con el sufrimiento. El activista humanista secular se propone
la tarea interminable de satisfacer dicho deseo, y probablemente tiene la
esperanza de terminar con el sufrimiento social construyendo utopías. El
buddhista, en cambio, está avocado últimamente a la transformación del deseo.
Por consiguiente contempla y experimenta la acción social de una forma
fundamentalmente diferente a aquella sostenida por el activista secular. Esta
forma no será fácilmente comprensible por este último, y esto ha ayudado a
generar la errónea creencia de que el buddhismo es indiferente al sufrimiento
humano. Una razón por la que el tema de este panfleto es tan importante para
los buddhistas es que éste sirve como punto de partida, si es que habrán de
comunicarse efectivamente con activistas sociales no-buddhistas. Añadiremos,
sin embargo, que aún cuando tal comunicación no sea fácil en el plano
intelectual, al nivel de los sentimientos compartidos y en cuanto a
experiencias conjuntas en acción social habrá poca dificultad.
Ya hemos sugerido una fuente de la ya
difundida creencia de que el buddhismo es fatalista y que es indiferente a la
acción social humanista. Esta creencia que parece venir de un malentendido de
la ley buddhista del Karma. De hecho, no hay justificación alguna para
interpretar la concepción buddhista del Karma como si fuese quietismo y
fatalismo. La palabra Karma (pali: kamma) significa acción volitiva en
actos, palabras y pensamientos, que moralmente pueden ser buenos o malos. Si
bien nuestras acciones están condicionadas (más o menos), no lo están del todo
condicionadas o determinadas. No obstante que el comportamiento y el
pensamiento humano están frecuentemente gobernados por impulsos poderosos y
profundos hábitos anquilosados, aun así existe el potencial de la libertad, o
para ser más exacto, de una relativa libertad de elección. Para ampliar el
rango de esta libertad la primera tarea que propone el buddhismo es el
entrenamiento de la mente y la meditación.
El alegato de fatalismo es a veces
sostenido por el supuesto "retraso social" de Asia. Pero éste ignora
el hecho de que dicho retraso existió también en Occidente hasta hace tiempos
comparativamente recientes. Seguramente, este retraso y la alegada aceptación
fatalista de este retraso provienen de específicas condiciones sociales y
políticas, las cuales eran muy poderosas para que los posibles reformistas
pudieran contender. Pero aparte de estos datos históricos, se debe señalar aquí
que el mensaje de compasión del Buddha ciertamente no es indiferente al
sufrimiento humano en ninguna forma; ni tampoco los buddhistas piensan que la
miseria social no pueda ser remediada, al menos parcialmente. No obstante que
el realismo buddhista no cree en la Edad de Oro de una sociedad perfecta, ni
tampoco en la permanencia de condiciones sociales, aun así, el buddhismo tiene
la fuerte convicción de que las imperfecciones sociales pueden ser disminuidas
por medio de la reducción del deseo, el odio, y la ignorancia, y por la acción
compasiva guiada por la sabiduría.
De las muchas declaraciones del Buddha,
que son ilustrativas a nuestras observaciones, dos podrían ser citadas aquí:
"Aquél
que tiene entendimiento y gran sabiduría no piensa en lastimarse a sí mismo ni
a otro, así permanece sin lastimar a ninguno por igual. Más bien prefiere
pensar en su propio bienestar, en el de otros, en el de ambos, y en el
bienestar de todo el mundo. En esa forma uno muestra entendimiento y gran
sabiduría."
Anguttara Nikaya, Cuatro, No. 186
"Al
protegerse uno mismo (es decir, moralmente), uno protege a los demás;
protegiendo a los demás, uno se protege a sí mismo."
Samyutta Nikaya, 47; Satipattana Samyutta, No. 19
En esta sección hemos introducido la
distintiva y especial cualidad de la acción social buddhista. En el resto de la
primera parte, exploraremos esta cualidad aun más, y mostraremos como ésta
surge de forma natural y lógicamente de la enseñanza y práctica buddhista.
1.3 El peso del karma social {arriba}
Los patrones individuales de conducta
karmica son creados por las luchas del
ser individual en su propio predicamento. Ellos condicionan la conducta del
individuo y –siguiendo la enseñanza buddhista tradicional- los subsecuentes
ciclos de nacimiento y renacimiento. No obstante esto, sugerimos que esta
herencia karmica también está expresada como karma social. De cada tiempo y
espacio determinados, diferentes culturas brotan, ya sea un grupo, una
comunidad, una clase social o incluso una civilización. Los jóvenes son
socializados por su cultura heredada. Consciente e inconscientemente ellos
asimilan las normas de conducta aprobada lo que está bien, lo que está mal, y
cual es la "buena vida" para dicha cultura.
El karma social –el establecimiento de patrones
de conducta condicionados– de una cultura en lo particular, es y no es el
agregado del karma de los individuos que componen dicha cultura. Los individuos
comparten instituciones y sistemas de creencias comunes, pero éstos son los
resultados de muchas diferentes voluntades, tanto en el pasado como en el
presente, en vez de la consecuencia de una sola acción individual. Es, de
cualquier forma, la acción karmica individual la que une al individuo con estas
instituciones y sistemas de creencias. Cada individuo es una nítida joya
reflejada en la red de Indra, en donde el tiempo y el espacio se interceptan.
Cada individuo refleja la luz de todos y al mismo tiempo todos se reflejan en
cada uno de ellos. ¡Éste es el misticismo de la sociología o la sociología del
misticismo!
Sociedades humanas enteras también
sufren del ciclo de nacimiento y renacimiento, de revolución y estabilidad.
Cada era recibe el karma colectivo heredado del pasado, es condicionada por
éste, y aun también las luchas para renovarse. Y dentro de cada sociedad
humana, instituciones, clases sociales, y subculturas, al igual que los
individuos, todos luchan para establecer su propia identidad y perpetuar su
existencia.
La sociedad industrial capitalista ha
creado condiciones de extrema impermanencia, y la lucha contra un estado de
ánimo de insatisfacción y frustración que genera conflicto. Resulta difícil
imaginar un orden social para el cual el buddhismo no fuera tan relevante y
necesario. En estas condiciones, empresas egoístas, conflictos competitivos, y
la lucha por el status se convierten en grandes virtudes sociales, cuando, de
hecho, ilustran las tres causas o raíces del sufrimiento, deseo, odio, e ignorancia.
"Estos deseos", argumenta
David Brandon, "se han cimentado en todas las estructuras sociales e
instituciones. La gente relativamente exitosa en acumular bienes y posición
social desean asegurar y perpetuar esta condición... Tanto intencionados como
no intencionados, ellos erigen barreras educacionales, financieras y leyes que protejan
su propiedad privada y otros intereses... Estas estructuras y sus instituciones
protectoras continúan exagerando y amplificando la básica desigualdad humana en
vivienda, servicios médicos, educación e ingreso. Ellos premian y promueven la
avaricia, el egoísmo, y la explotación, más que el amor, la generosidad y la
compasión. Algunos estilos de vida de ciertas personas, caracterizadas por la
avaricia y el sobreconsumo, se vuelven dependientes de la marginación de
muchos. Los opresores y los oprimidos caen en la misma trampa de continuo
deseo". (Brandon, 1976, 10-11). Debe ser añadido que la revolución
comunista y su invasión han creado condiciones y estructuras sociales que no
menos, pero de una manera diferente, desalientan la búsqueda espiritual.
Es así como
vemos que toda organización social moderna crea condiciones de vida que no
solamente dan lugar al sufrimiento "objetivo", un sufrimiento no
volitivo, pero también tiendan a hacer surgir un sufrimiento
"subjetivo", un sufrimiento volitivo,[2] porque ellas (las organizaciones sociales modernas) son más propensas a
estimular acciones con karma negativo que otros tipos de organizaciones
sociales. Así pues, algunos de nosotros nacemos en condiciones sociales que son más
propensas para seguir el buddhismo que otras. Por ejemplo, una mujer con
escasas capacidades que trabaja en una fábrica de un pueblo de la provincia, es
menos propensa a seguir el sendero buddhista, que un profesional que vive en el
barrio universitario de la ciudad capital. Un especulador de propiedades,
jugando y especulando en donde sea con su propia vida es probablemente menos
propenso que cualquiera de los dos casos antes mencionados. Sin embargo, todos
los tres podrían seguir el buddhismo. Tanto hombres como mujeres hacen
su propia historia, pero la hacen bajo condiciones karmicas específicas,
colectivamente heredadas de previas generaciones así como también
individualmente. Su lucha es contra la educación y contra la naturaleza,
manifestada bajo una sola conciencia. "La presente generación está
viviendo dentro de este mundo bajo grandes presiones, bajo un sistema muy
complicado, en medio de la confusión. Todo el mundo habla de paz, justicia,
igualdad, pero en la práctica resulta muy difícil. Esto no implica que el
individuo humano sea malo, pero la
totalidad del ambiente y las presiones generan circunstancias muy
fuertes e influyentes" (Dalai Lama, 1976, p. 17).
En breve, la acción social buddhista
está justificada últimamente y por encima de todo, por la existencia de karma
tanto social como individual. En la inmediatez, el individuo está preocupado
por liberarse del sufrimiento; y a largo plazo, pretende crear condiciones
sociales que favorezcan el fin del sufrimiento a través del logro individual de
la sabiduría trascendental. ¿Pero será suficiente llevar una hermosa pequeña
vasija de agua a una flor muriendo en tierra arenosa y estéril? Esto satisfará
solamente al aguador. ¿Pero si convocamos los arados necesarios, pozos,
sistemas de irrigación y organización laboral, entonces que devendrá de la vida
espiritual entre este conflictivo escenario? Por tanto, ahora consideremos la
siguiente pregunta fundamental.
1.4 ¿Es en el buddhismo tarea prioritaria trabajar en uno
mismo? Respuesta: Sí y No {arriba}
El buddhismo es esencialmente
pragmático. El buddhismo es, en un sentido, algo que uno hace; es una guía para
la transformación de la experiencia individual. En la enseñanza tradicional
buddhista, el individuo parte de una herencia karmica generada por voliciones
establecidas derivadas tanto de la infancia, como de vidas anteriores, y
ciertamente del ambiente social que envuelve al individuo, siendo todo esto
parte de su herencia karmica. No obstante, el punto de partida es la
experiencia individual de la vida, aquí y ahora.
Nuestra secuencia de argumentos comenzó
con la ansiedad y el profundo malestar que hoy aquejan al hombre en su simple
experiencia de la vida en el mundo cuando no está envuelto en negocios,
objetivos, diversiones y otras distracciones. El buddhismo enseña que todo
sufrimiento, ya sea ansiedad, o más explícitamente el sufrimiento producido por
karma, o el sufrimiento "externo", accidental e inevitable a través
de la guerra, la enfermedad, la vejez, etc., surge finalmente de la creencia en
un yo substancial y perdurable ¿En ese caso, que necesidad tiene el individuo
buddhista de preocuparse por los demás, menos aún la acción social ya que la
primera tarea del buddhista como hemos visto es la de trabajar en sí mismo para
eliminar esa ignorancia? ¿Puede entonces ayudar a otros?
La respuesta a estas preguntas es tanto
un sí y no. Esto no significa mitad sí y mitad no. Significa que la respuesta a
esta pregunta fundamental de la acción social buddhista últimamente no puede
ser lógica o racional, ya que el "Camino Medio" buddhista no es la
mitad entre dos extremos, sino el camino medio que trasciende ambos extremos en
una unidad superior.
Diferentes tradiciones buddhistas
ofrecen diferentes caminos de práctica espiritual, pero todo depende
últimamente si el individuo adquiere una más profunda conciencia de la
naturaleza de su experiencia en el mundo, y especialmente de otras gentes, y
por lo tanto de sí mismo y de la naturaleza del yo. "Aprender el camino del Buddha es aprender de uno mismo.
