Esta noche les hablaré sobre la práctica y el
pensamiento de Anuruddha a quien hemos conocido en dos ocasiones durante este
retiro. Lo conocimos cuando el Venerable Sariputta le preguntó porque tenía
aspectos radiantes y su tez brillaba. Recuerden que el Venerable Anuruddha
contestó que se debía a que practicaba los Cuatro Fundamentos de la Atención.
En otra ocasión el Venerable Anuruddha estaba enfermo y experimentaba mucho
dolor. Los otros monjes le preguntaron porque las sensaciones de dolor no
perturbaban su mente. Este contestó nuevamente que practicaba los Cuatro
Fundamentos de la Atención. Tal parece que el Venerable Anuruddha gustaba de practicar los Cuatro Fundamentos
de la Atención. También existen otras referencias con respecto a él y los
fundamentos de la atención.
Hoy les hablaré sobre él, de cómo practicaba
así como también sobre los pensamientos que vinieron a su mente durante su
práctica. El Venerable Anuruddha fue uno de los seis príncipes Sakyas que se
unieron a la Orden cuando el Buddha visitó su ciudad natal un año después de su
iluminación.
Cuando Buddha nació y los adivinos dijeron que
sería un rey universal o un Buddha, sus parientes Sakyas dijeron que si se
convertía en un rey universal lo acompañaría un séquito de príncipes Sakyas, y
si se convertía en un Buddha, entonces, lo acompañaría un séquito de monjes
Sakyas. Sus parientes les ofrecieron sus hijos cuando Buddha visitó su ciudad
natal. Enviaron sus hijos a ordenarse, a ingresar en la Orden. Muchos príncipes
Sakyas ingresaron en la Orden bajo Buddha. Sin embargo, había aún seis,
incluyendo a Anuruddha, que no habían ingresado en la Orden.
Un día discutieron entre sí y decidieron
ingresar en la Orden. El Venerable Anuruddha practicó meditación después de
convertirse en monje. Durante la época de las lluvias, la segunda época de las
lluvias luego de la iluminación de Buddha, Anuruddha alcanzó el conocimiento
paranormal que se conoce como el “ojo divino“. Tuvo que practicar la meditación
de tranquilidad (samatha) para poder lograr este conocimiento paranormal y
alcanzar todos los estados de ‘jhanas’ (absorciones.) Practicó especialmente la
cuarta jhana. Como resultado de esa practica obtuvo el conocimiento paranormal
del “ojo divino”. Con este conocimiento tenía la habilidad de ver mil
universos.
Tal parece que practicó la meditación vipassana
para convertirse en un Arahant (completamente iluminado.) Pero no podía
alcanzar la iluminación. Cuando se encontró con el Venerable Sariputta le contó
sobre su practica. Le informó sobre su experiencia. Le dijo: “Amigo Sariputta,
puedo ver los mil universos con el ‘ojo divino’ el cual es puro y trasciende al
ojo humano. Me he esforzado y no he aflojado en este esfuerzo. Mi atención está
establecida y no pierdo el objeto. Mi mente está concentrada y mi cuerpo
relajado. Sin embargo, mi mente no se libera de las manchas o de impurezas
mentales”.
Cuando el Venerable Anuruddha informó esto al
Venerable Sariputta esté le dio una evaluación de su experiencia. Era como si
el Venerable Anuruddha fuese un meditador que informa su experiencia al maestro
de meditación, y el Venerable Sariputta fuese el maestro de meditación que
evalúa las experiencias del meditador.
Nadie menos el Venerable Sariputta hubiese
podido hacer una clara y correcta evaluación de la práctica del Venerable
Anuruddha. El Venerable Sariputta era el segundo después de Buddha en
conocimiento. En ese momento ya era un Arahant. Tenía todos los conocimientos
paranormales por lo que podía comprender en qué condición se encontraba el
Venerable Anuruddha.