Aprender de uno mismo es olvidarse de uno mismo. Olvidarse de uno mismo es
experimentar el mundo como puro objeto –dejar caer la mente y cuerpo de uno en
la mente y cuerpo de lo otro" (Zen Master Dogen: Shobogenzo). La
meditación tanto calma como revela y clarifica los agitados mares y
profundidades terríficas de la vida emocional subyacente. Todas las tradiciones
de práctica espiritual, buddhistas y no-buddhistas, enfatizan la importancia de
períodos de retiros de meditación y reflexión. Su relativa importancia no es
nuestro presente asunto. Sin embargo, en todos las tradiciones buddhistas el
entrenamiento enfatiza una atención vigilante de las sensaciones mentales que
aparecen en el transcurso del día, al igual que en períodos de retiro. Todo lo
que propone es un desarrollo paralelo de formas habituales de conducta ética (sila).
"No necesitamos considerar a esta
vida boicoteándola o gratificándola. Las situaciones de la vida son el sustento
de la atención vigilante... Gastamos el zapato del samsara caminando en éste
mediante la práctica de la meditación" (Chogyam Trungpa, 1976, p.50). El
mismo mensaje proviene vigorosamente de la tradición Zen: "Para penetrar
en las profundidades de la verdadera naturaleza de uno... nada puede sobrepasar
la práctica de Zen en medio de la actividad... El poder o sabiduría que se
obtiene de practicar el Zen en las acciones cotidianas es como la rosa que
surge del fuego. Ésta nunca puede ser destruida. La rosa que surge del medio de
las flamas es aún más bella y fragante cuando está cerca del fuego que
arde." (Zen Master Hakuin,
1971, p.34).
Si así lo deseamos, están las puertas
abiertas para incorporar en nuestra vida cotidiana varias posibles formas de
acción social. Esto ofrece una inmediata oportunidad para practicar atención
vigilante. Menos inmediatamente, sirve para fertilizar nuestra meditación
–"abono para el campo de Bodhi". En tercera instancia, ofrece amplias
oportunidades para cultivar sila, es decir, la habituación a la ética
desinteresada.
Los puntos arriba mencionados se
refirieren a asumir alguna labor de acción social; se refieren a los beneficios
potenciales que ésta tendría sobre la práctica individual. Hay menos razones
para asumir la acción social que razones porque un buddhista no debería
desistir de la acción social. El origen de la acción social buddhista reside en
otro lugar, surge del corazón de una compasión madura, aunque aún sea
imperfecta por necesidades individuales egocéntricas. Esto es dar acción
social, en lo que entraremos a detalle
en la siguiente sección. La acción social como un entrenamiento de la atención
consciente (y atención compasiva hacia los otros) tal vez sea una disciplina
más apropiada para ciertos temperamentos, y de hecho, para ciertas culturas y
tiempos, más que otros. No estamos interesados en proponer la acción social a
todos los buddhistas sino que simplemente estamos sugiriendo su legitimidad por
tal elección a seguir. El buddhismo siempre ha reconocido la diversidad de los
temperamentos individuales y culturas sociales existentes, y de allí que ha
ofrecido una diversidad de modos de práctica para cada uno.
1.5 La acción social buddhista como
una sentida paradoja {arriba}
Como lo hemos notado, la significación
de la acción social entendida como el entrenamiento en la atención vigilante
es, por supuesto incidental, en comparación a aquel profundo impulso de
compasión que, más o menos, nos conduce a buscar el alivio del sufrimiento de
los otros. Nuestros motivos podrían estar mezclados, pero cuando éstos son
verdaderamente desinteresados, ellos manifiestan nuestro potencial para el
despertar y nuestra interconexión con todos los seres. A través de nuestra
práctica, tanto en el mundo activo como en nuestra meditación de retiro, la
ilusión de un ego se hace cada vez más transparente, y los oponentes en
conflicto como el mal y el bien, el dolor y el placer, la riqueza y la pobreza,
la opresión y la libertad son vistos y entendidos en una Sabiduría tanto serena
como vigilante. Esta Sabiduría participa de la sensibilidad del corazón así
como de la claridad del pensamiento.
En esta Sabiduría, en las palabras de
R. H. Blyth, las cosas son hermosas pero no deseadas; feas pero no repulsivas;
falsas pero no rechazadas. Lo que es inevitable, como la muerte, es aceptado
sin rabia; lo que no debe de ser, como la guerra, es la esfera de la acción
diestra y efectiva, porque otra vez no está motivada y cegada por la rabia y el
odio. Debemos reconocer al opresor y actuar resueltamente para eliminar esa
opresión, pero nosotros no lo odiamos. La ausencia de odio, disgusto,
intolerancia, o justa indignación en nosotros es en sí misma una parte de
nuestro crecimiento hacia la iluminación (bodhi).
Tal libertad de emociones negativas no
debería ser malentendida por indiferencia, pasividad, compromiso, amar a
nuestro enemigo en vez de odiarlo, y cualquiera otra de estas relatividades.
Esta Sabiduría trasciende dichas relatividades que nos ponen una vez en este
camino y otra vez en el otro. En cambio, se tiene una conciencia alerta y sin
pasión, consciente de una realidad infinitamente compleja pero siempre
manteniéndonos libres de la desesperación, de la agresión auto-absorbente, de
dogmas ciegos, en fin, una consciencia libre de actuar o de no hacerlo. Los
buddhistas tienen sus preferencias y de frente a tales cataclismos sociales
como el genocidio y la guerra nuclear, éstas son preferencias fuertes, pero
ellos no son repelidos hacia el quietismo por éstas. Lo que se ha dicho en
estas líneas tiene que ser cultivado hasta la perfección por cada uno de
nosotros siguiendo el ideal Bodhisattva. Nosotros estamos inspirados por esto,
pero muy pocos son capaces de afirmar que ciertamente lo viven. Pero nosotros nunca
alcanzaremos este ideal poniéndonos de espaldas al mundo y negando la
naturaleza compasiva del Buddha en nosotros que llega a la humanidad sufriendo,
sin importar cuan manchados estos sentimientos estén por el amor propio.
Solamente lentamente "gastando el zapato del samsara" en
cualquier manera que sea apropiada para nosotros, podremos entonces nosotros
esperar lograr este ideal, y no a través de un proceso meramente de "incubación".
Esta gran Sabiduría (prajna)
expone la ignorancia, la
insensatez, a veces heroica, a veces baja, de la lucha humana frente a tantas
formas de sufrimiento. Este sentido de insensatez se funde con el sentido de
humanidad compartida en la forma de compasión (karuna). La compasión es
el rostro diario de la Sabiduría. En la práctica espiritual individual, sin
embargo, algunos se inclinarán hacia la Compasión y otros hacia la Sabiduría,
pero finalmente, las dos facultades tienen que ser balanceadas, cada una
complementando y madurando a la otra.
Aquél que se aferra al vacío,
Y niega la Compasión,
No alcanza el estado más elevado,
Pero aquél que sólo practica Compasión,
No se libera de los lazos de la existencia.
(Saraha, 1954)
Para resumir: buddhistas o
no-buddhistas, es nuestra humanidad común, es nuestra "naturaleza búddhica"
la que nos mueve hacia la compasión y hacia la acción para sanar el
sufrimiento. Estos impulsos surgen de
nuestra interconexión con todos los seres vivientes, siendo hermanos y hermanas
unos entre otros. La práctica buddhista espiritual, ya sea en el trabajo
o en el cuarto de meditación, madura por igual las cualidades trascendentales
de Compasión y Sabiduría.
La acción social lo confronta a uno con
los sufrimientos de otros y también con sus propios fuertes sentimientos
provocados por tales experiencias, ya sea que sean sentimientos de lástima,
culpa, enojo partidista o lo que fuere. La acción social es pues una poderosa
práctica potencial para los seguidores del camino, una serie de "medios
diestros" particularmente relevantes para la sociedad moderna. Finalmente,
es solamente un cierto tipo de acción social la que puede ser una efectiva y
relevante respuesta al peso del karma social que oprime a la humanidad y que
todos compartimos.
2.1 Dar y Ayudar {arriba}
Toda acción
social es una acción de generosidad (dana), pero hay una acción directa
la cual llamamos acción caritativa, ya sea la agencia de socorro de la UNESCO o
un comedor de beneficencia abierto toda la noche. ¿Hay algo en el buddhismo que lo
haga menos activo y concernido para mantenerse caritativo en la sociedad de lo
que es el cristianismo o el humanismo? "Quienquiera que atienda al enfermo
me sirve a mí," dijo el Buddha. ¿En nuestra más compleja sociedad, acaso
esto no incluye el activo desarrollo y defensa de los principios de un servicio
nacional de salud?
La vieja frase "tan fría como la caridad" evoca numerosas
posibilidades para la auto-decepción para ayudar y dar a los demás. Aquí hay
oportunidad de dar bondad de una forma tangible, tanto a nuestros ojos como a
los del mundo. Es posible, también, que tengamos la tentación de imponer
nuestras propias ideas y estándares desde una posición de patronazgo. David
Brandon, que ha escrito tan bien acerca del arte de ayudar, nos recuerda que:
"ver la naturaleza del Buddha en la otra persona es una forma de respeto;
significa percibir la superficialidad de las posiciones de autoridad moral. La
otra persona es tan buena como tú; aun cuando sea desaliñado, poco higiénico,
iletrado, sucio y pobre, él merece tu respeto, él también tiene autonomía y
propósito, él es otra forma de la naturaleza." (Brandon, 1976, p.59).
Hay muchas maneras diferentes mediante
las cuales los individuos buddhistas y sus organizaciones pueden ayudar y
aliviar el sufrimiento. Sin embargo, "la caridad comienza en casa".
Si un grupo buddhista o una sociedad buddhista fracasa en proveer calidez
humana y caridad activa para todos sus miembros en sus ocasionales dificultades
y problemas –aunque siempre con sensibilidad y respeto escrupuloso por la
privacidad– entonces ¿dónde pues está su buddhismo? ¿Dónde está la comunidad
espiritual o Sangha?
En nuestra sociedad moderna industrial
ha habido, por un lado, una disminución en la ayuda voluntaria caritativa
personal y comunitaria para aquellos más necesitados, y por el otro lado, muy
poco compromiso activo por la calidad y cantidad de la caridad
institucionalizada financiada con fondos públicos que en cierta medida ha
tomado su lugar. Una faceta de esto que puede tener una particular
significación para los buddhistas, es el fracaso en reconocer adecuadamente y
asistir a los que están muriendo. En años recientes ha habido una creciente
consciencia de este problema en Norte América y Europa, y un pequeño número de
hospicios han sido establecidos por cristianos y otros grupos para gente con
enfermedades terminales. Aunque esto es solamente un comienzo con relación a
este problema. El primer hospicio buddhista en Occidente todavía tiene que ser
establecido[3]. Y, menos
ambiciosamente, con el apoyo de visitantes regulares se podría ayudar a muchas
personas solas morir con un mayor sentido de dignidad e independencia en
nuestros hospitales generales.
Enseñar es por supuesto
una forma de dar y ayudar. De hecho, una de las dos peores ofensas en el código
de disciplina Mahayana es retener las bondades del Dharma a los otros. Por otra
parte, enseñar el Dharma es una de las más valuables formas de aprendizaje
disponibles para un buddhista. Esto es –primordialmente– en lo concerniente a
la enseñanza del Dharma a nuevos interesados en el buddhismo y con
publicaciones buddhistas en general entre no-buddhistas.
El buddhismo por su propia naturaleza
carece del espíritu agresivo de evangelización del cristianismo o del Islam. Es
un sistema pragmático de una sostenida y sistemática práctica de auto-ayuda, en
donde el maestro no puede hacer más que señalar el camino, y junto con los
compañeros buddhistas, proveer soporte, calidez, y estímulo en una larga y
solitaria labor. No hay aquí tradición de conversión al instante y revelación
forzada de la experiencia de la iluminación, que por más repentina que ésta
sea, depende de un usualmente largo período de cuidadoso cultivo. Y aún más,
hay una tolerante tradición de respeto por las creencias y la autonomía
espiritual de los no-buddhistas. No obstante, una virtud puede ser cultivada
en exceso. ¿No necesitamos encontrar el medio camino entre el fervor
proselitista y la lejana indiferencia? ¿No clama el mundo por una Verdad Noble
que "conduce a la cesación del sufrimiento"? La tarea de enseñar el
Dharma le da a los individuos buddhistas un incentivo para clarificar sus ideas
términos cotidianos concisos y explícitos. Y requiere de ellos responder
positivamente a las variadas respuestas que su enseñanza provocará en otros.
Sería útil tratar el problema en dos
planos traslapados, y distinguir entre (a) publicar el Dharma, y (b) enseñar de
forma introductoria a aquellos en quienes se ha despertado el interés. Por eso,
a ambos niveles es deseable la actividad de un cierto tipo de cuerpo central, y
por el otro, de grupos locales (en muchos países habrá ciertamente varios
"cuerpos centrales" representando las diferentes tradiciones y
tendencias). El "cuerpo central" podría producir en forma económica
para usos locales, textos introductorios y guías de estudio, apuntes del disertante, audio casetes,
presentaciones en diapositivas y "material de estudio" que combina
todo este tipo de material. Se tienen recursos para desarrollar cursos por
correspondencia tales como aquellos dirigidos por la Sociedad Buddhista en el
Reino Unido que ofrece un ya probado modelo educativo. Y probablemente tendrá
suficiente prestigio para negociar tiempo en la radio nacional y cadenas de
televisión.
Particularmente en los países
occidentales hay razones de peso para que las organizaciones que representan a
las diferentes tradiciones buddhistas y tendencias establezcan un Servicio de
Información y Coordinación Buddhista para propagar el buddhismo fundamental, y
algunas introducciones a las diferentes tradiciones y organizaciones. También
proveería una central de información general para todos los grupos y
organizaciones representadas. Podría ser financiado y controlado a través de un
concilio nacional representativo buddhista, el cual, con la confianza creciente
entre sus miembros y entre las diferentes organizaciones buddhistas que ellos
mismos representan, podría a su debido tiempo tener funciones adicionales.
Ciertamente en Occidente existe la posibilidad de un gran florecimiento de
"flores" buddhistas, ya sean orientales o de nuevas tendencias
desarrolladas localmente en cada cultura. Esto es buenas noticias, pero el tipo
de cuerpo que proponemos se convertiría en una necesidad para evitar
confusiones para el no-afiliado y para trabajar en contra de cualquier
tendencia sectarista del buddhismo, el cual ha estado carente de esta clase de
asuntos. Así, grupos locales tendrán acceso a la publicidad y recursos de
enseñanza de los centros nacionales y adaptar esto a las necesidades de las
comunidades locales. Reuniones realizadas regularmente por tales grupos
llegarían a no más de media docena de personas reunidas en una casa privada. Si
esto es manejado de una forma sensible y oportuna, resulta difícil imaginar una
mejor manera de iniciar a un nuevo interesado en el Dharma. Tales reuniones
serían merecedoras de una amplia
publicidad local. Una fuerte base existe donde hay una comunidad buddhista de
alguna clase, con instalaciones convenientes para reuniones y trabajadores
completamente comprometidos.
Desafortunadamente, tales comunidades
representarán, obviamente, a una cierta tradición o tendencia, y esta
exclusividad le sería de menor utilidad al recién llegado que un grupo local en
el cual él o ella tenga la oportunidad de informarse de las diferentes
tradiciones buddhistas representadas en la membresía y en el programa de
actividades.
En muchos países las escuelas proveen breves introducciones a las grandes
religiones del mundo. Muchos maestros no se sienten lo suficientemente
conocedores del buddhismo como para introducirlo a sus alumnos y es posible que
ellos incluso desconozcan de materiales adecuados para la enseñanza cuando
estos actualmente existen. Habrán oportunidades aquí para grupos locales, y
ciertamente el Servicio de Información que sugerimos tendrá trabajo que
realizar aquí.
Finalmente, el método introductorio de
enseñanza empleado en algunos centros buddhistas deja mucho que desear tanto en
asuntos educacionales como en las propias enseñanzas buddhistas. El Buddha
siempre adaptó sus enseñanzas a las circunstancias particulares del grupo o
individuo al que se dirigía; él algunas veces comenzaba con una pregunta acerca
de la ocupación del entrevistado, y de esta manera elaboraba su enseñanza a
partir de las respuestas a ésta y similares preguntas. El verdadero aprendizaje
y la enseñanza tienen como punto de partida un problema o experiencia puesto
por el alumno, aún cuando esto no sea más que una cierta curiosidad mal
definida. Es allí en donde maestro y alumno deben comenzar. El maestro comienza
por aproximarse a los sentimientos y pensamientos del alumno ayudándolo a su propio
entendimiento y conciencia. Esto es, por supuesto, un reto más difícil que una
clase estándar que comienza y termina con los sentimientos y pensamientos del
maestro, lo que en un sentido amplio deja poco espacio para el alumno. Con esto
se excluye al maestro del aprendizaje.
Por consiguiente, a menos que el
maestro sea verdaderamente excepcional, la Plática de Dharma es mejor que sea
utilizada de manera selectiva ya sea introduciendo y estimulando discusiones, o
bien, resumiendo y consolidando lo que ya se ha aprendido. Los maestros deberán
dominar el arte de conducir discusiones abiertas en grupos, donde los
asistentes pueden ganar mucho más los unos de los otros, y trabajar en una
situación de aprendizaje
emocional, más que adquirir solamente
hechos sobre buddhismo. Grupos de discusión se han convertido en una importante
característica entre los laicos buddhistas y las organizaciones de acción
social en diferentes partes del mundo. Ellos son el corazón, por ejemplo, de la
asociación japonesa Rissho Kosei Kai, la cual explora problemas de trabajo,
familia, y asuntos sociales y económicos.
2.3
Acción política:
la conversión de la energía {arriba}
El poder político podría sostener
estructuras sociales y económicas que cultivan la privación material y la
degradación espiritual de millones de hombres y mujeres. En muchas partes del
mundo oprime a un amplio rango de agrupaciones sociales –minorías raciales y
nacionales, mujeres, pobres, homosexuales, disidentes liberales, y grupos
religiosos. últimamente, el poder político encuentra su más terrible expresión
en la guerra, que alcanza ahora la posibilidad de una aniquilación global.
Para ambos, los opresores y los
oprimidos, ya sea en contienda social o en guerras entre naciones, la ilusión
karmica se profundiza. Cada grupo o
nación enfatiza sus diferencias, distinguiéndose de sus oponentes; cada uno
proyecta sus propias debilidades en los demás, los hace depositarios de todo
mal, y da apoyo a sus propias vívidas ilusiones y sus odios de sangre caliente.
El odio colectivo, ya sea que tenga que ser cultivado primero, o el prejuicio
encubierto en una comunidad tranquila, es un licor intoxicante. Aliado con una
ideología, el odio en ninguna forma se irá mañana o el año que entra, sino que
al ser coronado con un engañoso idealismo se convierte en una imponente empresa
sanguinaria. Y aún cuando la victoria sea lograda, los vencedores están todavía
más profundamente envenenados por el odio que los llevó a la victoria. Ambas, la
revolución y la contrarrevolución consumen a sus propios niños.
Los "Tres Fuegos" del
buddhismo: la ignorancia (moha),
el odio y la mala voluntad (dosa), y el deseo y el apego (lobha),
seguramente arden ferozmente como en ninguna otra parte.
Muy al contrario, el poder político
puede ser usado para sostener una sociedad donde sus ciudadanos sean libres de
vivir en dignidad, armonía, y respeto mutuo, libres de la marginación de la
pobreza y la guerra. En dicha sociedad de buen corazón, todo hombre y toda mujer
hallaría apoyo y soporte en hacer –si así lo desasen–, el mejor uso de su
condición humana en su práctica de la sabiduría y la compasión. Ésta es la
tierra del buen karma –no el final del sufrimiento humano, pero sí el comienzo
del final, la tierra del bodhisattva, la encarnación social de sila.
Esto no se debería confundir con la
creencia común entre aquellos que están social y políticamente marginados, que
sostienen que si el poder pudiese ser tomado (comúnmente por una elite que
clama por representarlos), luego el cambio ideológico, personal, individual,
inevitablemente seguiría. Esta perspectiva absolutamente determinista de
condicionamientos (que Marx llamó "Marxismo vulgar"), es tan parcial
como la idea de una sociedad de individuos que se mantuviesen luchando
solamente por su karma personal en una burbuja herméticamente sellada de la
historia y de otros grupos humanos.
La acción política de esta manera
implica el ideal buddhista de aproximarse a cada situación sin prejuicios pero
con merecida circunspección en cuestiones de poder y conflicto, opresión y
justicia social. Estos conflictos sociales y políticos son las grandes energías
públicas samsáricas impulsoras de nuestra vida hacia los cuales el individuo
responde tanto con agresión como con auto-represión. El Buddha‑Dharma
ofrece la posibilidad de transformar las energías del individuo hacia la
Sabiduría y la Compasión. A final de cuentas, tanto con buena fe como con buen
corazón se puede emprender un comienzo.
Los buddhistas, pues, están involucrados
con la acción política; en primera instancia, por la directa sanación del
sufrimiento no volicional ahora y en el futuro, y en segunda instancia, por la
creación de condiciones karmicas socialmente favorables para el seguimiento del
"Camino que lleva a la Cesación", también del sufrimiento volicional,
y en sí, a la creación de una sociedad que tienda a la maduración de la
Sabiduría y Compasión, en vez de que se marchiten dichas cualidades
fundamentales. En el tercer lugar, la acción política, turbulenta y ambigua, es
probablemente la más potente de las "meditaciones activas."
Y debido precisamente a esta potencia,
es que algunas organizaciones buddhistas prohíben la discusión política de
cualquier tipo, incluso a un nivel escolar, y especialmente cualquier discusión
de la acción social. Hay circunstancias donde ésta podría ser una buena
política. Algunas organizaciones e individuos tal vez no desean tener que
manejar una experiencia emocional tan poderosa que pueda provocar división y
agitar malos sentimientos que no puedan ser trabajados de ninguna manera
positiva. Esta división particularmente tendería aplicarse a la "política
de partido". Por otra parte, tal
discusión puede propiciar una incomparable oportunidad para trabajar a través
del conflicto hacia una sabiduría compartida. Circunstancias diferentes
sugieren diferentes medios diestros, pero una política dogmática de exclusión
total es probable que no sea de ayuda.
Con respecto a esto vale la pena mencionar
que cualquier clase de actividad social que conduce al ejercicio del poder o
conflicto podría agitar los fuegos de la misma manera que la actividad política
abierta. Cualquier conflicto dentro de una organización buddhista es cortado de
la misma tela que el conflicto de una asamblea política, y podría ser tan
violento, pero el contexto buddhista
podría hacer de tal actividad una de mayor dificultad y un engañoso objeto de
meditación. El peligro de una confabulación deshonesta puede ser mayor que aquella
de una honesta (para tomar un aforismo del Ven. Sangharakshita). El dogmatismo
y vehemencia con la que algunos buddhistas denuncian y proscriben toda la
participación política es la misma triste actitud que el dogmatismo y
vehemencia de los políticos que denuncian acertadamente.
Estar perdidos en revoluciones o
reformas o ser conservador es estar perdido en el samsara y en el reino del
guerrero enojado, engañado por su propio poder y auto-rectitud. Mostrarle la
espalda a todo esto es estar perdido en una igualmente falsa idea del nirvana,
el reino de los dioses no menos ilusorio de fuerzas espirituales y de rectitud,
"Si tu boca no arde, es que no hablas de fuego verdaderamente".
La acción social efectiva en cualquiera
de sus escalas, incluso menores, próximamente involucrarán al buddhista en
situaciones de poder y conflicto, –de poder político explícitamente. Puede ser
el poder de la oficina de una organización buddhista; puede ser por el
liderazgo no buscado en un grupo de acción protestando en contra del cierre de
un centro de atención para la gente mayor; podría ser la organización para
obtener fondos para construir un hospicio buddhista para dar atención a los
agonizantes; podría ser una la membresía en el directorio de un gobierno local
con fondos substanciales para el bienestar social; podría ser unirse a un grupo
de disidentes ilegales. En todos estos casos los buddhistas toman al tigre –su
propio tigre– por la cola. Algunos de los tigres mencionados son más grandes
que otros, pero todos son igualmente feroces. Por lo tanto, un buddhista debe
ser consciente del fuerte olor animal del poder político, y ser capaz de
contener y convertir la valiosa energía que el poder les confiere. Una filosa y
aguda navaja le es dada en sus manos. Su uso lo exploraremos en la sección que
sigue.