Esta fue su evaluación: “Amigo Anuruddha, veo
orgullo cuando dices que puedes ver mil universos con el ‘ojo divino’ que es
puro y trasciende el ojo humano. Veo inquietud cuando dices que te has
esforzado, que tienes atención, buena concentración y que tu cuerpo está
relajado. Veo preocupación cuando dices que tu mente no puede liberarse de las
impurezas. Éstos son los tres obstáculos de tu práctica. Libértate de ellos.
Dirige tu mente hacia el logro de la inmortalidad y alcanzarás la iluminación”.
Así que el Venerable Sariputta le dio al
Venerable Anuruddha un tema de meditación. Tomó el tema, fue a donde Buddha y
pidió permiso para irse a otro lugar a practicar meditación. El permiso le fue
concedido y el Venerable Anuruddha se fue al bosque de bambú que estaba al este
del lugar en donde se estaban quedando en ese tiempo.
Allí practicó meditación. Los Comentarios dicen
que practicó en su mayor parte caminar arriba y abajo durante medio mes.
Practicó principalmente la meditación caminando durante esos quince días. Se
cansó de practicar fuertemente y se sentó bajo unas ramas de bambú.
Vinieron a su mente siete pensamientos mientras
estaba sentado. Cuando esto ocurrió en su mente, Buddha supo de ellos desde el
lugar en que se encontraba y fue a donde él para animarlo. Buddha le dijo que
había un pensamiento más que le añadiría; por lo que le añadió un octavo
pensamiento a los del Venerable Anuruddha. Entonces Buddha regresó al
monasterio para enseñar a los monjes los ocho pensamientos. El Venerable
Anuruddha continuó practicando meditación y en su debido momento se convirtió
en un Arahant.
Regresemos a la evaluación. La primera
evaluación era que el Venerable Anuruddha tenía orgullo. El Venerable Sariputta
pudo detectar una clase de orgullo cuando Anuruddha dijo: “Puedo ver mil
universos con el ojo divino”. El orgullo es un estado mental insano por lo que
es un obstáculo para el progreso. Ésta era una de las razones por la cual el
Venerable Anuruddha no podía progresar.
Podemos aprender mucho de esta evaluación.
Cuando practicamos meditación debemos liberarnos de cualquier orgullo que
tengamos. Si vamos a un centro de meditación con orgullo no meditaremos bien
porque este orgullo será causa de resistencia y no es posible practicar
correctamente meditación cuando hay resistencia. Es importante que nos
liberemos de cualquier orgullo que tengamos cuando practicamos meditación. Por
ejemplo, a veces tenemos orgullo en nuestra supuesta habilidad de poder
concentrarnos rápidamente. También podemos tener orgullo en la forma en que
hacemos la práctica. A veces tenemos orgullo de nuestro maestro. No podremos
practicar correctamente meditación si tenemos orgullo. No progresaremos. Como
aconsejó el Venerable Sariputta al Venerable Anuruddha, debemos liberarnos de
ese orgullo, dejarlo y entregarnos totalmente a la práctica.
Existe una practica meditativa que consiste en
entregarse al Buddha o al maestro. Ésta se menciona en el Visuddhi Magga. Uno
puede entregarse al Buddha o al maestro. Pero, en estos días en donde existe
mucha incertidumbre en cuanto a la integridad de los maestros es aconsejable no
entregarse al maestro. En su lugar pueden entregarse al Buddha o si no quieren
hacerlo, entonces, pueden entregarse a la práctica. Pueden reflexionar:
“Solamente practicaré durante este retiro”. “No tendré orgullo”. “No tendré
resistencia”. “Sólo haré lo que me sea requerido”. Si rehusasen seguir algunas
instrucciones diciendo: “No puedo hacer esto. No puedo hacer aquello”,
entonces, esto será un obstáculo para la práctica. Las instrucciones que se
ofrecen en los centros de meditación han sido bien estudiadas o son
instrucciones respetadas a través del tiempo producto de las experiencias de
los meditadores. En ocasiones las personas tienen orgullo o vanidad y piensan:
“¿Por qué debo seguir estas instrucciones?” A veces estas personas han sido
enseñadas a ser independientes, a rebelarse o algo así. Esto puede ser bueno en
otros lugares. Pero cuando se practica la meditación es, en definitiva, un obstáculo
al progreso. Es importante, por lo tanto, que renunciemos en su totalidad al
orgullo y que nos imaginemos que somos humildes sin ningún orgullo. Obtendremos
resultados de nuestra práctica si practicamos meditación con esta actitud
mental.. Es importante que a cualquier lugar de meditación al que vayamos
echemos el orgullo a un lado y sigamos las instrucciones que se nos den.