2.4
Política teórica
buddhista y políticas {arriba}
El buddhismo y la política se
encuentran en dos niveles –teoría y práctica. El buddhismo no tiene un cuerpo
teórico social y político comparable a sus cuerpos teóricos de psicología y
metafísica. No obstante esto, una teoría política buddhista puede ser deducida
primariamente del buddhismo básico, del Dharma. Segundo, puede ser deducido de
la orientación general de las escrituras que se refieran explícitamente a
tiempos pasados. Hemos ya argumentado, sin embargo, que esto puede ser
realizado solo de manera limitada y calificada.
Cualquiera que sea la forma que tome,
la teoría política buddhista es como cualquier otra teoría. Como se manifiesta impresa, se manifiesta en
el mundo de lo condicionado; pertenece al samsara. Es su potencialidad,
sus implicaciones espirituales del Buddhismo, que la hacen diferente de
cualquier teoría "secular". Cuando se practica diestramente, se
convierte en una práctica espiritual. Como siempre, la teoría buddhista es como
una etiqueta sobre una botella describiendo su contenido que algunas veces es
malentendido por su verdadero contenido por algunos fervorosos lectores de
etiquetas. De esa forma podemos acabar con mucha política y muy poco buddhismo.
Esto no es para censurar el valor de la
teoría social y política buddhista sino solamente para recalcar su mal empleo.
Apenas hemos empezado a aplicar el buddhismo como un catalizador al cuerpo
general de la ciencia social occidental y muchos de esos trabajos se han
realizado en el terreno de la psicología. Tales trabajos en campos aliados
pueden ser de gran ayuda para los buddhistas y no-buddhistas por igual.
Los escritos de algunos buddhistas de
Sri Lanka y Birmania por ejemplo, ofrecen interesantes intentos por relacionar
al buddhismo con el nacionalismo y marxismo (sin confundirlo con el Comunismo).
Temprano en el siglo XX, Anagarika Dharmapala señaló la enseñanza socialista
del Buddha y el valor de liberar a la gente de preocupaciones materiales. U Nu,
el eminente estadista buddhista birmano, argumentó que el socialismo es una
continuación natural de la enseñanza ética y social del Buddha; y otro líder
birmano, U Ba Swe, sostuvo que el Marxismo era una verdad relativa en tanto que
el Buddhismo es una verdad absoluta. Este tema ha sido explorado más
recientemente en el libro Buddha, Marx, and God de Trevor Ling’s, (2nd
ed., Macmillan, Londres, 1979) y también en In the Blowing out of a Flame
de Michal Edwarde, (Allen & Unwin 1976). Ambos libros son estimulantes y
controversiales. En el celebrado libro de E. F. Schumacher, Small is
beautiful, (Blond & Briggs, Londres 1973) el autor ha introducido lo
que él denomina "economía buddhista" y su urgente relevancia en el
mundo moderno hacia muchos miles de no-buddhistas. Acerca de esto habremos
profundizar en una sección más adelante llamada la "Buena Sociedad
Buddhista".
La teoría social y política buddhista
puede ser solamente mencionada de paso en este artículo, aunque hemos
introducido anteriormente la idea de "karma social" como de
importancia central. Estamos, en vez, preocupados aquí con problemas y
preguntas que surgen en la práctica del trabajo social y político por
buddhistas y por la naturaleza de dicho trabajo.
2.5
Conflicto y
Partidismo {arriba}
El buddhista que se enfrenta con el
pensamiento político (olvidemos por un instante la acción política), se
zambulle directamente en la corriente turbulenta de conflictos y partidismo y
de lo bueno y lo malo.
Permitamos al lector, probablemente
incitado por el periódico de la mañana, que seleccione y mantenga en su mente
algún asunto particular controversial o alguna figura pública. ¿Ahora, cómo es
que su buddhismo se siente, por favor? (¡No, no lo que su buddhismo piensa!)
¿Cómo es que se siente su buddhismo cuando, una vez más, alguna convicción
profunda es fuertemente manipulada en cierta reunión buddhista o en un
periódico buddhista? "La angustia y las lágrimas que proceden de
argumentaciones y disputas", dijo el Buddha, "la arrogancia y el
orgullo y los rencores y los insultos que las acompañan, son todos resultado de
una cosa; vienen del hecho de tener preferencias, de mantener apego a las cosas
preciosas y adorables. Los insultos surgen de los argumentos y los rencores son
inseparables en las riñas". (Kalahavivada-sutta, trans, H. Saddhatissa,
1978, para. 2) Similarmente, en las palabras de uno de los patriarcas del Zen:
"El conflicto entre el anhelo y la aversión es la peor de las enfermedades
mentales" (Seng Ts’an, 1954).
En todas nuestras relaciones como
buddhistas buscamos cultivar un espíritu de apertura, cooperación, buena
voluntad, e igualdad. Aunque pudiéramos no concordar con la opinión de otros, y
en un análisis final, esta divergencia tendría que ver con asuntos de vida o
muerte. Pero seremos conscientes y honestos acerca de cómo pensamos y cómo
sentimos, y cómo nuestros oponentes piensan y sienten. ¿En tales controversias,
estaremos cada parte confirmando nuestro propio ego? ¿O cada parte tratándose
de beneficiar del otro en busca de un juicio sabio? Más aún, en palabras del
Dalai Lama: "cuando una persona te critica y expone tus faltas, sólo en
ese momento eres capaz de descubrir tus faltas y realizar correcciones. Así que
tu enemigo es tu mejor amigo porque es él quien te hace el "test" que
necesitas para tu fuerza interna, tu tolerancia, tu respeto hacia los demás...
En vez de sentir enojo u odio hacia esa persona, uno debe respetarlo y estarle
agradecido" (Dalai Lama, 1976, p. 9). Nosotros somos uno con nuestro
adversario en nuestra humanidad común; somos dos en nuestro conflicto divisivo.
Deberíamos estar engañados si fuéramos a negar ambos –si nos apresuráramos a
comprometernos o a una lucha sin compromiso. Nuestro conflicto y nuestra
humanidad pueden ser confirmados o negados en cualquier punto a lo largo de
dicha línea de posibilidades que une los extremos, pero últimamente será
resuelto en algún otro menos explícito sentido. Sangharakshita expresa esta
paradoja en su observación: "no es suficiente simpatizar con algo a tal
grado que uno esté de acuerdo; si es necesario, uno debe simpatizar a tal grado
que uno esté en desacuerdo" (Sangharakshita, 1979, p.60). El maestro zen
Dogen aconsejó que: "cuando tú le dices algo a alguien es posible que no
lo acepte, pero no trates de hacerlo entender racionalmente. No discutas con
él; sólo escucha sus objeciones, hasta que él mismo encuentre algo incorrecto
en ellas." Ciertamente, necesitaríamos más tiempo y espacio para tal
sabiduría y compasión que derivan de tales argumentaciones y situaciones. Si
nosotros peleamos, que nuestra sabiduría y compasión honre a ambos, a nuestros
adversarios y nosotros mismos, ya sea en compromiso, victoria o derrota.
Y luego,
"Acerca de cómo cantar
Están discutiendo."
(Shiki, 1958, p.169)
2.6
Ambigüedad,
complejidad, incertidumbre {arriba}
Nuestra "pequeña mente" se
adhiere al engaño de la seguridad y permanencia, no hallando ninguno de éstos
en el mundo donde –por el contrario– se experimenta un sentido de ambigüedad,
complejidad e incertidumbre que se presentan intolerables, y que nos enoja
cuando nos es obligado a confrontarlos. La "pequeña mente" prefiere
ver fenómenos sociales, económicos y políticos, en términos de blanco y negro,
o "derecha e izquierda". Le gusta inclinarse por algún lado, y se
adhiere a los dogmas sociales tanto sofisticados como simples. ("Los ricos
/ pobres son siempre egoístas / ociosos.")
En la medida que hemos logrado una
"gran mente" percibimos con ecuanimidad lo que la "pequeña
mente" rechaza por intolerable. Somos más libres de ver el mundo tal y como es en todos los variados colores del
arco iris, cada uno mezclándose imperceptiblemente con el siguiente. En lugar de adherirnos a algunos
compartimentos negros, bancos, y grises, el escrutinio está eximido, estimulado
por la actitud discriminatoria y diferenciadora del Buddha (Vibhajjavada; véase
Wheel: No. 238/240, Anguttara Anthology, Part II, pp. 59 ff.)
Por lo tanto no debe de
sorprendernos que el mapa personal que guía a los sabios a través de realidades
sociales y políticas podría resultar molestamente inconvencional. Su renuencia
a tomar partido surge –no del quietismo o del apego a un compromiso, o incluso
de la creencia en la irrealidad del conflicto, como sucede en múltiples casos
con aquellos guiados por meras reglas. Por el contrario, ellos ni siquiera
podrán sentarse callados, arrojando generalizaciones tranquilizadoras al
"ring", como se espera de los religiosos. Este aparentemente incómoda
postura marginal simplemente refleja una realidad que se experimenta con
ecuanimidad.
Sin embargo, no se requiere mucha
ecuanimidad para descubrir las profundas verdades que subyacen a muchas
verdades convencionales. La política convencional, por ejemplo, va de izquierda
a derecha, de radicales a liberales, y de conservadores a fascistas. Algunos
radicales son, por ejemplo, en su práctica tan dogmáticos y autoritarios como
los fascistas, y para su definitivo perjuicio odian no con menos fuerza. Y una
vez más, algunos conservadores son igualmente dogmáticos debido a una
concientización de la sutil naturaleza orgánica de la sociedad y por
consiguiente saben del peligro en el caso de haber intentos por obtener una
"restructuración instantánea".
Similarmente, una ideología como el
marxismo podría tal vez ser muy compleja pero ha sido convenientemente
simplificada incluso por sus muy educados partidarios, ambos los que están a
favor y los que están en contra de la teoría. El Dalai Lama actual es uno de
los que ha intentado desenredar "un marxismo auténtico" el cual él
cree tiene relevancia con relación a los problemas de la teocracia feudal que
existió en Tíbet; y de la que "uno ve en innumerables países que han
manifestado ser marxistas" pero que "han mezclando el marxismo y los
intereses políticos de sus naciones y también su sed por ser hegemónicos en el
mundo" (Dalai Lama, 1979).
La persona sabia ve con claridad porque
no oscurece su propia luz, es decir, no proyecta su propia sombra sobre la
situación. Sin embargo, incluso una percepción honesta de la complejidad
comúnmente paraliza la acción diciendo cosas como: "Sí, está todo
perfecto, pero..." o "por otra parte, también es cierto que..."
La Sabiduría contemplativa es muy preciada, pero la verdadera Sabiduría se
revela a sí misma en la acción positiva y concreta. Aunque una persona pueda a
través de una comprensión clara de propósito (satthaka-sampajañña) mantenerse leal a un ideal social, su
comprensión clara de lo adecuado (que en el presente está ausente) podría
aconsejar inacción o simplemente esperar.
En una situación de acción social la complejidad
y ambigüedad a la cual nos referimos, es fuertemente sentida como dilema ético,
hay incertidumbre al no saber cuál es el mejor curso de acción. Incluso en
pequeñas organizaciones cualquier poder potencialmente corrompe; el poder
ejercido rápidamente se pierde en una espesura de relatividad ética, de medios
y fines que se confunden, de grandes y pequeños males, de metas de largo y
corto alcance. Esto no es un "juego", es la terrible realidad del
poder, riqueza y sufrimiento en el mundo, y de la confusión de lo bueno y la
ilusión. No hay escapatoria, sólo se puede sufrirlo. No podemos rehusarnos a
los problemas más graves de la vida porque no hemos alcanzado la Sabiduría.
Tenemos que mantenernos conscientes y vigilantes sin cargar culpas ni culpar.
Esto es todo lo que tenemos que hacer.
2.7
Violencia y
no-violencia {arriba}
El primer precepto del
buddhismo es el de abstenerse de quitar la vida a cualquier ser sintiente. Pero
debe quedar muy claro que los preceptos buddhistas no son mandamientos, son
buenas resoluciones, aspiraciones sinceras que son tomadas voluntariamente. Son
guías, nos sugieren como es que los sabios se comportan, más allá de cualquier
sentido personal.
El mal brota de la ignorancia que
tenemos sobre nuestra verdadera naturaleza como seres humanos, tomando las
características formas de odio, agresión, y codicia. Estas conductas se
alimentan entre ellas mismas y se enraízan fuertemente, no sólo en individuos
sino también en culturas completas. La guerra no es más que la más espectacular
y sangrienta expresión de dicha conducta. En el buddhismo, cultivar
"sila" (moralidad) con la intención de seguir los preceptos es una
aspiración que se dirige a romper el ciclo karmico. Es un primer paso para
disolver el egocentrismo de nuestra obstinada terquedad, y cultivar una
consciencia de cordialidad hacia los demás. Los preceptos nos invitan a
abandonar nuestra adherencia, aflojar el puño, y abrir nuestros brazos y corazones.
Ya sea que se tomen los preceptos, y hasta que grado, es asunto de cada
individuo, pero se tiene que estar plenamente consciente de lo que se está
haciendo.
La fuerza karmica de las acciones
violentas se verá afectada por las circunstancias en la cual ocurre. Por
ejemplo, se puede argumentar una "responsabilidad disminuida" en el
caso de que unos reclutas[4] sean forzados a
matar por un gobierno agresivo. Y seguramente hay una diferencia entre las
guerras en pos de la conquista y las guerras de defensa. El Venerable Walpola
Rahula describió la guerra de independencia nacional en Sri Lanka en el siglo
II A.C. conducida bajo el slogan "Por el reino no, por el buddhismo
sí", y concluye que se quedó como tradición buddhista "pelear contra un
invasor por una independencia nacional ya que la libertad era esencial para el
progreso espiritual y material de la comunidad" (Rahula, 1978, p.117).
Deberíamos deplorar la destrucción histórica de la gran herencia del buddhismo
en la India en el medioevo, pues no tuvieron defensa contra las invasiones de
los mongoles y musulmanes. Es importante recalcar, "que de acuerdo al
buddhismo no hay nada que se le pueda llamar "guerra justa" –que es
solamente una término falso acuñado y puesto en circulación para justificar el
odio, la crueldad, la violencia y la masacre" (Rahula, 1967, 84). Es un
hecho desafortunado, bien documentado por prominentes estudiosos tal como
Edward Conze and Trevor Ling, que no sólo gobernantes buddhistas han llevando a
cabo actos violentos y matanza, sino también monjes de todas las tradiciones
buddhistas. Sin embargo, el buddhismo no tiene una historia específica
relacionada con guerras religiosas, esto es, guerras para imponer el
buddhismo sobre creyentes renuentes. La violencia y la matanza tienen un efecto
profundamente dañino en todos los involucrados, y los buddhistas tratarán
consecuentemente de evitar involucrarse de manera directa en acciones violentas
y también evitarán ganarse la vida si de una forma u otra, genera violencia. El
Buddha mencionó específicamente el comercio de armas, de seres sintientes y de
carne.
En la "aldea global" de hoy,
el problema es si no somos todos en cierta medida responsables por la guerra y
la violencia en la medida que nos abstenemos de algún esfuerzo por disminuirlas.
¿Podemos abstenernos de matar una babosa de jardín y aún así abstenernos, por
miedo de tener una "participación política", de alzar la voz en
contra de la carrera nuclear armamentista o la tortura sistemática de
prisioneros en muchas partes del mundo?
Éstas son las preguntas que son
molestas para algunos buddhistas que tienen sensibilidad social y consciencia
moral. Esto es entendible. Sin embargo, un buddhista bien informado no debe
olvidar que la responsabilidad moral, o culpa karmica, se origina de un acto
volitivo y voluntario que afirma el carácter dañino del acto. Si tal afirmación
está ausente, ni la responsabilidad por el acto, ni la culpa karmica, descansan
con aquellos que, a través de cierta forma de presión, participan en éste. Una
ligera culpa, sin embargo, es posible que esté involucrada si tales
participantes se rinden muy fácilmente incluso a una presión moderada, o
simplemente no hacen uso de cierto tipo de "rutas de escape"
existentes en estas situaciones. Pero el fracaso de protestar públicamente en
contra de la injusticia o acciones incorrectas no constituye necesariamente una
participación del mal. Voces de protesta deberán ser alzadas cuando haya
oportunidad de ser escuchadas. Pero "voces en el desierto" son
estériles, y el silencio, en cambio, es la correcta alternativa. Es estéril
ciertamente, si unas cuantas e importantes cabezas intentan enfrentarse a
paredes de roca que podrían únicamente sucumbir ante topadoras. Es un hecho
lamentable que haya millones de seres humanos que aprueban la violencia y la
utilizan para una gran variedad de razones (¡aunque no para "razones"
son "razonables"!). Ellos serían difícilmente afectados por nuestras
protestas, pues están completamente obsesionados por sus diversos fanatismos e
impulsos de poder. Esto tiene que ser aceptado como un aspecto del sufrimiento
existencial. Sin embargo, aún hay hoy en día algunas oportunidades y naciones
donde un buddhista puede y debería trabajar por la causa de paz y reducir la
violencia en la vida humana. Ningún esfuerzo debe ser desperdiciado para
convencer a la gente de que la violencia no resuelve problemas ni conflictos.
El gran mal de la violencia es la
separación a muerte de "nosotros" y "ellos", de
"mi" rectitud y de "tu" maldad. Si tú confrontas a la violencia
con la violencia ahondarás la separación mediante pensamientos de amargura y
venganza. El Dhammapada dice: "Nunca con odio, el odio es apaciguado, sino
que es apaciguado por la bondad. Ésta es una verdad eterna" (I,5). La
acción social buddhista de la no-violencia (avihimsa, ahimsa)
busca comunicar, persuadir, e impresionar mediante el ejemplo moral. "Uno
debe conquistar el enojo con la amabilidad, la maldad con la bondad, el egoísmo
con la caridad, la falsedad con la veracidad" (Dhammapada, XVII, 3). El
Buddha intervino personalmente con una actitud no violenta en el campo de
batalla, en la disputa entre los Sakyas y Koliyas sobre las aguas del río
Rohini, por ejemplo. Desde ese entonces, la historia nos ha proveído con un
sinnúmero de ejemplos de acción social no violenta inspirada por la religión,
hábilmente adaptada a cada situación particular. Esto si que es digno de
profunda contemplación.
Bien conocida es la lucha de la no-violencia de Mahatma Gandhi en contra de
la intolerancia religiosa y el régimen británico en la India, y también es bien
conocido el movimiento por los derechos civiles de la gente de color de Martin
Luther King en los Estados Unidos. Es familiar hoy en día la demostración
masiva en contra de las autoridades, ya sea por la vía pacífica o violenta.
Como Robert Aitken Roshi ha observado: "el punto de desacuerdo, incluso el
desacuerdo más fundamental, es aun más superficial que el hecho de nuestra vida
común". Él (Robert) recuerda el caso de un amigo quien organizó una
demostración anti-nuclear en una base naval y al pasar a lo largo de un pequeño
pueblo para emprender dicha demostración, se encontró con que en cada casa
cuando menos una persona se ganaba la vida trabajando en la base naval.
Consecuentemente, cuando mi amigo visitó dichas casas antes de la demostración,
difícilmente pudo esperar ganarse a la gente para su causa. Pero sí que los
convenció de que era un ser humano deseoso de escucharlos y quien tenía fe en
ellos como seres humanos. "Finalmente tuvimos nuestra demostración, con
cuatro mil personas caminando realizando la protesta a lo largo de esta pequeña
comunidad, nadie se resistió y nadie arrojó rocas. Tan solo se pararon y
observaron" (The Ten Directions,
Los Angeles Zen Center, 1 (3) September 1980, p.6). Y una vez más, podrían
surgir situaciones totalmente descabelladas y en cierto sentido deberíamos
tomar partido al establecer la responsabilidad última. Si no nos manifestamos
hablando, entonces de alguna forma reverenciamos lo condicionado y aceptamos el
interminable sufrimiento y la perpetración de karma maligno. Las siguientes
líneas fueron escritas unos días después que el Arzobispo Oscar Romero, del
país centroamericano El Salvador, fue baleado a muerte en los escalones de su
propia capilla. Romero había condenado terminantemente a la facción armada
izquierdista rebelde por sus extorsiones y matanzas diarias. Sin embargo, él
también señaló que éstas eran las reacciones de la gente común que era usada
como "la fuerza productiva bajo la administración de una sociedad
privilegiada... La brecha entre la pobreza y la riqueza es la principal causa
de nuestro problema... Y aún puede ir más allá: es el odio en el corazón del
trabajador hacia su empleador... Si no denuncio los asesinatos y la manera en
que el ejército hace desaparecer a las personas, y saquean las casas de la
gente, yo estaría consintiendo con la violencia". (Observer newspaper,
Londres, Marzo 30, 1980).
Finalmente, hay un tipo de situación en la cual la verdadera enorme locura
del conflicto, y de los males contrastantes, no nos dejen nada que hacer,
quedando solamente un espacio para el sacrificio personal para dar testimonio
de esta locura. Tal fue la elección de los monjes buddhistas que se quemaron en
la guerra de Vietnam –sin duda alguna uno de los más salvajes y desesperados
conflictos de la era moderna, en la cual un grupo heroico de buddhistas
tuvieron que luchar en vano por un tiempo para establecer una "tercera
fuerza".
2.8
La buena sociedad {arriba}
El orden social al que la acción social
buddhista debe dirigirse finalmente será aquel que minimice el sufrimiento no
volitivo, ya sea en mente o cuerpo, y el cual también ofrezca estimulantes
condiciones para que sus ciudadanos logren ver con mayor claridad su verdadera
naturaleza, y superen su legado karmico. El camino buddhista es, con su
compasión, su ecuanimidad, su tolerancia, su interés por la confianza en sí
mismo y la responsabilidad individual, la más promisoria de todos los modelos
para la Nueva Sociedad que se presenta.
Lo que se necesita son relaciones
políticas y económicas y una tecnología para hacer lo siguiente:
a) Ayudar a la gente
a superar su egocentrismo, a través de la cooperación con los otros, en vez de la
subordinación o explotación o el consecuente sentido de lucha "justa"
contra todas las cosas.
b) Ofrecer a cada uno
una libertad que solamente está condicionada por la libertad y dignidad de
otros, así que los individuos deberían desarrollar una responsabilidad basada
en la confianza de sí mismo, más que ser los animales condicionados de
instituciones e ideologías (véase Buddhism & Democracy, Bodhi Leaves
No. B. 17). El énfasis debe ir dirigido hacia la aceptación no dogmática de una
diversidad tolerablemente compatible de medios materiales y mentales, ya sea de
individuos o de comunidades completas. No hay atajos hacia la utopía, ni con
"ingeniería social", ni con teocracia. La buena sociedad hacia la que
nos queremos dirigir, debe simplemente de proveer de medios; un ambiente en el
que diferentes "maneras" –correspondientes a los diferentes tipos de
personas– sean cultivados en tolerancia y entendimiento mutuos. Una preceptiva
comunidad de santos es totalmente ajena al buddhismo.
c) La buena sociedad
debe de ocuparse primeramente por las condiciones materiales y sociales para el
crecimiento personal, y sólo secundaria y dependientemente con la producción
material. Es notable que el 14th Dalai Lama, en su visita a
Occidente en 1973, observó que: "no hay nada malo con el progreso material
siempre y cuando el hombre tenga prioridad sobre el progreso. De hecho ha sido
mi creencia firme que para resolver los problemas humanos en todas sus
dimensiones, debemos ser capaces de combinar y armonizar progreso material
externo con desarrollo mental interno." El Dalai Lama contrastó los
"tantos problemas como los de la pobreza, la enfermedad y la falta de
educación" en Oriente con Occidente, "donde los estándares y niveles
de vida son notablemente elevados, lo cual es muy importante y bueno." Sin
embargo comenta que a pesar de estos logros Occidente presenta problemas de
contaminación, sobrepoblación, "desasosiego mental" y muchos otros.