El orgullo es algo de lo cual debemos
liberarnos. Una forma de expresar que renunciamos al orgullo es cuando nos
arrodillamos ante el Buddha. También nos estamos liberando del orgullo cuando
decimos: “Perdóname, por favor” o cuando practicamos el perdón. Debemos
liberarnos del orgullo para que nuestra práctica meditativa rinda frutos.
Es interesante la segunda evaluación de lo que
dijo el Venerable Anuruddha. Sus palabras son frases que se conservan y
aparecen con frecuencias en los textos para describir una buena práctica
meditativa. El mismo Buddha hizo uso de estas palabras cuando dijo que
practicaba meditación, alcanzaba los estados de jhana y otros estados. Sin
embargo, el Venerable Sariputta detectó inquietud a pesar de que el Venerable
Anuruddha había dicho: “Me he esforzado. Mi atención es buena. Tengo buena
concentración. Mi cuerpo está quieto”. El hecho de que el Venerable Anuruddha
no podía alcanzar la iluminación demuestra que había fallas. El Venerable
Sariputta detectó esas fallas como inquietud. Significaba que el Venerable
Anuruddha estaba muy ansioso por alcanzar la iluminación y estaba haciendo más
esfuerzo del que, verdaderamente, necesitaba.
La mente se agita cuando uno hace demasiado
esfuerzo. La mente no puede mantenerse en el objeto cuando hay un exceso de
esfuerzo. Está un poco alejada del objeto. Ésta es la razón por la cual no
podemos ver el objeto con claridad. La mente está algo confusa por más que
tratamos de estar en atención. La mente vacila sobre el objeto. Esto se conoce
como inquietud. Ésta puede surgir cuando pensamos acerca de los resultados.
Hacemos más esfuerzo del que verdaderamente es necesario. A veces nos decimos:
“Esta vez estaré atento. Tomaré anotación de todo. No fallaré en nada”.
Entonces, pensamos: “¿Está bien mi atención? Lo haré mejor la próxima vez”. La
mente no estará quieta si pensamos de esta manera. No se mantendrá firme. Se moverá
en el objeto por lo que el objeto no podrá verse claramente. Cuando hay
inquietud no se ven los objetos con claridad y no se puede obtener quietud o
concentración de la mente. Debemos abandonar la inquietud dejando a un lado el
mucho esfuerzo, tomándolo con calma, y manteniendo una actitud de “No me
importa”. No se obtendrá ningún resultado siempre que nos ocupemos de nosotros
mismos y de obtener resultados. Hay que abandonar el deseo o las expectativas
en cuanto a los resultados o el deseo de obtener concentración. Podrán ver que
pueden concentrarse en el momento que abandonen todo esto. Es extraño que uno
no pueda concentrarse cuando uno está
tratando de hacerlo. Libérense de ese exceso de energía o de esfuerzo y,
extrañamente, podrán concentrarse. La meditación es un asunto muy delicado.
Pueden ocurrir grandes cambios en la práctica con sólo un pequeño cambio en la
mente o en el pensamiento.
El Venerable Sariputta detectó inquietud en lo
que dijo el Venerable Anuruddha. A nosotros nos pareció muy inocente lo que
dijo el Venerable Anuruddha y no detectamos falla alguna en sus palabras más,
sin embargo, el Venerable Sariputta pudo hacerlo.