"Nuestra propia vida es una paradoja, en muchos sentidos contradictoria;
cada vez que tienes mucho de una cosa tienes problemas creados por eso
precisamente. Siempre se tienen los extremos y por ende es importante intentar
encontrar el camino medio y balancear extremos" (Dalai Lama, 1976, pp. 10,
14, 29).
d) E. F. Schumacher
ha expresado concisamente la esencia de la economía buddhista de la siguiente
manera:
"Mientras que el materialista está principalmente interesado en
bienes, el buddhista está principalmente interesado en la liberación. Pero el
buddhismo es "El Camino Medio" y por lo tanto no busca un antagonismo
con el bienestar físico... El principio fundamental de la economía buddhista es
la simplicidad y no-violencia. Desde el punto de vista de un economista, la
maravilla de la forma de vida buddhista es la absoluta racionalidad de su
modelo: medios sorprendentemente pequeños que conducen a resultados
extraordinariamente satisfactorios" (Schumacher, 1973, p.52).
Entonces Schumacher plantea una
"economía buddhista" en donde la producción esté basada en una
tecnología de mediano rango, rindiendo por un lado un adecuado espectro de
bienes materiales (y no más), y por el otro lado, manteniendo una armonía con
el medio ambiente natural y sus recursos. (También véase el artículo del Dr.
Padmasiri de Silva titulado The search for a Buddhist Economics en la
serie Bodhi Leaves, No. B. 69).
Los principios postulados arriba
sugieren un tipo de sociedad diversa y políticamente descentralizada, con
administración cooperativa y propiedad de la riqueza producida. Estaría
concebida a escala humana –ya fuera en términos de tamaño y complejidad de las
organizaciones– o de planeación del medio ambiente, y se usaría selectivamente
la tecnología moderna sin ponerla al servicio de intereses egoístas. En
palabras de Schumacher, "Es cuestión de encontrar el camino de desarrollo
correcto, el justo medio, entre el materialismo irresponsable y la inmovilidad
tradicionalista, o sea, en breve, encontrar un justo medio de vida."
Claramente, todo esto sería concebido
últimamente a escala mundial. "Hoy nos hemos convertido tan
interdependientes y conectados tan de cerca unos con otros, que sin un sentido
de responsabilidad universal, sin importar las diferentes ideologías y
creencias, se dificultaría nuestra existencia o supervivencia" (Dalai
Lama, 1976, pp. 5, 28). Lo anterior subraya la importancia del
internacionalismo buddhista y de la política social y acción social concebida a
escala mundial. Lo anterior no ha sido expuesto como un cierto tipo de receta
para la utopía. El progreso sería llevado con tanto conflicto como se lleva el
sendero espiritual de un buddhista común –y el mundo quizá nunca no llegue
allí. Sin embargo, el buddhismo es muy práctico, una especie de idealismo
pragmático, y como siempre, no existe otra alternativa, que la de intentarlo.
2.9
Organizando la
acción social {arriba}
Está fuera del alcance de este folleto
el hacer un resumen sistemático de los diferentes tipos de organizaciones
buddhistas para la acción social que han surgido en diversas partes del mundo.
Se requeriría una investigación considerable, y los resultados merecerían
cuando menos otro artículo.
Más adelante introduciremos tres contrastantes
movimientos que son –de una forma u otra– ejemplos de acción social buddhista.
Cada ejemplo con mayor o menor fuerza está relacionado con la cultura social
particular de donde se originó, y por consiguiente todos los ejemplos deben ser
estudiados como ilustrativos de su contexto, y no necesariamente como modelos
de exportación para otros países. Son, no obstante, muy sugestivos, y dos de
los tres que se presentan aquí, se han extendido más allá de su país de origen.
2.9a Manteniendo el equilibrio {arriba}
La acción social necesita ser
organizada y practicada de tal forma que se construya sobre su potencial para
la práctica espiritual y al mismo tiempo debe protegerse contra sus
seducciones. Una labor colectiva entre congéneres buddhistas genera energía
creativa, alienta actitudes positivas y engendra un fuerte espíritu de
hermandad. Los conflictos, desacuerdos, obstáculos, y desalientos que en
definitiva se presentarán a lo largo del camino, deben verse como experiencias
ricas de meditación y oportunidades de crecimiento personal, siempre y cuando
se mantenga una alta conciencia.
El meditador aprenderá tanto sobre sí
mismo en una reunión contenciosa como en la sala de meditación. Ambas formas de
experiencia son necesarias, y se complementan la una con la otra. La acción
social hace madurar la Compasión (tanto en uno mismo como en los demás), de
la amargura de las experiencias que
comúnmente ofrece. Sin embargo, como en ningún otro caso, puede agitar las
emociones partidarias y exaltar con mucha fuerza el pertinaz ego. El
evangelista activo, con aires de superioridad, no solamente le da un empujón
secreto a su propio ego, sino que también le roba la responsabilidad a la otra
persona. Sin embargo, estos peligros son, comparativamente hablando, burdos y tangibles, cuando se confrontan con
la seducción, que no menos agranda el ego, de la espiritualidad del otro mundo
y la exagerada piedad por el Dharma. Tal "materialismo
espiritual", como lo llama Chogyam Trungpa, ha sido reconocido ampliamente
como el último y más evasivo tipo de autodecepción que amenaza al seguidor del
sendero espiritual.
La seducción consiste en ser
sobrepasados por nuestros buenos trabajos, en convertirnos ligeramente apegados
a las nuevas metas y empresas que nos hemos impuesto, de tal suerte que no
quede espacio en nuestras activas y estructuradas horas en las que pueda
existir algún ahorro de fuerza espiritual.
Aquí hay una oportunidad de aprender
como bailar con el tiempo –"el río al que vamos a pescar"-, como
Thoreau lo llamó, en vez de empacar nuestras vidas o dejar que nos dicten cómo.
Y en el comité yace la oportunidad de volver lentamente el caliente, lujurioso
partidismo de opiniones personales confirmatorias hacia el tipo de espacio y
diálogo en el cual podamos comunicarnos, e incluso podemos aprender a amar a
nuestros más implacables oponentes.
Es importante entonces que ambos –el
individuo y el grupo– aparten periodos regulares para meditación, con periodos
más largos para retiros. También es importante que la experiencia y el
sentimiento del proyecto de acción social debe ser en la medida de lo posible
compartido abiertamente dentro del grupo buddhista.
En nuestra opinión, la primera acción
social de los aislados buddhistas es poner a disposición el Dharma en la
comunidad en la que él o ella vivan. Aunque nuestra comprensión del Dharma sea
modesta, siempre hay un primer paso que dar y algo que aprender de haber dado
tal paso. Incluso dos o tres pasos más pueden dar luz el uno al otro, y
frecuentemente hay muchas formas de ayuda disponibles en el exterior tal como
trabajar juntos a través de cursos por correspondencia, por ejemplo, o escuchar
audio casetes prestados.
Por las razones dadas con anterioridad
es importante que los proyectos de acción social sean, en la medida de lo
posible, asumidos por un grupo buddhista en vez de que cada individuo haga sus
propias cosas. Y como el grupo buddhista será pequeño y aislado en la mayoría
de los países de Occidente, es importante que el trabajo sea asumido en
cooperación con personas no-buddhistas con mentes abiertas. Esto requerirá de
energías para un mejor efecto, ya que acción social puede consumir mucho tiempo
y energías, y crear una gran situación de aprendizaje para todos los involucrados.
Habrán formas de acción social que demandarán mucha entrega de servicio pero
serán bajas en conflicto y situaciones de poder, por tanto serán obviamente más
fáciles de manejar y entregarse uno mismo, aunque sean dificultosas en otros
puntos. Por ejemplo, organizar y participar en rondas de visitas a hospitales
con pacientes solos, contrastaría, en este respecto, con participar en
cualquier de proyecto de desarrollo de la comunidad local.
2.9b Centros espirituales: ejemplo y extensión {arriba}
En esta sección nos centramos con la
significación de las comunidades residenciales buddhistas tanto como
manifestaciones y ejemplos de "la buena sociedad" y como centros de
atención social (principalmente, aunque no solamente, enseñando Dharma).
Podemos distinguir cuatro posibles tipos de actividad al respecto.
En primer lugar, cualquier comunidad
espiritual sana, por su propia existencia es un ejemplo viviente no sólo de la
"buena vida" sino también de la "buena sociedad". Ciertos
valores espirituales se hacen manifiestos en su organización y práctica de una
manera que no es posible en medios impresos o en pláticas. Por otro lado, la
comunidad puramente contemplativa y muy exclusiva puede hacer esto sólo en un
sentido limitado, especial y argumentable.
En segundo lugar, cuando los miembros
de dicha comunidad asumen su trabajo como una comunidad económica
("Correcta Forma de Vida"), ésta se convierte en un microcosmos más
realista de lo que se tiene que hacer en el mundo en general, y en un modelo
más realista y ejemplo de cómo puede ser hecho de la mejor manera.
Tercero, tales comunidades son
comúnmente comunidades de entrenamiento y enseñanza. Esto quiere decir, en términos
más formales, que se ofrecen clases y pequeños cursos así como también períodos
más largos de entrenamiento en residencia, en donde los alumnos entrenados se
convierten en verdaderos miembros de la comunidad. Y debe ser cierto en
términos de la apertura que la comunidad tenga hacia las personas ajenas, que
desean por lo pronto establecer comunicación con la pequeña comunidad buddhista
al colaborar en las labores, rituales, enseñanza, y meditación.
Como cuarto aspecto, la pequeña
comunidad buddhista podría involucrarse en diferentes tipos de servicios
dirigidos a la comunidad externa, desarrollo o con acciones que van más allá de
la enseñanza, y más allá de los servicios comerciales que sustentan la
"Correcta Forma de Vida" de la comunidad. Como ejemplos están el de
llevar un hospicio para enfermos terminales, o proveer un centro de información
y asesoramiento en un amplio rango de problemas personales y sociales que
aquejan a la comunidad local, y asistir –e incluso liderar– en varios aspectos
los servicios de una comunidad local socialmente carenciada. La comunidad
espiritual entonces se convierte con mayor fuerza en una comunidad dentro de
una comunidad. ¿En este tipo de situación será que la comunidad espiritual les
proporcione a la comunidad laica la fuerza de su servicio social creando un
espiral de energía ascendente? ¿O será que todo el esquema fracase debido a al
empobrecimiento y corrupción progresivos de la comunidad espiritual en una
espiral descendente?
En la tradición monástica buddhista
Oriental están presentes el primero y el tercero de los puntos arriba
mencionados. En contraste con el monasticismo cristiano, a los monjes no se les
espera ser monjes por toda la vida, y los monasterios tienen una importante
función como seminarios, y centros de entrenamiento y enseñanza de larga y
corta estancia. Por otro lado, tales comunidades son comúnmente sostenidas
económicamente por la predominante sociedad buddhista. En Occidente hay –ahora–
comunidades similares en todas las importantes tradiciones buddhistas. Aunque
estas comunidades estén sostenidas en cierto grado también por donaciones de
laicos buddhistas, el ingreso obtenido por las cuotas de entrenamiento y
enseñanza es relevante. Es muy claro que su rol potencial en el entrenamiento e
instrucción se puede volver muy importante en sociedades no-buddhistas en las
cuales hay creciente interés en el buddhismo. Un buen ejemplo de esto es el
Instituto Manjusri en el Reino Unido, que ahora está buscando obtener
reconocimiento oficial por las calificaciones que otorga, y el cual
eventualmente podría convertirse parte del sistema nacional de educación como,
digamos, una escuela cristiana teológica. Tal integración de la actividad
buddhista dentro de la forma de vida de Occidente es por supuesto bienvenida, y
abre muchas nuevas oportunidades para hacer más ampliamente comprensible el
Dharma.
Los casos arriba mencionados podrían
ser comparados con las comunidades que forman la base de los Amigos de la Orden
Budista de Occidente (FWBO). En este caso particular, nuestro segundo aspecto,
el de la "Correcta Forma de Vida", se encuentra activo además del
primero y tercero.
La FWBO fue fundada en 1967 en el Reino
Unido por el Venerable Maha Stavira Sangharakshita, un londinense que pasó 20
años en India como monje buddhista y regresó con la convicción de que el
"Buddhismo Perenne" siempre se manifiesta renovado en cada nueva era
y cultura. La FWBO está comprometida en edificar lo que ella llama "La
Nueva Sociedad" en la mente y práctica de sus miembros. Al abrir el centro
de la FWBO en Londres, el Venerable Sangharakshita se manifestaba diciendo que
"la Nueva Sociedad era una comunidad espiritual compuesta de individuos
que eran verdaderos seres humanos, auto conscientes, emocionalmente positivos,
a los cuales les fluye su energía libre y espontáneamente, aceptando la
responsabilidad por su propio crecimiento y desarrollo, y en particular
ofreciendo tres cosas: primeramente, una residencia para su comunidad
espiritual; en segundo lugar, una situación cooperativa de "Correcta Forma
de Vida"; y en tercer lugar, un centro público, ofreciendo clases
especialmente en meditación" (Marichi, 1979).
La FWBO sigue una práctica espiritual
Mahayana, pero dentro de este marco tiene fuerte sabor Occidental –como queda
sugerido en las líneas del párrafo anterior–. Esto se debe en gran parte a las
once cooperativas por las que muchas de las 18 comunidades urbanas autónomas se
sostienen a sí mismas. Estos negocios son llevados por miembros de equipos
comunitarios como forma de desarrollo personal y de grupo. Esto incluye medios
impresos, despachos de diseño gráfico, estudios fotográficos y fílmicos, forja
en metal, tiendas y cafés.
Las comunidades varían
entre 4 y 30 personas (siendo generalmente de un solo sexo), y frecuentemente
los miembros de la comunidad comparten sus ganancias en una "colecta
común". La FWBO comprende a los miembros ordenados llamados
"Mitras" (que ya han hecho cierto compromiso inicial), y los
"Amigos" (gente de soporte que se mantiene en contacto regularmente).
Cada comunidad es autónoma y tiene su propio carácter distintivo. Asociados a
las comunidades hay siete centros, donde se ofrecen pláticas, cursos e
instrucciones de meditación. Juntas regulares de los directores de los centros
y otros miembros ordenados superiores, soportados por tres secretariados
centrales, están siendo planeados para el futuro, pero no se pretende mermar la
autonomía de las comunidades constituyentes, ya que cada cual está separada
legalmente.
La FWBO está creciendo rápidamente, no
solamente en el Reino Unido sino también en ultramar, con filiales en
Finlandia, Holanda, Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos de América, e
interesantemente, en India, donde un esfuerzo sostenido se está haciendo para
establecer centros.
2.9c Servicios y desarrollo de comunidades {arriba}
En esta sección nos vamos a referir al
cuarto aspecto tratado en la sección previa 2.9b, es decir, los posibles tipos
de servicio y soporte que puedan ser dados por buddhistas organizados en la
comunidad local en la que viven. La FWBO no asume este tipo de actividades
(véase la sección previa para ejemplos), y de hecho no parece haber ningún
mayor ejemplo en Occidente.
Si este tipo de trabajo ha de ser
asumido, sería más propenso que fuera iniciado por un grupo buddhista laico no
residencial, cuyos miembros son amas de casa y trabajadores locales, quienes
tienen fuertes raíces en su pueblo o vecindario. Como ejemplo de lo que puede
ser logrado por un grupo relativamente pequeño de este tipo, citamos lo
siguiente (del periódico The Middle Way,
54 (3) Otoño 1979, p. 193):
La "Sociedad Buddhista Harlow" recientemente ha abierto
"Casa de Dana",[5] un intento práctico
por involucrarse con la gente ordinaria del pueblo y sus problemas. El nuevo
centro... tiene cuatro grupos regulares operando. El primero es un servicio de
atención posterior para los que han estado enfermos emocional o mentalmente. El
centro está allí para todos aquellos necesitados de amistad y comprensión. El
segundo grupo es de psicoterapia para aquellos con problemas emocionales más
evidentes; está a cargo un líder experimentado en grupos y un psicólogo que
puede ser consultado privadamente. El tercer grupo es una clase de meditación
para principiantes basada en el concepto de "Correcto Entendimiento".
El cuarto grupo es el grupo buddhista, que no está ligado a ninguna escuela del
buddhismo en particular.
Peter Donahoe escribe: 'nos hemos empeñado en proveer un centro que
funcione en relación a un amplio rango de necesidades distintas, un lugar para
la caridad y la compasión, donde todos sean bienvenidos sin importar su raza,
color, sexo, o credo, bienvenidos a venir para terminar con su sufrimiento de
la manera que sea propia para cada uno'".
Sin embargo, visto en su totalidad, es
solamente en Oriente –en sociedades en las cuales la cultura buddhista es
predominante– que hay suficientes buddhistas comprometidos para participar en
servicios comunitarios extensivos, y proyectos de desarrollo. Por ejemplo, en
Japón hay tal cantidad de movimientos que habremos de referirnos a un ejemplo
en la próxima sección ("Soka Gakkai", un movimiento que aparte juega
otro tipo de roles). Pero debemos primero poner nuestra atención en el
movimiento Sarvodaya Shramadana de Sri Lanka, prominente ejemplo de un
movimiento de inspiración buddhista para el desarrollo comunitario.
"Sarvodaya" significa
"despertar de todos", y "Shramadana" significa
"compartir el trabajo", hacer un regalo de pensamiento, tiempo y
energía. Esto bien describe lo que es básicamente un movimiento de autoayuda de
un pueblo, inspirado por principios buddhistas y fundado en 1958 como parte de
un despertar general nacional. Hoy por hoy es la más grande organización
voluntaria no-gubernamental en Sri Lanka. En sus inicios, el movimiento
aprendió lo importante que eran los factores no económicos en el desarrollo de
comunidades, y su proyecto combinaba lo espiritual y lo cultural con lo
socioeconómico. "Un importante elemento que no puede ser mejorado en los
pueblos buddhistas es el lugar donde se haya el templo, el monje buddhista, el
primero como lugar de reunión, el segundo como el máximo exponente del proceso
entero." (Estos comentarios provienen del folleto Ethos & Work Plan, publicado por el movimiento.) Fundado
en una tradición cultural, "Sarvodaya Shramadana" es finalmente
"un movimiento revolucionario no-violento para cambiar al ser humano y la
sociedad". Al mismo tiempo intenta retener lo mejor de la tradicional
social y cultural de la comunidad.
En los proyectos de desarrollo rural
las iniciativas son asumidas por las mismas gentes del pueblo. Para empezar,
las comunidades se hacen conscientes de las causas históricas que llevaron al
empobrecimiento y desintegración de la comunidad y de sus valores tradicionales
y culturales. Sólo si hay restauración de valores sociales en el pueblo, puede
haber una regeneración económica. Se enfatiza que la comunidad debe de tomar la
iniciativa y desarticular los obstáculos para el desarrollo y aprender nuevas
técnicas y oficios necesarios para llevar adelante el cambio de programa. Los
voluntarios traídos para ayudar sirven tan sólo como de catalizadores. Los
"Campamentos Shramadana" son un ejemplo de "acción" donde
la gente del pueblo y voluntarios externos trabajan juntos sobre cierto
proyecto comunitario tal como una carretera o un canal de irrigación.
Experiencias en los
"campamentos" como éste ayudan a desarrollar un sentido de comunidad.
Los líderes locales, trabajando con grupos de agricultores, con la juventud y
con las madres, han surgido para tomar una creciente responsabilidad por un
programa de desarrollo más o menos comprensible. Esto puede incluir el cuidado
de niños de edad pre-escolar abajo de los 5 años, educación informal para
adultos, programas de salud, cocinas comunitarias, todo esto con la cooperación
de agencias del Estado. Hacia 1980, "Sarvodaya" llegaba a 3,500
localidades rurales y tenía funcionando 1,185 escuelas pre-escolares.
Para estos programas de
desarrollo comunitario resulta esencial el Sistema de Desarrollo Educacional de
"Sarvodaya Shramadana", que opera a través de seis Institutos y a
través de los "Centros Gramodaya" cada uno coordinando el desarrollo
del trabajo entre 20 y 30 pueblos. El movimiento también provee entrenamiento
en auto empleo para los jóvenes que componen el sector desempleado más grande.
Aun cuando la mayoría de la actividad ha sido dirigida a comunidades rurales, el
movimiento también ha mostrado interés en el desarrollo de comunidades urbanas
donde las condiciones son favorables y hay interés local.
La mayoría del material para el
movimiento viene de las propias gentes rurales, aunque financieramente y en
asistencia de materiales también han recibido ayuda de ultramar. Se argumenta
que los principios básicos de "Sarvodaya Shramadana" pueden ser
adaptados tanto a países desarrollados como a países en vías de desarrollo, y
grupos Sarvodaya ya son activos en Alemania Occidental, Holanda, Japón, y
Tailandia. "Los países ricos también han ayudado a cambiar su forma
exclusivamente materialista y buscar un equilibrio, con los valores
espirituales aunados a los valores materiales de sus propias comunidades, para
que así, juntos, todos puedan construir un nuevo orden social para un Único
Mundo."
2.9d Acción política y movimientos de masas {arriba}
Aunque hayan circunstancias
excepcionales en ciertos países, como regla general existen argumentos
importantes en contra de los grupos buddhistas se alineen con algún partido
político. El hacer esto no nada más implica ser irrelevantemente divisivo; como
hemos manifestado en la sección 2.6, existen profundas realidades sociales y
políticas subyacentes que rasgan el espectro convencional de izquierda, centro,
y derecha.
No obstante, como otros grandes
sistemas religiosos, el buddhismo, inevitablemente tiene implicaciones
políticas. Hasta cierto punto éstas parecen estar relativamente claras, pero en
otros sentidos son controversiales y sujetas a discusión. La religión tiene su
propia contribución que hacer a la política, y últimamente, es la única
contribución a la política que verdaderamente importa. Ha fracasado
políticamente en tanto que como religión, si cae en el extremo de ser degradada
por la política o de rechazar cualquier tipo de participación política como si
se tratara del un temido tabú. El miedo de crear disidencia entre la gente
buddhista es entendible, pero si los buddhistas no pueden manejar los
conflictos de manera positiva y creativa, entonces ¿quién puede?
En una revisión más a fondo
encontraremos que no es meramente la política la que requiere tanto nuestra
vigilancia, como los problemas de poder y conflicto inherentes a la política.
De hecho, un mejor uso del término "política" sería aquél que
describa cualquier tipo de situación conflictiva o de poder. En este sentido,
una organización buddhista puede que esté más intensa e infelizmente
"política" al manejar sus asuntos espirituales y prácticos que cuando
sus miembros estén discutiendo cualquier "caso externo" meramente de
política convencional. Realmente, cualquier discusión de temas políticos y
sociales podría ser prohibido por una sociedad buddhista, la cual podría ser en realidad intensamente
política en términos de poder y conflicto, con los cuales sus miembros no han
llegado a un acuerdo. Todo tipo de organizaciones tienen problemas de
poder y conflicto y derivan su dinamismo positivo de la buena administración de
éstos, pero los peligros del auto-engaño parecen ser mayores en las
instituciones religiosas.
Al conocer a los buddhistas,
descubrimos que si bien no expresan explícitamente sus opiniones en asuntos
políticos y sociales, dados sus comentarios resulta evidente que algunos se
inclinan hacia un postura conservadora, mientras que otros son radicales, y
otros aun más disidentes. Dadas las diversidades entre esto y aquello
que existen en todas partes de este mundo condicionado, incluso los buddhistas
no pueden pretender excluirse de tales distinciones perturbadoras. Esto no está
sujeto a discusión. Lo que sí está sujeto a discusión es su habilidad para
manejar abiertamente sus diferencias y con una madurez buddhista. Y como hemos
tratado de mostrar anteriormente, esta madurez proviene de una disminución
progresiva del apego emocional a las opiniones de esto o aquello,
por lo que no necesitamos de estas opiniones estrechas y diferenciadoras para
sostener nuestra identidad en el mundo; en cierto sentido hemos trascendido
nuestro apego por un entendimiento más profundo. Aún cargamos con el esto
y el aquello, pero lo hacemos ligeramente y transparentemente, sin la
carga del ego. Si no los cargáramos, ¿cómo podríamos sentir la Compasión por el
samsara, por nosotros y los demás?