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Lo tercero que dijo el Venerable Anuruddha fue:
“Me he esforzado y es buena mi atención. Es buena mi concentración. Mas, sin
embargo, no puedo liberarme de las impurezas mentales. Mi mente no puede
liberarse de las impurezas”. El Venerable Sariputta detectó una especie de
preocupación. Estaba preocupado de que no estaba obteniendo resultados, de no
alcanzar la iluminación. Quizás estaba un poco desilusionado con su práctica.
Estaba esforzándose duramente y no estaba obteniendo resultados y quizás había
alguna clase de insatisfacción con su práctica. El Venerable Sariputta
interpretó que había preocupación (en pali kukkucca).
Cuando hay preocupación hay un estado insano,
un obstáculo. El Venerable Anuruddha tenía que liberarse también de la
preocupación. Tenía que dejar de pensar en ella, hacer lo que tenía que hacer y
estar en atención en el momento presente, en atención de los objetos del
momento presente. Uno no debe preocuparse por obtener resultados o de alcanzar
la iluminación.
El Venerable Sariputta le dijo: “Deja estas
tres cosas y no le prestes atención; dirige tu mente a la inmortalidad, al
Nibbana”.
Nosotros también encontramos con mucha
frecuencia en nuestra práctica estas impurezas u obstáculos. Debemos tener
cuidado y estar alertas. Debemos saber cómo reaccionar y liberarnos de ellas.
El Venerable Anuruddha practicó meditación.
Veamos sus pensamientos. Estaba sentado en el bosque de bambú. Surgieron siete
pensamientos mientras estaba allí sentado. El primero fue: “El Dhamma es para
alguien que desea poco y no para uno que desee mucho”. Esto significa que el
Dhamma se realiza por uno que tiene pocos deseos. Este Dhamma no puede ser
realizado por uno que tiene muchas necesidades, muchos deseos. Pocos deseos es una condición para
realizar el Dhamma. Significa que es una condición para alcanzar la
iluminación. Tener pocos deseos es una cualidad que el Buddha alababa. Es una cualidad que todo monje y
meditador debe tratar de poseer. No podremos practicar correctamente si
deseamos muchas cosas. No podremos progresar en la meditación si queremos
resultados, si queremos concentración, si queremos penetración, si queremos
sabiduría.
Debemos tener pocos deseos. “Pocos deseos”
significa aquí algo similar a ser humilde. No debemos tener muchos deseos para
muchas cosas. Eso es una clase de pocos deseos. También debemos tener pocos
deseos en lo que se refiere a los logros. Y si hay algunos logros no debemos
ostentarlos. Si hay logros debemos mantenerlos para nosotros mismos y no
decirlo a otras personas. No debemos vanagloriarnos sobre nuestros logros. No
demos exhibir nuestros logros.
Existe otra clase de pocos deseos en lo que
respecta al aprendizaje. Aunque uno se haya aprendido el Tipitaka (las tres
canastas) completo no debe alardear sobre su conocimiento. Debemos ser
humildes.
Si hacen prácticas ascéticas deben hacerlas de
manera que otros no se enteren. Esta cualidad de pocos deseos es una buena
cualidad tanto en monjes como meditadores. Sólo aquellos que tienen pocos
deseos podrán realizar el Dhamma o alcanzar la iluminación. Aquellos que tienen
muchos deseos no podrán alcanzar la meta de la iluminación. Éste fue el primer
pensamiento que vino a la mente de Anuruddha.
El segundo pensamiento fue: “El Dhamma es para
aquel que está contento”. “El Dhamma no es para aquel que no está contento”. El
Dhamma, este Sendero y Fruición, sólo puede ser realizado por aquellos que
están contentos y no por aquellos que no están contentos. El estar contento
también es una buena cualidad. Estar contento quiere decir que se está
satisfecho con lo que se tiene, con lo que ya se tiene. Si uno tiene esto uno
está contento con esto y no desea aquello otro. Esto es estar contento.
Contento con lo que uno tiene o lo que uno puede obtener. Uno debe estar
contento con lo que uno puede obtener. Uno no dice, “Por favor deme la otra
cosa”. Uno no dice: “Quiero la otra cosa”. Eso no es estar contento. Eso es
codicia. La persona que practica meditación debe estar contenta, contenta en lo
que respecta a las cosas así como a los logros. Sólo aquellos que están
contentos pueden realizar este Dhamma. Aquellos que no están contentos no
pueden realizar este Dhamma o alcanzar la iluminación. El estar contento es una
gran cualidad requerida en monjes así como en meditadores.
El tercer pensamiento del Venerable Anuruddha
fue: “Este Dhamma es para aquel que vive apartado”. No es para aquellos que gustan
de vivir gregariamente. Este Dhamma sólo puede ser realizado por aquellos en
soledad. El estar apartado puede ser de tres clases: apartar el cuerpo, apartar
la mente y apartar las impurezas mentales.
Es bueno ir a un lugar aislado para practicar
meditación. Es muy difícil practicar en la ciudad con todos los ruidos que
ocurren a nuestro alrededor. Se dice que el cuerpo está apartado cuando uno se
va a un lugar aislado en el cual hay pocas distracciones y en donde hay poco
ruido. Este lugar (de retiro) tiene ese aislamiento. Aunque no está en medio de
un bosque, es como el medio del bosque. Hay poco ruido aunque no está muy lejos
de la ciudad. En esta ocasión no he escuchado el ruido de los pequeños aviones.
Es muy tranquilo y bien adecuado para la práctica de la meditación.
Un yogi (meditador) dijo los otros días: “Aquí
es muy tranquilo. Hay muy pocas distracciones. Necesitamos crear algunas
distracciones para que los meditadores breguen con ellas”. Esto él sugirió.
Quizás encontró difícil tratar con la ausencia de distracciones. Quizás es que
las personas están acostumbradas a las distracciones y encuentran difícil
tratar con situaciones cuando van a lugares en los cuales no hay distracciones.
Este es un lugar muy adecuado. Creo que es el
mejor lugar para practicar meditación. No hay que preocuparse por los
mosquitos. Hay mucho lugar para caminar. Son muy buenas también las
habitaciones. Sólo deben culparse a ustedes mismos si no progresan en este
lugar. No pueden culpar al lugar. En otros lugares se puede decir: “Hay muchos
mosquitos. No puedo meditar. Es muy caluroso. Es muy frío”. Pero aquí no pueden
decir tales cosas. Si no pueden practicar bien sólo pueden culparse a ustedes
mismos. Esto es apartar el cuerpo.
De acuerdo a los Comentarios apartar la mente
significa practicar meditación hasta alcanzar los estados de jhana. La mente
está aislada de las impurezas mentales cuando se está en estados de jhana. Esto
es apartar la mente. Es bueno apartar la mente pero no es lo suficientemente
bueno. Hay que dar un paso adicional y practicar la meditación vipassana. La
iluminación se logra en la culminación de la meditación vipassana cuando la
mente se libera de todas las impurezas mentales. Esto se conoce como apartar la
mente de las impurezas mentales.
Existen tres clases de aislamientos. Al menos
debemos tener el cuerpo y la mente aislada de manera que podamos alcanzar la
iluminación y realizar este Dhamma. Este Dhamma no puede ser realizado por
alguien que gusta asociarse. El asociarse significa dos cosas –asociarse con
personas y asociarse con impurezas mentales. Podemos evitar asociarnos con
personas. Podemos ir a un lugar aislado sin que haya personas cercanas. Pero nuestra mente puede estar llena de
impurezas mentales, pasión, deseos y avidez. Aunque nos encontremos en el medio
de un bosque nuestras mentes pueden estar llenas de pensamientos de codicia. En
este caso no estaríamos apartados. Este Dhamma no es para aquellos que gustan
de asociarse con personas en actividades insignificantes ni con aquellos que
gustan de pensar en objetos sensuales de manera que la mente se asocia con
impurezas mentales. Este Dhamma no es para esta clase de personas.