Alan Watts escribió un provechoso pero
controversial pequeño folleto tratando el tema en cuestión y titulado Beat
Zen, Square Zen, and Zen (City Lights Books, San Francisco, 1959). El
siguiente pasaje puede ser de ayuda para nuestra actual discusión; lo que el
autor tiene que decir acerca del zen es seguramente no menos aplicable al
buddhismo en su totalidad. Watts argumenta que si el occidental desea entender
profundamente al zen, "debe comprender su propia cultura tan completamente
como para que ya no flaquee con sus propias premisas inconscientes. Realmente
debe llegar a un acuerdo con el Señor Dios Jehová y con su
consciencia judeo-cristiana, de tal forma que podrá tomarla o dejarla sin miedo
ni rebelión. Él debe estar libre de la comezón de la auto-justificación. Si
carece de esto entonces, su zen sería un "Zen Beat" o un "Zen
Square", ya sea una rebelión hacia la cultura y orden social o una nueva
forma de exceso de formalidad y
respetabilidad. El zen plantea –por encima de todo– la liberación de la mente
del pensamiento convencional, y esto es algo completamente diferente de una
rebelión en contra de la convención, por un lado, o adaptar convenciones
foráneas, por el otro".
En Occidente, los individuos buddhistas
han sido atraídos particularmente por movimientos y partidos pacifistas,
desarmamentistas y ambientalistas. Estos movimientos tienen profundos asuntos
los cuales, argumentablemente, minan la aptitud de partidos políticos
convencionales. Por otro lado, ¿no son ellos hechos más atractivos por una
cierta inocencia política, todavía incorruptos y profanos a las realidades del poder? ¿Y ellos no subestiman
también el karma del poder y de la propiedad?
Sin embargo, en Occidente y otros países
no-buddhistas, la acción política buddhista de cualquier índole es poco menos
que especulativa. No hay muchos buddhistas en Occidente, y sus energías están
totalmente ocupadas aprendiendo y enseñando. La enseñanza es la forma
primordial de acción social y ya hemos discutido ciertas implicaciones que
tendría en la comunidad espiritual. La acción social cuanto mucho llega hasta
algunos tipos de servicios para la comunidad en su conjunto, o incluso en la
participación en desarrollo comunitario. Ya hemos subrayado el mérito de tales
empresas. Pero en lo referente a la política (usando la palabra
convencionalmente), hoy en día en Occidente, eso no es más que materia de
discusión en grupos buddhistas. Como siempre, individuos buddhistas y
probablemente grupos informales decidirán por ellos mismos sobre acción
política o inacción.
Sin embargo, en países donde los
movimientos buddhistas son fuertes, solidamente enraizados en la sociedad,
cierto tipo de postura política y acción parecen ineludibles y –de hecho–
lógicas y naturales, aunque los alineamientos de la política convencional deben
ser evitados. Por ejemplo, el éxito de "Sarvodaya Shramadana" al más
alto nivel de auto–desarrollo de comunidades rurales depende de los cambios que
hubo con relación a temas como: "injustos arreglos económicos tales como
la propiedad de los bienes de producción, por ejemplo, la tierra en manos de
pocos, en donde los sistemas de administración y de poder político han cambiado
de tal manera que los habitantes de las comunidades se han convertido en los
dueños de sí mismos y de su entorno. Los cambios tan radicales que ya han sido
tomados dejan ver un gobierno que puso cartas en el asunto para que estos
cambios se realizarán" (Folleto de Sarvodaya Shramadana Ethos and Work Plan, p. 31). Los
movimientos buddhistas, amplia y largamente, están llenando una variedad de
diferentes roles, desde los devocionales hasta las así llamadas "Nuevas
Religiones" que particularmente han cobrado importancia en Japón de la
post-guerra. (Ya se ha hecho mención de los pequeños grupos de discusión que
son una notable característica de Rissho–Kosei–Kai, la "Sociedad para
establecer justicia, rectitud y Relaciones Familiares".) Con su fuerte
énfasis en el pacifismo, amor fraternal y ayuda mutua, estas organizaciones han
hecho mucho para asistir a los japoneses para recuperarse del trauma de la
agresión militar y las explosiones nucleares que la arrasaron. Soka Gakkai (que
significa "Creación de una Sociedad Valiosa") probablemente sea el
más sorprendente de estos movimientos socio-políticos del Japón buddhista. Es
una organización buddhista laica con más de 15 millones de miembros, asociados
con la secta Nichiren-Sho-Shu.
"Soka Gakkai" tiene un
ambicioso programa educacional y cultural, y ya ha fundado su propia escuela
preparatoria, universidad, y hospital. También cuenta con un partido político:
"Komeito" (El Partido del Gobierno Limpio), el cual en el año de
1967, envió a 25 candidatos parlamentarios al Cámara Baja elegidos con el 5%
del voto nacional. Este partido ha continuado jugando una parte importante en
la vida política de Japón, basándose en "Los Principios de la Democracia
Buddhista" y oponiéndose al rearmamentismo. "Soka Gakkai es un
movimiento populista, militante, evangélico y bien organizado, comprometido a
"estar siempre del lado de la gente" y "dedicado a llevar el
movimiento hasta una revolución humana" (Presidente Daisaku Ikeda). Más
específicamente, entre sus logros políticos se incluye una confrontación
exitosa con los dueños de las minas de Hokkaido.
Las actitudes en torno a
Soka Gakkai difieren ampliamente, lo cual es entendible. Ha sido criticada por
algunos por su radicalismo y por otros por su conservatismo; ciertamente ha
sido criticada debido a su dogmatismo y la agresividad. Ciertamente está
imbuida por el fervor nacionalista de Nichiren, el monje buddhista del siglo
XIII que los inspiró. No obstante que, ha realizado un trabajo misionero en
otros países, Soka Gakkai parece tener un distintivo sabor nacional más que los
otros grupos de acción social que hemos revisado, y ser menos apropiada para la
exportación.
2.9e Responsabilidad universal y el buen corazón
{arriba}
Ya hemos citado –en alguna de estas secciones– las palabras del Dalai Lama
quien enfatiza la activa responsabilidad global de los buddhistas, y la
importancia por encima de todo de lo que él llama "Responsabilidad
Universal y El Buen Corazón". En todos los países habrá no-buddhistas, ya
sean religiosos o humanistas, que comparten con nosotros la visión no‑violenta,
no-dogmática, no-sectaria a favor de la comunidad y para resolver los problemas
mundiales; y con quienes los buddhistas pueden trabajar en cercana cooperación
y con respeto mutuo. Ésta es la parte del "Buen Corazón" a la que el
Dalai Lama se refiere: "Creo que el hecho de guarecerse en una religión
como el buddhismo no significa el rechazo de alguna otra religión, o de la
propia comunidad de uno. De hecho, es importante que aquellos de ustedes que se
han decidido por el buddhismo no se separen de su propia sociedad; tienen que
continuar viviendo dentro de su comunidad y con sus miembros. Esto lo digo para
todos por igual, porque al rechazar tu comunidad obviamente eres incapaz de
beneficiar a los demás, lo que constituye el objetivo básico de la
religión" (Dalai Lama, 1976).
El señor Emilios Bouratinos y sus colegas de la Sociedad Buddhista de
Grecia han desarrollado cierta propuesta de largo plazo para la
"rehumanización de la sociedad" inspirada en el buddhismo, pero que
busca involucrar grupos ideológicos no-buddhistas con el propósito de
establecer bases comunes con ellos en la organización de tales sociedades. El
señor Bouratinos argumenta que los buddhistas deben dirigirse "ante toda
la gente que tiene cierta inspiración, ya sea que fuesen religiosos o no. Esto
es indispensable, porque nosotros los buddhistas somos una minúscula minoría en
Occidente, y aún debemos tocar los corazones de muchos, si es que este mundo
habrá de sobrevivir en algún modo
significativo" (Carta al autor, 15 de Mayo de 1980).
Aquí es donde las palabras fallan:
¿pues qué es lo que las palabras pueden decir de cosas que no tienen ayer,
mañana u hoy?"
·
Chogyam Trungpa, The Myth of Freedom and The Way of
Meditation, Shambhala, 1976.
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Chuang Tzu, The Way of Chuang Tzu, trad. Thomas
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Hakuin, Zen Master, The Zen Mmaster Hakuin, trans.
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Rahula, Walpola, What the Buddha Taught, @nd Ed.,
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Rahula, Walpola, Zen and the Taming of the Bull:
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Saddhatissa, H., trans., Kalahavivada-sutta (Sutta-Nipata),
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Sangharakshita, M.S., Peace is a Fire, Windhorse
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Saraha, Treasury of Songs (Doha Kosha), in Conze, E.,
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·
Shiki, Haiku, in Henderson, Harold, An Introduction to
Haiku, Doubleday, 1958
Buddhist
Publication Society {arriba}
La Sociedad de Publicaciones buddhistas (Buddhist Publication Society) es una
institución aprobada para la caridad y está dedicada a difundir las Enseñanzas
del Buddha que contiene un mensaje vital para todas las personas de todos los
credos.
Fundada en 1958, la sociedad de Publicaciones buddhistas
ha publicado una amplia variedad de libros y folletos cubriendo un gran rango
de tópicos. Sus publicaciones incluyen precisas traducciones de los discursos
del Buddha, trabajos de referencia, así como exposiciones originales
contemporáneas del pensamiento y práctica buddhista. Estos trabajos presentan
al buddhismo tal y como verdaderamente es –una fuerza dinámica que ha
influenciado a mentes receptivas en los últimos 2,500 años y es tan relevante
hoy en día como lo fue cuando primeramente surgió.
Una lista completa de nuestras publicaciones puede serle
enviada sin cargo alguno sobre su petición. Escríbanos a:
The Hony
Secretary
BUDDHIST
PUBLICTION SOCIETY
P.O. Box 61
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The Wheel
Publication No. 285/286
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Usted puede imprimir copias de este trabajo para su uso personal. También
puede re-formatear y redistribuir este trabajo para su uso en computadoras y
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distribución. De lo contrario nos reservamos todos los derechos.
Esta edición fue transcrita de la edición impresa en 1995 por Heath Row
bajo los auspicios del proyecto de transcripción de DharmaNet Dharma Book, con el amable permiso de la Sociedad de
Publicaciones buddhistas (Buddhist
Publication Society).
* * * * *
* Ken Jones. Traducción española por Juan
Sebastián Oliver Suinaga. Traducción española con permiso del Ven. Bhikkhu Bodhi de la Buddhist
Publication Society. Artículo original tomado de The
Wheel Publication No. 285/286, SL ISSN 0049-7541, Copyright © 1981 Buddhist Publication
Society. Este material puede ser reproducido para uso
personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Traducción española
©CMBT 2001. Última revisión domingo
16 de septiembre de 2001.
Fondo Dhamma Dana.
[2] N.T. El autor en
este párrafo hace referencia a dos tipos de sufrimiento. El sufrimiento
objetivo, no producido por la volición ("objective", non-volitionally
caused suffering) parecería referirse a las condiciones en que el individuo en
este tipo de organizaciones modernas debe vivir. Este sufrimiento parecería
estar determinado; por esto el autor usa el término no producido por la
volición. En cambio, el sufrimiento subjetivo, producido por la volición
("subjective", volitionally caused karmic suffering) parecería
referirse a las acciones concretas que los individuos en este tipo de
organizaciones modernas realizan. Este sufrimiento parecería no estar
determinado; por esto el autor usa el término producido por la volición.
[3] N.T. El Zen
Hospice Project en San Francisco, California, posiblemente fue establecido
después que el autor publicara este artículo.
[4] N.T. En España se
dice "quinto", en Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú
se dice "conscripto". Significa un soldado que recibe la instrucción
militar obligatoria.
[5] Casa de
Generosidad.