El cuarto pensamiento que aconteció al
Venerable Anuruddha fue: “Este Dhamma es realizado por alguien enérgico. Este
Dhamma no es realizado por alguien perezoso”. Hay que esforzarse cuando se
practica meditación. Hay que producir energía. No se puede mantener la mente en
el objeto sin esfuerzo. Sin esfuerzo la mente no se puede pegar en el objeto,
no puede haber atención. Cundo no hay atención no habrá concentración,
sabiduría o penetración en la naturaleza de las cosas.
El esfuerzo es un factor importante en la
práctica de meditación. Esfuerzo significa tanto corporal como mental. Hay que
hacer esfuerzo para sentarse derecho con las piernas cruzadas. También hay que
hacer esfuerzo con el cuerpo para practicar la meditación caminando. Hay que
hacer un esfuerzo mental para que la mente esté en el objeto, en el objeto
presente. En la práctica de la meditación se requiere tanto esfuerzo físico
como esfuerzo mental.
La meditación no es para aquellos que no se
esfuerzan, que son perezosos o indolentes. Esta pereza o el no desear practicar
puede venir de una mera falta de interés en la práctica. Algunas personas
simplemente no tienen interés en la práctica. Cuando no practican significa que
no invierten esfuerzo en la práctica. Son perezosos en lo que respecta a la
práctica. A veces esta pereza o dejadez proviene de la misma práctica. Se
decepcionan cuando la práctica no es buena, no se pueden concentrar o no pueden
alcanzar buenos resultados. Se frustran. Esto lleva a la pereza, a no desear
practicar nada. A veces hasta se desea regresar a la casa. Esta pereza,
dejadez, flojera o indolencia también puede surgir durante la práctica.
La pereza es un obstáculo en la meditación ya
sea que nos cause no practicar o abandonar la práctica. Debemos deshacernos de
ella cuando surge en nosotros porque es un peligro para la práctica.
Cuando no deseen practicar pueden pensar en los
beneficios que se obtienen de la práctica. El estado de paz es el efecto
inmediato que se obtiene de la práctica. Uno está tranquilo en el momento que
está practicando y haciendo anotaciones de los objetos presentes. Se está en
paz. Pienso que esta paz es el resultado inmediato de la práctica meditativa.
Hay muchos beneficios de la practica de meditación. La habilidad de aceptar las
cosas sin mucha agitación, la habilidad de bregar con algunos de los problemas
de la vida cotidiana y el resultado final es la liberación de las impurezas
mentales. Pueden pensar acerca de los beneficios que se obtienen de la
práctica. De esta manera pueden alentarse a practicar meditación.
Pueden también decirse: “Me arrepentiré más
tarde si pierdo esta oportunidad de practicar. No podré obtener los beneficios
de la práctica. Aquellas personas que dejan pasar esta oportunidad sufrirán en
el futuro”. Pueden alentarse con esta manera de pensar o leyendo libros que
produzcan interés en la práctica. Pueden también leer versos como, por ejemplo,
los que aparecen en el Dhammapada. Hay versos en el Dhammapada que son
edificantes cuando se es, en especial, perezoso y no se quiere practicar. Dice
un verso: “No dejes pasar esta oportunidad pues aquellos que dejan pasar esta
oportunidad se lamentarán cuando
renazcan en el infierno”. Aunque no renazcan en el infierno, lamentarán si
dejan pasar esta oportunidad. Dice el Buddha en otra parte: “Aunque uno viviese
ocioso e inactivo cien años es, ciertamente, mejor el solo día en la vida de
aquel que hace ardiente esfuerzo”. No podemos cambiar un día de nuestras vidas
en este centro para retiros por cien años afuera sin hacer ningún esfuerzo.
Pueden alentarse a practicar pensando de esta manera.
Este Dhamma no puede ser realizado por aquellos
que son perezosos y no se esfuerzan para practicar meditación. Sólo lo pueden
realizar aquellos que hacen el esfuerzo, que son enérgicos y practican
meditación.
El quinto pensamiento fue: “Este Dhamma es para
aquellos que establecen la atención”. Es decir, es para aquellos que practican
la atención. Este Dhamma no es para aquellos perezosos con la atención. Para
aquellos que no practican o pierden la atención. Es obvio que para obtener
resultados y la iluminación debemos practicar atención. Si no practican
atención, entonces, no podrán esperar obtener la liberación de las impurezas
mentales y, por lo tanto, no habrá liberación del sufrimiento.
Para poder establecer la atención debemos,
simplemente, practicar atención. No se hace otra cosa para establecer la
atención. Practicamos atención de manera que podamos establecer atención.
Construimos la atención mediante la práctica de la atención para que ésta sea
fuerte, profunda y completa. El resultado será que la atención ayudará en lo
próximo que es la concentración. “Este Dhamma es para aquellos que practican la
atención”. No es para aquellos que no practican la atención, que carecen de
ésta y son desatentos.
El próximo pensamiento del Venerable Anuruddha
fue: “Este Dhamma es para aquel cuya mente está concentrada”. Este Dhamma no es
para aquellos cuya mente está turbada o cuya mente no está concentrada. Es
obvio que uno no puede realizar el Dhamma con una mente dispersa. Se necesita
concentración. El Dhamma es para aquellos que tienen concentración, que
practican concentración. Sólo cuando hay concentración es que puede surgir la
sabiduría, es decir, la penetración en la naturaleza de las cosas. Buddha dijo:
“Monjes, practiquen concentración. Verán la verdadera naturaleza de las cosas
cuando sus mentes estén concentradas”. La concentración es un elemento
importante en la práctica meditativa. Ésta debe sostenerse con la atención y la
atención se sostiene mediante el esfuerzo o la energía. Podemos mantener la
mente en el objeto mediante el esfuerzo. La concentración viene cuando podemos
mantener la mente en el objeto. Cuando hay concentración, la mente se aquieta y
está en el objeto por un período largo de tiempo, entonces, vendrá
automáticamente el entendimiento del objeto. Este Dhamma es para ser realizado
solamente por aquellos cuyas mentes están concentradas y no por aquellos cuyas
mentes están turbadas.
El próximo pensamiento fue: “Este Dhamma es
realizado por aquel que es sabio”. Este Dhamma no puede ser realizado por aquel
que no es sabio. De acuerdo a los Comentarios “ser sabio” significa tener el
conocimiento de que uno es propietario de su kamma. Es decir, creer en la Ley
del Kamma, comprender la Ley del Kamma o comprender la Ley de Causa y Efecto.
Pueden realizar el Dhamma sólo aquellos que tienen el conocimiento básico de
causa y efecto. Sólo ellos pueden practicar meditación y obtener resultados. El
Dhamma es solamente para los sabios. Es sólo para aquellos que entienden la Ley
del Kamma, la Ley de Causa y Efecto y no para aquellos que no la comprenden.
Estos son los siete pensamientos que vinieron a
la mente del Venerable Anuruddha. Buddha fue a donde él y le dijo: “Anuruddha
es bueno que tengas estos pensamientos pero hay uno más”. Entonces, Buddha
añadió: “Este Dhamma es realizado por aquel que se deleita en aquello que es
libre de estados en expansión”. Este Dhamma no es para aquellos que se deleitan
en los estados en expansión. Los “estados en expansión” son los estados de
codicia, entendimiento incorrecto y orgullo. Estos tres se conocen como estados
en expansión. Se le conocen en pali como ‘papañca’ que significa extender,
expandir, agrandar o hacer más extenso. Estos tres, codicia, orgullo y
entendimiento incorrecto, son aquellos que prolongan el ‘samsara’, el ciclo de
renacimientos.
Vagaremos por el ‘samsara’ una y otra vez
siempre y cuando tengamos codicia, orgullo e incorrecto entendimiento. Éstos
prolongan nuestra estadía en el ‘samsara’, el ciclo de renacimientos. Son
llamados ‘papañca’ o estados en expansión. Nibbana es aquello que está libre de
los estados en expansión. “Que se deleita en Nibbana” significa aquellos que
aspiran al Nibbana. Solamente pueden realizar el Dhamma aquellos que se
deleitan en el Nibbana, aspiran al Nibbana y, verdaderamente, practican para
alcanzar el Nibbana.
Este Dhamma no es para aquellos que se deleitan
en los estados en expansión. Significa que este Dhamma no es para aquellos que
no evitan estos estados de expansión, que les dan la bienvenida, que tienen
estos estados y se deleitan o están felices con ellos. Este Dhamma no es para
estas personas. Este fue el octavo pensamiento añadido por Buddha.
Podemos aprender mucho de estos ocho
pensamientos. Estamos ahora practicando meditación por lo que debemos tener
pocos deseos y estar contentos con lo que tenemos y podemos obtener. Debemos
estar apartados tanto físicamente como mentalmente. Debemos esforzarnos y no
disminuir el esfuerzo. Debemos aplicar la atención a todo lo que esté en el
momento presente de manera que podamos lograr la concentración. Debemos también
tener el entendimiento básico de la Ley de Causa y Efecto, la Ley del Kamma.
Finalmente no debemos deleitarnos en deseos, orgullo y entendimiento
incorrecto. Cuando decimos deseos nos referimos también a todas las impurezas
mentales. Significa no deleitarnos en ‘akusala’, estados insanos. Éstos fueron
los ocho pensamientos enseñados por Buddha a los monjes en el monasterio.
El Venerable Anuruddha continuó con su práctica
y se convirtió en un Arahant. El Venerable Anuruddha aparece con mucha frecuencia
aquí y allá en los Discursos. La mayoría de las referencias están relacionadas
con los fundamentos de la atención.
Él fue un príncipe Sakya. Se dice que no sabía
el significado de la palabra “no” o “nada”. En una de sus vidas anteriores,
luego de ofrecerle comida a un Pacceka Buddha (Buddha silencioso), expresó el
deseo de realizar lo que el Pacceka Buddha había realizado y que mientras
estuviese vagando por el ‘samsara’ no supiera el significado de la palabra
“nada”.
Siendo niño en esta vida jugó por dinero con
otros príncipes y perdió. Le pidió a su madre que le diera comida a los
príncipes. Al no haber ya comida en la casa la madre le dijo: “No hay más”. “Ya
no queda nada más en la casa”. El príncipe pensó que “nada” era el nombre de la
comida por lo que pidió “comida de nada”. Dijo: “Por favor, envíame la comida
de nada”. La madre le envió una vasija vacía con una tapa encima. Pero se dice
que los guardianes divinos colocaron comida en la vasija. Cuando él la abrió
salió un olor muy aromático y cuando la comió tenía un sabor muy bueno. Así que
dijo: “Mi madre no me quiere bien. Nunca antes me había dado ‘comida de nada’.
A partir de hoy sólo tomaré ‘comida de nada’”. Debido a su kamma pasado nació
en esta vida como un príncipe y no sabía el significado de la palabra “nada”.
Tarde en su vida se ordenó como monje y realizó el Dhamma. Practicó un tema de
meditación enseñado por el Venerable Sariputta. Tenía en el Venerable Sariputta
un maestro muy competente por lo que pudo lograr su meta.
* * * * *
* Venerable U
Silananda. Traducción española por Ronald Martínez-Lahoz. Este material puede
ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma
gratuita. ©CMBT 2000. Última revisión martes, 22 de agosto
de 2000. Fondo Dhamma Dana.